09/08/2020

Charly García, entre el regreso de Seru Giran y su infancia en Palermo

Rock & Roll él.

Cecilia Salas
Charly García

Durante una década y media, los periodistas Fernando Sánchez y Daniel Riera entrevistaron a Charly García en diversos lugares y contextos. En su departamento de Coronel Díaz y Santa Fe, en estudios de grabación, aviones o suites de hoteles, antes de viajar a Inglaterra para tratarse con el psiquiatra de Peter Gabriel y Robert Fripp o mezclando un disco en vivo de Sui Generis fueron sólo algunos de los escenarios en los que ambos autores estuvieron frente a Say No More con un grabador de por medio.

Las horas de charlas acumuladas en todo ese período aparecen ahora compiladas en García: 15 años de entrevistas con Charly (1992-2007). Por gentileza de Vademécum, reproducimos dos fragmentos del libro, publicados en La Maga y la revista Darwin respectivamente.

“Si le robás a uno sos muy burdo, pero si le robás a muchos, ahí está el talento” - Marzo de 1992

¿Cuándo se concreta el anunciado regreso de Seru Giran?
David [Lebón] amenaza con volver hace más o menos un mes, y lo estamos esperando. Hablé con su abogado y nos vamos a reunir, porque él también entra en la negociación, pero se tienen que dar un montón de cosas. En realidad, con Pedro [Aznar] y David decidimos cortarla un poco con los negocios y el business, para juntarnos y empezar a tocar. El año pasado todo fue llamarnos por teléfono, darnos manija. Y enseguida empezaron a aparecer los productores, así que nos armamos un plan de trabajo que nos garantizara lugares grandes, un equipo de sonido monstruoso y hacer un festejo, algo que sorprenda a la gente. A esta altura ya estamos podridos de las negociaciones. En el momento en que se dé esta saludable unión humana y musical, todo lo demás va a salir. Pero primero tiene que volver David. En realidad, su idea era que todos fuéramos para Miami con él, pero me parece que estando todos allá, boludeando en la playa, no iba a andar

¿Cambiará la forma de decir las cosas en este nuevo Seru Giran?
Yo me imagino que nos vamos a juntar con David, vamos a empezar a cantar y va a salir algo nuevo. No queremos hacer un revival o un velatorio, y enterrarlo. Creo que lo que está pasando es muy diferente de aquella época en que hacíamos canciones que parecía que no decían nada. Con los temas de Seru Giran me pasa algo muy impresionante. Cuando estoy cantando con David logramos una fusión tal que me meto en lo que él piensa. Y además, él entiende cierta parte mía, musicalmente hablando, y me ayuda con las letras.

¿Y cómo creés que están las cosas?
–Parece que el verano no terminara nunca. Uno sale los fines de semana y ve millones de personas por la calle, mucha pendejada por todos lados. Si se guía por eso, tiene que decir “Está todo bárbaro, viva la joda”, pero evidentemente no es todo así. Falta trabajo, hay pocas posibilidades. Para mí, hay una alegría ficticia. En la atmósfera hay algo que da la sensación de que en cualquier momento se puede quebrar. Ojalá que no, pero me parece que esta estabilidad, a cierta clase económica, le da un poco de hol¬gura para divertirse, lo cual me parece bárbaro. Ahora empieza el invierno y no sé qué va a pasar, no sé cuánto va a durar todo esto.

¿A Menem le seguís diciendo Nemen?
¿Méndez? No lo voté. No sé, es contradictorio lo que hace. Me parece que es la fachada de algo. No creo que sea un mal tipo, pero está con una pata acá, una pata allá... Lo que tiene de bueno es que está desmitificando el peronismo, que se está cayendo a pedazos. Nadie le puede creer nada. Yo nunca creí en esa doctrina.
[…]

"Quiero hacer música debajo del agua” - Abril de 2007

Viviste en varias casas de Palermo. Contame un recuerdo que conserves de cada una...
Bueno, mi casa actual está en Palermo, pero en Palermo Shopping...(risas). Mi primera casa en Palermo estaba en Darregueyra y Paraguay: ahí vivía con mi familia. Una vez fui con mi primo al Rosedal y pescamos unos pescaditos, no sé si hay ahora, pero en esa época había y los pescamos...

¿Con una red?
No, con una lata. Era pesca industrial (risas), y los llevamos a mi casa, los puse en la bañadera, les tiré sal de fruta Eno y explotaron. Había una baranda infernal... Después, con mi primo, los sacamos de la bañadera y los tiramos en la calle Darregueyra y los vecinos nos querían matar porque no se podía respirar en todo el barrio... Y luego vino la casa que recuerdo con más cariño, que es la que se ve en la contratapa del disco Vida, en Vidt 1955, 9° B. De esa zona recuerdo la Pizzería San Martín, donde fui descubierto por Pierre Bayona; el hotel alojamiento, que todavía existe, donde termina la calle, y un incidente que tuve con un tipo que todos los días me gastaba en la esquina de Vidt y Güemes […].

¿Qué se hizo de tu disco? ¿No estaba terminado?
Kill Gil ya se masterizó, lo cual quiere decir que está “terminado”, pero al poder inyectarlo de nuevo en mi grabador, continuó... Se podría decir que es High Low Fidelity, porque se mezcló en Nueva York y ahora vuelve al lugar donde se generó, que es mi portaestudio. Lo llamé a Andrew [Loog Oldham, el productor del disco] para saber qué pensaba de eso, y me dijo que las pinceladas de talento siempre son bienvenidas, así que le cambié la introducción, lo estoy perfeccionando. Un escritor revisa sus cosas todos los días; cuando lo hace un músico, dicen que está “sobre¬producido”. El lado oscuro de la Luna, de Pink Floyd; Adiós camino de ladrillo amarillo, de Elton John; Sgt. Pepper’s, de los Beatles, son discos acusados de estar “sobreproducidos”. Ahora, digamos, la técnica digital borra un montón de ruidos, pero borra también otras cosas. Jimi Hendrix decía que la música es lo que hay entre las notas, y eso se borra con el CD. Por suerte ahora encontré una persona que se llama María Eva [Albistur], que me ayuda a soportar el Pro Tools... Por eso también lleva tanto tiempo hacer mi disco, porque lo hago stop motion, cuadro por cuadro, como Hitchcock... Hago música con pedazos de películas. Las películas están casi todas en un mismo tono, como una canción. Supongo que se hace así para darles continuidad, que así como hay una continuidad visual, también hay una continuidad sonora. Uno ve The Producers, de Mel Brooks, y si le prestás atención a la forma en que están hablando, los personajes están rapeando. Con las peleas de Kill Bill por ejemplo, se pueden hacer sonidos de batería... y el ritmo también es inducible.

Sé que sos un fan, casi un devoto de Stanley Kubrick...
Es el Maradona del cine, es mi ídolo y lo admiro tanto como a John Lennon. Kubrick reinventa el cine. Es perfeccionista y tiene toda la película en su cabeza. Le hace firmar un contrato a la gente que trabaja con él: el que tiene una idea diferente de la suya se tiene que ir. Nadie se puede hacer el loco: es muy Say No More. Yo quiero hacer eso, pero la gente se siente usada, qué se yo... Yo adhiero a su teoría de las “unidades insumergibles”: él dice que cuando tenés seis o siete cachos muy buenos, los unís y tenés la película. Trasponés eso a la canción y tenés un disco. La visión de la humanidad que tiene Kubrick, además, es más o menos como la mía […]