06/01/2017

Pericos: "Nos reímos de nosotros mismos"

Entre vivencias y fantasías, el sexteto llega a un balance de su sonido con "Soundamérica".

Treinta años después de que se los catalogara despectivamente como "banda del verano", los Pericos no sólo continúan siendo un nombre de peso en buena parte de América latina sino que retornaron a las bateas a fines de 2016 con Soundamérica. En el disco, el sexteto conserva algo de la frescura que los hizo llamar la atención en el rock argentino de los 80 -en un panorama en el que el reggae era una rareza-, pero la sostiene con un audio refinado, y una solidez notable en arreglos e interpretación. "A partir de Pericos & Friends encontramos una forma de laburar los discos de modo tranquilo, sin apuro", confiesa el cantante, guitarrista y productor Juanchi Baleirón. "Agarrábamos un día un tema, le hacíamos lo que nos gustaba y lo cerrábamos, y al rato abríamos otro tema. No es que el tema se tenía que terminar en un día. Entonces, el ir y venir constantemente en las sesiones es una dinámica fascinante para un disco como Soundamérica, porque lo llenás de detalles y podés probar diferentes cosas".

Junto a Juanchi, el guitarrista Willie Valentinis y el baterista Ariel "Topo" Raiman recuerdan que hubo canciones que quedaron fuera del proceso porque la banda creyó que "no estaban a la altura de las otras". "Tal vez, si hubiésemos estado haciendo el disco al palo, mezclando un tema por día, habrían terminado adentro. Pero nadie nos apuraba, entonces pudimos decir 'este tema tiene un tercio de más' y lo acortamos, o 'a éste le falta un estribillo' y hacerlo. Además, adelantamos cosas en vivo, cosa que hacíamos al principio de Pericos y después no hicimos más. A algunos les encontramos la vuelta ahí, porque en vivo crecen". Según los tres músicos, el proceso de composición y grabación de Soundamérica fue positivo tanto por el resultado como por una "política interna sana de amistad y buena onda" que los llevó a compartir entre todos los integrantes los créditos de los temas. "Gracias a eso, evitamos que cada uno defendiera su idea o su tema. Así, lo que importaban eran las buenas ideas, no las peleas o recelos, cosas en las que caímos en otros momentos", explica Juanchi.

Los tres coinciden, también, en que Soundamérica es "el comienzo de una nueva etapa". "Tenemos esa sensación, como en el primer disco, Big Yuyo Mystic Love... Hay algo nuevo por venir", afirma Willie. Y "Topo" lo grafica con una anécdota: "Para el lanzamiento de 'Inalcanzable', el primer corte, estaba buscando cómo escuchar la radio, porque no tengo radio en casa, hasta que conseguí escucharlo. Y lo que recordé fue que había hecho eso con el primer disco de Pericos, por eso me sentía así. En otra época estábamos más curtidos, salía el disco y ya estaba".

Después de la muerte de Horacio teníamos una resistencia, algún mecanismo inconsciente que nos llevó a no meter un saxo. Pero ahora sentimos que ya podemos hacerlo. Después de este disco hay cosas que se aflojaron...

Este es el primer disco que hacen  sin Horacio (Avendaño, saxofonista, fallecido en 2013).
Juanchi: Bueno, ahí abriste una puerta...
Topo: Cuando planeamos este disco él estaba, incluso aportó temas. Grabamos uno y quedó en la web de Pericos. En una parte del proceso fue cuando él murió y, aunque seguimos trabajando, la parte creativa se frenó. No fue ni charlado, simplemente no salía, no teníamos ganas.
Juanchi: Era muy difícil encarar un proceso creativo interactuando mientras el vacío de Horacio estaba ahí. A nadie le preocupó aplazar el disco, ni siquiera lo hablamos.
Topo: Hicimos una gira por México que parecía en homenaje a él. No había sido planeada así, pero era el reencuentro con todos los fans que lo conocían, entonces en todos lados nos llevaban un cuadro, una bandera, remeras que decían “Horacio por siempre”... En la sala tenemos un cuadro de Horacio que nos regaló un ilustrador mexicano.
Juanchi: Horacio siempre tenía una visión como de señor grande, tajante, crudo. Era el personaje con el cual jugaba y que a nosotros nos hacía reír mucho. Y, a medida que vamos creciendo, nosotros nos acercamos a eso (se ríe) y nos sale de adentro un Horacio que escupe una frase tremenda. Está ahí, está con nosotros.
Willie: Hay situaciones en la que lo primero que pensamos es “si estuviera Horacio”. Y no hace falta ni que nos miremos; todos estamos pensando lo que él hubiese pensado. Bueno, la tapa de Soundamérica es un mural de 5x3 que está en la casa de él. Lo hizo Fede Minuchín, que es un stencilero; él nos mostró un montón de sus cosas y terminamos eligiendo este collage. Buscamos paredes y finalmente pensamos en la pared del fondo de la casa de Horacio.
Topo: Fue muy simbólico para nosotros. Y otro simbolismo más que sumamos es que en el video de “Inalcanzable” está su saxo volando.

¿Qué impacto tiene en esta nueva etapa esa ausencia que a la vez es presencia?
Juanchi: En la última época, Horacio siempre tenía su lugar en los discos con sus composiciones, oscuras, más romanticonas, más clásicas. Quizá, si cada uno hubiese traído sus composiciones, con su color propio, habríamos sentido más la falta del “color Horacio”. Pero al ser más diluida la autoría entre todos, quizá no se siente tanto desde afuera.
Topo: Hubo algunos cambios sutiles, como que los caños pasaran a estar atrás en el escenario.
Willie: Y además estuvimos muchos años sin tener saxo, sólo era trompeta y trombón. No lo reemplazamos con otro saxofonista, pero fue algo que ni siquiera nos dimos cuenta. Nos pasó cuando tocamos con los Decadentes para Conduciendo a Conciencia: tocó Pablito Rodríguez y le dijimos “sos el primer saxo que reemplaza a Horacio”. Y se emocionó, estaba al borde de las lágrimas... Ahora Cristian Terán, que toca trompeta con nosotros, en algunos temas toca el saxo.
Juanchi: En el disco hay presencia de saxo, hay solos, porque grabamos caños acá y en Nashville.
Willie: Lo loco es que se dio naturalmente, no es que dijimos “retiremos la remera”, tipo la NBA... Inconscientemente, era trompeta y trombón.
Juanchi: Creo que teníamos una resistencia, algún mecanismo inconsciente nos llevó a no meter un saxo. Pero ahora sentimos que ya podemos hacerlo. Después del disco hay cosas que se aflojaron...

¿Por ejemplo?
Willie: Este disco no tiene la “agretez” de 7 ni la felicidad rara de Pura vida. Es un balance que tal vez no hubiese existido sin Pericos & Friends. Y es un balance justo de la etapa de estos últimos doce años. De acá, para adelante.
Juanchi: Era inevitable que 7 tuviera esa cosa coyuntural de estar con un puño cerrado, rockeándola, diciendo “acá estamos, somos siete”. Para mí es un discazo, pero siempre supe que iba a ser considerado un disco de ese momento, cargado de la partida del Bahiano y la nueva etapa. Como dijo Willie, después nos fuimos al otro extremo, “lindo día”, jajaja. Y no dejan de ser dos puntas que, con la sonoridad balanceada que conseguimos con Pericos & Friends, resultan en Soundamérica. Es hasta matemático que hayamos llegado a un proceso así.

Hay muchas canciones del disco sobre relaciones, pero todos ustedes están casados hace mucho tiempo. ¿De dónde surgen esos temas?
Topo: Un poco tiene que ver con vivencias de todas nuestras vidas y también con fantasías. Cuando hablábamos con Willie sobre de qué se iba a tratar un tema, nos salían anécdotas de hace mil años. “Inalcanzable”, por ejemplo, nació de la sensación de cuando íbamos a bailar a una discoteca y nos gustaba una chica, y aunque sabíamos que no nos iba a salir, nos mandábamos igual. Nos pusimos a hablar de eso y nos acordamos de “Al Palo Baby”, que era una chica que en la época que íbamos a las discos todos queríamos darle.
Willie: Era como un símbolo de la que nos gustaba a todos a los 15, 16 años.
Topo: Cuando la veíamos en la disco, moríamos todos. Y a partir de eso nos acordamos de otra y de otra, hasta armar toda la historia.
Willie: También es algo que vos sabés que por más que intentes no vas a poder, pero después está abierto a que cada uno lo interprete como quiera. También hay canciones de relaciones que se cortan, como “Anónimo” o “La hora 25”. O “Señales erróneas”, que no depende de la edad que tengas: es la sensación de “¿me está tirando onda?”. En este caso, el tipo se tira como un caballo y la mina dice “¿Qué pasó? Ni en pedo era esto”. A veces uno escucha cosas que nunca le dijeron.
Topo: Tal vez podría ser algo más literal si se tratara de un cantautor que escribe sobre alguna vivencia, pero al ser colectivo uníamos cosas.
Willie: Son vivencias más cosas de las que te enterás, más otras que van pasando. “Cosquín supernova” arrancó con gente que iba a ir a un festival, pero después empezó a caer en lo que siente la mina que está en los hombros del pibe y todos la miran a ella en lugar del show. Puede ser Cosquín o Creamfields... Eran tardes de hablar y escribir. Pero también te lleva la música, porque a veces encontrás una palabra que es rítmica y ganadora, y tenés que escribir hacia ahí.
Topo: Antes de escribir “Cosquín supernova” yo había ido al Lollapalooza y me lo pasé casi todo el tiempo en el Perry’s Stage, porque estaban mi hijo y todos sus amigos, y me volví loco con lo que pasaba en ese escenario. Después fui a ver a Smashing Pumpkins y pensaba: “¿Esto es lo mío? No, me vuelvo allá”. En un momento me colgué viendo a una mina que no era linda, pero te llamaba la atención cómo estaba en la suya bailando con algún DJ. Y después con Willy nos pusimos a ver festivales extranjeros en YouTube...
Willie: Todo eso te queda en la cabeza y un día te levantás y la canción ya te va llamando. Muchos de los temas eran zapadas, entonces las melodías que había hecho Juanchi por ahí se podían cambiar.
Juanchi: Yo les decía que no se pegaran a la melodía si había una frase que les gustaba. Si había que agregar una sílaba más, se agregaba.
Topo: Lo que pasa es que leés la letra y se ve re linda, pero después Juanchi la tiene que cantar. Entonces él tiene que pasarla y sentirse cómodo, así que a veces las canciones entraban en una especie de taller.
Willie: Es importante la música que tienen las palabras. No quiero sonar hippie (risas), pero es la verdad, tienen que tener un ritmo, algo que te lleven. Y a veces canción te lleva al ritmo de las palabras. Por eso –y aunque me vaya un poco a la mierda–, para mí es muy meritorio el Nobel de literatura para Bob Dylan: creo que valoraron al tipo que aparte de escribir groso lo hace encajonado en una música.

¿“Todos lo hacen” es la típica argentinada del que se justifica con esa frase?
Juanchi: Es el mundo así.
Topo: Es el mundo, pero está adrede pensada en el porteño que se escuda en la frase “me cago en todo, si total a mí también me cagan”. ¿Viste esos que dan sermones y dicen “son todos corruptos menos yo”? Y de repente coimean a alguien y la excusa es “si lo hacen todos”...
Willie: “Y, tuve que cagarte”. ¿Por qué "tuviste" que cagarme? ¿Quién te obligó? Una frase que quedó afuera de la letra era “lo quiero más que vos”. Y si vos estás en medio del camino, te piso la cabeza, que va’cer... Es como cuando vas por la autopista y te pasan por la banquina: cada uno piensa en salvarse a sí mismo porque cree que si no lo van a cagar.

¿Y quién es el “Icono gurú”?
Topo: Es un símbolo de estos tiempos. El que veíamos al principio era Steve Jobs, pero después pensamos en un montón de gente. En un momento estábamos de gira en Venezuela y estaba por salir el iPhone 6, y dos personas compraron dos cada una en preventa por internet. No voy a decir quiénes eran...

¿Dos personas de la banda que están acá, tal vez?
Topo: No voy a decir qué dos personas de la banda que están acá lo hicieron (carcajadas). Nos cagábamos de risa de esa sensación de “no lo conozco, pero me están diciendo que está bueno, dame dos”. Y eso te pasa un poco en todo, porque siempre hay una persona que te dice qué hacer, pero cuando llegás a eso ya te recomienda algo mejor. Siempre la vara estaba más arriba.
Willie: La frase es “escuchame a mí”. Pero es entre esa clase de tipo y cómo el mercado te dicta las reglas. A veces decís “¿para qué estoy viendo este teléfono si me compré uno anteayer?” La letra arrancó sobre otra cosa que yo había escrito hace tiempo: por ejemplo, si en el aviso de un departamento ponés “Altos de Boulogne”, vale diez lucas más porque dice “Altos”. U “hotel boutique”... ¿Quién pone eso? Arrancó por ese lado del márketing, pero derivó al icono gurú, que es el que te dice que tenés que ponerle “hotel boutique”. Y cuando se lo ponés, te dice “ya no, ahora es ‘Altos de estancia’” y así.

Pero ustedes son parte de eso.
Willie: ¡Obvio! Más vale...
Topo: Más que una crítica, es una descripción.
Juanchi: Lo quiero ver a Esteche en Disney, a ver qué dice (carcajadas). A ver si cascotea a Magic Kingdom...
Willie: Muchas veces nos reíamos y decíamos “somos nosotros”. Nos reímos de nosotros mismos... Pero también tenemos canciones como “El último”, que es el que nadie ve, que es enfermero que está en la guardia cuando se te enferma tu hijo, el que apaga la luz. A nosotros nos pasa con el tipo que carga los equipos, después de los plomos: el tipo está a las tres de la mañana sólo para agarrar los equipos y cargarlos, son diez minutos.

¿Cómo surgió esa canción?
Willie: Charlando sobre eso. Creo que empezó hablando sobre cómo es difícil que los demás vean lo que uno hace y derivó a cuánta gente hace cosas que son fundamentales y uno no ve. Y está el tipo ahí. Hay un montón de personas así...
Topo: Y ahí el juego es con que el último es el que apaga la luz, pero éste es el que sabe dónde está la perilla para apagarla.
Juanchi: De hecho, en el rock siempre hay un tipo que es el eléctrico, que sabe cómo conectar la trifásica. Y, ¿quién va a hablar de ese tipo? Todo el mundo habla de los músicos, del iluminador, del sonidista, de los mánagers, del catering... pero hay un chabón que sabe dónde se enchufa todo eso. Y si él no enchufa, no hay nada.
Willie: Ése es “El último”.