30/05/2018

Nichi, canciones para abrazar la introversión

En el Oeste está el folk contemporáneo.

Virginia Verstraeten / Gentileza

Bellas canciones en un inglés pronunciado a la perfección, un audio meticuloso, arreglos preciosistas... Cualquiera podría confundir el origen de Nichi si escucha Whole, su álbum debut, pero esta cantante, música y compositora de folk contemporáneo se crió y todavía vive en Hurlingham, en el oeste del Gran Buenos Aires. En sus temas resuenan ecos de Regina Spektor, Tracy Chapman, Bon Iver y hasta Belle & Sebastian, pero en cada uno aparece reflejado el universo interno de la vocalista, introvertida por naturaleza.

Al currículum de Nichi hay que agregarle otro título: es flamante licenciada en Ciencias Políticas, aunque con los huevazos y la harina haya terminado su relación con la carrera. "Estoy con un amor por la música que me desborda, no encuentro nada que sea igual; ninguna relación o sentimiento...", explica. "Soy feliz arriba de un escenario y me gustaría poder hacerlo siempre, poder transmitir esa energía. Es lo único que quiero". El idilio entre cantante y escenario continuará el viernes 1° de junio, cuando presente el álbum en el Centro Cultural de la Cooperación.

Pero a Nichi no le resultó fácil soltar su música: a su introversión se le sumaba que en su colegio había un coro y ella "sentía que no tenía la misma voz que las chicas que cantaban ahí". Su elección, entonces, fue el clarinete, que estudió durante nueve años, y luego la guitarra. "Disfrutaba la música pero desde un lugar mucho más privado, no le mostraba a nadie lo que hacía", recuerda. La primera en escucharla cantar fue una amiga. "Cuando terminé el colegio, tenía unos 18 años, me grabé cantando 'The Scientist', de Coldplay, y le dije 'escuchá esto que grabé'. Tenía tanta vergüenza que apagué la luz del cuarto y me fui (risas). ¡La dejé encerrada y con la luz apagada!".

Cuando finalmente se animó a regresar a la habitación, la respuesta de incredulidad y asombro de su amiga la convenció de mostrarle sus canciones a su familia. "Ellos sabían que yo tenía esta pasión por la música, pero no que era tan en serio", cuenta. Su ansiado debut en vivo tuvo un traspié que casi la convence de abandonar su idea de dedicarse a la música para siempre. "Mientras estábamos acomodando los instrumentos con mi hermano, me di vuelta y tenía dos tipos apuntándonos. Entraron a robarnos, fue horrible. Y aunque pensé 'el universo no quiere que yo haga esto', no me rendí", dice.

Finalmente cantó en un bar rockero de Hurlingham, "bien del Oeste". Y como las composiciones se acumulaban, la idea de armar el disco llegó naturalmente. "Tuve la suerte de poder trabajar con Joaquín Crededio, que es músico y productor, y que fue conmigo al colegio. Teníamos ya una confianza y un respeto entre ambos, entonces fue muy lindo y relajado trabajar. Fue un proceso de dos años, entre que componía los temas, se los llevaba a él y hacíamos los arreglos. Lo que pasó fue que a la vez estaba terminando la carrera y quería tomarme el tiempo para hacer las cosas bien", dice.

Aunque la carrera universitaria no se haya colado en su música, sí tiene que ver con el título del disco: ese Whole habla de una totalidad abarcadora de varios aspectos de Nichi, que no se sentía cómoda encasillándose como politóloga, deportista o cantante. "Había varias cosas que me gustaba hacer, aunque primaba la música porque era algo que no podía dejar, por más que no se lo mostrara a nadie". Y para salir de esa introversión, el inglés fue una herramienta crucial: "Aunque lo hablo desde chiquita porque fui a un colegio bilingüe, no es 'mi idioma', entonces siento que la que compone y canta es otra persona. Si tradujera mis letras al español, me costaría muchísimo poder expresarme. Así, lo tomo un poco como un juego".