13/11/2015

Mercury Rev: "Repetir fórmulas nos deserotiza"

El final feliz de Jonathan Donahue.

La historia de Mercury Rev bien podría ser el guión de una película de I-Sat. A fines de los 80, seis amigos de Buffalo, una ciudad 600 kilómetros al norte de Nueva York, se juntan a mirar documentales y juegan a componerles la banda de sonido. “Veíamos un programa sobre pingüinos cruzando el Ártico, nos sentábamos y zapábamos sobre eso”, recuerda ahora Jonathan Donahue, cantante y guitarrista, del otro lado del teléfono. La banda no despierta demasiados fanatismos hasta que de la mano de su primer disco (Yourself Is Steam), editado en marzo de 1991, y en pleno auge de la música alternativa, consiguen un lugar en la grilla del Reading Festival cinco meses más tarde. Si bien el sábado 24 de agosto suben al escenario obteniendo una buena respuesta del público, aquella edición del festival inglés entraría en los libros de historia por servir de plataforma para el salto hacia la masividad global de otra banda, conocida como Nirvana.

Boces, en 1993, no le depara a Mercury Rev demasiadas novedades en términos de visibilidad, pero la crítica sigue dándole el visto bueno. “Nuestros primeros discos son música para documentales a los que después les agregamos palabras y tratábamos de darle un contexto rockero”, describe Donahue. Entonces llega el primer punto de giro: cuando la banda empieza a estabilizarse, su cantante principal (David Baker) decide abandonar el barco. Pero Mercury Rev sale fortalecido del primer cimbronazo, graba un disco de transición en 1995, y en 1998 consolida su pop de cámara de la mano de Deserter's Songs, con el que reconquista al público inglés. Y, finalmente, el resto del mundo se hace eco de la propuesta.

En 2001, All Is Dream reafirma el buen momento y todo parece por fin establecerse para Mercury Rev. “Creo que eso les pasó a todas las bandas de todas las épocas", afirma el vocalista. "En Estados Unidos ninguna banda era popular hasta que no te iba bien en Europa. Mirá lo que le pasaba al jazz, giraban por todo el mundo excepto acá. No sólo porque allá hacían dinero sino porque eran tratados como verdaderos artistas, eran más respetados que acá”. Sin embargo, el tercer milenio no le resulta tan amigable a la banda y comienza un lento desvanecimiento que en 2008 parecer ser definitivo. Ahí llega el momento I-Sat: la pantalla funde a negro, en letras blancas se lee “siete años más tarde” y la escena ¿final? tiene a los músicos reunidos presentando un disco (The Light In You) en el que retoman su sonido clásico y con la madurez necesaria para entender que mantenerse en los márgenes del mainstream también es una forma de hacer historia.

A los que hacíamos música alternativa en los 80 nos resultaba imposible hacer plata con la música. Estábamos en la misma con Sonic Youth y Dinosaur Jr…

Hacía siete años que no editaban un disco, es el hiato más grande de su carrera. ¿Qué diferencias encontraron respecto de 2008?
El tiempo pasa muy distinto para nosotros respecto a cómo pasa en las grandes ciudades y para la industria de la música. Me di cuenta de que siete años parecen una eternidad para muchas bandas pero para nosotros es distinto. Somos como astronautas que vuelven del espacio, capaz pasaron 30 años y para nosotros sólo fueron 30 minutos. Es un sentimiento extraño, cambió mucho la velocidad y la forma en la que se hacen las cosas ahora.

Cambió todo pero ustedes volvieron a ser los mismos de antes. En The Light In You retomaron su sonido característico y dejaron de lado las incursiones electrónicas.
Volvimos a resaltar el lado orquestal de Mercury. Nos gusta la música electrónica, pero en los últimos años volvimos a enamorarnos del costado romántico. Siempre lo mantuvimos presente, pero era lo que más extrañamos.

¿Y no extrañan el noise de los primeros discos? O todo eso desapareció cuando se fue David Baker?
Creo que el pasaje fue natural, y habla de nuestro interés por crecer y madurar musicalmente. A veces, las bandas de rock graban el mismo disco durante 20 años, y a nosotros nos inspiran otro tipo de artistas, no solo músicos. Preferimos a los que siempre están innovando y buscando formas de crecer, incluso cometiendo errores. Miles Davis, Dalí... siempre estaban cambiando y creando los errores más hermosos y caóticos. No le temían a nada. En el momento en el que te dejás paralizar por el miedo, no avanzás. Vivimos en el error, y repetir fórmulas o procesos nos deserotiza.

Eso es ir un poco a contramano. Hoy, la mayoría de los artistas mainstream se aferra a lo que sabe que le funciona.
Siempre hubo una corriente que le tuvo miedo a decir “no entiendo”, o “no me gusta”, pero eso está bien. ¿Y sabés por qué? Porque yo tampoco me entiendo. Soy un artista, revelo lo que me pasa y trato de hacerlo de la manera más acertada posible. En definitiva, es como cuando te despertás con tu pareja a la mañana, le decís “tuve un sueño” y te responde “describilo”. Y vos no podés hacerlo a la perfección, pero sabés que tenés que ganar dinero con esa descripción, entonces lo hacés lo mejor que podés. No tengo miedo a equivocarme o a arriesgar, o a decir que no entiendo algo. Tal vez porque vengo de otra generación y otro entorno. A los que hacíamos música alternativa en los 80 nos resultaba imposible hacer plata con la música. Estábamos en la misma con Sonic Youth y Dinosaur Jr… Ni pensábamos en ser popstars, eso no existía, ni era siquiera imaginable ser una estrella con la música que hacíamos. Fue mucho después que logramos vivir de esto. Y tal vez esa forma de pensar se me quedó impregnada para siempre.

Trabajaste mucho tiempo con Flaming Lips y eso hizo que Mercury Rev quede siempre asociado a ellos. ¿Te molesta?
No me molesta, al contrario: compartimos una gran pasión por la música. Los Flaming Lips todavía conservan esa filosofía de ensanchar el camino, de no ir a lo seguro. Somos parte de esa idea y las dos bandas sobrevivimos con la voluntad de mantenernos por la nuestra. Tenemos en una hermosa relación con Wayne Coyne.

Solían utilizar el logo del bicentenario de la Revolución Estadounidense como logo propio. ¿Cómo ves hoy la actualidad con las políticas que está tomando Obama en representación de las minorías?
No creo que se limite a Estados Unidos, es el ser humano. Los seres humanos crearon nuestro país, también crearon la Argentina y el mundo, y muchos seres humanos estamos dispuestos a avanzar. Hay otros que tienen miedo al cambio y quieren que todo sea igual que antes, se aferran al pasado, y eso es lo que va en contra de la naturaleza.

A Buffalo le dicen “La ciudad de la buena gente” pero también “La ciudad sin ilusiones”. ¿Significa que viven las dos clases de personas que mencionaste?
(Risas) Sí, es como un cuento de hadas distorsionado. Deberían llamarla “La ciudad sin ilusiones y con impuestos altos”, eso sería más apropiado. De nuevo, está formada por seres humanos. Todos están locos, todos estamos locos. Nosotros sólo hacemos lo mejor que podemos para estar bien.