29/10/2021

Santiago Motorizado: "La idea es que si ya viste 'Okupas' descubras algo nuevo"

Una casa, cuatro amigos, un perro, un disco y un show.

Guido Adler / Gentileza
Santiago Motorizado

A finales de 2000, un joven Santiago Motorizado (por entonces todavía Barrionuevo) conoció Okupas en la grilla del entonces Canal 7. El magnetismo fue inmediato y la serie pasaría a volverse un punto de referencia constante al que volver para analizar, estudiar y aprenderse diálogos de memoria. Casi 21 años después, cuando la serie creada por Bruno Stagnaro finalmente desembarcó en Netflix, Santiago fue el encargado de recomponer gran parte de su banda de sonido y la tarea lo llevó por terrenos que hasta entonces le habían resultado ajenos. De repente, el cantante y líder de El Mató a un Policía Motorizado se encontró componiendo charareras, cumbias y chamamés que poco tenían que ver con el garage espacial que lo hizo conocido. 

El resultado de esa experiencia fue una banda de sonido que luego devino en un disco, oportunamente titulado Canciones sobre una casa, cuatro amigos y un perro, que recopila gran parte de esas composiciones en las que también colaboraron Vicentico, Daniel Melingo, Nina Suárez Bléfari y Anabella Cartolano. La aventura se completará este viernes 29 sobre el escenario del teatro Coliseo, donde Santiago Motorizado presentará el álbum acompañado de la mayor cantidad posible de invitados que fueron parte del proceso, y con una propuesta que tendrá la mayor cantidad de guiños posibles a Okupas.

“Primero fue un desafío armar el disco y ahora lo es llevarlo al vivo, y la verdad es que es bastante complejo pero divertido. Estamos ensayando bastante, con muchos músicos invitados, porque va a haber diferentes puestas; para cada género va a haber un diferente armado”, dice Santiago sobre el show, al que define como “una celebración única e irrepetible realmente, porque no vamos a tener oportunidad de tener esta producción a mano en las giras ni otros lugares”.

Si en un disco propio me hubiesen dado ganas de hacer folklore o cumbia, seguramente hubiera buscado una fusión entre lo que yo arrastro y los géneros. Acá era necesario que quedara claro que era una cumbia con cierta estética en cierta época.

Stagnaro se acercó pidiendo temas de El Mató. ¿Cuándo se convirtió eso en hacer la música de Okupas?
Bruno me escribió para tener una reunión y nos juntamos en Resto del Mundo, el estudio donde grabamos todo el disco. Me dijo que quería usar siete canciones de El Mató y me mostró las escenas para ver si me gustaba a mí cómo encajaban, cómo lo veía. Obviamente, yo estaba feliz de la vida, no tenía que ver nada, era un sí directo. En esa charla me contó un poco del problema que tenía con Okupas, porque tenía que reemplazar algunas canciones para el reestreno en Netflix, y mientras me contaba eso me dijo que eso que había hecho con El Mató tenía que hacerlo con 50 escenas más, y buscar canciones ya existentes para ver dónde podían encajar. Era un trabajo muy complicado, porque era buscar canciones muy puntuales, y me surgió decirle que yo podía componerlas moviéndome del registro de El Mató, porque la idea era que fuera una cosa heterogénea de sonidos.

¿De qué manera empezó ese trabajo?
Me mandó tres o cuatro escenas, y si salía bien la seguíamos. Y le encantaron. Creo que eran "Una casa", que suena cuando el Pollo está herido en el flete, otra que suena cuando lo conocen a Miguel y es una canción rockera medio misteriosa, y una que no quedó, que era para reemplazar “Paint It Black”, pero me dio una premisa que después acompañó todo el proceso. Cuando mandé esa, estaba muy agarrada en la parte rítmica a la original, y me dijo "A esta la escucho muy parecida. Tené en claro esto: mantengamos la esencia estética pero hacé cosas nuevas, liberate un poco". La idea es que el que ya la vio descubra algo nuevo y el que no la vio no importaba, porque iba a ser lo primero que escuchaba. Ahí arrancó el proceso, que duró un montón, poco más de un año, hasta que se estrenó en julio y ahora es un álbum.

¿Cómo es embarcarse en el proceso de crear canciones que muchas veces por ahí son transicionales, algo que suena de fondo, sin protagonismo?
Con la mayoría de las canciones tratamos de cumplir con el tiempo que necesitaba la escena. Muchas de esas obviamente no están en el álbum, pero cuando tuve que componer canciones más puntuales porque suenan en una radio, en un kiosco o en un bar, ahí me copé yo y dije "Ya que estoy componiendo una canción con forma de canción, la hago entera y ya queda". Algunas que no quedaron, incluso las que tenían letra, estaban por la mitad. Por más que tuvimos bastante tiempo, era un trabajo complicado y que necesitaba cierta urgencia, porque el estreno estaba en el horizonte. Fue aprovechar sobre todo las canciones que fueron novedosas dentro de lo que yo estoy acostumbrado a hacer. Con estos géneros nuevos para mí, ahí era "hagámosla entera porque esto es una vez en la vida".

¿Y cómo fue la gimnasia de tener que probarte en estilos que son nuevos para vos?
En algún punto me sorprendió, porque cuando Bruno me pasó las escenas, todo el tiempo estaba pensando en la banda sonora extranjera, que es la que tenía la complicación con el tema de derechos. Pero de repente escuché, y había cumbia y folklore; evidentemente también aprovechó la movida para reemplazar algunas canciones de esas. Me sorprendió, pero dije "creo que puedo hacerlo". Primero me enfoqué en el rock de guitarras: mi plan fue moverlo del registro al que estoy acostumbrado y que tenga una estética con un pie más en el rock clásico. Lo otro, por más que es música popular, y directa o indirectamente es parte de nuestra vida, siempre es necesario hacer como un trabajo de investigación. Sobre todo para empaparte de vuelta con esos sonidos, para tenerlos presentes y entender ciertas formas de la melodía y la poesía de cada género, porque Okupas necesitaba eso, que esas marcas de estilo que definen los géneros estén presentes en las escenas porque eran parte de la narración.

¿Fue muy difícil adaptarte a eso?
Quizá si en un disco propio me hubiesen dado ganas de hacer folklore o cumbia o lo que sea, primero sea rarísimo, pero en el caso de que eso pasara, seguramente hubiera buscado una fusión entre lo que yo arrastro y los géneros, me hubiera salido algo así. Acá era necesario que quedara claro que era una cumbia con cierta estética en cierta época, y lo mismo el folklore, entonces el trabajo tenía más que ver con eso. Especialmente con el proceso de composición, porque por más que en un punto los mecanismos de composición son parecidos a los que estoy acostumbrado, no son iguales las melodías ni las caídas melódicas, las subidas y bajadas, todas cosas que tenía que tener presente.

¿Eso te llevó también a armar el equipo de gente con la que laburaste?
Lo primero fue componer con Pipe Quintans, que fue el ingeniero de grabación y también coproductor junto conmigo; vimos hasta dónde la bancábamos nosotros tocando. Las zambas las tocaba Pipe. No es algo a lo que estaba acostumbrado pero quedó bien, sobre todo porque al principio había canciones que estaban muy de fondo, entonces no nos volvíamos muy locos porque después no se iban a escuchar tanto. Cuando dijimos "estas canciones estarían buenas en un álbum", ahí sí le dimos una vuelta más, las emprolijamos un poco. Pudimos meternos en los géneros, pero había puntos que eran muy complicados y tuvimos que llamar a especialistas. Ahí me ayudó mucho Nico Landa, de quien me hice amigo en la pandemia. Él conoce un montón de gente, es muy amiguero, entonces yo le dije "Che, Nico, necesito un guitarrista que toque chamamé", y ahí nos pasó el teléfono de Tomás, un chico que la rompió y grabó desde España, un delirio. Las bases de las cumbias las hizo Javier Macias en su estudio Koala Records, a quien contactamos gracias a Nico. Yo le mandaba una maqueta de las bases, y él me respondía con un montón de arreglos y opciones que fuimos armando después.

¿Y en qué momento se sumaron los y las cantantes?
Con las voces, la premisa nació de Bruno, que me dijo: "Estas canciones van a sonar de fondo en un bar o cuando prenden una radio. Se rompe un poco el verosímil si está siempre el mismo registro vocal, fijate si podés llamar alguien que se cope". Lo primero que se me ocurrió fue llamar a Ani para "Bajo las sombras", y a Nina la había visto actuar en una obra de teatro que se llamaba Recital olímpico. En la obra cantaba a capella una canción de Los Abuelos de la Nada y quedé estupefacto, entonces le ofrecí cantar una cumbia. Se copó enseguida y la rompió; era algo que nunca había hecho y le dio el toque justo. También jugó mucho con su voz, que es algo que me había pedido Bruno que hiciera yo con la mía, por eso el disco tiene esa cosa tan variada. En “Mil derrotas”, la idea es que la canción suene como una canción antigua, melódica, medio italiana, porque la escucha la abuela de Ricardo cuando él vuelve a visitarla. Bruno incluso quería que la cantara en italiano, pero al final no tuvimos tiempo. En toda esa cosa salió lo de compartir momentos musicales con gente que admiro como Nina, Ani, Vicentico, Jorge Serrano y Daniel Melingo.

Hasta grabaste un tema con tu hermano y tu papá.
Sí, "Un día no vas a estar", una zamba melancólica. Cantar una canción con mi viejo es una cosa que tenía pendiente. Él es salteño, folklorista amateur, de cumpleaños y juntadas, y encajó todo perfecto para invitarlo, que se cope y le guste, porque siempre sentía que no le gustaba del todo El Mató. Cada tanto me tiraba alguna palabra buena onda, pero más como de padre, así que sentí que era la oportunidad de atrapar la atención de mi papá, que así y todo me criticó algo, porque viste cómo son los padres... Me dijo que en las zambas hay que respetar cierta métrica de las sílabas y los versos, y yo le dije "Papá, más o menos se parece, ya estamos bien".

También completaste “Tanto tonto”, la canción que toca Rodrigo De La Serna en el primer episodio. ¿De quién fue la idea?
De Bruno, porque incluso no estaba en ninguna escena, no era reemplazo de ninguna canción. Me dijo "Está esta canción que canta Ricardo al principio" y me mandó una maqueta cantada por él. Yo al toque le pregunté "Vos tenías una banda que se llamaba Los Mantenidos, ¿no?", porque es algo que Ricardo le cuenta a Sofía en una escena, que le habla de una banda de su juventud que se llamaba así. Me dijo que sí y se río, y me pidió que hiciera una versión acelerada de eso. Se re copó y después se usó como música del trailer, y quedó al final del capítulo tres.

Las canciones de El Mató que suenan en la serie fueron regrabadas. ¿Por qué decidieron laburarlas de nuevo?
Teníamos ganas de juntarnos en el estudio. Estábamos en medio de la pandemia, no había mucho que hacer, estábamos muy inactivos, y nos divertía hacerlo. También nos gustaba la idea de ajustar algunos tempos de las canciones con las escenas en las que suenan, incluso con algunos arreglos diferentes pensando en la narración de la serie. En ese sentido, vino bien volver a recorrerlas, y a eso le sumamos una canción nueva, "La otra ciudad". Yo estaba componiendo toda esa intro que es medio orquestada para el final del capítulo 7, que tiene una escena de tensión donde Ricardo quiere aprender a robar y empieza a sonar esto. Mientras lo componía dije "Estaría bueno que esto siga, que sobre este piano entre una voz sobre los créditos", así que compuse los primeros compases y se lo mostré a Bruno. Fue lo más atrevido que hice porque no me lo había pedido, ni había una canción que reemplazar, pero a él le gustó. Y como todo eso era muy El Mató, también surgió convocar a los chicos para terminarla entre todos.

En 2016 dejaste un disco solista a medio terminar. ¿Pensás que haber pasado por este proceso te puede servir para completarlo?
Eso quedó en pausa y volví a escucharlo durante la pandemia antes de empezar con las canciones de Okupas. No me gustó, porque pasó mucho tiempo. Empecé a grabarlo en diciembre de 2016 y al toque en enero nos fuimos a Estados Unidos. No es que no me gustaron las canciones sino las grabaciones, cómo está encarada la producción. Ahora empecé a grabarlo de nuevo. En febrero nos hicimos un hueco con lo de Okupas y grabé las bases de nuevo con batería, bajo y guitarras acústicas. También sumé más canciones; en total grabamos como veintipico de bases. Ahora está el riesgo de que vuelva a pasar el tiempo. El conflicto pasa por ahí: cuando dejás un proyecto descansar tanto tiempo uno va cambiando, tiene otras ideas.

Además lo miraste con la perspectiva post Sonic Ranch, donde grabaron el último disco de El Mató...
Totalmente, eso tuvo mucho que ver. Fue muy diferente para nuestra propia experiencia como músicos y a partir de ahí nos cambió un poco el chip. Ahora queremos aunque sea arrancar desde ahí, por lo menos. Con este disco me pasaba algo así, porque encaramos la grabación en Romaphonic todos juntos grabando en la sala, y había cosas que no me gustaban y tenían que ver con eso. Sonic Ranch fue más un laboratorio de ir parte por parte, algunos momentos todos juntos pero dependiendo de la canción. Así lo empecé a encarar ahora, pero tengo que terminarlo rápido porque sino mañana flasheo con otra forma de producción y tengo que tirar de nuevo todo.