19/11/2019

Anyi, un pop para ir al espacio

De gatitos y melodías galácticas.

Anyi

“Para mí era todo muy nuevo, yo nunca había hecho música”, recuerda Anyi, y la primera reacción que puede tener alguien que la escuchó es pensar que está bromeando. Y es que Crucero cristal, su primer disco (que presentará el 20 de noviembre en el Xirgu Espacio Untref), es una de las grandes revelaciones del indie en 2019. En tan solo nueve canciones y 32 minutos, la mendocina de 23 años (nacida como Ángela Aparicio) pasea por estribillos galácticos, coros de gatitos, máquinas de ritmos y algunos pasajes instrumentales con secuencias que parecen lanzar los recuerdos de amores pasados a la estratósfera. 

Pero, en efecto, todo comenzó cuando a fines de 2017, luego de una gran tristeza, Anyi necesitó cambiar la cámara de fotos por una guitarra que la ayudara a cicatrizar los miedos con los que creció. "Ser fotógrafa me limitaba", dice. Ya había tocado instrumentos desde muy chica, pero siempre encontraba una excusa para evitarlos. Amigarse con su costado musical, fue el primer gran salto. “Siempre le tuve mucho rechazo y vergüenza a mostrar mi voz, a tocar un instrumento”, sostiene. Con el celular como primer testigo, al poco tiempo acumuló una buena cantidad de canciones que funcionaron como sesiones de terapia. A partir de ahí, experimentar en un estudio pareció el paso lógico a seguir.

“La vida me fue poniendo a un montón de personas adelante que me empezaron a ayudar y a dar confianza”, recuerda al nombrar, entre otros, a Luca Bocci, productor del disco, y Juan y Simón Saieg (de Usted Señalemelo y Perras On The Beach, respectivamente), amigos y referentes a la hora de compartirse artistas y discos.

Anyi

En Bocci encontró un productor que, además de guiarla en sus primeros pasos para grabar, entendió a la perfección cada uno de sus pedidos lennonianos, como intentar sonar a un “montón de cristales flotando en cámara lenta” (“Cuerpo N” encaja perfectamente en esa descripción). “Todo el disco fue experimentar y canalizar ese combustible que tenía adentro. Salió lo que salió”, simplifica ella. Con una rutina diaria de “jugar” con el Ableton [N. del R.: un software para componer, grabar y tocar en vivo] hasta entrada la noche, en pocos meses el disco estuvo listo. Y el proceso de sanación de los “duelos y las pérdidas” terminó resultando, según sus propias palabras, en una experiencia tan “fuerte como linda”. 

Una de esas pérdidas sobrevuela en “Chimba”, uno de los mejores momentos del disco. El tema, que combina sintetizadores empantanados con unos maullidos cantados de fondo, fue dedicado a Chimba, uno de los dos gatos con los que vivió en Buenos Aires en 2017, y que luego fue asesinado por un vecino en Mendoza. Al mezclar ese recuerdo con un gatito cantando los coros y sin mencionar el asesinato, Anyi revierte la tragedia y termina construyendo una suerte de meme musical de alto vuelo.

A un año de haber terminado la grabación de Crucero cristal, Anyi aún siente que tiene miedos y vergüenzas que superar. Y aunque la palabra “cristal” del título proviene de un libro de significado de sueños abierto al azar, explica muy bien el proceso de transparencia al que se sometió con estas canciones. “Ahora, este es mi trabajo, y me pone en un compromiso de ser real conmigo misma”, se impone. “Si algún día no tengo más ganas de hacer música, no la haré y listo”.