11/09/2017

Sparks: "Sería más divertido llegar a mucha gente"

La chispa de los hermanos Mael sigue encendida.

Elaine Stocki / Gentileza

A pesar de que Kimono my House (1974), uno de los discos insignia de Sparks, ya tiene más de cuatro décadas, para la dupla la popularidad llegó recién en 2015, con la salida de FFS, su álbum en colaboración con Franz Ferdinand. Y es que, para Ron Mael, el tecladista y compositor principal, y Russell, el cantante, el interés por las grandes masas sólo está permitido bajo sus propios términos: "No queremos ni tenemos la habilidad de cambiar lo que estamos haciendo".

Hippopotamus, su último trabajo discográfico, encuentra nuevamente a los californianos transitando rutas alternativas, guiados principalmente por un alto nivel de teatralidad. "Aunque estemos trabajando en una canción de tres minutos, más allá de contar una historia, siempre sentimos que tiene que tener un complemento dramático", explica el tecladista, afirmando su necesidad de ir por fuera del pop convencional. Ese es el camino que convirtió a Sparks en una de las bandas favoritas de artistas tan diferentes como Morrissey y Thurston Moore.

Nuestra música, aunque sea ambiciosa, no es pretenciosa. No intentamos ser arty con las letras porque siempre pensamos que somos personas en una banda.

Hippopotamus es un disco cargado de tensión, cercano a un lenguaje teatral. ¿Cómo lograron llegar a ese formato?
Antes de hacer el disco estuvimos trabajando en una película, y creo que algunos de los elementos de ese acercamiento dramático se pasaron de manera inconsciente a la escritura y los arreglos de estas canciones. Aunque estemos trabajando en una canción de tres minutos, más allá de contar una historia, siempre sentimos que tiene que tener un complemento dramático.

¿Creés que eso enriquece la escucha?
Creo que lo hace un mejor disco porque se convierte en algo más que música pop convencional. Nosotros siempre queremos hacer algo más fuerte y alejado de eso. Y a la gente que le interesa, el elemento dramático les da algo más.

En 2014, celebraron los 40 años de Kimono my House con una serie de conciertos especiales y publicaron un álbum en conjunto con Franz Ferdinand. ¿Eso les renovó la creatividad para hacer un nuevo disco, ocho años después del último?
Sí, creo que sí. Siempre intentamos ponernos en distintos contextos, por eso hicimos los conciertos de Kimono con una orquesta en vivo, que fue una experiencia inspiradora y emocionante. Y el proyecto con Franz Ferdinand fue una forma muy buena de salir de nuestras maneras de trabajo habituales. Teníamos que considerar las opiniones de otras personas, pero a la vez entraban ideas que tal vez a nosotros no se nos hubieran ocurrido. Creo que todo eso entró en el proceso del disco nuevo y, aunque no habíamos hecho uno de Sparks en muchos años, me parece que esos proyectos tuvieron un efecto más fuerte que el álbum en sí. A veces, antes de empezar un disco nuevo, es mejor limpiarse de algunos hábitos.

¿Qué vieron en Franz Ferdinand para buscar esa colaboración?
Escuchamos “Take Me Out” cuando salió y pensamos que era una de esas canciones que tenían algo especial, algo que usualmente no escuchás en el pop. Después, ellos estaban en Los Ángeles y en una entrevista mencionaron que eran fans de Sparks, así que arreglamos una reunión. Eso fue en el 2004, y en esa época empezamos a decirnos que tal vez deberíamos hacer algo. Se sentía que una colaboración conjunta podía funcionar.

En una entrevista reciente, Russell dijo estar orgulloso de que la banda no sea parte del movimiento general. ¿Cómo lograron mantenerse al margen del pop durante tanto tiempo?
Aunque escuchamos otras cosas, nos sentimos un poco alejados de eso. No es que tenemos que buscar la sensibilidad; en realidad, es lo que nos sale, no tenemos una elección. Y aunque nos sentiríamos orgulloso de formar parte del movimiento pop, estar por fuera de él no es algo que hayamos intentado hacer, simplemente es así. Es la forma en la que trabajamos.

También se podría considerar que no pertenecer puede ser una actitud pretenciosa.
Sí, podría entender que uno tiene que juzgar su música. Y creo que la nuestra, aunque sea ambiciosa, no es pretenciosa. No intentamos ser arty con las letras porque siempre pensamos que somos personas en una banda, así que tratamos de ser lo menos pretenciosos posible.

Cuando hicieron No. 1 in Heaven (1979), con Giorgio Moroder como productor, la recepción de los críticos no fue positiva. Pero poco tiempo después, con la aparición del synth pop, su sonido pareció reivindicarse. ¿En qué lugar podés verlo hoy en día, con la EDM como movimiento consolidado?
Los críticos fueron muy duros con la banda por usar ese tipo de instrumentos, pero fuimos reivindicados de alguna forma. Nos acusaron de pasarnos a la música disco y nosotros siempre lo pensamos como un álbum electrónico. El público estaba más adelantado que los críticos en aceptar ese tipo de música, porque el disco fue un suceso comercial en Inglaterra, con tres hits. Ahora es extraño, porque incluso en un festival, la música más popular es la EDM. En 1979 no era cool, pero nos divierte ver que ahora se lo ve de otra manera.

Según Russell, “cuando sos comercialmente tan exitoso, ya no tenés hambre”. Pero también aclaró que Sparks no es un nombre muy conocido para todos aún. ¿Es algo que buscan?
Si pudiéramos hacerlo en nuestros propios términos, esa sería nuestra preferencia. Probamos un poquito de eso con FFS, porque tocamos en un festival gigante con un público enorme y es una experiencia maravillosa. Nosotros aceptamos que lo que hacemos no va a llegar siempre a ese nivel de éxito, pero esa sería nuestra meta. Nos fue bien en ocasiones, pero si fuese una elección, sería más divertido llegar a mucha gente. Pero no queremos ni tenemos la habilidad de cambiar lo que estamos haciendo para conseguir eso.