30/08/2016

Mosca: "Me enorgullece que estemos vivos y podamos darle lucha a todo"

Antes de su primer Luna Park, el líder de 2 Minutos reparte un mundo de sensaciones.

2 Minutos

A Mosca le brillan los ojos cada vez que recuerda alguna anécdota particularmente graciosa de la larga concatenación de historias por el estilo que es la trayectoria de 2 Minutos. Por eso es que los ojos le brillan muy seguido... El cantante lleva "cachi 30" años al frente del grupo que saltó a la popularidad con Valentín Alsina (1994), un disco que no sólo fue máscara de proa de "la tercera ola diabólica" del punk rock sino que, en pleno menemismo, estableció las bases del rock barrial: cerveza, esquina, peleas, fútbol y el odio a la policía. Toda esa épica en tiempo "1-2-3-4" tendrá su estreno en el Luna Park el domingo 4 de septiembre: en lugar de esperar un rato más al número redondo para el aniversario, el grupo celebrará por anticipado el orgullo de seguir adelante "con los cánones IRAM" del género.

"Soy un muchacho de 49 años, nacido en el Hospital Alvear", arranca a autodefinirse Mosca. "Creo que hace un tiempo pasó a ser un hospital neuropsiquiátrico, para gente con problemitas mentales. Ahí nací, me subieron a un taxi, cruzamos toda la Capital y terminé en la liga de Valentín Alsina City, que es como una especie de Manchester del sur del conurbano argentino. Ese soy: El Mosca. Según su mamá y su chica, un buen muchacho. Según su hijo, un buen padre, medio loco y ese tipo de cosas. Rockero de profesión, caradura..." ¿Y según Mosca? "Un muñeco sensible".

No somos como las bandas españolas, que están todo el tiempo puteando: tenemos también canciones de amor, de ciencia ficción, de recontra protesta... Encontrás de todo un poco, somos como un supermercado chino punk.

Aunque siempre se te asoció al bardo, se nota que tenés una sensibilidad especial para las canciones. En tu mirada de lo que pasa en la calle, incluso: no cualquiera capta lo que volcás en las letras.
Sí, no sé, tengo visión. Cada uno tiene su lírica, no podría decirte cuál es la que me sale.

¿Nunca la analizaste?
No sé, capaz que soy como un observador crítico romántico con algunas sutilezas pequeñas, ínfimas. Cuando hace las canciones, cada uno, sea de la banda que sea, tiene su estilo personal.

¿Qué significa el punk para vos?
Para mí el interés pasa más por la parte musical, que es simple y efectiva. Después, dentro de esa música está lo que vos armás: podés ponerle una paleta de colores, como un niño con los crayones. Podés ir por la parte emocional de la lírica, por la parte sociopolítica o muchas cosas más. Nosotros no somos como las bandas españolas, que están todo el tiempo puteando: tenemos también canciones de amor, de ciencia ficción, de recontra protesta... Encontrás de todo un poco, somos como un supermercado chino punk.

¿O sea que no te atraía la ideología punk?
Lo primero que me pegó fue lo musical, junto con la new wave: estaban hermanadas. Tengo vinilos de XTC y tienen unas perlas… Después, sabía cómo venía el rollo, de su parte contestataria y todo. Mis bandas preferidas eran más las inglesas que las estadounidenses, aunque me encantan Ramones, Misfits... Lo primero que me pegó fue por el lado de la música, después supe como era el rollo sociopolítico que hacía que los punks ingleses no fueran como los de USA : no podés comparar Patti Smith con Cockney Rejects. También estaba bueno lo que proponían los ingleses, que era un poco más sociopolítico todo. Quizás en Estados Unidos venía más por el lado del arte. Los Ramones eran buenísimos porque fueron atemporales. Ellos, junto a los Buzzcocks, que son de Manchester, son los Beatles del punk, los dos. Si unos son los Beatles, quizá los otros sean los Beach Boys. Unos grabaron con Phil Spector y los otros tienen un montón de melodías.

Pero 2 Minutos siempre fue un poco más bardero...
2 Minutos hace punk rock old school con mucha melodía y  hardcore, tenemos las dos cosas. Tenemos la melodía con fineza y con letras que capaz pueden ser pelotudas o no, contestatarias, de amor, desamor o una bizarreada, y también hardcore a las chapas old school.

Y de paso inventaste el rock barrial.
Ese es un mote que me hacía reír mucho en una época, cuando salimos y explotó Valentín Alsina. Éramos algo tapado, salvo para la gente del underground que iba a ver bandas de punk rock y hardcore. Nunca pensamos que nos iba a pasar lo que nos pasó y la cosa es que el periodismo lo tomó como que nosotros fuimos la piedra filosofal inicial de lo que era el rock barrial. El primer disco lo grabamos en Valentín Alsina, los cuatro integrantes de 2 Minutos éramos de Valentín Alsina, y yo soy fanático de Sham 69, que eran de Hersham y grabaron The Adventures of the Hersham Boys. Entonces, ¿ómo le vamos a poner al disco? No había duda, tenía que ser Valentín Alsina.

Pero no es solo eso: está la bronca contra la policía, el barrio, la cerveza, el fútbol...
Sí, es como nuestra película de Inframundo (suelta una carcajada). Hay un disco que no me acuerdo si es de Pedro Aznar o de quién, Pinta tu aldea...

De Alas.
Sí, una cosa muy hippie. Y yo pintaba mi aldea como era: conurbanismo puro. Después, los periodistas hablaban y más tarde salieron los Árbol con eso de “Hecho en Haedo”. Uno era de su barrio. No inventé ningún monstruo ni nada. Nosotros nos hicimos cargo de dónde vinimos. Fuimos los primeros… ¿y qué le íbamos a poner al disco? La tapa en blanco y negro con el puente de Alsina visto desde el lado de Alsina era como algo muy territorial: "de Alsina al mundo con amor".

Ése es el punto: antes nadie era tan territorial.
Sí, lo pusimos en el mapa. Somos unos post sandrísticos, pero él tampoco nombraba a Alsina, nada más que repartía soda y vino allá, y después se fue a vivir a Banfield.

De todos modos, no te quedaste sólo en esas historias: sacaste un montón de discos y capturás cosas de la realidad que volcás en canciones. Pero siempre con forma de punk rock...
En ese sentido, somos ortodoxos. Sí hemos coqueteado con el reggae y el ska, pero el ska es como un primo hermano del punk. Más de ahí no hemos salido. Hicimos algunas locuritas en el disco Vamos a la granja / Directo al infierno (2010), que es El lado oscuro de la Luna de 2 Minutos.

¿Y cómo llegaba Sham 69 a un pibe de Valentín Alsina en aquel momento?
Ahí ya era adolescente... De chico compraba revistas como Expreso Imaginario o Pelo, que me abrieron la cabeza, investigaba cosas. Mis primos más grandes estaban en la línea sinfónica: Yes, Genesis, canciones ultra largas, y hasta que escuché otras cosas me abrieron la cabeza las revistas y el programa de Cerasuolo, El tren fantasma, en el que pasaba música el batero de Alhponso S’Entrega. Ahí yo escuchaba cosas y ya leía… Mucho rockero como yo aprendió de ese programa. Pasaba Specials, English Beat, The Clash, Sex Pistols… Después, el padre de un amigo era piloto de Aerolíneas y nos traía cosas, y se editaban en la Argentina Fin de siglo y Sueños placenteros de Ramones, y otras cosas raras más. Yo leía y decía “A ver, Ramones, ¿qué onda estos Carlitos Balá?” ¡Y estaba genial! Comparado a lo que escuchaba mi primo, ésa era la que iba.

¿Llegaste a comprar esos discos?
Era todo un ritual. En Valentín Alsina había una galería vieja que todavía existe donde estaba la disquería La Cueva Psicodélica, que era atendida por un gay. Con el bajista juntábamos algo de plata, íbamos y comprábamos ofertas. El tipo veía que comprábamos discos y nos recomendaba cosas. Era la época en la que tenía que sacar el disco de la funda. También hemos comprado el primero de Duran Duran, Blondie… En los 80 escuchaba punk pero también compraba otras cosas, como Thomas Dolby, que era una enfermedad, nada que ver con el punk. Bueno, 2 Minutos era el nombre de un tema de Depeche Mode... En la adolescencia, cuando caía un cumpleaños, nuestro lema era regalar un disco. Eramos como ocho o nueve amigos, y juntábamos la plata porque valían un huevo los discos importados. Íbamos a El Agujerito, poníamos todos y al del cumpleaños se lo regalábamos, pero era “Vamos a tu casa escucharlo y después nos lo grabás a todos”. Así apareció Devo en nuestras vidas, por ejemplo. Y llegamos a tocar con ellos en 2014, en un festival en Chile.

¿De qué estás más orgulloso de todo lo que hiciste con 2 Minutos?
De que estemos vivos y podamos darle lucha a todo. Y de que me digan muchos chicos “Yo por vos empecé a tocar la guitarra y sacaba los primeros acordes de tus canciones”, y ahora tienen una banda y todo eso. Entonces, no hice las cosas tan mal: le tiré un freesbee a alguien para que lo buscara, y agarró una guitarra y armó su banda. Y eso que somos unos trogloditas nosotros, somos de la era de Cromañón. Con nuestras finezas igual, ¿eh? De eso me siento orgulloso, y de que vayamos por toda Latinoamérica y bandas grandes nos digan “¡Hijo de puta, andan bien!”. Tenemos esa suerte de que siempre fuimos bastante exploradores, igual que Babasónicos. Desde la primera vez que viajamos, siempre que fuimos a México o Estados Unidos nos cruzábamos con ellos, que ya estaban con Dopádromo. Después de ahí ellos siguieron viajando y nosotros también. Explotaron y está buenísimo. Ahora con ellos no me veo salvo en aeropuertos o festivales, y está buenísimo, lo celebro. Si te ponés a pensar, en la época del Nuevo Rock Argentino todos hablaban del tema de Divididos que dice que “en el oeste está el agite”... Naaaah, chúpenla, putos, si todas las bandas copadas de los 90 salían del sur: Los Brujos, Juana La Loca, Babasónicos, Peligrosos Gorriones, nosotros…

¿Y con el punk argentino cómo te llevabas?
Bien, iba a ver bandas. Los Violadores hasta el tercer disco me parecieron bien, después me parecía una cagada. Iba a ver a Alerta Roja, Comando Suicida, Morgue Judicial, Todos Tus Muertos… había un montón. Era como una élite que creció después de que Radio Tripoli sacó (el compilado) Invasión 88. Attaque explotó y Los Violadores ya eran mainstream, viajaban por Latinoamérica. Nosotros seríamos parte de la tercera ola diabólica y masiva. Porque Todos Tus Muertos la pegó pero cuando ya no era punk sino alterlatino, mientras que nosotros siempre fuimos con los cánones IRAM del punk.

¿No te sentís un poco subestimado por el entorno rockero?
Mirá, cuando íbamos a ver al chaboncito que nos había hecho firmar el contrato en Polygram, en el 94, nadie nos pasaba cabida: “Che, pibe, ahí está la basura, juntala”. Era gente que trabajaba ahí, serían de Finanzas o una cosa así. Para ese tipo, parecíamos los pibes que limpian las oficinas. Y el disco lo hicimos en Alsina en 100 horas, entre grabación, mezcla y masterizado, una locura. A los dos o tres meses me llamaron de la compañía para decirme que el presidente de la compañía nos quería invitar a almorzar. Fuimos re afeitados y el chabón no lo podía creer, estaba re contento. Habían gastado tres chirolas y le sacamos un disco. Dijimos “al año nos pegan una patada en el orto, nos hacemos independientes y arrancamos”. Y fue un boom a tal punto que yo no entendía nada. Viajaba en bondi porque todavía laburaba de cadete; me iba de gira hasta que me dijeron “Walter, o la guitarrita o el trabajo de verdad”. Y para el segundo disco, en la compañía nos dijeron “Che, loco, ¿quieren grabar el disco en California?”, porque se dieron cuenta de que con dos mangos habíamos hecho el disco. ¿Y podés creer que de boludos les dijimos “No, dejá, lo hacemos en el estudio de Valentín Alsina que lo tengo a 15 cuadras, no te hagas problema, loco”? Al otro año fuimos de gira por Estados Unidos, estando allá por nuestros propios medios, dijimos “Boludo, le re erramos, tendríamos que haber ido allá”. Siempre caemos con delay, pero muy mal.

¿Entonces creés que hay una serie de malas decisiones históricas? ¿Te parece que hubieran llegado al Luna Park mucho antes?
No sé, porque ya pasó un montón de tiempo, pero en realidad vamos a hacer un Luna Park  porque alguien dijo que sí, yo nunca decidí nada. Yo decía “no, boludo, si no cumplimos los 30 años, ¿para qué vamos a hacer un 29?” Pero uno dijo que sí y ahora estamos enganchados en ésta... Mirá, alguien de la industria una vez nos dijo: “Ustedes son de terror, loco, hacen todo al revés. Si allá hay un tumulto y hay peligro, ustedes van a ir al peligro”. Y tenía razón.