07/09/2018

Spiritualized: “Quiero dejar la vara cada vez más alta y ver si puedo volver a alcanzarla”

Jason Pierce hacia el cosmos, hacia el infierno.

Gentileza
Spiritualized

Jason Pierce no es la clase de persona que busca reformular ideas o mutar de piel artística de un álbum a otro. Desde sus comienzos en Spacemen 3 a su posterior presente continuo al frente de Spiritualized, el hombre detrás del alias J. Spaceman hizo de su obsesionario de religión, narcóticos y mortalidad un pívot inamovible al que ornamentó cada vez con mayor grandilocuencia conforme fueron pasando los años, de la economía de recursos a la ambición orquestal con 115 músicos. Las tribulaciones fueron internas pero también externas: con el tiempo, Pierce no sólo verbalizó sus demonios, sino que también se volvió una persona tan ensimismada en su misión que terminó siendo la única pieza estable de su propio ensamble químico.

Y tanto le puso al cuerpo a Spiritualized que en los últimos años terminó al borde de la muerte dos veces. En 2005, un cuadro de neumonía llenó de líquido sus pulmones y la escena culminó en una mesa de operaciones en la que su corazón se detuvo dos veces. Siete años más tarde, confesó haber tenido que tratarse con quimioterapia durante la grabación de Sweet Heart, Sweet Light. Desde entonces, las cosas fueron difíciles para Pierce, a quien le estaba resultando difícil volver a publicar nuevo material por razones creativas, pero también financieras por primera vez en más de 30 años de carrera.

“El tiempo vuela y nunca se sintieron como seis años para mí, pero simplemente se volvió algo muy complicado de realizar”, explica Pierce acerca de And Nothing Hurt, el octavo disco de Spiritualized, publicado hoy. Acostumbrado a las producciones fastuosas, debió registrar gran parte del álbum en un estudio hogareño y acudir a sesiones de estudio puntuales, sólo cuando el presupuesto lo permitía. Irónicamente, esa limitación lo ayudó a redondear su álbum más homogéneo en años, que le debe tanto a los drones ruidistas de Lazer Guided Melodies (1992) como a las fanfarrias sinfónicas y el caos cósmico de Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space (1997) y Let It Come Down (2001), y al gospel garagero de Amazing Grace (2003).  

Traté de evitar muchas cosas al momento de componer, pero algunas son difíciles de esquivar. Fui acusado de escribir la misma canción desde que tengo 15, y en parte es lo que me gusta

Es la primera vez que te tomás tanto tiempo para completar un álbum. ¿Qué pasó?
Grabar me resulta mucho más complicado porque siento la responsabilidad de hacer un gran disco y hay muchos ahora mismo. Te pasás dos semanas en el estudio, y lo usás como argumento para salir de gira o subir a un escenario. Ahora esto viene con una responsabilidad mayor, porque mucha gente de mi edad trata de escribir como si estuviera en sus 20 o sus 30, básicamente porque el rock and roll es un juego de jóvenes. Todo se vuelve un sinsentido cuando sos una persona mayor y seguís plantándote con arrogancia. Además, los discos que antes me inspiraban ahora logran lo contrario. Pongo alguno de esos y mi sentimiento es “¿Qué sentido tiene hacer esto? Esto ya se dijo de una manera bella y elocuente”. Entonces tuve que elegir con mucho cuidado qué clase de disco quería hacer.

¿Tuviste que aprender cómo jugar ese juego a tu edad?
Sí, un poco. Siento que todos los discos que hice demandaron una responsabilidad y eso fue cada vez mayor con el paso de los años. Y también me di cuenta de que no puedo solo, necesito ayuda. Cuando empecé a hacer este álbum, comencé a buscar gente porque necesitaba el aporte de otros para hacer lo que tenía en mente. Todo terminó en que no convoqué a la gente adecuada y tampoco tenía el presupuesto que demandaba hacer algo así, así que pensé “si me compro una laptop, lo primero que estaría comprando sería tiempo para perseguir lo que quiero hacer”. Y terminó siendo bastante, aunque sabía que iba a ser algo que demandase su tiempo. Lo que quería hacer era ir a un estudio y comandar a una banda de 11 personas como la que tenía Ray Charles, conseguir ese sonido hermoso para grabar estas canciones muy simples, y terminé trabajándolas desde cero por mi cuenta. Grababa acompañado por un bombo hasta que conseguía algo de plata para ir a un estudio y grabar baterías, después conseguía un poco más y grababa percusiones, después los vientos y así. Fui construyendo esto de a poco durante un período largo de tiempo, eso fue lo que la computadora me permitió.

En tus álbumes previos, el estudio era una parte muy importante del sonido, casi como un instrumento más. ¿Fue difícil prescindir de eso esta vez?
No tanto como la gente puede llegar a pensarlo, no es algo tan diferente. Es simplemente otra manera de trabajar. A la vez, te ofrece tantos canales que cada uno de ellos termina plagado de información. Esto me permitió probar un montón de cosas porque las primeras sesiones no me dejaron muy satisfecho y mucha de mi energía la invertí en cómo sonar bien, mientras que si hubiera estado en un estudio eso lo hubiera gastado en sonar extraordinario. La humildad a veces se confunde con la decepción, pero eso es lo que traté de lograr esta vez. Dicho eso, si hubiera entrado a un estudio hace dos años, el resultado final no sonaría ni parecido a este disco.

Hace un par de años dijiste que ibas a trabajar en este disco con Tony Visconti, el productor de David Bowie…
Lo conocí junto con John Cale y, para serte honesto, la mitad del problema fue financiero, porque no tenía la cantidad de plata que ese tipo de sesiones demandaban. Para gastar esa guita tenés que estar bastante seguro de las cosas y de que te vas a volver a tu casa conforme con algo después de un mes de trabajo. Y yo no soy así: no puedo sacar conclusiones después de un período tan corto de tiempo. Me encantaría trabajar con una persona así, pero también quería tomar el tiempo necesario para que estas canciones tuvieran lo que tenían que tener.

Spiritualized

Tanto en la tapa del disco como en el cierre del último tema, “Sail on Through”, hay un código morse. ¿Significan algo en especial?
Es lo que es: un código morse. Me gusta la idea de que sea algo internacional que todos pueden reconocer; es el pedido de alguien en peligro. Me interesó ponerlo al final del disco, casi como algo romántico en un lenguaje que desconozco. Ese código es algo que me puede conmover a pesar de que no lo entiendo. Cuando escucho una canción en otro idioma, no busco su traducción. Podés buscar un diccionario, pero aun si no lo hacés, sabés que eso es poesía, y es algo que tiene sentido y te emociona. Cuando la gente escucha algo en morse, sabe que es un lenguaje y que ahí hay un mensaje.

En varias de las canciones de And Nothing Hurt se repite la noción del paso del tiempo. ¿Es algo que te preocupa?
Todo el disco se volvió una obsesión y es el tipo de enfermedad que intento evitar cada vez que hago un álbum. Sé en qué me estoy metiendo, pero cada vez me toma más tiempo hacer algo que se supone que debería ser muy simple. Todo el disco es sobre el tiempo y la nostalgia. Hoy en día todo es muy rápido y quería hacer algo que realmente fuera un reflejo de mi edad. Es muy importante dejarlo fluir, porque hay una cosa ahora en el comercio de la música donde la gente más que nunca necesita vivir sus glorias pasadas y salir de gira con eso. Cuando hago un disco, ya no me pertenece. Hace un par de semanas fui a ver a Kris Kristofferson y la gente cantaba la letra de cada una de sus canciones, y no son sencillas. Con este disco me propuse hacer algo que genere algo así, porque si no, ¿cuál es el sentido?

No parecés una persona muy apegada a la nostalgia. De hecho, hace unos años dejaste pasar una oferta de dos millones de libras para reunir a Spacemen 3.
Sí, era para hacer una gira de tres meses. La música es la única forma de arte en la cual aparecen cosas así. Nadie iría y le diría a un pintor: “¿Por qué no hacés otro cuadro como este que hiciste en los 90?” Tampoco le pedirías a un autor que reescibriera su primer libro, nadie quiere eso. Yo quiero dejar la vara cada vez más alta en cada esfuerzo y ver si puedo volver a alcanzarla. Estoy sorprendido con que no sea la constante en mucha gente, pero tampoco soy un juez de los otros, sólo me preocupa hacer algo que tenga sentido para mí. Nunca hice esto por la guita. Estaría en el negocio equivocado si pensara así.

De todos modos, hay una línea de continuidad en tu obra. En “The Morning After”, la protagonista se llama Jane, igual que la de “Hey Jane” de Sweet Heart, Sweet Light. No parece una casualidad.
No, es una continuación de esa historia y casi no entra en el disco justamente por eso mismo. Mientras estaba armando el orden de los temas, la dejé a un costado y me parecía que estaba todo en un mismo plano. Este es un disco de Spiritualized, si fuera un álbum de J.J. Cale, te diría “¿A quién le importa?”. Pero acá me parecía medio ridículo hacer un disco de Spiritualized en donde todo fuera tan “fácil”. Traté de empujar muchas de estas canciones a algún rincón extraño. Quería llevarlas a otro extremo, pero era como si los temas no quisieran ir hasta ahí, sonaba muy forzado. Y de repente todo sonó mejor como algo global cuando “The Morning After” y “On the Sunshine” entraron en la lista final.

Hay un tema recurrente en tu música desde los días en Spacemen 3 que es la religión. ¿Cómo explicarías ese tipo de vínculo?
No hay un vínculo real. Me gusta el lenguaje, porque cuando decís “Señor, ayudame” es una expresión muchísimo más potente que si simplemente decís “Ayudame”. Además, escucho mucho gospel y cuando escuchás ese tipo de música tenés que estar seguro de que estás escuchando la verdad. No se están copiando de la idea de otro ni su sonido o lo que sea que esté de moda para hacerlo propio. Esa música me parece fascinante y cuando estaba armando este disco hice algunos de los shows donde tocábamos Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space para recordarme a mí mismo qué hermoso es poder hacer tu propia música acompañado de un coro gospel… Sobre todo porque mi voz sonaba como si estuviera cantando tirado en mi cama, no como cuando lo grabé. Esos shows me recordaron lo glorioso que es ese sonido y no tiene nada que ver con las letras, simplemente con cómo suena eso.

Otra figura recurrente en tu obra son las drogas. De hecho, en “Here It Comes (The Road) Let’s Go” decís “Tomate una línea, va a estar todo bien y vamos a pasar la noche”…
Alguien que me conoce bien dijo que las letras de este disco dicen más de mí que las anteriores. Traté de evitar muchas cosas al momento de componer, pero algunas cosas son difíciles de esquivar. Fui acusado de escribir la misma canción desde que tengo 15 y en parte es lo que me gusta. Siempre apuesto por el mismo sonido, siempre termino usando el mismo sonido de teclado Casio o el tremolo Vox Repeater para las guitarras. Funcionan tan bien que no tengo por qué buscar otras herramientas para hacer algo distinto. Con las letras sí quise hacer algo distinto y no repetir lo que dije cuando tenía 30 o qué mierda. Hace poco dije que no iba a hacer más discos. No sé si va a ser así, pero lo cierto es que cada vez cuesta más hacer que todo funcione y tenga sentido. Siempre es como emprender un viaje, pero esta vez fue un misterio.

Bueno, hace tiempo dijiste que este disco probablemente fuera el último de Spiritualized. ¿Cambiaste de opinión?
Sí, no estaba refiriéndome a este en particular. Lo hablaba hace poco con Harmony (Korine, cineasta). Cuando él hace películas, entra en determinados mundos que lo abstraen de todo al nivel de una enfermedad. Con la música pasa algo parecido y uno no quiere volver a pasar por algo así. Cuando era joven, atravesar todo ese proceso me traía cosas que podían  hacer que todo funcionase, casi como una recompensa. A medida que te volvés más viejo, te encontrás siempre en el mismo terreno, y es un lugar muy raro al que acudir, porque el proceso te recuerda cómo van a ser las cosas y que va a ser más difícil que la última vez. Eso es lo que estaba tratando de evitar. Sé que puede parecer loco, pero no lo decía de manera romántica.