21/12/2015

Santiago Motorizado: "Siempre estamos en la búsqueda de algo nuevo"

La violencia y el cambio según Él Mató A Un Policía Motorizado.

Cecilia Salas

Violencia, el maxi single que acaba de publicar Él Mató A Un Policía Motorizado, arranca casi donde la banda había dejado La dinastía Scorpio, su segundo LP (2012): guitarras que se entrelazan y la voz de Santiago Motorizado estableciendo imágenes fuertes que repite una y otra vez. Sin embargo, en apenas tres canciones y un instrumental, el quinteto platense diversifica su camino y se sale de la fórmula. El final, con “Aire fresco”, plantea un nuevo universo sonoro para Él Mató, como el indicio de un futuro posible. “Siempre estamos en búsqueda de algo nuevo”, asegura Santiago. “Es difícil ponernos de acuerdo porque nos gustan muchas cosas que van por distintos lados y en algún momento tenemos que decidir ir por el mismo lado los cinco. Tratamos de corrernos un poco del eje habitual y ver para dónde puede salir eso”.

La idea inicial de la banda -que completan los guitarristas Niño Elefante y Pantro Puto, el baterista Doctora Muerte y el tecladista Chatán Chatrán- no era publicar un disco de cuatro canciones sino otro álbum; pero mientras trabajaban con los demos, los músicos descubrieron que “un grupito de canciones” no encajaban del todo con el nuevo rumbo de la banda. “Nos parecía que de alguna forma estaban más cerca de La dinastía Scorpio, entonces quisimos mostrarlas como un eslabón entre ese disco y el próximo”, explica el cantante y bajista. “Además, me había copado un poco con la figura del simple. Nosotros habíamos sacado algunos antes, que eran adelantos de La dinastía, pero me gustaba que no fuera adelanto de nada. De ahí nace: como homenaje a la figura del simple y porque además porque eran canciones que estaban en el medio de dos etapas”.

Lo que más me preocupa en este momento es la Ley de Medios, porque ése es el lugar clave. Hay tanta confusión en la información que si no se aplica eso, chau, es el fin.

El primer tema es “Violencia”, el más clásico de Él Mató, pero si lo hubieran grabado en los EPs hubiera sido mucho más para afuera; acá están como contenidos.
Puede ser, no lo había pensado. Hay cosas que se resuelven en la mezcla, ahí puede variar todo un montón. Podés hacerlo explotar o bajar un cambio. Nos pareció en la mezcla que iba a estar muy parecida a La Dinastía, entonces le bajamos un poquito. El estribillo no explota tanto, limpiamos algunas cosas y lo llevamos para otro lado.

¿Cuál es esa violencia que está en los ojos de la persona a la que le cantás?
No sé bien... La idea era contrastar dos situaciones antagónicas, de alguien que está pidiendo cariño y a la vez que haya alguien que ofrezca un sentimiento contrario. En muchas canciones buscamos jugar con eso, lo mismo en la portada del disco. Teníamos esa imagen de un casco de motoquero con una inscripción, una cosa medio heavy metal, y a último momento decidimos ponerle el fondo rosa para contrastar.

La segunda canción es “El baile de la colina”. ¿De dónde salió?
Mi hermano vive en España y alquiló una casa en mi barrio cuando vino de visita un verano. Él se quedaba sólo tres meses, pero el alquiler tenía que ser por seis, así que el tiempo que él no estuvo, la ocupé yo. Armamos un estudio casero y empezamos a usar la casa de sala de ensayo, y ahí nació el tema. No sé bien de dónde sale, es una imagen de un baile en un lugar extraño donde no se sabe ni qué, ni cómo ni cuándo. Es de ese momento y tenía que ver con la casa, con las reuniones que hacíamos ahí, adonde no había nada. No había muebles ni sillas, solo una computadora con un micrófono, todo bastante extraño.

En el disco hay un instrumental, “Rucho”, que es de Niño Elefante, y cierra con “Aire fresco”.
Era una letra que yo tenía de cuando hicimos Día de los muertos. Había quedado sola, sin música, y decía “Rompiste mi corazón, y este fin del mundo llega como aire fresco”, como una celebración. Me rompieron el corazón, así que de repente el fin del mundo no está tan mal. Para que no quedara tan pegada a la idea de ese EP, le cambie el verso por “el fin de todo”, y ahí cambió un poco el sentido, porque ese fin podría ser el de la relación. Es divertido el ejercicio de cambiar palabras y ver cómo cambia el sentido, más allá de cada uno que lo escucha.

Cuando hicieron los EPs, cada uno tenía un hilo conceptual muy marcado. Si bien esto es un single, ¿ves un eje en común para las cuatro canciones?
No tan puntual como los EPs, porque ahí tenía que cerrar así, si no, no valía. Ahora es más libre, pero de alguna manera hay una unión. Todas las canciones tienen un momento y por algo uno las va emparejando. Cuando decidimos juntar estas cuatro canciones sentimos que había algo que las unía y no era solo en el sonido, sino también en las letras. Es medio vago, pero hay algo ahí.

En general, en tus letras plantás una imagen fuerte y la repetís varias veces, son pocas las que tienen más texto. ¿Cómo componés?
Eso sale solo. Una de esas con texto más largo es “Más o menos bien”, y a partir de la idea principal me salieron cosas para escribirla. Me pareció que valía la pena que la canción se fuera extendiendo, porque tenía cosas para decir sobre eso. Son todas situaciones que estaban ahí, en el medio del bien y del mal.

Cuando te ponés a componer, ¿ya tenés la idea previa y buscás las palabras, o te vienen imágenes?
Las ideas están como separadas. Tengo una idea de algo y después la ubico en una canción. En general, cuando hago una canción estoy tarareando algo, sin pensar. Muy pocas veces tomé un texto escrito y le agregué una melodía. Por lo general, creo melodías con la guitarra y canto sobre una secuencia de acordes, y a eso le pongo una letra. Por otra parte, escribo cosas que se me van ocurriendo, sin que sean canciones, y de ahí saco ideas.

Con respecto a una búsqueda sonora diferente, es obvio que tenían desarrollada una “fórmula Él Mató”. ¿Se agotaron de eso?
Creo que no, porque no creo mucho en eso de que algo se agote. Hay ciertas fórmulas a las que nos gusta llegar y no nos parece mal. Igual, entiendo que algo no suene nuevo y pueda generar un agotamiento, no solo a nosotros sino también a la gente. Siempre estamos en la búsqueda de romper un poco eso. Desde el lugar creativo, vemos las diferencias más notorias. Puedo decir “En vez de tocar el bajo de esta manera lo voy a tocar de esta otra y lo noto”, pero no sé qué onda para el afuera; quizá suene igual. Siempre tratamos de ir esquivando un poco el eje. A veces lo logramos, otras no tanto… Lo que pasó también es que estas últimas grabaciones fueron saliendo muy espaciadas en el tiempo, y eso juega en contra en eso de ver si algo se repite o no.

¿Y por qué no graban más seguido?
Viajamos mucho y eso complicó los ritmos de la banda. Cuando estábamos planeando La dinastía, salió la primera gira por Europa, que financiamos con la plata que íbamos a usar para el disco. Era una gran oportunidad, nos invitaron al Primavera Sound y nos parecía que valía la pena invertir en eso, y así pateamos el disco un año. Después salió otra gira... Y no sólo era la cosa presupuestaria sino también los tiempos, porque al volver necesitás un descanso de la música.

Ya que mencionás los viajes: en España te preguntan mucho por la situación política argentina, ¿no?
Sí, allá les llegan noticias medio distorsionadas, entonces siempre nos preguntan. Últimamente no nos preguntaron por el cambio de presidente.

¿Y qué respondés?
Y, qué sé yo, a mí me puso muy triste que esté sucediendo esto.

Ustedes no tuvieron un lugar de militancia como otros artistas.
No nos sentíamos cómodos en ese lugar, pero sí desde otros, como cuando se propuso la Ley de la Música o la militancia cultural de cosas muy puntuales. Quizá haya que poner más pilas en eso, sobre todo ahora. Yo no puedo creerlo, me cuesta. Posta, suena medio tonto, pero no sé.... Lo que más me preocupa en este momento es la Ley de Medios, porque ése es el lugar clave. Hay tanta confusión en la información que si no se aplica eso, chau, es el fin. Si el chabón (por Macri) hace todo esto y después aparece Bonelli diciendo que hay sinceramiento de precios y esas cosas, fue. Eso me liquida.

¿Viven de la música?
Sí. Vivimos ahí, al límite. Sabemos que es así. Por ahí un mes hay más plata, otro menos, pero somos austeros, no nos interesan los lujos…

¿Hasta dónde puede crecer artísticamente Él Mató?
En lo artístico puede crecer un montón. Lo que me gusta de Él Mató es que todos somos muy amantes de la música, algo que debería ser obvio en una banda, pero no lo es. Siempre nos compartimos cosas, todos graban cosas por su lado, tienen sus proyectos paralelos, y eso para mí es muy importante a la hora de tener energía para ese crecimiento. Además, hay mejor ejecución de los instrumentos y ganas de crecer en eso. Lo que habría que aprender a hacer es a manejar mejor los tiempos. Eso de las giras y los viajes te sacan energía. Después de dos meses a tocar, encerrarse para seguir tocando no es bueno; hay que dejar pasar un tiempo para que las cosas surjan. Sobre todo para sacar canciones más seguido.

¿Y en cuanto a público? ¿Es una ambición de ustedes tocar en el Luna Park o pretenden otro camino?
Es una ambición que nuestra música llegue a lo máximo posible. Ahora subimos todo a las plataformas de internet; es una herramienta genial para poder llegar a todos lados. Estaría buenísimo tocar en el Luna, significaría que hay un montón de gente a la que le gusta Él Mató, pero no es una ambición puntual para llegar a eso. Lo veo como una parte más de la aventura…

Esa aventura siempre fue desde la independencia. ¿Les ofrecieron contratos en algún momento?
Sí, nos ofrecieron varias veces y dijimos que no. Este camino nos gusta. Uno puede protestar porque busca mejorar y porque protestar es divertido, a veces, pero sentíamos que es un mundo en el que no encajamos. Lo hacemos nosotros de manera autogestionada, es divertido, es raro. De repente, compartir eso con toda gente extraña... Son sellos que no tienen un criterio artístico, te guste o no lo que elijan ellos. Claramente, tienen un patrón comercial que siguen y eso es lo peor de todo, lo que más nos desmotiva.

A esta altura, ya hay varias bandas del indie que están influidas por ustedes. ¿Cómo les cae?
Eso está buenísimo. Aunque estén equivocados (risas), para mí está buenísimo.

¿Encontrás cosas tuyas en otras bandas?
Sí, encuentro algunas y me encanta. No solo en lo artístico, sino también en cómo encaran algunas cosas. Qué sé yo, cuando sacan un disco hacen cosas de promo parecidas a las nuestras, o escriben textos con el tono que usamos nosotros. Eso es divertido.

Bestia Bebé tiene una influencia clara de Él Mató, incluso en la forma de componer… Eso también es reconocible.
A full. Es normal, porque son amigos cercanos y eso pasa medio siempre. Yo tengo influencia de los 107 Faunos. Por ahí, el que conoce Él Mato y los escucha a ellos sin conocerlos tanto va a decir que son iguales a nosotros, y en realidad es al revés. Eso pasa mucho cuando sos amigo de alguien. Para mí, la forma más directa de ver la influencia es cuando alguien es cercano, porque te llega más directo y te motiva. Yo me animé a hacer canciones porque unos amigos hacían las suyas. (El escritor) Fabián Casas, que es amigo mío, siempre repite que el arte es colectivo, por más que uno termine ejecutándolo solo. Y en Laptra (sello de Él Mató, que también edita a Bestia Bebé) estamos mucho tiempo juntos, así que hay un ida y vuelta constante.