10/02/2018

Peces Raros y la revolución de las máquinas

Desde La Plata, un viaje desde el rock a la electrónica con tracción a sangre.

Lu Demichelis / Gentileza

El filósofo alemán Theodore Adorno dijo en 1941 que para adaptarse a la música hecha con máquinas, debíamos renunciar a los sentimientos humanos más propios. Esta idea es la que desafía Peces Raros. Si bien ya está cada vez más sumergido en la música electrónica, los sintetizadores y la drum machine, el grupo comandado por Lucio Consolo y Marco Viera todavía conserva el pulso sanguíneo y las emociones del rock tradicional argentino que tenían cuando grabaron su primer disco (No, gracias, 2014). Ese juego de fuerzas podrá verse hoy en Niceto a la medianoche, en la fecha que compartirán con Morbo y Mambo bajo el nombre de Noche de carnaval.

El principal logro de la banda es comandar y contagiar la revolución de las máquinas, junto con otras bandas jóvenes como Fus Delei o Laika Perra Rusa, que trasladó el eje musical de La Plata desde las guitarras con desdén cancionero hacia el cuerpo y el baile. Sus shows son raves express con comienzo, tensión, explosión y final en las que guían durante una hora los cuerpos del público. Mientras preparan su tercer disco, pisan cada vez con mayor fuerza en los escenarios de Capital Federal y consolidan su identidad estética, sonora y visual.

En Peces Raros conviven los elementos de la música electrónica y la naturaleza del rock. El factor humano cumple un papel fundamental en la interpelación del público y la interpretación de la música. “Estábamos fascinados con Cross, de Justice, y con Random Access Memories, de Daft Punk”, dice el baterista Benjamín Riderelli. Si bien podrían reemplazar sus instrumentos por loops y secuenciadores, deciden construir un discurso como banda sobre el escenario aprovechándose de las intensidades sin depender de las computadoras.

“Para mí es muy posible ejecutar música electrónica con instrumentos de la tradición del rock, si se entiende con qué está trabajando la electrónica”, explica Marco. “Benja puede loopearse a sí mismo, puede tocar la misma base exactamente, y va a tener el factor humano de que no siempre va a golpear el hi-hat con la misma intensidad y una máquina sí. El bajo tiene una sonoridad y un movimiento que generan determinados estilos, pero si eso lo hace un sinte o un bajo tocado no hace la diferencia. Eso nos brinda la posibilidad de no depender de las máquinas”, agrega.

Parte de un mal sueño, su segundo disco, lanzado en abril del 2016, es una primera aproximación al género. “En ese momento estábamos conociendo el lenguaje”, dice Marco. “Fue nuestra mezcla con el rock de lo que pensábamos que era la electrónica. Hoy creo que haríamos otra cosa. Aprendimos a mezclar como DJs, a hacer sets, a construirlos. Eso te da un entendimiento de lo que se puede generar con la electrónica y toda esa información en ese momento no la teníamos”. La experimentación y el aprendizaje sucedieron, en su mayoría, en la sala de ensayo, yendo a fiestas electrónicas y produciendo sus propios tracks. “Cuando vimos a Richie Hawtin entendimos todo”, explica Benjamín.

Peces Raros realiza en La Plata su propio ciclo de fiestas llamado Algo raro, en el que la convocatoria creció de manera exponencial. “Contamos con muchos recursos de impresión sonora. Subs que suenan fuerte, sonidos estridentes y un arsenal de luces. Producimos todo nosotros justamente para cuidar esos detalles”, dice Marco. Lucio agrega: “Ojo, también es fundamental que el material esté en órbita. Una buena melodía y una buena armonía te permiten hacerlas mierda y que aún resistan todo. También le damos mucha pelota a eso”. Y Peces Raros eso lo cumple de forma holgada. Apuntan al contagio, al trance y, principalmente, al cuerpo. Lograron construir un público cada vez más heterogéneo entre diferentes géneros y ambientes. Su aparición significó una inyección de adrenalina para La Plata y entregó un espacio de libertad para el baile y el viaje, poniendo a las computadoras al servicio de la tracción a sangre.