03/07/2019

Nico Sorín: “No me animo a ser simple”

Sinfonías, canciones y riesgo de vida en la Antártida.

José Luis De Siome / S-Music / Gentileza
Nico Sorín

Una tarde de la primera semana de febrero de 2013, Nico Sorín salió a buscar una caja de víveres que estaba a la intemperie, cerca de la base militar en la Antártida adonde había ido a componer su primera sinfonía. Ahí afuera, la temperatura era de -25 °C (sí, veinticinco bajo cero). Apenas se calzó la caja en los hombros, sintió el crack. En ese momento, no le prestó demasiada atención. A las 5 de la madrugada, un dolor en ambos brazos le interrumpió el sueño. Sentía que se le quemaban.

Ya no volvería a dormir más de 10 minutos seguidos durante los próximos 23 días.

“Fue la peor experiencia de mi vida”, recuerda ahora Nico Sorín, en un presente muy distante, antes de dar su primer show con su nuevo proyecto, bautizado directamente SORIN, este viernes 5 de julio en el Teatro Xirgu Espacio Untref. Con un brazo totalmente paralizado, Sorín veía cómo el regreso a Buenos Aires se extendía hasta lo imposible. “El [avión] Hércules venía a buscarnos, daba una vuelta y como no podía bajar, se iba”. Sin poder contener el llanto, el músico volvía a la base donde le inyectaban valium, diclofenac y le suministraban algo de calor con los pocos recursos que contaban.

Más allá del dolor, a Nico Sorín lo atormentaba no saber qué le pasaba. Rodeado de militares y científicos, se sentía solo y lejos, no ya de una cura, sino también de un diagnóstico. “Tenía la barba larguísima y estaba lleno de tatuajes, la gente del lugar pensaba que tenía mono, que necesitaba drogas”, cuenta mientras hace el gesto de quien se inyecta heroína.

Nico Sorín había llegado a la Antártida con un papel pentagramado y un tecladito el primer día de 2013. Invitado por la directora del Departamento de Arte Antártico, fue allí a componer el primer movimiento de su primera sinfonía, que sería parte de un proyecto para participar en la Bienal de Venecia. Aunque el asunto no prosperó, su composición pudo escucharse cinco años después durante la presentación del G20 en el Teatro Colón. Toda esa música la compuso durante el primer mes de su estadía, antes del accidente.

Como en una suerte de Dr Jekill y Mr Hyde sonoro, los días de sufrimiento lo llevaron a otro plano en lo musical. Lejos de la academia y la sinfonía, su crisis física y psíquica lo llevó a cranear la idea para Monster, el disco debut de Octafonic, la banda de rock deforme y multiforme que comandó hasta fines del año pasado.

Una vez de regreso a zona segura, la cabeza de Nico Sorín estaba ocupada en dos prioridades: formar la banda para grabar y tocar Monster, y revertir la parálisis de su brazo. “Casi lo pierdo, cuando llegúe acá lo tenía colgando de un nervio”, cuenta. Años de rehabilitación mediante, recuperó la movilidad a la perfección.

Y entonces decidió volver a la Antártida.

“Volví este año, a una base distinta. Fueron 20 días muy complicados, muy tapados por las tormentas”, detalla. Aunque sin problemas físicos, a Nico Sorín le costó encontrar inspiración esta vez. Los bocetos no lo convencían, sentía que todo se había vuelto muy mental. “Tenía ideas de texturas de sonidos, de pensar en las olas… no me servía”. Dos días antes de volver, frustrado, tiró todo y empezó de nuevo. “Escribí algo que a mi abuelita le hubiese fascinado, hubiese llorado. Y creo que habla de eso, de la soledad que me genera ese lugar desde lo emocional”, anticipa sobre ese segundo movimiento que presentará, con orquesta, en noviembre.

¿Habrá tercer round en la Antártida? Sorín espera que sí. Que haya un tercero, un cuarto, un quinto… “Va más allá de que sea un lugar bonito, tiene que ver con lo que representa”, reflexiona. “Hay algo de lo virgen, lo poderoso… La gente no lo contaminó, es un santuario, tiene esa energía. Te sentís un G.I. Joe de la música: estás en un helicóptero, después un rompehielos… Pero todavía tiene algo muy prehistórico. No sabría explicarlo, por eso me gusta hacerlo con notas”.

Pero la actualidad musical de Nico Sorín tiene una necesidad más urgente: su proyecto solista. Una vez disuelto Octafonic, el músico anunció la salida de LAIF, un disco episódico que consta de tres partes -BERF (nacimiento) – LOV (amor) – DEF (muerte)-, cada una con tres canciones. Para seguir con el tres como número guía, cada tema se publica cada tres semanas (el primero fue el 31 de mayo) y tres días más tarde su video correspondiente. El disco completo, entonces, podrá escucharse el 15 de noviembre, edición en vinilo incluida.

“Surge de una crisis”, reconoce Nico Sorín sobre el origen de las canciones de LAIF. “Mi crisis de los 40 empezó a 39. Todo el año pasado fue de transición, de reflexión, fue muy frustrante. Traté de armar una banda, de cantar en castellano, y después pasó la separación de Octafonic y que estoy haciendo esta música que es medio existencial”.

Yo vengo del palo del punk, siempre me gusto el rock. Cuando fui a Berkley estuvo buenísimo, pero las herramientas que entraron y se filtraron, genial; las que no… mala leche.

En cierto punto, SORIN suena a Octafonic pero menos sobrecargado, con los elementos básicos más al frente.
Quizá, sí. Hay menos densidad instrumental, el hecho de sacar los caños… Es menos energético, tiene menos relación con Faith No More, y más con Lennon o Radiohead. Sigue siendo igual de ecléctico, pero más tranca.

¿La crisis de la que hablabas también fue la que te llevó a adoptar tu apellido como nombre artístico de ahora en más?
Totalmente, el hecho de ponerle SORIN es animarme a no esconderme detrás de una banda, a tener el control absoluto de lo que estoy haciendo… y a tener libertad. Si quiero hacer un cuarteto de cuerdas con música onda “Meshuggah meets María Elena Walsh”, puedo hacerlo. Siento que en algún momento iba a pasar, tenía que hacer SORIN. Pasaba algo gracioso con Octa, que hicimos el primer disco y después hicimos “Physcal” y entonces era “Se vendieron”. Las bandas tienen eso ridículo del “te vendiste / no te vendiste”. Ponerle mi nombre y tener la libertad de hacer un villancico y al otro día una polka no tiene precio. También es hacerme cargo, en algún punto.

Octafonic fue la banda con la que te metiste en la escena del rock. ¿Te cansó eso del “venderse / no venderse”?
Me cansó, sí. Al principio me molestaba mucho. Después me empecé a cagar de la risa. Nunca hicimos música fácil, para las masas. El primer disco era completamente variado. Y después nos decían que nos habíamos vendido porque hicimos una balada. Lo importante es tener la libertad de hacer lo que uno tiene ganas. Después van a decir de todo, y cuando mejor te va, más cosas te van a decir. Así que era una buen señal.

Nico Sorín
José Luis De Simone / S-Music / Gentileza

Fue uno de tus proyectos que más se extendieron en el tiempo, incluso.
Sí, Octa fue la banda que más me duró. Mis bandas siempre han durado dos o tres años, me canso muy rápido de las cosas. Cuando encuentro una fórmula, me desenamoro completamente y quiero pasar a una cosa que tenga un reto. Ya lo siento como algo natural. Tal vez es paradójico que el nombre te cambie la visión y lo que significa. Es un renacer, esto empieza ahora.

Y empezaste, otra vez, con algo bien ambicioso. No fue sólo lanzar un tema y anunciar el disco.
Ojalá que todo lo que haga sea un poco así. Me gusta contar una historia, ya que con la letra no cuento demasiado, o trato de no contar, de que no se entienda. Me gusta que lo que estás diciendo tenga un contenido. No quiero que sea tan explícito, siento que le quito la posibilidad de interpretar, de invitar al doble, triple, cuádruple juego de las palabras y la música. Cuando escucho o veo una ópera, no entiendo un carajo de alemán pero sé lo que está pasando. Las palabras y la fonética me remiten a una situación que entiendo igual que si tuviese le libreto.

Es la eterna discusión de cómo conducir la melodía para que se entienda ese sentimiento en abstracto.
Creo que depende de cada artista. A Mercedes Sosa la letra le pesa tanto porque ella tenía eso espectacular. Cuando Harrison canta “Cream tangerine” en “Savoy Truffle”, por la forma en cómo lo dice, vos ya te estás comiendo un postre, no es necesario entender la letra.

¿El hecho de presentarte como SORIN te llevó a ser más autobiográfico?
Sí, es la primera vez que voy a utilizar cosas que grabé en la Antártida en video; está Juli (su hijo), está Lula (Bertoldi, su mujer y líder de Eruca Sativa), está mi mundo cercano: es autobiográfico en muchos sentidos. Es la primera vez que lo hago, al menos conscientemente. Fue como “A ver, soy SORIN, vamos a poner los elementos que forman parte de mi vida artística y personal, lo que sea. Está buenísimo; me da un poco de cosa también, pero es una decisión. Creo que un disco solista a esta edad y punto de mi carrera… quiero sea sincero y honesto. No voy a poner un piano y una rosa, y que se llame Sorin Melodies; quiero que hable de mí, de lo que me está pasando.

¿No te da pudor?
Pudor da, porque también me cuesta ser frontman, me cuesta mostrarme. Vengo del palo de la academia, nunca fui un rockstar, por más que me hubiese gustado serlo. El hecho de haber estado al frente en Octa fue porque quería aprender: me gustan los desafíos y aprendí trabajando como productor de artistas de carrera muy larga. Te das cuenta de que no es sólo la música sino cómo la muestran, los gestos, cómo la llevan. Sin contaminarme con qué gel de pelo me voy a poner, estoy aprendiendo eso.

Entre Octafonic y Fernández 4, ya tenés un buen recorrido como frontman, igual.
Sí, fue bastante laburo. Cuando empezamos con Fernández 4 era una música complicada, todo el tiempo pensando dónde carajos tenía que meterme. Las melodías son una momia y tenés que ser inteligente en funcionar como textura. En Octa me fui encontrando, al principio estaba muy en el piano y después era salir y tirarme de cabeza. Ahora quiero ir para atrás, dejar de lado el frontman en el sentido del rock para delante. Quiero que la banda funcione como Radiohead en el sótano, que empiezan el tema y es un tren que no para hasta la próxima estación. El show del viernes va a ser performático, va a haber actores, estar muy apoyado en las luces y en la puesta en escena.

O sea que en el proyecto que más exponés tu vida, exponés menos tu cuerpo.
Creo que es la ambigüedad y el todo. La tensión y la distensión. Esa búsqueda que es permanente: tengo tatuados un diablo y un ángel. Todo está en esas dos cosas y está en encontrar el perilleo para ir llevándolo. Esta vez quiero concentrarme más en la musica, la puesta y la experiencia de show. Tocar música compleja y no pensar tanto en la gente, aunque queremos que participe activamente.

¿Sentís esta tensión y distensión con lo que aprendiste en la academia?
Fui un mal alumno, posta (se ríe). Tengo mil anotaciones en carpetas de cuando estuve en Berkley, pero nunca más las leí. No voy a meterme de nuevo en las técnicas, soy muy perezoso, trato de ser lo mas intuitivo posible. Yo vengo del palo del punk, siempre me gusto el rock. Cuando fui a Berkley estuvo buenísimo, pero las herramientas que entraron y se filtraron, genial; las que no, mala leche. Habré perdido la plata, qué sé yo… Estoy tratando de desaprender todo para ser ese chico de 17 que tocaba y componía de tal manera. No es que vengo de la música académica, fui a la academia y aprendí cosas, pero me sigue gustando el punk, me sigue gustando tocar la bata. Siento que quiero hacer música cada vez más sencilla, pero no lo logro.

De hecho, hace dos preguntas dijiste que este proyecto es de música compleja…
Siempre fue así. Yo venía del Sorín Octeto y hacía cosas que siempre terminaba complicando. Esta bien que sean así, porque para hacer algo en 4×4 hoy en día tiene que ser brillante, porque si no… ya está lleno de eso. Tiene que haber una relación entre la melodía y el sonido que tiene que ser espectacular. Yo no me animo a eso, no me animo a ser simple. Por eso prefiero buscarle la quinta pata al gato, ponerle un bombo en negras para que la gente diga “Ah, mirá qué lindo tema”, pero que sea un bardo de tocar. Me gusta que las escuchas no sean sencillas, que la segunda vez digan “Mirá qué hijo de puta lo que puso ahí”, y la tercera también. Siento estoy tratando de hacer “Imagine” y fracaso. Creo que es algo utópico.