17/04/2020

Mick Harvey: "Ya no quiero comprometerme con proyectos de otros"

¿Qué se puede hacer salvo música para películas?

Alexander Hallag / Gentileza
Mick Harvey
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Además de varias décadas como mano derecha de Nick Cave y PJ Harvey, Mick Harvey tiene en su currículum unas cuantas bandas sonoras de películas. Pero el cantante y multiinstrumentista, de probado talento en ese rubro, nunca se sintió cómodo con el método hollywoodense. Ya en 1996, cuando pisó por primera vez la Argentina con los Bad Seeds, le decía a este cronista que involucrarse con films de gran presupuesto implicaba perder la autonomía artística. "Eso se puso peor", redobla la apuesta hoy, que publica Waves of ANZAC / The Journey.

"Con el sistema que tienen ahora es más difícil mantener el control sobre tu propia mirada del film", explica Mick Harvey. "La edición digital que se usa en el presente ha complicado las cosas porque los editores les mandan a los directores música de referencia, entonces después los directores quieren que copies eso. Incluso antes de que el compositor empiece a trabajar ya lo están limitando. Es muy difícil… Y a mí realmente no me gusta trabajar de ese modo".

En la discografía de Mick Harvey hay cuatro volúmenes en los que abordó (en inglés) la obra de Serge Gainsbourg y dos compilaciones de bandas sonoras: Alta marea & Vaterland y Motion Pictures 93-05. A ese grupo se une Waves of ANZAC / The Journey, que junta en un mismo volumen la música del documental Why ANZAC? y una pieza compuesta para la campaña humanitaria #KidsOffNauru. El film de Kriv Stenders mezcla la historia familiar del actor Sam Neill con la de las fuerzas armadas de Australia y Nueva Zelanda en la Primera Guerra Mundial; los cuatro movimientos de The Journey fueron en apoyo a los niños de Oriente Medio que estuvieron confinados en centros de detención offshore en la isla de Nauru (y que luego admitieron como refugiados otros países).

Más allá de pasar un momento triste, mucha gente creativa va a aparecer con mucho trabajo listo. Creo que va a haber un surgimiento de creatividad como respuesta a este momento malo.

Si no te gusta el método hollywoodense para hacer bandas sonoras, ¿cómo trabajás vos?
A la vieja usanza. Si alguien me deja hacerlo, presento un borrador y trabajo orgánicamente en mis ideas sobre lo que será más apropiado para ese proyecto sin ninguna otra información, empezando de cero. Son mis propias ideas. Para mí es imposible trabajar en base a lo que un editor le pasó al director, porque éste se conecta con la idea de esa atmósfera y después quiere que la recrees en alguna medida. Puede ser el ritmo, el tempo… Pero ahí no estás empezando de cero, eso ya no existe. Afortunadamente, con el trabajo reciente que hice pude empezar de cero y hacer lo que quise. Con Kriv (Stenders) nos conocemos muy bien, tenemos muchos amigos en común y una buena conexión, así que me dejó hacer lo que quisiera con la música. Y eso fue fantástico.

Eso de no poder empezar de cero, ¿fue lo que te llevó a no hacer música para películas durante una década?
No estoy seguro. Hubo un par de películas con las que me involucré. En una no conocía personalmente al director y me resultó difícil comunicarme con él, entender cuándo había problemas. Y también me ofrecieron otras a las que dije que no porque no conocía a los directores y no me gustaban tanto los guiones. Ambas eran películas interesantes, pero decir “No” es importante. Y los directores a los que conozco y con los que trabajé bien antes ahora no están haciendo películas porque no consiguen financiamiento. Se está poniendo difícil para los cineastas conseguir fondos para hacer las películas que quieren. Mi amigo Paul Goldman, por ejemplo, no pudo hacer películas en Australia desde Suburban Mayhem, así que tuvo que mudarse a Berlín. Entonces ni siquiera vivimos en el mismo país; así se hace difícil tratar de trabajar juntos. La gente a la que conozco y con la que trabajé, que es la que me escucha, no puede hacer películas. Pero bueno, puedo hacer muchas otras cosas, tengo muchos proyectos. Hay gente que quiere que trabaje en diferentes grabaciones, así que estoy muy feliz.

¿En qué estás involucrado ahora?
Bueno, en los últimos años estuve involucrado con el disco y la gira de PJ Harvey (con la que vino a Buenos Aires en 2018), hice shows solistas con los dos últimos discos con canciones de Gainsbourg, produje y ayudé a alguna gente con diferentes cosas. En febrero hice unos shows con canciones de Roland S. Howard; un par en Francia, uno en Londres. Pero después de eso, tenía la agenda vacía. Por primera vez en 40 años, no tenía planes. No había conciertos ni viajes. Cuando empezó esto del coronavirus, pensaba quedarme en casa de todos modos, así que es muy raro. Por supuesto, ahora no se pueden programar shows, así que estoy escribiendo un libro de memorias. Igual, es algo que ya tenía planeado.

Bueno, ahora encontraste el tiempo.
Sí, el problema es que todos van a hacer lo mismo (risas). Ya lo había empezado y puedo esperar un par de años antes de publicarlo, no hay apuro, pero quiero tenerlo escrito porque hace años que me piden que lo haga. Cada vez que hago una entrevista y recuerdo alguna anécdota vieja o algún dato de hace treinta años, me dicen “Oh, deberías escribir un libro”. Pero apenas recuerdo… Bueno, recuerdo lo que recuerdo, pero sí es algo. Así que estoy haciendo eso y trabajando en proyectos musicales distintos, además de un documental que quiero hacer. Es un montón, pero no tengo shows por delante. Y si los hubiera tenido, igual se habrían cancelado…

¿Interfieren con tu creatividad eventos como esta pandemia o los incendios en Australia a principio de año?
Eh, no lo sé, la verdad… Supongo que la creatividad de las personas tiene que ver con una trayectoria más egoísta, si se quiere, porque uno tiene ideas que le interesan y en las que trabaja por fuera de eventos externos como el terrorismo, incendios o una pandemia de gripe. A veces eso interfiere en cuanto a que no podés trabajar con otra gente, pero en términos creativos los artistas tienden a concentrarse en sus ideas. Y eso es positivo, en realidad, porque todo el mundo necesita su propio tiempo. ¿Cuántas veces nos planteamos que necesitamos un par de meses sin nada más que hacer que poner las ideas en orden y escribirlas, o cosas así? Supongo que, más allá de pasar un momento triste, mucha gente creativa va a aparecer con mucho trabajo listo. Creo que va a haber un surgimiento de creatividad como respuesta a este momento malo.

En 2018 publicaste The Fall and Rise of Edgar Bourchier and the Horrors of War, hecho a dúo con Richard Barker, y ahora Waves of ANZAC. ¿Es una casualidad o el de las Guerras Mundiales es un período que te interesa?
Sí, es algo que me interesa desde hace años. De hecho, creo que el disco Let England Shake (de PJ Harvey) tiene que ver con ese período. No tanto en el modo en el que terminaron las canciones, pero sí cómo empezó a escribirlas Polly tenían que ver con el tiempo de la Primera Guerra Mundial. Ella me convocó para ese proyecto no sólo porque le gusta trabajar conmigo musicalmente sino porque sabía que me interesa ese tema, entonces quería discutir algunos aspectos conmigo. Es un tema con el que he tenido mucha conexión durante la última década, particularmente, pero antes de eso siempre fue algo en lo que estuve interesado por muchas razones que no puedo explicar en menos de media hora (risas). Pero sí, es un tema que me interesa.

¿Vas a seguir trabajando con PJ Harvey?
No sé, no está haciendo nada en este momento. Bah, probablemente esté escribiendo canciones o algo así, pero no hasta donde sé no empezó con planes de hacer un nuevo álbum. Igual, sospecho que si me propusiera trabajar en eso tendría que decirle que no.

¿Por qué?
Porque cada álbum así te lleva un par de años de tu vida… Tenés que involucrarte con la grabación y después comprometerte a salir de gira, y eso te mantiene fuera de casa por mucho tiempo. Y creo que esta vez elegiría hacer otra cosa, aunque me encanta trabajar con Polly. De todos modos, probablemente ella haga algo diferente la próxima vez; quizá trabajar con otra gente o con una combinación diferente de personas. Y yo quiero hacer algo diferente, también. Tengo 61 años, quiero hacer mis cosas más que comprometerme durante dos o tres años a hacer los proyectos de otras personas. Al fin y al cabo, es así: terminás trabajando para el proyecto de otro. Y hay un montón de cosas buenas en eso, pero también está el hecho de que no es tu proyecto. Al final, la otra persona recibe la mayor parte del crédito por todo lo que hacés (risas). Eso no está mal, es una colaboración, pero también te hace pensar “Bueno, capaz debería hacer otra cosa”. Y además, Polly puede hacer grandes cosas sin mí, así que prefiero no esperar a tener 63 o 64 para ponerme con lo mío.

¿Tuvo ese deseo de ser más reconocido algo que ver con tu salida de los Bad Seeds en 2009?
Ehhh, en parte sí, pero hubo muchas cosas. También tuvo que ver con que cada vez que trabajaba con los Bad Seeds tenía que irme a Europa y estar mucho tiempo fuera de casa, y mi hijo era chico y lo extrañaba mucho… Hubo muchos aspectos, pero no vivíamos en el mismo lugar del mundo, entonces me perdía buena parte del desarrollo del trabajo. Ya no estaba tan involucrado en la génesis de la música como antes y yo prefería estar involucrado en eso. Pero, otra vez, esas son sólo dos cosas y hubo muchas razones para mi salida (se ríe). De todos modos, sí tuvo que ver que dedicaba mucho de mi tiempo a hacer cosas que en definitiva eran para Nick. O así lo ve el 99 por ciento de la gente. Lo importante es lo que hacés y cada uno sabe lo que hizo, igual que alguna gente que entiende cuál es tu contribución, pero es una situación rara lidiar con que entregás buena parte de tu trabajo.

¿Está entre tus planes hacer más discos con el repertorio de Gainsbourg?
No, no, siento que ya he terminado con ese proyecto. Bah, si me ofrecieran buen dinero para hacer shows, los haría porque son muy divertidos; son shows caros porque somos doce personas sobre el escenario. Más allá de eso, creo que ya está. Hice cuatro discos, eso probablemente sea demasiado (se ríe). Pero esa era la idea, que fuera demasiado, como el propio Gainsbourg: era un tipo que siempre llevaba las cosas demasiado lejos.