08/04/2017

Steve Vai: “Transmitir emociones es algo superficial”

Guitarra, vas a volar.

Gentileza

Si uno busca “Guitarrista virtuoso” (en inglés) en Google, la imagen que más se repite es la de Steve Vai. Así de prototípica resulta la figura del músico nacido en 1960 en Carle Place, un pequeño pueblo del estado de Nueva York. Y no es algo extraño ni exagerado. Allá por los 80, cuando la representación del guitar hero comenzaba a tomar forma de seres de pelo largo, capaces de tocar a la velocidad de la luz con técnica depurada y recursos pirotécnicos, Vai picaba en punta gracias a sus colaboraciones con David Lee Roth, Whitesnake, Public image Limited y, especialmente, cargar en el curriculum con su cucarda mayor: haber sido guitarrista de Frank Zappa y haber estado a cargo de las transcripciones de su música.

Pero fue en los 90 cuando Vai comenzó a levantar vuelo propio. Passion and Warfare (1990), su segundo trabajo solista, se convirtió en una piedra fundamental entre los shredders (término utilizado para denominar a los guitarristas virtuosos como Vai, Satriani, Malmsteen, etc.), y de ahí en adelante su carrera cambió para siempre. Capaz de conciliar hard rock puro y duro (“Erotic Nightmares”), composiciones exóticas (“Ballerina”) y altas dosis de buen humor (“The Audience Is Listening”), el disco permanece hoy como un clásico ineludible del género. Sin embargo, nada de esto hubiese sucedido sin “For the Love of God”, una balada épica que se construye a partir de una melodía con carácter de himno, y en la que los solos se debaten entre lo emocionante y lo imposible. “Cuando terminé de componerla, me pregunté si a alguien iba a gustarle, porque tenía demasiadas guitarras”, reconoce antes de sus shows en Córdoba (el 11/6), Rosario (el 13/6) y Buenos Aires (el 15/6) como parte de la tercera etapa de la gira que celebra los 25 años del álbum.

Hay muchos que apenas escuchan a un guitarrista tocar rápido enseguida dicen que eso es todo lo que hay, se crean esa imagen en la cabeza. Es como que sacan una foto tuya y escriben tu biografía en base a eso.

Hoy resulta difícil pensar que un instrumental de esas características pueda llegar a la alta rotación. ¿Te imaginabas algo así cuando la compusiste?
No, obviamente no sabía en ese momento que iba a ser tan bien recibida por los fans. De alguna manera, escuché la melodía en mi cabeza y me imaginé cómo quería que fuera todo el tema: una melodía larga, un solo abierto y tan poderosa como pudiera lograrlo. Quería que tuviese intensidad, la encaré cómo cualquier otra composición mía. Sabía que era una canción hermosa cuando la terminé, pero también sabía que tenía muchas partes intrincadas que podían hacer que la melodía se perdiera. Que haya tenido semejante aceptación todavía me resulta increíble.

Si algo te diferencia del resto de los guitarristas virtuosos es que tu música pasa por diferentes estados de ánimo. ¿Hay una búsqueda deliberada de generar diferentes emociones?
Bueno, es cierto que es algo importante, porque cuando tenés una idea para una canción nueva ya viene con su propia carga y sus sentimientos, y tratás de fluir con eso. Pero prefiero la conexión con el momento antes que la búsqueda emocional, trato de luchar contra eso. Quiero estar conectado con algo más trascendental que la emoción, con algo que sea más grande que yo o que lo que pienso que soy. Todas las personas tienen la habilidad para crear algo único, lo que sucede es que no siempre son capaces de darse cuenta. Yo mismo tardé muchos años en hacerlo.

¿Y cómo se logra esa conexión a la hora de componer?
Sé que cuando escribo y grabo tratando de ser sensible, no lo logro. Simplemente no funciona, no es algo que se pueda buscar. Las emociones pueden ser el enojo, la tristeza o la felicidad; estar conectado es algo superior, es más poderoso porque está en sintonía con el impulso creativo del universo. Lucho todo el tiempo para lograr eso, algo que sea real. Transmitir emociones es algo superficial, tocar lo que te conecta en el momento es lo verdaderamente real: de ahí vienen la inspiración y las buenas notas (risas).

¿Te resulta fácil diferenciarlas?
Trato de pararme al lado del camino… Es difícil de explicar. A lo que me refiero es a que saco de la ecuación a mis propias expectativas, el “necesito que esto sea genial para que la gente lo ame. No pienso en lo que tiene que adaptarse a la moda, no me da miedo que mi música no encaje. Hay que entender que esos son pensamientos que bailan en tu cabeza y con los que tenés que cortar para crear una apertura y poder ser vos mismo con la música. Si lográs trascenderlos, las notas hacen el resto.

A veces parece que la etiqueta de shredders les terminó jugando en contra a guitarristas como vos, les impuso un límite. ¿Lo sentís así?
Bueno, lo que sucede es que no me preocupa ser categorizado ni cómo perciben lo que hago ni si me etiquetan como virtuoso, o como un músico frío, o progresivo, o rockero, u ochentoso o noventoso. Todo es una ilusión del que te etiqueta y si te enroscás en eso, nunca encontrás lo que realmente sos, ni cuán creativo podés llegar a ser. Siempre tuve una disputa interna para despejar mi mente de todo lo que no podés controlar. Nada de eso importa, porque no podés predecir cómo van a recibir tu música. Tu única responsabilidad es encontrar lo que está adentro tuyo, te hace bien, te es natural y reconocés como tu propia voz. Si tIene sentido del humor, genial. Si tiene otras cualidades, también. Y yo quiero que esas cualidades sean parte de lo que soy y no de lo que la gente espera que sea.

En última instancia, hay mucha gente que puede conectar con esas cualidades o sentirse interpelada por tu música.
Exacto. La gente que escucha música tiene gustos muy distintos y hay una diversidad increíble de música. Una persona puede decir que, porque toco rápido, sólo soy un shredder, y capaz es porque no es alguien preocupado por las melodías o porque le sólo le atraen las melodías simples. Hay muchos que apenas escuchan un guitarrista tocar rápido, enseguida dicen que eso es todo lo que hay, se crean esa imagen en la cabeza. Es como que sacan una foto tuya en la que te ves cool o tratando de ser cool, o ven algo que perciben como superficial, entonces de eso hacen tu cuerpo y tu obra, y escriben tu biografía en base a eso. Pero es sólo una perspectiva. Si eso se apodera de tu música y te perdés, perdés la oportunidad de ser vos. También hay gente que ama lo que hago, y piensa que soy el mejor del mundo y que nadie hace lo que hago yo, que mí música es hermosa, intensa, virtuosa, y con estructuras armónicas y melódicas muy maduras y también un costado cómico. Una suerte de “Vai no se toma a muy en serio a sí mismo pero su música es única”. Y obvio que me gusta escuchar esas cosas, pero tampoco dejo que esas opiniones me afecten, porque si empezás a escuchar una voz, entonces empezás a escuchar a las otras.

¿En algún momento de tu carrera se te hizo más difícil abstraerte de la opinión de los demás?
Sí, claro, me tomó muchos años ignorar a la crítica y hacer lo que quiero. Pero, también, los críticos que son constructivos, aquellos periodistas que realmente son buenos y son críticos de verdad, me resultan muy valiosos. A veces leés reseñas de tus discos escritas de una manera muy profesional, y me interesa lo que dicen porque me inspiran y me hacen notar cuando perdí el foco. Hay críticos que saben cuál es tu potencial y escuchan tu música de verdad, eso te ayuda a fortalecerte. Desafortunadamente, hay tantos críticos inspirados como músicos inspirados. O sea: no son muchos (risas). Cuando leés  una crítica, casi siempre es de un tipo que quiere dar ilusiones de superioridad desvalorizando lo que hago, es alguien que da su opinión sólo para probar que es mejor que yo.

Tocar con John Lydon fue una forma de cagarse en lo que puedan decir, tanto para vos como para él.
Es que Lydon puede ser punk, pero sabe lo que quiere y no excluye nada que le dé lo que necesita. En ese momento necesitaba algo cool y no le importó que yo fuese un rockstar de los 80 con el pelo largo, no le importó nada de esa mierda, al menos conmigo. Y fue muy simple también para mí: era una música genial, hice las guitarras en un día, me divertí y fue uno de mis proyectos favoritos. Todo el tiempo me invitan a hacer cosas así, pero no siempre las hago; cuando me invitó Lydon, obvio que lo iba a hacer… ¡porque es John Lydon! Yo amaba su música pero no sabía qué iba a pasar. Una vez ahí, se me hizo muy fácil contribuir, y si escuchás lo que hice, fue todo en un estilo muy Steve Vai. No sabíamos cómo se lo iba a tomar el público y la crítica, pero fue muy bien recibido, además de ser algo único e inesperado. La gente creó la diversidad ahí, preguntándose “¿Por qué toca Steve Vai, que es tan rockero, con John Lydon, que es tan punk?” Pero si nosotros hubiésemos pensado lo mismo, ese disco no hubiese existido.

¿Extrañás algo de hacer música sólo por diversión?
Bueno, podría decirse que mi primera colaboración fue cuando armé una banda con mi hermana más chica; ella tenía 5 años y yo 8. Fue la más extraña y la más disfrutable de todas mis colaboraciones. Ella tocaba la guitarra y yo el bongo, nos sentábamos a escribir canciones todo el día y las tocábamos constantemente. Obvio que eran todas absurdas y elementales, no teníamos ningún tipo de presión, solo el disfrute de tocar música que, por supuesto, sonaba como el demonio (risas), pero nunca más me sentí tan libre.