12/09/2017

Simon Reynolds: “El disco todavía persiste como forma de arte”

El periodista que se muere por escribir.

En una época en la que el periodismo en general -y el de rock en particular- debate cuánto se lee y privilegia las extensiones cortas, Simon Reynolds va a contramano de las tendencias. Su último libro, Como un golpe de rayo – El glam y su legado, de los setenta al siglo XXI (editado por Caja Negra), es un ensayo exhaustivo de 700 páginas que recorre los primeros años del glam, con Marc Bolan y David Bowie a la cabeza, hasta una disección de cómo aún permanece como elemento clave en la cultura pop. “Yo también me asusté cuando vi la extensión del libro”, confiesa en el hotel de Palermo donde se encuentra. “Pero al fanático de la música le gusta leer mucho y encontrarse con libros que le provean mucha información sobre sus propios placeres”.

Nacido en Inglaterra pero radicado en Estados Unidos, Reynolds es considerado uno de los críticos más importantes de la música y la cultura pop actuales, sobre todo a partir del imprescindible Retromanía – La adicción del pop a su propio pasado. En su pluma, se deja ver su formación académica en las aulas de Oxford y también la lucidez periodística adquirida en su paso por la desaparecida revista Melody Maker. Antes de dar su clase magistral titulada “Todos están en el show business: El glam y el anti-glam desde los setenta hasta el Siglo XXI”, hoy a las 19 en el Centro Cultural General San Martín, afirma que el glam es “uno de los grandes puntos de encuentro entre el arte y el pop”.

Bowie cuidó su imagen hasta sus últimos días, las ultimas fotos de él son increíbles, su cuerpo se estaba pudriendo por dentro y a él se lo ve maravilloso igual.

Cuando se piensa en Bowie y el glam, generalmente se hace foco en la etapa de Ziggy Stardust, pero vos encontraste rastros de glam en toda su obra. ¿Por qué te parece que fue un elemento tan importante para él?
Bueno, a mi editor también le sorprendió. De hecho, me propuso que hagamos uno sobre glam y otro sobre post glam, que empezara desde Station to Station y Young Americans. Bowie siempre estuvo muy interesado en la fama y el estrellato, y en todas las preguntas sobre qué es ser un performer y una figura pública. Su exilio en Berlín fue para bajar su exposición y correrse de las luces de la fama, pero conservó su fuerte trabajo de imagen, siguió siendo glamoroso y con mucho estilo. En videos como el de “Boys Keeps Swinging” se vistió como tres mujeres diferentes, porque todavía le interesaba ese costado. Siempre quiso mostrarse como un héroe, como un hombre extraordinario. Después, en “Ashes to Ashes”, volvió sobre sus propias ideas y escribió sobre el lado oscuro, el cinismo del estrellato: Bowie y su obra se convirtieron en su propio sujeto. Lo interesante es que le gustaba la idea de no ser él mismo pero también era muy existencialista, la búsqueda de la Verdad siempre estuvo. Es como una contradicción: se quería escapar pero también encontrar lo que había de real en sí mismo. Hay mucho dolor en su música. Tuvo una infancia infeliz, su hermano se volvió loco, su mala relación con su madre…

Low es un disco que tiene hits y también música muy abstracta. ¿Creés que el glam fue lo que hizo que nunca dejara de ser un artista mainstream?
Sin duda. El primer single de Low fue “Sound and Vision”, que en el Reino Unido llegó al #3, fue un gran hit pop. Bowie se retrató escapando de la fama pero nunca dejó de verse bien, mientras que Jim Morrison sí quiso dejar de ser lindo, y por eso tuvo su período donde se lo veía gordo y con barba, destruyó su propia belleza. Bowie cuidó su imagen hasta sus últimos días. Las ultimas fotos de él son increíbles: su cuerpo se estaba pudriendo por dentro y a él se lo ve maravilloso igual. Mantuvo sus elementos pop, amaba llamar la atención; decía que la fama era lo peor que le había pasado, pero nunca pudo abandonarla. Y aunque Berlín fue su mayor intento por alejarse, después de eso se volvió más grande que nunca en todo el mundo. Con “Let’s Dance” y “Modern Love” terminó de conquistar Estados Unidos y el mundo. Low tiene esas cosas impresionantes, que suenan futuristas, pero también tiene pop; Heroes, el disco, tiene momentos re experimentales, pero también tiene la canción “Heroes”, que hoy es un himno que suena en un casamiento o en un velorio.

Durante los 80, la etiqueta glam también se usó para grupos de hard rock como Poison y Mötley Crue, que apenas mencionás en el libro. ¿Los considerás el lado oscuro del glam?
(Risas) Bueno, lo divertido es que nunca los había conectado con Bowie ni ningún otro artisa glam, pero leí el libro Cuck Klosterman [Fargo Rock City: A Heavy Metal Odyssey in Rural Nörth Daköta] en el que cuenta que no pasaba absolutamente nada en el lugar donde vivía y amaba a bandas como Warrant o Ratt, que fueron realmente importantes en Estados Unidos y eran llamadas glam. Al principio me sorprendió, pero si mirás el video de “Welcome to the Jungle”, Axl Rose tiene mucho maquillaje ahí. Los músicos de esas bandas se delineaban los ojos, tenían el pelo súper cuidado… resulta un poco incómodo ver que los cantantes lucen el cliché de la mujer estadounidense sexy de las revistas y sin embargo no hay nada de gay en ellos. Se visten igual que las mujeres con las que se quieren acostar pero las mujeres los encuentran atractivos porque tiene músculos, son lindos y masculinos. Los ingleses a los que les gusta el glam nunca dirían que les gusta Guns N’ Roses o Mötley Crue, lo ven como lo opuesto, no tiene nada que ver para ellos. Se sienten más identificados con Culture Club, Soft Cell, Japan… esos grupos de electrónica más finos.

Siempre resulta tentador caer en el vicio de buscar el próximo Bowie o los próximos Beatles. ¿Tenemos que pensar en otro paradigma del icono musical?
No lo sé. Creo que todavía hay iconos musicales. A muchos jóvenes les interesa lo que hace Taylor Swift, se parece a Bowie en la forma en la que que sus canciones son un comentario de su propia carrera. Su última canción [“Look What You Make Me Do”] no tiene nada para los escuchas, no la pueden usar, algo que sí pasaba en “Shake It Up”. Ésa era una canción sobre liberarse de las críticas de la prensa, pero cualquier adolescente se podía sentir identificado: sea liberarse del bullying o de las quejas de sus padres, era algo que te podía identificar. Pero todavía interesan las vidas privadas, la de Beyoncé, la de Drake, la de Kendrick Lamar… De pronto aparecen grandes personalidades como Kanye West, que muestran sus vidas íntimas y sus controversias, y a la gente le gusta seguir a estrellas cuyas vidas son un desastre, que sean pasionales y complejas. Mi hija tiene 11 y le interesan Taylor Swift y su novio popstar, la única banda de rock vieja que le gusta es Fleetwood Mac, porque hay una historia de amor entre los miembros y hay peleas internas. La novedad ahora es que también los jóvenes que innovan en tecnología se vuelven iconos pop. Mark Zuckerberg o alguien que inventa una nueva app, una nueva plataforma de social media, los youtubers…

También se suele hablar de la muerte del álbum como concepto, pero los artistas y los consumidores todavía pensamos en el disco como una configuración, una estructura. ¿Te parece que eso va a cambiar en el futuro próximo?
Es difícil saberlo, porque mis hijos piensan en tracks, no piensan en álbumes. Escuchan la radio y miran videos. Mi hijo tiene muchos discos pero cuando pone uno no lo escucha completo. Lo que sí me parece es que el disco como forma de arte todavía persiste. Las bandas lanzan CDs pero ya no usan los 80 minutos que te permite usar, Vampire Weekend sacó un disco de 38 minutos, está pensado como un LP aunque no se edite en vinilo ni tenga dos lados. De alguna manera, sentimos que 40 minutos es una linda cantidad de tiempo para escuchar una sola cosa. Inconscientemente buscamos mantener esa duración, es como una memoria folklórica que tienen incluso quienes no nacieron en la época de los vinilos. Claro que también hay contraejemplos, porque un día aparece Drake con un disco de 20 canciones [Views]. Pero lo hace para elevar el número de reproducciones; hay gente que quiero tenerlo todo.

El hip hop hoy se volvió definitivamente global y cada rapero parece haber encontrado su propio personaje. ¿Es el género que dicta las reglas del juego en la actualidad?
Es el género que más escucho hoy en día. No lo sigo como un fan duro, no consumo tanto los personajes ni sus vidas privadas, como sus affaires o sus problemas con la policía, pero me interesa mucho. Lo que me llama la atención es que no ha cambiado tanto en los aspectos que trata. Siempre es sobre querer ser una estrella, ser el mejor, tener, dinero, mujeres, drogas, relatar algún crimen… No es un abanico muy amplio de tópicos, pero encuentran una variedad infinita de formas de decirlo a través del lenguaje, la personalidad y el flow. Yo no sabía que había tantas formas de decir “Soy el mejor” (risas), pero ellos las encuentran. Algo que es notable en el hip hop de hoy es cómo cambió la simbolización de esos tópicos: primero se trataba de querer tener un auto increíble, mujeres y dinero; después fue sobre el placer de tenerlo todo y luego llegaron Kanye y Drake con lo espiritual, con el sentirse vacío tenés todo eso, que es lo que siempre quisiste.

Y después llega Kendrick Lamar, que le suma su interés por ser el salvador de la comunidad afroamericana.
Claro. Él es el más interesantemente conflictivo, porque además tiene eso de “Soy un pecador pero no puedo, probablemente voy a pecar de nuevo”. Se enfrenta a la culpa pero sabe que va a seguir durmiendo con mujeres, gastar fortunas en ropa, consumir drogas… El que más me gusta es Future, tiene algo muy original a la hora de rimar, sentís que siempre está improvisando y que está de la cabeza todo el tiempo. En su mente siempre pasan cosas que realmente no quisiera vivir, es una forma de vida muy estresante. ¿Cómo no te confunde dormir con tantas mujeres distintas? Yo soy muy monógamo (risas). Nunca contemplan llegar a su casa y mirar Downtown Abbey con su mujer, siempre están en un boliche tomando champagne y peleando por mujeres. Lo que sí me parece es que hoy el sonido del hip hop es mucho más interesante que en cualquier otra época, Future parece un cantante de blues. Es increíble cómo ha evolucionado el flow. En los 80, las métricas eran mucho más simples, patrones regulares, como una canción de cuna; hoy hacen cosas impresionantes.