14/02/2018

Primal Scream: “Nos limpiamos de drogas y nos propusimos no cagarla”

A tres décadas de su primer disco, Bobby Gillespie sigue girando.

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Primal Scream

A lo largo de más de tres décadas de vida, Primal Scream no dejó terreno sin explorar. Casi con una determinación autoconsciente de no repetirse, sólo en la primera mitad de su carrera el grupo escocés hizo jangle pop (Sonic Flower Groove), garage (Primal Scream), house, gospel y psicodelia (Screamadelica), rock sureño y funk (Give Out But Don’t Give Up), dub, ambient y krautrock (Vanishing Point) y música industrial (XTRMNTR). Con el cambio de milenio, los resultados fueron un poco más aleatorios (altos en Evil Light y More Light, algo tambaleantes en Riot City Blues y Beautiful Future), pero siempre con el cambio como motor creativo.

Esa dinámica de mutación constante es la que también hace difícil encasillar a Primal Scream en un estilo en particular, algo que a su creador y vocalista no parece quitarle el sueño. “No sabría explicar bien qué hace que algo suene a nosotros mismos. Tiene que ver con el sentimiento, es algo bastante inconsciente, pero tampoco me preocupa demasiado”, explica Bobby Gillespie antes de la quinta visita de la banda a la Argentina, el jueves 1 de marzo en Groove. Su show en Palermo se dará tan solo un mes antes de que se cumplan 20 años de su debut porteño, con dos funciones en Museum en abril de 1998. “Creo que fue en un boliche y que tuvimos que tocar temprano porque después había un DJ”, rememora Gillespie. “Tengo un buen recuerdo de un festival en el que tocamos con Pet Shop Boys (el Personal Fest de 2004), y también del último, en el que se nos sumó Kurt Vile en un par de temas”, agrega.

La aparición de The White Stripes y The Strokes fue el último suspiro de la música de garage, y fue hace 18 años. Es mucho tiempo, si te lo ponés a pensar.

Ya pasaron dos años desde que salió Chaosmosis, su último disco a la fecha. En su momento dijiste que la gente ya no intenta hacer singles clásicos y exitosos, y que ese disco era tu intento de alcanzar algo así. ¿Pensás que lo lograron?
No estoy seguro, fue todo muy raro. El año en el que sacamos el disco me rompí la espalda, me caí del escenario en un festival en Suiza. Por eso mismo, el año pasado estuvimos bastante de gira. Al mismo tiempo, estuvimos trabajando en muchas canciones, así que vamos a estar lanzando algo pronto.

¿Tenés alguna idea sobre cómo va a sonar o en qué dirección va a ir?
Estamos en una etapa demasiado inicial como para poder decir algo al respecto. Sólo quiero hacer algo que tenga alma, algo hermoso. Quiero hacer música que se sienta bien, algo sensitivo que movilice a las personas.

¿Y ya tenés pensado cómo llevar eso a cabo?
Sí, supongo que sé cómo quiero que suene, pero está dentro de mi cabeza. Por eso mismo me es tan difícil describirlo, porque cada canción es diferente. A veces querés hacer algo sólo con una guitarra acústica, y otras veces empezás por ese lado y termina siendo una “rocker” o un tema dance, nunca sabés cómo va a terminar.

Hace poco dijiste que el formato de banda de garage se estaba extinguiendo. ¿Seguís pensando de esa manera?
Mark E. Smith de The Fall lo tenía bien en claro. Él solía decir que podías tocar así si lo deseabas, pero que en ese formato no ibas a poder despertar el mismo entusiasmo con el paso del tiempo. El formato de banda de garage ya no es desafiante, es un buen recurso, pero la gente parece estar interesada en otras cosas. Lo último que ocurrió en ese sentido fue la aparición de The White Stripes y The Strokes. Ese fue el último suspiro de la música de garage, y fue hace 18 años. Es mucho tiempo, si te lo ponés a pensar.

A lo largo de la carrera de Primal Scream hay varias canciones con un contenido político muy fuerte. ¿Pensás que el escenario global actual puede influir en tu próximo álbum?
No lo sé, falta todavía. La gente a veces se confunde e interpreta que XTRMNTR es un disco político por “Swastika Eyes”, pero ahí estaba escribiendo sobre la cultura del Reino Unido hacia el final de los noventas, y los efectos de la cultura de las drogas en mis amigos y en mí mismo. Es algo político, en cierto modo, pero desde otro lugar. Tardamos en darnos cuenta de que no estábamos haciendo arte político, porque pensábamos que hacíamos algo rebelde, pero entre tantas drogas y cosas, nos dejamos llevar y nos neutralizamos a nosotros mismos. De todos modos, no me gusta hablar demasiado del significado de las canciones, porque para cada uno tienen un sentido en particular.

Hace un par de años, Robert Plant los definió como una “excéntrica obra maestra británica”. ¿Cómo llegaron a grabar con él en Evil Heat, en 2002?
Estábamos trabajando en un estudio en Londres, y Robert (“Throb” Young, guitarrista que abandonó el grupo en 2006 y murió en 2014) se lo había cruzado un par de veces en un bar en la esquina. Una noche estábamos ahí y yo estaba absolutamente borracho. Me le acerqué y le dije “Robert, tenemos esta canción que suena a una mezcla entre Howlin’ Wolf y Throbbing Gristle. ¿Tocarías la armónica en el tema?”. Me miró y me dijo “Sí, ¿en qué tono está?” (se ríe). Le dije que nos íbamos de gira a Estados Unidos por dos semanas, pero que llamara a nuestro management para arreglar, y así fue. Volvimos, cayó al estudio con su armónica y fue fantástico. El tema se llama “The Lord is My Shotgun”, que es una frase que yo tenía en una campera que me regaló un amigo. Era de un soldado de Vietnam.

Primal Scream se caracteriza por no repetir fórmulas de un disco a otro. ¿Qué los llevó a hacer una gira en 2011 para celebrar los 20 años de Screamadelica?
Un promotor nos propuso hacer un par de shows en Inglaterra. Le preguntamos si le parecía que alguien realmente podría llegar a estar interesado en algo así, y él estaba convencido de que sí. Reservamos un lugar, el Olympia Grand Hall. Es una sala enorme, como para 20 mil personas, y los tickets se agotaron muy rápido. A partir de eso, nos empezaron a llamar de todos lados desde distintos rincones del mundo, y por eso lo hicimos. Nos puso a laburar bastante.

¿Fuiste consciente alguna vez de la relevancia de ese disco?
La verdad que no. Además, al momento de la gira estábamos empezando a producir las canciones de More Light, así que eran dos situaciones muy distintas ocurriendo al mismo tiempo. Quizá lo influyó de alguna manera, sobre todo por la energía del tour. Hay algo de ese espíritu, pero no en la música.

Hablabas de tu pasado como adicto a las drogas. Durante los 90, la prensa británica hacía más hincapié en el costado autodestructivo de la banda que en su obra ¿Cómo creés que lograron separarse de esa etiqueta?
Porque lo hicimos funcionar, básicamente. Dimos buenos shows e hicimos buenos discos que eran siempre diferentes. A partir del 2000 mostramos que podíamos ser otra cosa mucho más áspera, y eso se puede notar incluso en discos como Beautiful Future y Riot City Blues, que por momentos son muy dispersos. En cambio, More Light y Chaosmosis son mucho más enfocados, porque nos limpiamos de drogas y nos propusimos no cagarla.