08/11/2018

Tanque, los tigres de la nueva sensibilidad

Rock surrealista en medio de la provincia de Buenos Aires.

Manuel Cascallar / Gentileza
Tanque

Hace tiempo, y desde las sombras, Pedro Bedascarrasbure trabaja detrás del sonido de varios grupos platenses. La Teoría del Caos, Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete, Indiana e incluso el primer disco de Las Armas Bs. As. lo tuvieron tomando decisiones como productor o músico, cuidando y moldeando canciones propias y ajenas. Ahora, acaba de lanzar Los tigres de la nueva sensibilidad, el segundo disco de Tanque, su banda.

Tal como lo hizo el realismo mágico en la literatura latinoamericana, Pedro y Ramiro  García Morete (Las Armas Bs. As.) crearon un imaginario, narrativo y musical a partir de un universo, su propio Macondo: la provincia de Buenos Aires. Al sonido resultante, lo denomiraon “soul bonaerense”. “La realidad está bastante incómoda”, dice Pedro. “De esta forma podemos generar un mundo para contar las cosas que están pasando”.

En Las Armas Bs. As., Ramiro cita las rutas, los paradores de camiones y las edificaciones de Francisco Salamone. En Tanque, por su parte, Pedro apunta principalmente a las experiencias vividas. “Yo soy de provincia, no nací en la capital. Curtí los rituales de la zona. Ir a pescar, a cazar, que tu viejo tenga un chumbo, el taller. Ciertos espacios que son extraños, que los viví desde chiquito y que con la pátina del tiempo se tornan románticos y surrealistas”, dice Pedro. “Yo reconozco el sonido de una camioneta Chevrolet Luv con los ojos cerrados. Son las que usaba la Policía Bonaerense, y cuando aparecían yo tenía que descartar la botella de vino. Esas cosas constituyen tu ADN y en la banda están para ser utilizadas con fines literarios”.

 Tanque es la concreción del proyecto propio de Pedro gracias a la docencia, la literatura y una serie de golpes de suerte. Con Juan Baiardi, el baterista, se conocieron cursando el profesorado en Lengua y Literatura. Entre intercambios de discos y algunos ensayos, apareció Facundo López, el bajista que tocaba con Juan desde que tenían 14 años. Cuando se quisieron acordar, estaban terminando de grabar Tu poder (2016), el primer disco, e incorporaban a Joan Benito Britez en teclados y guitarra. “Una de mis propuestas, tanto con Las Armas Bs. As. como con Tanque, era que no sonara platense”, aclara Pedro sobre su decisión estética. ”Yo quería hacer rock and roll. Cuando empecé a tocar con Ramiro nos pasábamos discos de The Faces y The Black Keys. Ahí conocimos a Charles Bradley y nos dimos cuenta que todo refería a Motown y Stax. El soul bonaerense también es eso, generar un audio que sea honesto, con nuestras limitaciones, obvio, pero que intente ir a ese lugar. De entrada quisimos que sea un Motown-indie-lofi”.

Cuando armaron El Estrellero, Juan Irio y Lautaro Barceló, otros dos experimentados de la ciudad, se rodearon de una camada de músicos jóvenes que estaban entre los más destacados dentro de una banda como Fus Delei. En Tanque, ocurrió algo similar pero con un sonido diametralmente opuesto. “A los chicos les llevo casi 12 años”, dice Pedro. “Facundo ya sabe en qué dirección va a ir el timbre de su instrumento. Usa ciertas cuerdas, efectos, cosas con el bajo que van en una búsqueda muy marcada. Juan hace lo mismo con la batería. Yo recién a los 30 entendí desde el audio qué lugar quería ocupar”, analiza.

La búsqueda que se plantearon en el primer disco fue que existiera una banda y un sonido. Para Los tigres de la nueva sensibilidad, el segundo, el objetivo fue que esa banda con ese sonido tenga un discurso propio. A lo largo de las canciones, puede verse el reflejo de la realidad de los últimos años del país. “Yo dejé de ver noticias después de las elecciones presidenciales de 2015. Ahí necesariamente empezás a preguntarte cosas de la realidad. Eso también está en el disco y ya no desde un imaginario sino desde un compromiso muchísimo más serio, sin llegar a ser panfletario. Las historias de amor en las letras, por ejemplo, no son heterosexuales ni hay géneros aclarados entre los protagonistas. No están en lenguaje inclusivo porque uno está aprendiendo, pero sí hay una búsqueda para contar historias donde el yo narrativo no importa”, analiza.