12/04/2019

Señor Flavio: "A veces, extraviarse en la música está bueno"

Con los Cadillacs en pausa, el músico arranca su Gira Sardinista.

Flavio

Con Los Fabulosos Cadillacs en pausa por tiempo indeterminado, Flavio Cianciarulo decidió retomar su camino donde había quedado antes de La salvación de Solo y Juan. Claro que, en el medio, con su espíritu siempre inquieto, el bajista, guitarrista y cantante también se embarcó en unos cuantos proyectos más, pero esas son otras historias. Lo cierto es que hoy sábado, en el Teatro Sony, Señor Flavio arranca su Gira Sardinista, con sus hijos Astor y Jay como parte de su banda.

Hace casi una década que Señor Flavio volvió a su Mar del Plata natal, al principio de manera parcial. "Por una cuestión de que mi hija compite en el circuito nacional de surfing y también por las ganas de la familia de hacerlo, pasábamos todo el invierno acá y después instalaba a la familia de noviembre a marzo", recuerda. "Yo iba y venía. Pero hace seis años que estamos permanentes, ya no tuve más contacto con Buenos Aires. Ahora acá soy un visitante y vengo solamente cuando algo lo requiere".

Esa mudanza impactó tanto en el disco Sardinista como en el último trabajo de LFC, con el mar y la playa como paisaje para las historias de los protagonistas. "Afectó mi obra en el buen sentido, sin dudas", reconoce Señor Flavio. "Tengo que aclarar que vivo al sur de Mar del Plata, alejado de la ciudad. Es una pequeña comunidad que solamente se activa un poquito cuando ocurre la temporada, que en nuestro país es solamente enero. Vivo a dos cuadras del mar y es campo, es un contacto sumamente directo con la naturaleza. Donde vivo no hay nada, para abastecerme tengo que ir a Mar del Plata, que no es lejos y tampoco hay tránsito, que es lo más bendito para mí. Hay que acomodar ciertas logísticas, pero creo que la elección fue oportuna en cuanto a la familia y a la naturaleza. También es una vida más simple, porque no hay en qué gastar".

Soy vegano, pero no voy a obligar a que todo el mundo no coma carne. A mí me parece un crimen, pero no voy a obligar a nadie. Primero, vivir y dejar vivir. Y lo mismo con la música.

¿Cómo fue la mudanza para tus hijos?
No eran tan grandes cuando lo hicimos, los mayores todavía estaban cursando el secundario. Ya están adaptados a la vida allá y creo que son los últimos que volverían a la ciudad, al menos por ahora. Por otro lado, la ciudad está cerca, entonces, ante cualquier necesidad de civilización (se ríe) y megalópolis, está Mar del Plata cerca. Los chicos están felices. Estudian, tenemos Sotana juntos, tienen Visión ellos por separado... Visión, a su vez, termina siendo mi backing band para lo que voy a presentar mañana, porque son ellos dos más un amigo que es el batero de Visión. Estamos ahí, a dos cuadras del mar, y con la sala de ensayo montada para grabar o para tocar... Estamos todo el tiempo tocando. Creo que son los primeros que celebran alejarse un poco de la ciudad. Las ciudades son hermosas, pero hoy en día escaparte un poquito te otorga otras oportunidades y otra visión de la vida.

Tocar con ellos debe ser doblemente especial: por un lado, son tus hijos, pero además son más jóvenes y tienen una energía que debe pasarte por arriba.
Eso es lo lindo: que te pasen por arriba, escucharlos, atenderlos. No imponer una cierta regla con la cual estoy completamente en desacuerdo, tipo "Escuchame, pibe, cuando vos vas, yo ya fui y vine". Al contrario, me enfoco en no hacer primar la edad y la experiencia, porque la experiencia es sólo para uno. Hay que escuchar a los jóvenes. Que te pasen por arriba está buenísimo. ¿Qué más puedo pedir que tener una banda con mis hijos y con jóvenes? Es un beneficio muy grande desde donde lo vea.

Además, vos les habrás pasado música, pero por ahí ellos escuchan otras cosas.
Es interesante, porque jamás les impuse nada e hicieron su camino, pero son rockeros por elección. Ellos abrazaron una música que, obviamente, en casa sonaba, pero cuando yo era chico en mi casa sonaban ciertas cosas y yo podría haber entrado en desacuerdo con mi viejo, decirle "Ah, eso es una mierda". Antes había una brecha generacional más grande. Tal vez, yo me acercaba a mi padre y compartía ciertas cosas, como el jazz, pero si yo me ponía a escuchar PiL, él no lo iba a entender. Creo que eso no ocurre hoy. Mis hijos escuchan eso porque lo decidieron ellos, no los obligué a escuchar The Clash, Bad Brains o Boom Boom Kid. No sé si ellos son indicativos de una generación, porque hay de todo, pero... no sé, no escuchan trap. No están en contra del trap, pero no lo escuchan. Abrazaron músicas que tal vez sonaban en casa, pero nadie se las impuso.

Pensar en tocar con ellos, ¿te motiva diferente en el momento de componer?
Sin dudas, sí, pero si estuviera pensando en hacer algo nuevo... Sardinista lo compuse en 2015. Es una ópera rock que antecede a La salvación de Solo y Juan. De hecho, Gaby vino a casa un día a visitarnos, me preguntó qué estaba haciendo y le puse algunos temas de Sardinista, entonces me dijo "Hagámoslo con los Cadillacs, también". Y yo le dije: "Dale, ya. Termino esto y hagámoslo". En realidad, mucho tiempo antes de eso habíamos tenido una charla similar, porque siempre teníamos el deseo, con Gaby y con Sergio (Rotman), de hacer alguna vez una ópera rock. Llámese "ópera rock", con total modestia y simpleza, a un disco que está atado a un hilo argumental, que es lo que sucede en estos dos casos. Volviendo a tu pregunta, no compuse este disco con ellos en mente como intérpretes, pero si hoy me pusiera a hacer uno, sin duda sería una motivación especial. Lo que sí, por ese gusto rockero que tienen, mi repertorio coincide en que se pueda tocar con ellos.

Señor Flavio

¿No componés otro disco porque te faltó presentar Sardinista?
En realidad, la Gira Sardinista es una excusa, no voy a tocar estrictamente ese disco. A mí me gusta intitular las giras, pero voy a tocar un repertorio variado de toda mi carrera, las canciones que nos guste tocar. Seguramente los temas de Sardinista van a tener una preponderancia... Algún día me gustaría tocar el disco de punta a punta, con alguna cuestión visual que ponga en imágenes la historia. Sardinista es un drama, una tragedia, de un hijo de laburantes de la pesca de Mar del Plata, de ascendencia italiana. La familia sufre un naufragio cuando él tiene que irse a trabajar con su padre en el barco, pero se pelea antes y le queda una gran culpa, y ahí se aísla y se va a vivir a los acantilados como un asceta, un hermita.

¿Y tenés ganas de componer otro disco?
Sí. Hace poco hice un disco que se llama Paisaje oscuro y es instrumental, no tiene nada que ver con lo que vamos a presentar en la gira. Está más relacionado con los soundtracks, con la influencia de Twin Peaks, algo de jazz. Ese proyecto se llama Cianciarulo. También tocan mis hijos... Y después tenemos Sotana, que es el otro proyecto familiar, que también tiene un matiz muy propio, más cercano a Napalm Death y Cannibal Corpse. Eso está capitaneado por Jay. Y, por cierto, nos quedamos en Buenos Aires porque vamos a tocar el martes en Uniclub, abriendo para una banda estadounidense de metal extremo llamada Exhumed. Curiosamente, con Sotana, la banda más underground y de un estilo tan poco "amigable" sonoramente como el grindcore, es con la que más tocamos. Ese nicho tiene unos seguidores muy fanáticos.

Para alguien que no te conoce, que pases de hablar de jazz y bandas sonoras a grindcore suena a una locura...
Bueno, pero no hay que encarcelar el pensamiento. Entiendo que a una persona le guste una cosa y otra no, porque eso es la libertad de elegir. Pero si te ponés a ver la música como yo la veo y la consumo... En mi random de la ruta hacia acá, en un momento suena Miles Davis o Jaco Pastorius, y después Cannibal Corpse o Napalm Death, porque también están cargados. Para mí, eso convive. Y no estoy tan equivocado, porque hay un proyecto de John Zorn, un músico muy avant garde que en un momento se empezó a fascinar con el metal extremo y se vinculó con gente de Napalm Death. Zorn hizo un proyecto llamado Naked City en los 90 y mezclaban jazz con grindcore. Es una locura hermosa de la que se pueden ver shows en YouTube. Para mí, la música es una degustación. En paralelo a ser músico, soy un oyente de mucha música. Disfruto de escuchar a Piazzolla y a 2 Minutos, banda de la que soy fanático. O a Boom Boom Kid, a quien admiro y con quien tuve la oportunidad de tocar un tiempo largo, y a Javier Malosetti. No voy a obligar a la gente a que piense como yo, pero no me privo de eso que naturalmente me gusta.

No tenés una mirada cerrada, precisamente.
Bueno, yo soy vegano, pero no voy a obligar a que todo el mundo no coma carne. A mí me parece un crimen, pero no voy a obligar a nadie. Primero, vivir y dejar vivir. Y lo mismo con la música. Puede ser poco usual, pero tampoco me parece tan descabellado. No sé, cuando empecé con los Cadillacs, era todo ska, punk rock y reggae, y todo lo demás era una mierda. El metal me parecía una aberración de la naturaleza. No sé, era un cerrado... Después empecé a disfrutar y me abrí. Creo que los Clash me enseñaron un poco eso. Para mí, los Clash trascienden lo que es una banda musical, son directamente una escuela de vida. Ellos iban a Nueva York de gira, veían a los afroamericanos con el boombox en la esquina y decían "Qué bueno, loco, esto es funk, hip hop", y después lo metían como podían en la banda. Muchos los criticaban, decían "loco, eso no es punk rock" de "The Magnificent Seven". Por ahí, hay colegas que escuchan de todo pero deciden hacer un solo género. Andrés Giménez, de A.N.I.M.A.L., con quien toqué en De La Tierra, escucha de todo: folklore, tecno, lo que sea. Pero a la hora de hacer música, elige hacer metal. A mí me pasa que me dan ganas de incorporar matices que pueden sonar extraños para algunas personas, aunque yo estoy seguro de que no es así. Pero no me interesa imponer nada...

Pero el hecho de que puedas abordar desde jazz hasta grindcore como músico no deja de ser una rareza.
A mí me encanta. Y las cosas que menos domino, las aprendo. En Sotana yo no compongo, la impronta la impone Jay, mi hijo. Él es "el metalero" de la familia, aunque escucha un montón de otras cosas. Y puede tocar con Cianciarulo, pero su esencia es metalera. Sotana es su banda y ahí yo soy el bajista, pero desde ese rol me atrevo a tocar un montón de cosas. Y aprendo, como cuando aprendí a tocar metal con De La Tierra. One music, one love... Es una sola música, para mí. Escucho lo que me gusta. Y lo que no, ni lo critico ni lo descalifico, simplemente no lo escucho. Por ahí hay cosas que pueden no estar tan buenas, políticamente hablando, que me gustan, y otras que en esos mismos términos pueden estar muy buenas que realmente no me interesan. En mí no existe eso de que "si hacés esto, no podés hacer lo otro". Lo refuto por completo. Si tenés ganas, hacelo. El atrevimiento puede salirte bien o no, o podés perderte. Pero, ¿qué es perderse en la música? Es seguir buscando. A veces, extraviarse está bueno.

Hoy, en lugar de "Quiero morir tocando ska", la frase sería "quiero morir tocando".
Es que era una metáfora de eso. Los fundamentalistas del ska pueden habernos visto como una especie de Judas: "Dijeron eso y después hicieron otra cosa". Pero claro que sí, ¿cómo no voy a hacer otra cosa? A la vez, este sábado voy a tocar un montón de temas que son ska... No sé, la música tropical es muy popular y muy denostada por algunos. Hay gente que le ha retirado el saludo a algunos rockeros que se acercaron a la cumbia. Pero Joe Strummer, en su programa de radio de la BBC, pasaba un soul de Nina Simone, un rockabilly de Elvis y una cumbia de Andrés Landero. Y en la banda sonora de (el documental) The Future Is Unwritten se lo escucha decir (imita a Strummer) "Andrés Landero, el chico malo de la cumbia". Él se maravillaba con todo eso. Entonces, me avala papá Strummer, no estoy tan equivocado (risas).