28/02/2019

Leé un anticipo de "Luisito - 30 entrevistas al universo spinettiano"

Un libro de la buena memoria.

Cecilia Salas
Luis Alberto Spinetta

Tan inmenso como el imaginario poético de Luis Alberto Spinetta ha sido el universo de personas que lo rodearon. Hermanos, músicos, luthiers, mánagers, amigos, su odontólogo -y compañero de colegio, a quien le dedicó "Tema de Pototo (Para saber cómo es la soledad)"- orbitaron alrededor del músico y siempre tuvieron, según él mismo, un lugar preponderante en su vida y arte.

En Luisito - 30 entrevistas al universo spinettiano (Editorial Vademécum) Jorge Kasparian construye un coral que ayuda a develar una nueva (otra de las tantas) caras de Luis Alberto Spinetta. A modo de adelanto, el capítulo en el que habla  Aníbal "La vieja" Barrios, histórico plomo del Flaco.

La Vieja es lo más. Para quienes curtimos shows de Spinetta desde los ochenta, verlo a Aníbal al costado del escenario era una parte indivisible del ritual spinetteano, un caso único de simbiosis entre un artista y su asistente. Esta fue la última entrevista que realicé, ya pensando únicamente en este libro y con el programa La biblia spinetteana con más de un año fuera del aire cordobés (uno de los motivos de la extensión XL de este capítulo). Voy a decirlo de nuevo: La Vieja es lo más. Imaginen esta escena para la película sobre Luis Alberto: es 1979 y Aníbal Barrios está soldando un cable en el taller del Toro Martínez. Luis Alberto Spinetta se le acerca con un mate y desde entonces no se separan nunca más.

—Comencemos por el principio. ¿Con quién empezaste a trabajar como plomo?
Lo primero que te quiero decir es que yo vengo de una familia humilde. Mi viejo era albañil y yo lo vi laburar toda su vida. Hizo su casa, la fue arreglando de a poco, yo mamé eso y me decía que cuando hiciera algo tratara de hacerlo bien, y a eso lo lográs con voluntad. Los comienzos fueron allá por los setenta. Fui plomo del grupo Sátrapa y después de Cesar Banana Pueyrredón… Era mucho más pendejo que ahora [risas]. Para mí era algo lindo, me gustaba. Antes de empezar con la música me juntaba con un amigo que vivía frente a mi casa y escuchábamos a Spinetta, los Beatles, Deep Purple, Zeppelin, la música de aquel momento. Entonces cuando empiezo a laburar con estos músicos para mí era algo impresionante, algo bárbaro, me gustaba mucho aunque no tenía nada que ver con un trabajo en que cumplís tus ocho horas y te volvés a tu casa, dormís, descansás, una vida normal digamos.

—¿Y eso te jodía al principio?
No, no me jodía, a mí no me pasó eso de decir “Puta, vengo a las 4 de la mañana, cansado y en un par de horas ya es de día”. La verdad es que con Sátrapa tampoco volvíamos tan tarde ya que en aquella época el rock recién estaba tomando una forma, se estaba armando la música nuestra. La clave está en saber que este es un trabajo raro: te acostás tarde, muchas veces está todo bien y de repente aparece un problema y lo tenés que solucionar rápido. Lo más importante es conocer al artista en el día a día. Ahí todo se encamina. No es enchufar cables solamente. Es un laburo en donde no tenés un jefe que te tiene contra las cuerdas, es distinto, hay que disfrutar el trabajo, son muchas horas que compartís con el artista, el mate, la comida, los viajes.

—¿En qué año fue Sátrapa?
Allá por el 76 o fines del 75, pero ojo que con las fechas soy un desastre.

—¿Te acordás quiénes integraban el grupo?
Estaba Miguel Guyot que era el batero, Juan García Gen era el cantante, y del resto no me acuerdo.

Luis Alberto Spinetta

—Y luego continuaste con Banana que imagino habrá sido una experiencia más profesional…
Sí, me acuerdo de César, de Daniel Pueyrredón que era el guitarrista, Miguel Ángel Martinez el batero, al poco tiempo también entró Fori Mattaldi que tocaba el bajo. Algunos integrantes iban rotando y el manager también trabajaba para Abraxas Producciones, una productora que en el futuro y durante un tiempo también lo tuvo a Luis.

—¿Con Banana ya hacías lo mismo que luego hiciste con Luis?
Claro, y también lo hago ahora con Genetics, que es la banda que hace un tributo a Genesis y donde toca la batería el Doc Rawsi.

—¿Cómo te llevabas con César?
Muy bien. Me decía que era un tipo de fierro. Él me quiere mucho, inclusive salí en la contratapa de uno de los discos porque me lo pidió y yo, mas allá de que soy un tipo callado, humilde y no me la creo, solo hacía mi trabajo y trataba de solucionar problemas. Tal como lo hago hasta el día de hoy, a veces pasan cosas arriba del escenario y otras veces abajo… y hay que solucionarlos.

—Me quedé pensando en el baterista de Banana: era el Toro Martínez, ¿no?
Sí, era el Toro y yo laburé mucho tiempo en la empresa de sonido de él. También tengo una relación bárbara con el Toro, acordate que más adelante laburamos muchos años juntos con Luis.

—¿Y cómo llegás a Spinetta?
Lo conocí a Luis, justamente, gracias al Toro Martínez, que fue quien me lo presentó. Era la época que yo trabajaba con el Toro, que es un par de años más grande que yo. Un día me dice “Vení, vamos al centro, vamos a ver a mis viejos”. El papá del Toro era dentista. Fuimos a la casa, estuvimos con la mamá y el papá y de ahí nos fuimos a comer a Pippo, caminando. Antes de llegar a Pippo el Toro me dice “Mirá quién viene ahí, Juan Alberto Badía”. Yo lo conocía de escucharlo en la radio, Flecha juventud creo que se llamaba el programa. Lo recordaba especialmente durante los días previos al recital de Joe Cocker.1 Yo estaba haciendo la colimba y lo escuchaba a Badía y una noche anunció que Joe Cocker iría a su programa en Radio del Plata. Como yo no tenía destino en la colimba, cada día cuando terminaba mi tarea me volvía a mi casa, y el día que lo anunció Badía me fui a verlo a Cocker a la radio. Me fascinaba. Pero bueno, aquel día primero nos encontramos con Badía y luego, cuando ya estábamos sentados en Pippo, el Toro me dice “Mirá quién entra”. Y era Luis. El Toro me presentó y yo no lo podía creer. Al otro día le conté a un amigo mío que era fanático del Flaco y no lo podía creer. A partir de ahí me lo cruce varias veces, ya que en esa época en los carnavales tocaban todos juntos, los tangueros, los rockeros, los melódicos, Katunga, laburaban todos. Después de varios encuentros, Luis me dijo que quería que fuera a laburar con él. A mí me daba vergüenza pero al final fui.

—¿Esto coincide con la vuelta de Almendra?
Claro, en el 79, imaginate lo que fue aquello. Había mucha expectativa por esa juntada, era una banda grande, de las más importantes del país. Hacía poco más de nueve años que se habían separado y la vuelta fue impresionante. Para mí significó algo parecido a lo que Luis hizo en Vélez muchos años más tarde. Para la gente del palo fue algo tremendo.