22/05/2017

Miranda!: “No maduramos un carajo”

Ale Sergi y Juliana Gattas renuevan sus votos con el pop.

Entre el casamiento que propone la portada de Fuerte, su nuevo disco, y los 15 años de Es mentira, su primero, Miranda! bien podría celebrar su presente en un salón de fiestas (aunque, de hecho, la presentación del disco será el 24 y 25 de mayo en el Ópera). El synth pop ágil y desprejuiciado que han confeccionado a lo largo de su carrera, en consonancia, es de una efectividad por demás probada para la pista de baile. Además de agasajados, entonces, deberían ser musicalizadores. “Si estás contento, es lo más fácil del mundo”, resume Ale Sergi sobre una de las premisas clave del grupo: transmitir alegría. “El escenario te pone contento, ya viene con una alegría que le ponen otros y por eso es más fácil”, completa Juliana Gattas.

Pero la alegría también requiere disciplina y rigor artístico. A lo largo de sus siete discos de estudio y sus correspondientes hits de alta efervesencia, Miranda! se convirtió en uno de los máximos referentes pop argentinos del tercer milenio. Como parte de un linaje que incluye desde el Charly García de los 80 hasta Leo García y Sergio Pángaro, pasando por Virus y Soda Stereo, el dúo parece confiar en el eslogan “La imaginación al poder” como arma estética indestructible. “Siempre quisimos meter en una fantasía a los que vienen a vernos”, explica Gattas.

No nos interesa que se interprete al toque cuál es nuestra sexualidad o nuestra nacionalidad. Al principio, muchos pensaban que éramos españoles porque hablamos de “tú”. Para nosotros, cuánto más confuso, mejor.

A diferencia de otras propuestas como las del rock barrial, donde todo parece ser “lo que ves es lo que hay”, en Miranda! el misterio es un componente muy fuerte.
Juliana: El misterio juega un rol muy importante para nosotros. Más allá de ser una filosofía que nos describe y nos sirve, es la la línea que bajamos sin haberlo pensado. A nosotros nos rindió mucho en el escenario para desinhibirnos, fue muy contagioso, hacíamos música electrónica para bailar en un momento en el que los músicos solo miraban su guitarra, no había a dónde mirar cuando sonaba la música. Sí pasaba con Sergio Pángaro, Leo Garcia, las discotecas y con los travestis, todo eso proponía algo para ver. La distancia que generamos fue para meternos en la fiesta y en la fantasía, disfrutar eso era contagioso.
Ale: Siempre fue un poco nuestro deseo. Yo soy de barrio, de Haedo, acá [Palermo] es diferente. Siento que hay otro tipo de conexión entre la gente, tiene sus pro y sus contras; me refiero a que, por lo menos donde yo estaba, había más una cosa de unión y de estar todos juntos, pero también había un prejuicio por el que quería aspirar a más. El rock barrial y esa cultura suele señalar al que tiene otro tipo de aspiración. “¿Cómo que te gusta Prince y no querés tocar como Pappo?” Y no, todo bien con Pappo, pero me gusta Prince y me gusta maquillarme. En eso sí, acá encontré un ámbito más acorde, pero acá tenés todo eso de la envidia, son cosas diferentes. Es algo que a nosotros nos pasó desde siempre: fuimos señalados porque al que quiere diferenciarse, en vez de apoyarlo, es mas fácil reírsele y y cortarle las alas. Me gusta un montón de música, pero prefiero artistas que no se muestran como yo y me proponen algo que al principio casi no lo comprendo para que me muestre un mundo nuevo. No quiero ver a mi vecino cantando y tocando la guitarra, qué sé yo. Igual, está todo bien, obvio que son gustos.

Parte de ese “cortarles las alas” que sufrieron al principio fue la boludez esa de “Ale Sergi canta como puto”. ¿sienten que eso ya está superado?
Ale: Nos pegaban con cosas que no tendrían por qué que ser algo. ¿Cuál sería el problema si yo fuera puto? ¡Ninguno! Y ese era el asunto: lejos de ofendernos, era un halago. “Eh, el chorizo, jajaja” (pone la voz grave)… Uy chicos, bueno, ese humor ochentoso… De verdad, me parece más un autoinsulto. Charly hacía falsetes en Serú Girán y ellos mismos hacían chistes de que habían vuelto más gays de Brasil; o sea, para ellos ya era algo normal, de una apertura mental buenísima. No nos interesa que se interprete al toque cuál es nuestra sexualidad o nuestra nacionalidad. Al principio, muchos pensaban que éramos españoles porque hablamos de “tú”. Para nosotros, cuánto más confuso, mejor.
Juliana: Te gritaban “Loca” como insulto… Obvio, ¿qué mas quiero? Escuchábamos Erasure y los Pet Shop Boys, ¿qué mejor que hacer un falsete? Tiene que ver con el arma con la que te pegan. Nosotros tenemos orgullo gay sin ser gays en este momento, tenemos orgullo por la libertad y la estética.

En tu caso, Juliana, ¿creés que tu rol como mujer al frente de una banda ya está claro y la escena evolucionó en ese sentido?
Juliana: Obvio que siento que evolucionó y, humildemente, pienso que nuestra banda ayudó muchísimo a visualizar a la mujer en otro lugar. Si bien no hacemos rock, empezamos en un ámbito muy rockero como Cemento, y que hubiera una chica que no fuera la corista ni panderetista era una cosa novedosa. Siempre quise bailar medio raro y llamar la atención para no ser la corista (chasquea los dedos) en la banda del chongo. Siento que es lento, pero estamos evolucionando hacia una libertad anhelada, para que cada uno sea quien quiera ser sea y haga lo que quiera todo el tiempo.
Ale: Charly hizo mucho en ese sentido. Siempre tuvo mujeres en su banda, en el saxo y en las guitarras; es uno de los mas revolucionarios de acá y empezó haciendo eso, tenía esa visión. Ahora veo a muchas chicas que producen música y manejan pro tools y estudios; a mí me resulta razonable y normal, pero para muchos la mujer solo es cantante. Cuando vino Nirvana, a las que tocaron antes [Calamity Jane] les tiraron cosas por el simple hecho de ser mujeres. Una barbaridad. Y si sacás cuentas, tampoco fue hace tanto tiempo.

La canción “Ahora que soy cantante” cuenta la historia de una chica que empieza a interesarse en alguien desde que se convirtió en estrella de rock. ¿Cuánto tiene de autorreferencial?
Juliana: Con las mujeres pasa lo contrario: ser cantante intimida. Si bien hay cambio de roles en nuestra estética, en el público no pasa lo mismo con un chico que con una chica. Va cambiando de a poco, pero todavía una mujer que se anima a cantar en un escenario un poco te intimida, no te seduce tanto como una figurita o una modelito.
Ale:  A mí, cualquier mujer que tenga una situación de poder me recontra seduce, pero a la vez sentís que para abordarla tenés que estar más parado, porque proyectan una fortaleza que bien te puede enamorar, pero te intimida un poco. Decís “puta, acá tengo que poner”. Pero a mí me gusta eso. Más allá de esta cuestión, esta canción es un caso en particular de una chica que no me daba bola hasta que salí en la tapa del Sí! de Clarín. Y entonces dejó de gustarme; inmediatamente, fue automático.

Se habla mucho de Fuerte como “el disco de la madurez” de Miranda!. ¿Cómo se llevan con ese concepto?
Ale: Prefiero sentir que vamos aprendiendo más que madurando. Madurando me deprime, me da como algo serio, solemne, y la madurez espero no alcanzarla nunca en lo personal. Entendemos que lo hacen como un comentario positivo, eso está claro. Por ahí se ve que afianzamos nuestra convicción en lo que hacemos. También por eso nos sentimos con fortaleza para seguir adelante, parados en toda la carrera que hicimos y proyectando desde que estaba todo en el aire, que éramos la novedad. Pero no queremos sentir que maduramos o que somos clásicos.
Juliana: O que tenemos una fábrica de canciones… (risas). En muchos aspectos, aprendimos y la tenemos un poco más clara, jugamos más ahora que cuando empezamos, que estábamos más acotados. Ahora tenemos el aspecto lúdico más a flor de piel que antes, que cuando teníamos yo 20 y él… (risas) Esto fue un juego, ¿ves? Siento que, además de que no nos gusta por coquetos o porque no nos describe la palabra, no maduramos un carajo. Una vez que nos toman en serio, nos quejamos.

Y ahora que son definitivamente un dúo, ¿vivieron un proceso de reformulación del grupo?
Ale: Es que no se reformuló… Es el paso del tiempo y los caminos diferentes que cada uno va eligiendo. La verdad es que el primer ensayo de Miranda!, fuimos nosotros dos. A partir de ahí se fue sumando más gente y con el correr del tiempo cada uno fue teniendo deseos de hacer cosas diferentes y eso nos gusta, porque nosotros mismos tenemos diferentes proyectos, pero sabemos que todo lo que podemos darle a Miranda! se lo tenemos que dar, y lo mismo pasa con quien esté. Sentimos que es eso y entendemos que no puede ser el deseo de todo el mundo, y entendemos que llegado el punto decidan separar el camino del grupo, no lo manejamos ni reformulamos. Son 16 años juntos en los que mágicamente nosotros dos renovamos el pacto y hasta nos casamos en la portada del disco. No sé por qué, pero desde que nos conocimos sentimos algo que tenía que ser así y seguimos sintiéndonos súper comprometidísimos con el proyecto, pero de manera tácita y natural. No se me ocurre mi vida sin Miranda!, es algo más grande que nosotros dos. Si estamos por separado, yo soy “el de Miranda!” y ella es “la chica de Miranda!”.
Juliana: Tenemos un vínculo muy fuerte, somos más que hermanos. Nos vemos mas que a nuestras familias, no nos preguntamos ni “¿cómo estás?” porque no hace falta que hablemos, tenemos silencios cómodos, nos reímos… Eso también es un poco magia y también que cuidamos el vínculo.