03/10/2018

Morbo y Mambo: “No somos una banda para poner de fondo”

Verdades en la pista de baile.

Gentileza
Morbo y Mambo

Para ser una banda que se define más a partir de su expansión sonora que desde la etiqueta unívoca, Morbo y Mambo siempre tuvo las cosas en claro. O tal vez sea exactamente por eso: quizás Morbo y Mambo puede correr los límites de su propuesta gracias a que sus integrantes tienen el concepto bien definido desde el vamos.

Afrobeat, electrónica, stoner, dub y krautrock… pero todo junto. Así explican su propuesta desde su web, pero, sobre todo, desde sus discos y sus shows en vivo. “Nos nos sentíamos cómodos siendo una banda de género”, aclara Mateo Aguilar, baterista y, fuera del escenario, una de las voces de este grupo mayormente instrumental que suele presentarse en forma de sexteto. Y enseguida cuenta que ese espíritu “camaleónico” los llevó a organizar Noches de Morbo, su propia fiesta que este viernes 5 de octubre tendrá una nueva entrega en Niceto Club.

Si las mujeres están pasando por un momento en el que dicen “Esto no va más”, y vos no acompañás esos reclamos, te estás poniendo en el lugar del que oprime.

“Nos entró la idea desde varios lugares”, cuenta Mateo. ” Mirando un documental de Soulwax, hablaban de que después de tocar con formato banda de rock se quedaban manijas de hacer algo a la noche y se terminaban haciendo cargo de las bandejas en un boliche, y le pusieron Radio Soulwax, llamando gente que fuera del palo. Y acá ver a Peces Raros que hacen su fiesta nos cerró la idea”. En esta oportunidad, los Morbo y Mambo suman a los mendocinos Pasado Verde y DJ Garat para completar la jornada.

La idea de que sea una fiesta sin cortes hace pensar que tienen en la cabeza más una idea de set que de recital. Una lógica de continuidad propia de la electrónica que del rock.
Sí, estamos trabajando para eso, para no cortar durante el show, queremos romper la dinámica de canción-aplauso-canción-aplauso que tiene el rock. Vemos que nuestra música se puede favorecer mucho con este formato y proponemos algo que tiene más que ver con eso, pero requiere correrse de cómo uno va a ver un show de rock y no sé si todos quieren hacerlo con nosotros, pero lo vamos a intentar. El reggae lo viene haciendo desde hace mucho antes: el dub primero y la electrónica después lo tomaron de ahí.

Algo que también los aleja del rock es que las voces de los invitados las disparan como pistas. ¿Se encuentran con mucha oposición cuando lo hacen?
Yo lo veo como un desafío, de ver cómo reacciona el público de rock a un cantante que no está. Podés no tener guitarra, bajo o batería y tal vez nadie se alarma, pero hay un costado de la sampledelia que no está del todo explotado ni tiene público masivo, pero todo parte de que todavía hay músicos que tienen ese prurito. Tocar con las voces disparadas desde una pista les parece algo que no se hace o que el show se pincha… a mí me parece que en tanto y en cuanto tengas la menor cantidad de pruritos, mejor. Tenés que ir adonde te dicte tu brújula estética. Si no lo proponés vos desde el escenario, por si solo no va a pasar.

¿Y sienten esa suerte de responsabilidad de abrir un poco el panorama?
Estamos en una época en la que el estímulo que tenés que generar para que el público se sienta interpelado es más grande que antes. Y me parece que, en ese plan, si te seguís haciendo el boludo, tu show, cuando lo mirás al lado del de otro, te queda poco efectivo. Es una responsabilidad artística que pasen ese tipo de cosas. En un momento estuvo como caballito de batalla que cuando ibas a vernos a Niceto sabías que íbamos a pelar algo flashero… visuales, mapping, escenografía, cosas audiorítmicas.

Es una de las tantas cosas que hace que Morbo y Mambo sea más fácil de asimilar en vivo que en los discos, donde tal vez requiere de más paciencia.
Creo que es por el caudal sónico: nadie pone un disco de Morbo y Mambo en su casa al volumen que sonamos en vivo. Somos una ola sónica que te empapa, es lo que genera que la ensoñación esté planteada desde el vamos, no somos una banda para poner de fondo mientras hacés otra cosa. Que es algo que yo lo veo como bueno, hoy en día la relación que se tiene con la música pocas veces es más que la que se tienen con un commodity… como quien pone el aire acondicionado, se pone música. En las generaciones más jóvenes eso no es tan así, se apropian mucho más de la música, como algo que atraviesa toda sus vidas.

Una generación que también es menos estricta con los géneros pero que también se mueve por tags.
Sí, es una cuestión de esta época. Poner esos reduccionismos y etiquetas es más un resabio de la cultura post Internet, de tenerlo internalizado en tu vida para encontrar algo con esos tags, pero a la vez te impde saltar fácil de uno a otro, queda todo muy compartimentado.

Morbo y Mambo

 ¿Sienten que liberarse de las etiquetas les juega a favor hoy?
No renegamos de las etiquetas, pero tratamos de no tenerlas. Nos gusta tocar de todo, pero a los 20 minutos tenemos ganas de tocar otra cosa. Nos pasaba en las zapadas y lo absorbimos de un modo que no se nos pudiera poner en una sola batea. Siempre tenés que poner referencias, armar un limite de que lo engloba, pero queríamos que ese limite fuera más un continente que un solo país.

¿Y cómo creen que lograron tener identidad sonora desde ahí?
Entendimos que la identidad de Morbo y Mambo estaba subyacente en cualquiera de los géneros que tocábamos. Si te ponés a buscar la intersección en donde esos elementos existen, en todos los temas el lead, que generalmente lo lleva la guitarra o la voz, en Morbo es el bajo o los bronces, es como si fuera a la inversa. Eso fue destilando una característica que surgió como una idea abstracta, más allá de la música que estemos tocando.

En el último disco se animaron a meter voces, y hace poco publicaron una versión de “Mañana en el Abasto”. ¿La idea es que haya más material cantado?
Sí, tenemos ganas de agregar texto a través de sampleos y cosas que podamos citar. Me gusta mucho como escribe James Murphy, cómo se ubica como persona. La frase “the kids are coming back from behind” [N. del R.: “Los chicos están apareciendo desde atrás”, de “Losing My Edge”] es genial, es una autopercepción de cómo te vas poniendo viejo y como la industria te pone en un lugar de nostálgico. Hay una cuestión de tomarlo como una decisión y no me parece que estemos traicionando ningún ideario nuestro. Vulfpeck y Funkadelic tienen a cuatro monos con micrófonos que se contestan y que generan una chispa en el show que a Morbo y Mambo le falta.

¿La coyuntura socioeconómica también influye a que quieran decir cosas?
Sí, yo creo que un buen leit motiv que teníamos antes era “Con el cuerpo bailando, la cabeza piensa mejor”. Me pasa que un poco se me mete la lógica de el que calla otorga, y no quiero otorgarle la derecha a nadie. Están pasando cosas tétricas, y nosotros estamos vestidos, comiendo y con techo, estamos más cerca de los que la pasan bien que de los que la pasan mal. Pero si a nosotros ya nos está tocando, que tenemos una red de contención socioeconómica para paliar una situación así, me parece que si no te hacés eco de cómo la están pasando los que están más abajo, sos un hijo de puta o sos un boludo, o las dos cosas. Y hacerse el oso con eso me parece que no cabe. como no te podés hacer el oso con los cambios culturales que impulsa el movimiento feminista.

¿Los movilizó puertas adentro la cantidad de denuncias por abusos de músicos de rock?
Sí, está día a día en nuestra mesa, todo el tiempo. Es un lugar sensible para una banda de todos varones cis como nosotros. Una de las cosas que más noto es que no se termina de aceptar la cultura queer en el rock. Se acepta porque empezás a quedar mal con gente que ya la entendió, pero nos propusimos ser taxativos en comentarios entre nosotros o con sonidistas, es difícil que caiga bien pero es una necesidad. Te hace ponerte en una posición de ruptura que no todos quieren ejercer cuando trabajan, pero es más grave que siga pasando. No bancamos un “Eh, dale, puto”, no hablamos así. Tenemos la idea de que una práctica discursiva se empiece a meter desde la acción y no que esté la idea primero, porque no sucede así. Considero que cuanto mejor le va al común de la gente, mejor nos va a todos. Y si las mujeres están pasando por un momento en el que dicen “Esto no va más”, y vos no acompañás esos reclamos, te estás poniendo en el lugar del que oprime.