28/10/2017

Leé un capítulo del libro de Babasónicos

Adrián Dárgelos y compañía cuentan cómo eran las cosas.

Martín Bonetto / Gentileza
BABASONICOS FOTOS MARTIN BONETTO

Arrogante rock – Conversaciones con Babasónicos se publicó por primera vez hace una década, mientras la banda trabajaba en el disco Mucho (2008). Cuando el grupo se acercaba a cumplir 25 años, el periodista Roque Casciero -editor de Silencio- retomó las entrevistas con Adrián Dárgelos y compañía para actualizar el libro, cuya edición ampliada saldrá a la venta el lunes. Por gentileza de Editorial Planeta, aquí se reproduce el primer capítulo inédito, titulado “Que regrese en la piel de una canción”.

Aunque Gabo había dejado de tocar en vivo, participó del proceso de composición y grabación de Mucho, y murió cuando se suponía que estaba recuperándose del linfoma de Hodgkin.

Adrián: Siempre pensé que Gabo iba a curarse. El linfoma de Hodgkin es una enfermedad que estadísticamente tiene un alto nivel de sobrevida. Después de mucho tiempo de tratar de entender cómo era la enfermedad, entendí que Gabo podía sobrepasarla. El tema es que tardamos mucho tiempo en descubrir qué era.

Panza: En marzo del año anterior, Gabo ya había tenido un problema con algo que no le cicatrizaba. Mi papá me preguntaba cada tanto cómo andaba; me sacaba data y no quería decírmelo, pero no le veía buen pronóstico. Igual, yo no sabía que se iba a morir. Como un iluso, pensaba que estaba bien con el tratamiento. Me acuerdo de que grabó el último tema de Mucho sin ver de un ojo… En ese momento, me di cuenta de que era lo único que le importaba, porque estaba destruido. Lo dejó todo.

Mariano: Siempre tuve la sensación y el dolor de que me afectaba tanto su proceso que me costaba mucho involucrarme con ese proceso. Y sentía como si no estuviera cumpliendo con lo que tenía que hacer. No estaba cumpliendo con él como amigo, por momentos. Lo charlábamos y él me tranquilizaba. No sé, cada uno lo vive de una manera. Siento que algunos de nosotros nos involucramos más, que algunos se pusieron más duros. Adrián lo llevaba, yo iba a verlo cuando estaba internado. A mí me dolía mucho, estaba más como que no lo podía creer, por momentos tenía bronca… Todo ese proceso de cuando la gente se enferma, ¿no? Hasta le echás un poco la culpa: “Este hijo de puta”… Estás como golpeado.

Adrián: Le faltaba poco para el trasplante de médula cuando se murió. Él venía a las siete u ocho de la mañana a casa, se sacaba sangre, la analizaban, volvía y desayunábamos, porque estaba a una cuadra de casa.

Tuñón: Todo el tiempo Gabo me llevaba material de Mucho en el que trabajábamos. Él tenía momentos mejores y peores… En diciembre nos fuimos de vacaciones a Córdoba y él me preguntó si podía quedarse con su novia en mi casa, donde también estaba Melero. Adrián había alquilado otra casa a unos cuatro kilómetros, yo estaba en un valle y él en una montaña. Fue un momento muy hermoso.

Panza: Me fui a Uruguay para Navidad, llegué el 25. Tres días después, salí a la ruta, choqué contra un árbol y destruí todo el auto, no me maté de casualidad. Tuve que volver a Buenos Aires el 30 de diciembre y al otro día me fui a Córdoba, estaban todos ahí. Me re alegró encontrarme con Gabo porque lo vi muy bien de ánimo, optimista, a pesar de que su aspecto físico no era bueno, estaba muy demacrado. Fue la última vez que lo vi, que charlamos…

Adrián: Creo que el 14 o 15 de diciembre terminamos la grabación de Mucho y nos fuimos de vacaciones. En mi casa estaban Gustavo con su familia, mi familia, Panza y su hermano Martín, y algunos otros amigos. Volvimos a trabajar el 2 o 3 de enero, y Tuñón y Gabo empezaron con la edición del disco. El 10 de enero, Gabo estaba trabajando con Tuñón a una cuadra de mi casa. Pasé por ahí y me re peleé con Tuñón porque no entendía cómo editar algo. Gabo se reía de mi enojo y me dijo “Dejá que lo edito yo”. Esa fue la última vez que vi a Gabo consciente.

Tuñón: Ese día que recuerda Adrián, Gabo había olvidado su gorra y ya casi no veía… Yo había comprado una pantalla grande para que él pudiera ver y habíamos leído que venían las pantallas táctiles, con las que él esperaba poder trabajar. Tengo ese último recuerdo de él, yéndose sin su gorra…

Adrián: Esa noche hubo una fiesta y vino la mujer de Gabo, pero él ya no. Cuando ella volvió, vio que él tenía fiebre y lo mandaron a internar otra vez. Ahí se descompensó y no pudieron hacerlo orinar, y lo mató la propia intoxicación de la orina… Falleció el 12 de enero. Es el cumpleaños de Melero ese día…

Arrogante Rock tapa

Mariano: La muerte de una persona de tu edad te hace plantearte un montón de cosas sobre la lógica del mundo. ¿Cuántos viejos que se quieren morir no se mueren y cuántos jóvenes que quieren vivir se mueren? Qué mierda, ¿no? La vida es así… Fue dificilísimo sobreponerse a su muerte. A mí después se me murió mi papá… Cada uno lidia como puede con las muertes de los seres queridos.

Panza: En mi interior, penaba no solo por la pérdida de Gabo, sino también porque sabía que tocar sin él no iba a ser lo mismo.

Mariano: Humanamente era muy difícil seguir haciendo un disco, concentrarse en la frivolidad de la música, ante un grupo que perdió una parte importante, un amigo desde muy chicos. Me parece que pudimos sobreponernos porque él nos mandó muchos mensajes, también. Los dio trabajando en el estado en que estaba. Mientras nosotros trabajábamos tipo “Ay, no tengo ganas”, este iba y trabajaba. Ese fue un mensaje para seguir adelante.

Diego: Disfruté de hacer el álbum de manera natural, no pensaba que Gabo iba a fallecer. Fue el primer amigo de la misma edad que se me murió. Nunca me había pasado. Habían muerto chicos del barrio, conocidos, pero nadie tan cercano. Y eso me llevó a no pensar mucho hacia adelante. No pensé en qué venía. No soy negativo, no lo tengo en mi naturaleza… Cuando murió Gabo, yo estaba de vacaciones y la pasé como el orto. Lloré, solo tuve tristeza… es inexplicable.

Panza: Creo que el hecho de tener el disco casi terminado nos ayudó a seguir adelante. Veo que el ser humano siempre saca algo para sobreponerse y continuar. Relativizamos el tema con otras cosas, pero todavía hoy nos miramos y sabemos que estamos en la misma.

Adrián: Gabo fue el primer amigo que se me murió. Uno está preparado para que se mueran sus abuelos y sus padres porque es una fantasía de la vejez que vas formando en tu crecimiento. Pero más difícil que eso es pensar que un amigo ya no va a estar… o que se termina la inmortalidad. Vaya a saber quién es el que más conoció a Gabo… Yo no necesitaba hablar mucho con él porque teníamos buena comunicación en silencio. Entendía muy bien todo. Él nunca tuvo pudor de la maldad, cosa que tienen las personas que se van a ir antes, que no van a pagar ningún karma. Gabo era bueno o muy malo con quienes se merecían cada cosa, y ni te ponías a discutirlo con él. Aparte, antes de componer con él, yo no sabía nada, entonces habíamos aprendido juntos.

Panza: Quizá pasaba un mes, y él y yo no hablábamos nada. Habíamos tenido unas diferencias, me re enojé con él y después volvimos a ser amigos. Había una parte de él que no entendía, supongo, una parte de su personalidad que no mostraba. Era una persona bastante reservada. Lo tengo siempre presente. Tengo sueños en los que vuelve a tocar. Me pasa continuamente, sobre todo cuando estamos de gira. Y en otros sueños me doy cuenta de que no, que no está más…