15/10/2015

Vitico: "Mientras yo viva, el rock no se va a morir"

El Canciller habla de rock, rock y también de rock antes de su show en el Teatro Vorterix.

Gentileza Martín Dark Soul

A diferencia del ritmo irregular del corazón, el rock late en corcheas. Para que un riff sea recordado, para que un estribillo sea coreable y para que un solo sea incendiario, detrás debe sonar un bajista que marque todas las notas iguales, firmes, estoicas. Una detrás de la otra. Idéntica a la que la precede pero también a la que la sucede. Y eso ha hecho Vitico durante 10… 20… 30… 40… 50 años. El Canciller ha sido, es, y será, el latido del rock and roll en Argentina. “Si no me muero, el año que viene festejaré mis 50 años tocando rock”, cuenta del otro lado del teléfono, y con una risa estruendosa sobre el final de cada frase, el legendario bajista de Riff y actual líder de Viticus.

A pocos días de celebrar su Lealtad Al Rock en el Teatro Vorterix, Vitico sigue su rutina de hombre suburbano que lo hace sentir “una mezcla de Sid Vicious con Harrison Ford”: ensaya en Capital Federal, vuelve en auto hasta el Tigre, sube a su propio bote y rema hasta su casa en la isla. Allí ha vivido, con algunas mudanzas en el medio, durante casi toda su vida. “Era la casa de fin de semana de mis padres, les compré a ellos el 50% y el 25% a mi hermana. No me vino de arriba”, detalla, como para dejar en claro que nada le ha resultado gratis.

Tocar el 17 de octubre te dio el pie para la analogía con el Día de la Lealtad Peronista. ¿En algún momento de tu carrera sentiste que le eras desleal al rock?
No, nunca. Porque nunca toqué otro tipo de música. Si quiero tocar otra cosa, lo convierto en rock. No te puedo decir por qué, pero no hubo ni una sola vez en la que no haya tocado rock. Nos dieron esa fecha y ahí se me ocurrió lo de Lealtad al Rock, porque ya sabemos que es el día de la lealtad de otras cosas que también se respetan.

Cada show tiene que ser mejor que el anterior. El público se de cuenta que estás haciendo algo para él y para vos mismo.

¿Y tampoco escuchás otra cosa que no sea rock?
(Piensa) Escucho música clásica, tengo favoritos como Rostropovich y Valery Gergiev, director ruso de la Filarmónica De Londres. Como él dirige, no dirige nadie. Buscá “La Danza De Los Caballeros”, es increíble la emoción que le pone. Dirige la Filarmónica con un escarbadientes y con la otra mano se arregla el pelo que ya no tiene, pero es el mejor del mundo. Yo busco eso. Respeto a la gente que le pone emoción a lo que hace. Rostropovich, tiene todo el conservatorio encima, toda la música leída y escrita, y el tipo se emociona cuando lo toca y le cambia la cara. Eso es lo que lo hizo al mejor del mundo. Volviendo a lo nuestro… AC/DC.

Poder emocionarse después de tantos años de subirse a un escenario debe ser un desafío, tanto para Gergiev como para vos.
No es que yo haga algo en especial para encontrar una emoción, porque la tengo siempre que subo a tocar. Hoy la emoción pasa por cuidar todos los detalles para que siempre suene muy bien. Desde los equipos, simples pero poderosos, hasta lo que tocamos. Viticus es una banda que suena siempre de un 8 para arriba. Cada show tiene que ser mejor que el anterior. El público se de cuenta que estás haciendo algo para él y para vos mismo.

El 30º aniversario de Riff VII logró que JAF decida revisitar el disco y que vos pudieras dejar de lado las diferencias con él. ¿Cómo fue ese reencuentro?
Tuvo mucho que ver el “Corcho” Rodríguez, él armó algo en Rod House porque yo hice un chiste, quemé un afiche de JAF, sin saber que lo iban a subir una red. Un tipo lo subió y me convertí en el enemigo público número uno. Después vino un amigo y me dijo que mire un video que había subido JAF a YouTube. Cuando lo vi, me pareció sincero, me emocionó, y una noche el Corcho me dice “Víctor ¿no es tiempo de que le levantes la suspensión a este muchacho?” Y me puse a pensar… fueron 30 años. Ya fueron suficientes. Entonces el "Corcho" armó algo en Rod House... y había una Telecaster en juego, que JAF quería darme. Lo de antes ya pasó, hay que mirar para adelante.

Cuando mirás en retrospectiva no sólo aquella época sino todos tus años junto a Pappo, ¿qué recuerdos te trae desde lo musical?
Lo que más me sorprendía de Pappo era su rítmica y su buen gusto para hacer solos. Realmente estuvo muy por encima de los demás, sin desmerecer a nadie. Fue un genio. Venía con las manos llenas de grasa del taller, apenas se las limpiaba y tocaba como los dioses. No me voy a olvidar nunca de cuando tocamos “Mucho por Hacer” en River, el día que tocó AC/DC, todo el público cantando con nosotros.

La frase “el rock ha muerto” es bastante frecuente en medios especializados. ¿Qué te genera a vos ese planteo?
No creo que sea así. Tenés a La Renga que mete 50 mil personas, lo tenés al Indio... Y sólo estoy hablando de los que tienen más convocatoria y hacen el rock más absoluto que hay. También lo vemos en todo el país cuando giramos con Viticus; hay bandas tributo a Riff, a Pappo, ¿por qué? Porque saben todos los temas. Tal vez ha faltado gente que reemplace decentemente a los que fueron nuestros héroes; los últimos fueron Van Halen o Slash. Pero hay gente que toca muy bien en todo el mundo y los encontrás en Spotify. Así que el que diga que el rock está muerto, está equivocado. Sí puede ser que haya pasado a ser más negocio traer un DJ, que es una sola persona. Ponele que venga con el novio -sí, lo digo a propósito-, lo traen de Islandia, pone discos y sale más barato. Eso lo entiendo. Pero te lo dice uno de los últimos mohicanos: mientras yo viva, el rock no se va a morir.