04/04/2016

Valle de Muñecas: "Estamos orgullosos del camino que hicimos"

La banda liderada por Manza Esain lleva "El final de las primaveras" a La Trastienda.

Si el título de un disco es El final de las primaveras, quien apriete "play" sabe de antemano que no va a encontrarse con ningún estribillo tipo "celebra la vida" o "pintarse la cara color esperanza". Es que el cuarto álbum de Valle de Muñecas está atravesado por una separación: ya no está más esa presencia que circulaba por la casa en el anterior, el magnífico La autopista corre del océano hasta el amanecer. De cualquier modo, la mirada de Mariano "Manza" Esain –cantante, compositor, guitarrista y productor del grupo- siempre está teñida de un dejo de melancolía, que esta vez se acentúa sin que la banda pierda su enjundia de hermosas melodías electrificadas. "Hay como una temática común en varias canciones", reconoce él, que fue tecladista de Martes Menta en los albores de los 90 y luego líder de Menos Que Cero.

Al contrario de lo que sucede en el interior de las canciones, Valle de Muñecas está en un gran momento, pese a que el mainstream todavía no se dio cuenta del potencial enorme de sus canciones. "No vamos a golpear puertas", dice Manza, aunque aclara que no es un fundamentalista del indie. "Me deprimiría tener que explicarle a alguien quién soy yo, de dónde vengo, los discos que hice. Creo que tenemos un prestigio ganado y tienen que venir a buscarnos: no te voy a ir a chupar el culo. A mí me interesa grabar los discos que yo quiero. Obviamente, sería bienvenido que a las canciones las escuche muchísima gente, pero no es lo más importante. No me gusta ni a palos dar imagen de pobrecito: siento que cada año la banda está en un lugar más alto que el anterior y que se pone más en foco todo lo que pasó antes, desde la historia de la banda hasta lo que hice con Menos Que Cero y Flopa Manza Minimal. No dejo de estar orgulloso del camino; el resto es el afuera".

Mientras le da vueltas a la idea de grabar un EP de versiones durante 2016, este viernes Valle de Muñecas (que completan Lulo Esaín en batería y coros, Mariano López Guingauz en bajo y Fernando Blanco en guitarra) presentará El final de las primaveras con su cuarto show en La Trastienda. "Es un trabajo de meses que la gente se entere de que vamos a tocar ahí, pero ese día nos sentimos los reyes del mundo”, asegura Manza. "Sentimos que la técnica le hace justicia a la propuesta, que podemos tocar fuerte, que estamos dando un espectáculo. Como músicos de rock, nos encantan los shows en barcitos, pero mucha gente quiere ver un espectáculo. Es un lugar que se hace una vez por año y con mucho esfuerzo, y hay mucha gente que quiere ir ahí, genera una atención que no genera ningún otro".

Una letra es suficientemente buena cuando me hace olvidar de que existió una melodía con un tarareo encima.

Hay muchos discos de ruptura amorosa, que se asumen como autobiográficos, con Blood on the Tracks de Bob Dylan como mejor ejemplo. Sin embargo, vos no sos solista. ¿Cómo es llevarle esas canciones tan personales a una banda?
La banda trata eso de la misma manera que escucha música. Por un lado, uno escribe muchas veces en situaciones límites o gracias al recuerdo de ellas, pero no quiere decir que uno se sienta así todo el tiempo. Son momentos que fuerzan a la creación. Incluso, cuando uno escribe historias que no son particularmente personales, la historia se alimenta con la memoria de lo vivido. Y cuando uno escucha música, encuentra cosas que le hacen acordar a cuestiones que vivió. Cuando alguien recibe una composición de otro, se mete en la música y le llegan cosas de la letra; no necesariamente tiene que estar en la misma situación que el compositor. Obviamente, cuando pasa, uno se toma las letras más a pecho en determinado momento.

Pero la particularidad es que el baterista de VdM es tu hermano. ¿No te mira como diciendo...
"¿Qué pasó?" (se ríe) Y bueno, a veces pasa. Otras veces los emociona algo que escribí y les termina de cerrar algo que habíamos estado trabajando musicalmente. Todos conocen mi vida personal, pero también saben que a veces las letras hablan de algo que pasó hace tiempo y que terminé de cerrar. A veces, las letras se vuelven más interesantes cuando uno cambia un poco la historia. No necesariamente uno dice la verdad todo el tiempo.

Se te reconoce más como cantante, guitarrista y productor que como escritor de canciones. Incluso, en las entrevistas no hablás mucho de ese rol.
No minimizo mi lugar como letrista, pero no se suele hablar de mí en ese sentido: se hacen notas sobre los letristas del rock argentino y yo nunca figuro (risas). Estoy bastante orgulloso de mis letras, pese a que sé que no soy prolífico, que no hago quince letras por año. Soy bastante obsesivo con lo que canto. Desde que arranqué con MQC, una de las cosas que nos habíamos propuesto era no cantar pelotudeces. Quiero que las letras estén buenas, aunque no me interesa que sean poesía y puedan leerse como si fueran un libro. Creo que mis letras son buenas y punto, me gusta escuchar a una banda que tenga letras como las mías.

¿Quiénes son tus referentes como letrista?
La mayoría son extranjeros: Michael Stipe, Morrissey, Jarvis Cocker... Hay letras de acá que me encantan, como las de normA: Chivas utiliza un registro diferente del que uso yo, pero es un letrista soberbio. Al escuchar música en castellano, hay muchas cosas que me gustan de otros letristas. Por ahí no letras completas, pero sí frases. Acá hay grandes escritores de frases. De chico me gustaban muchas frases de Juanse, sin pensar en él como un gran letrista; hay cosas que me gustan de Spinetta, no todo; hay cosas de Manuel (Moretti, de Estelares) que me gustan... Como cantautor, me siento muy lejos de otros cantautores. Por cómo suenan mis canciones tocadas por una banda, por la bola que le doy a la forma en lugar del contenido –me parece que acá los cantautores no le dan bola a la forma-, pero a la vez porque las canciones peladas, desnudas, me diferencian de las bandas que tienen un tratamiento sonoro que por ahí me interesa más. Si tengo que pensar en la inspiración para mis letras, quizá tienen más que ver con cosas de poesía que leí de chico, como Paul Eluard, Oliverio Girondo o Aldo Pellegrini. Y literatura, también. Pero no soy un fanático de las letras del rock argentino, trato de buscar por otro lado.

Una característica de tus letras es que son muy visuales, casi cinematográficas.
Busco un poco eso. Sé que hay letras mías que son una colección de frases. En realidad, lo que más me importa es encajar las letras en la música, la musicalidad de las palabras. Salvo algunas canciones, me sale primero la música que la letra; las melodías son para mí objetos preciados de la composición y una letra es suficientemente buena cuando me hace olvidar de que existió una melodía con un tarareo encima. A veces uno hace una letra que está buenísima, pero piensa "puta madre, era más lindo cuando no tenía letra". Ese trabajo es el más difícil: encontrar que la melodía siga siendo lo que es y que la letra la potencie. Pero sí, hay letras que tienen imágenes clarísimas y la verdad es que estoy orgulloso de ellas.

En la canción "Esta vez" se da eso que decís sobre confluencia entre la letra y la producción.
Esa letra está muy reforzada por el trabajo de producción. En principio, la grabé con guitarra acústica y voz; la tenía hacía bocha de tiempo, pero no podía imaginarla tocada por la banda. Quise hacer el intento de que estuviera en el disco, de que no quedara completamente descolgada. En medio de una sesión de grabación de voces, grabé la guitarra y la voz, y fue un momento tremendo. Me acuerdo de llegar al estudio y que estuvieran los chicos escuchándola con las luces apagadas... En cuanto a producción, es completamente coherente con el resto del disco, no quería que quedara como un tema "solista".

¿Hay ahí una influencia de Wilco? Particularmente, del disco Yankee Hotel Foxtrot.
(Se ríe) Es una banda que me gusta mucho y ése es el disco que más me gusta de ellos; tiene esa búsqueda sonora que tiene que ver con la producción de Jim O’Rourke y con el momento que estaban viviendo. También me parece que se nota ahí la importancia del songwriter y de la producción, que es algo que no pasa muy seguido. Hay muchas bandas en las que me gusta cada cosa por separado, pero hay pocas en las que coincidan las dos a full. Cuando Manuel escuchó este disco me mandó un mensaje por esta canción. Mucha gente me dice que si le hubiéramos dado tratamiento de banda sería un hit, pero para mí la producción está muy en sintonía con la letra.

Hay palabras que se repiten en tus letras de modo muy llamativo. "Suerte", por ejemplo.
Sí, esa aparece mucho... Cuando puse suerte en la letra de uno de estos temas, terminé de cantar y mi hermano me miró como diciéndome "¿otra vez?" (risas), pero quedaba tan bien que la dejé. No sé si tengo algo con la palabra en sí, es simplemente que queda linda en las canciones.

No puede ser sólo eso.
(Se ríe). Posta que no intelectualizo demasiado. Hay palabras que usé mucho y trato de no usar, y otras que volvieron en este disco. "Ciudad", por ejemplo, estaba vedada de las letras de VdM, y volvió en este disco. No sé qué decir de la palabra “suerte”: está en "La cura y el dolor", en "Días de suerte" y en "La suerte está echada". La palabra tiene dos sentidos: por un lado es el azar, pero también es destino, camino que está escrito. Y son significados contrarios, es muy raro eso. En "Días de suerte" es la fortuna. Es la misma palabra, pero no es siempre el mismo significado. Eso es una cuestión de lenguaje, no es culpa mía (risas). La palabra "suerte" tiene muchas virtudes: es un sustantivo que rima con millones de verbos conjugados. Es raro que en el castellano una rima consonante no sea entre el mismo tipo de palabras. Y si rimás dos verbos conjugados de la misma manera es un embole absoluto. Entonces, encontrar que un sustantivo tiene una rima exacta con un verbo conjugado está buenísimo. Lo estoy analizando en este momento, ojo. Igual, ni siquiera sé si está usado de esa manera en los temas.

¿Y por qué es que usás tanto "ciudad"? ¿Sos un bicho urbano?
Totalmente. Cuando empezamos con MQC, alguien me pidió que escribiera algo para un fanzine, y el texto, que encontré hace poco, era una especie de manifiesto sobre ser de la ciudad. En esa época estaba de moda una especie de neo hippismo y fue una manera de decir: "Soy de la ciudad, no me interesa el campo salvo para ir a pasar unas vacaciones". Pero MQC era un fenómeno urbano, no podía haber sido de otro lado. Y eso está en las letras: soy una persona que vive en la ciudad, mi vida es ir a ver bandas tres o cuatro veces por semana desde hace 25 años. Para mí es lo mejor del mundo.

¿Cómo te llevás con las canciones de Menos Que Cero?
En los primeros ensayos de VdM todavía no sabíamos si era una nueva formación de MQC o una banda nueva. En el momento que nos consolidamos como banda, deshacernos de la lista de temas de MQC fue una manera de enfatizarlo, y nos forzó a hacer canciones nuevas, lo cual estuvo buenísimo. Una de las razones de la separación de esa banda fue que en un momento empezó a haber más cambios de formación de los que mi cerebro podía soportar (risas). Sentía que estaba faltándole el respeto a lo que había sido el grupo inicialmente. Y no es que no pueda haber cambios de formación: de hecho, VdM tuvo un par. Pero llevamos ocho años con esta formación, es más de lo que duró cualquier proyecto en mi vida. No tengo ningún rencor con las canciones de MQC, todavía me representan, las siento cerca de las actuales. Tocarlas depende de cuántas ganas tengan los chicos de meterse en la piel de esas canciones o de lo que tengamos ganas de mostrar en cada show. Hasta ahora hemos tocado "Kodak 74" y "Hasta caerme", y en este vamos a hacer un par más. En 2017 se van a cumplir 20 años del primer disco de MQC: algo va a pasar con eso, incluida reedición de ese material...