07/06/2019

The Divine Comedy: “El mundo moderno me resulta bastante aterrador”

Neil Hannon, lunes a viernes de 9 a 18.

Raphael Neal / Gentileza
The Divine Comedy

Aunque invirtió más de la mitad de su vida en The Divine Comedy, Neil Hannon asegura no saber nada sobre el mundo del trabajo. La afirmación puede ser considerada un poco azarosa, si se tiene en cuenta que, desde 1993, es el único miembro estable (y compositor, arreglador, productor e intérprete de la mayoría de los instrumentos) de la banda que él mismo fundó en 1989. Inquieto por naturaleza, no se limitó a un único proyecto y, con el pasar de los años compuso piezas para televisión (Doctor Who, The IT Crowd), escribió y grabó en álbumes ajenos (Ute Lemper, Air, Charlotte Gainsbourg) además de musicalizar puestas teatrales o crear obras neoclásicas.

Parte de esa idea del trabajo como un universo nuevo y misterioso (y erróneamente ajeno) constituye el pivot central de Office Politics, el decimosegundo disco de The Divine Comedy, publicado hoy. Ya desde su nombre, su arte de tapa y las temáticas de varias de sus letras (compañeros laborales, empleados inescrupulosos, tests preocupacionales, entre otros tópicos), es posible inferir en el álbum una suerte de hilo conceptual centrado ese ámbito. “Todos los pases de comedia que me gustan pasan en una oficina, ya sea con The Office, The Rise and Fall of Reginald Perrin o The Likely Lads. Amo a todas esas series y quería usar sus clichés”, reconoce Hannon.  

Pero hay más. En inglés, la frase elegida como título del disco hace referencia en realidad a las relaciones de poder y sus respectivas pujas en los espacios de trabajo, algo que su propio creador reconoce como intencional. “Este disco usa el mundo laboral como un marco de referencia desde el cual hablar de muchas cosas. El punto de partida es ese ámbito, del que no sé nada. Es más un vistazo general del lugar raro en el que nos encontramos ahora mismo, social y políticamente”, reconoce el lìder de The Divine Comedy.

Son tiempos extraños en todos lados. Si pensás que la Argentina está mal, mirá a Brasil. Bolsonaro es un desastre, es como si un chico fuera presidente. Sería gracioso si no fuera algo tan tenebroso.

¿Y por qué elegiste esa temática?
Bueno, escribí muchísimas canciones sobre cosas de las que no sé absolutamente nada a través de los años (se ríe). Supongo que viene de la frustración y el enojo de ver cómo es tratada la gente por quienes ostentan el poder. Es muy difícil de por sí el simple hecho de ser una persona con un trabajo normal en estos tiempos. No te tratan muy bien.

Ya antes habías elegido hablar sobre ese universo hace bastante en “Come Home Billy Bird”, pero era sobre una persona en particular, un workaholic…
Bueno, creo que acá también estoy hablando sobre las personas, aunque termina siempre en lugares distintos. De hecho, Billy Bird aparece de nuevo en este disco; siento que es el personaje principal, el “hombre común”. Cerca del final del disco hay un tema llamado “Opportunity Knox”, en el que este tipo, Knox, trata de matarlo para quedarse con su trabajo. No sé si lo logra, pero sí puedo asegurar que al menos lo intenta.

En “Queuejumper” te ponés en la voz de un personaje que salta las filas porque dice ser mejor que el resto y que todos lo envidian porque gana más plata.¿Buscabas aludir a alguien en particular?
Podría ser el que te mencioné antes, el empresario que se piensa que es más importante que todos los demás. Para serte honesto, la escribí principalmente porque una vez, mientras estaba llevando a mi hija a la escuela en auto por la autopista, un lunático en un BMW casi nos mata (se ríe). Todos tenemos nuestros momentos de ira al volante, pero esto fue casi una experiencia cercana a la muerte, y me enojé mucho, porque me puse a pensar “¿Qué hace que vos seas más importante que todos los demás? Vos seguro pensás que tenés que estar en tu cita en horario antes que nosotros”. Y eso inspiró la canción.

Al momento de anunciar el disco, dijiste que, si bien tenía muchos personajes, las verdaderas protagonistas de Office Politics son las máquinas. ¿Cómo es eso?
Están a nuestro alrededor, cuidándonos, haciendo nuestras compras por nosotros y diciéndonos qué es lo que queremos comprar. El mundo moderno me resulta bastante aterrador: me saca de quicio estar leyendo el diario y que quiera venderme guitarras porque sabe que me gustan las guitarras (se ríe). No me digas quién soy, qué quiero adquirir o adónde me gustaría irme de vacaciones. En el plano mayor de las cosas, en el disco las máquinas son como esos dibujos animados en los que todo se apaga y sólo ves unos parpadeando en la oscuridad. La gente también puede convertirse en una máquina en una oficina, por eso es importante mantener el factor humano de cada uno y no engancharse con subirse a la rueda del hamster.

The Divine Comedy

Decías que no sabés cómo entender el mundo moderno, pero al mismo tiempo este es el disco menos nostálgico de The Divine Comedy, al menos desde la música. ¿Pensás que después de tantos años dejaste de preguntarte cómo debía sonar tu propia banda?
Un poco. Creo que no tengo que probar que sé escribir grandes arreglos orquestales, lo hice bastante seguido y la gente sabe que puedo escribir canciones pop con vientos, cuerdas y todo eso. Estoy envejeciendo, y no quiero aburrirme ni aburrir. Estoy de acuerdo con que hay muchos sintetizadores en este disco, en un estilo distinto al que uno podría asociar con The Divine Comedy, pero no dejan de ser parte mía y de mi juventud, en algún modo. Fui fan del synthpop bastante antes de ser fan de Scott Walker. Cuando tenía nueve o diez años fue el apogeo absoluto del synthpop en Gran Bretaña, con Human League, OMD, Gary Numan, Soft Cell… Me encantaban todos y compré muchísimos de esos discos. Musicalmente, siempre traté al synthpop de una manera clasicista, especialmente en lo que tiene que ver con los arreglos. Siempre fueron canciones pop de tres minutos y ahora me permito usar una paleta distinta de sonidos.

En el último tiempo compusiste la banda de sonido para una adaptación teatral y escribiste una pieza para órgano en el Royal Festival Hall. ¿Creés que depositaste ahí tu interés por lo clásico?
Posiblemente tengas razón. Mientras más actividades extra curriculares persigo en lo que podríamos llamar el departamento de lo clásico, menos ganas siento de poner eso en mis discos, irónicamente. Lo que estoy haciendo ahora es un musical, y no es pop ni clásica, es algo completamente distinto, así que quién sabe adónde me terminará llevando.

También creaste The Duckworth Lewis Method, un proyecto temático sobre el cricket. ¿Cómo es posible hacer dos discos que hablen casi exclusivamente de eso?
Sólo hace falta escuchar los discos para darse cuenta que no lo es (se ríe). Es imposible, no deberíamos haberlo intentado jamás, pero somos grandes fans del cricket y hacemos música. A veces tenés que hacer cosas que son absurdas y financieramente riesgosas. No sé, nadie necesitaba esos discos, pero los hicimos de todos modos. Sé que el cricket es muy popular en Sudamérica (vuelve a reírse). Soy un gran fan del fútbol y del rugby, pero no escribo canciones sobre eso. Podría escribir una canción sobre Messi, eso te lo puedo asegurar.

¿Te resulta raro estar sacando el primer disco doble de tu carrera en un momento en que la tendencia apunta hacia los singles y no hacia el álbum?
Sí, mi manager me dice que siempre saco el disco equivocado en cada época en que publico uno. Pero, bueno, soy excéntrico (se ríe). Muchos de los discos que fueron importantes cuando yo era chico eran dobles. Había mucha cosa progresiva que era un espanto, pero uno de mis discos favoritos de los 70 es Out of the Blue de Electric Light Orchestra. No puedo decir que era fan, pero era un disco que mi hermano mayor escuchaba constantemente, así que aprendí a disfrutarlo a través de él. Tuvo un gran impacto en mí musicalmente, mucho antes de que supiera que iba a ser un músico. Siempre quise sacar un álbum doble, aunque sea para decir que lo hice. ¿Por qué no? La vida es demasiado corta. En vinilo es doble, y no hace ninguna diferencia hablar sobre Spotify o plataformas digitales. Mientras pueda tener el vinilo en mi mano y decir que lo hice, eso es todo lo que me importa.

Antes hablabas del momento político actual. ¿Seguís teniendo un punto de vista crítico respecto al Brexit?
Sí, tengo una opinión bastante fuerte respecto a eso. Me parece la cosa más loca y estúpida que cualquier país podría hacer, pero no me gusta hablar sobre eso (se ríe). Me irrita que un puñado de lunáticos pueda cagarse en la decisión de un país diciendo un montón de mentiras. Si le preguntás a la gente qué es la Unión Europea, nadie te va a saber decir qué es. Son tiempos extraños en todos lados. Si pensás que la Argentina está mal, mirá a Brasil. Bolsonaro es un desastre, es como si un chico fuera presidente. Sería gracioso si no fuera algo tan tenebroso. Lo peor es que él está a cargo de los bosques tropicales y está dejando que los aniquilen a una velocidad notable. Nos vamos a terminar friendo.

Volviendo al álbum, es la primera vez que la banda aparece en la tapa de un disco de The Divine Comedy y no vos solo.
¿Eso es verdad? Dios mío… Para serte sincero, tener a los integrantes de la banda en la portada era la única forma de hacer el arte de tapa que yo quería. ¿Cómo recreás un ambiente de oficina, si no? Necesitaba al menos tres personas (se ríe). En el último álbum, ni siquera aparecí yo, fue una pintura que me gustaba, y en Bang Goes the Knighthood estoy con Leia, una labrador que tuvimos hasta hace algunos años. Bueno, ¿qué dice de mí el hecho de que soy más propenso a compartir un arte de tapa con mi perro antes de que con mi banda?

La última vez que hablamos dijiste que la canción que más hablaba por vos del disco anterior era “Napoleon Complex”, porque sos petiso y querés dominar el mundo. ¿Hay alguna de este álbum con la que te sientas identificado de la misma forma?
(Suelta una carcajada) En cierto modo, la que más se le acerca es “The Life and Soul of a Party”, que es mitad sobre mí y mitad sobre alguien a quien odio. No hay nada peor a que te arrincone una persona aburrida que quiere saber todo acerca de vos, especialmente si bebió bastante de más. Eso me pasó varias veces a lo largo del tiempo y no me gustó, así que no salgo más (se ríe). Pero, para ser honesto, en los 90, cuando era yo el que se emborrachaba después de un buen show o algo así, quizás era igual de molesto.