15/02/2018

Me Darás Mil Hijos: “La idea no es tapar la ausencia de Santiago, sino respetarla”

El regreso como santo remedio para curar heridas.

Me Darás Mil Hijos

Aunque las razones detrás de los regresos de bandas que ya habían decidido despedirse pueden ser múltiples y diversas, hay dos grandes motivos que los activan: la nostalgia o la economía. Sin embargo, en el caso de Me Darás Mil Hijos, cuyo “último concierto” se produjo en diciembre de 2015, se trata de una recuperación emocional.

En enero de 2017, murió Santiago Fernández, guitarrista del grupo y hermano del líder de la banda, Mariano Fernández Bussy. Y como suele ocurrir en sucesos de tal magnitud, la tragedia desencadenó una serie de reencuentros y movimientos internos que desembocaron en la necesidad de retomar aquella fuerza que emanó el grupo durante 15 años. El resultado se verá el próximo 18 de febrero en el escenario de Niceto Club, en un show que se prevé por demás emotivo.

Con cuatro discos de gran factura, en los que se destaca la gran variedad de instrumentos (desde guitarras criollas hasta arreglos de viento) y una dinámica maleable de colectivo musical, Me Darás Mil Hijos fue una de las propuestas que mejor recuperó la herencia de géneros populares (tango, folk, candombe, foxtrot, bolero) actualizándolos al pulso del rock. Por eso, más allá de la cuestión emocional, el regreso -que contará con toda la formación original más músicos invitados- servirá para volver a disfrutar de un grupo clave de la primera década de 2000.

A Fernández Bussy se lo nota contento y entusiasmado con la vuelta. “Estoy disfrutando mucho el proceso”, dice. “Disfruto de cada ensayo, de cada reencuentro, de cada situación. Antes era como más cerebrito, que no podía conmigo y siempre estaba proyectando. Hay muchos procesos que me perdí de disfrutar porque siempre pensaba 'bueno, ¿y ahora que viene?'. Ahora estoy en 'no, tengo que disfrutar hoy'. Eso es una maduración personal”.

"Somos menos rockeros que algunas cosas que ves en el festival de folklore de Cosquín y mucho más rockeros que algunas cosas que ves en Lollapalooza"

¿Cómo se gestó el regreso?
Hubo un punto muy concreto de inflexión y de reencuentro que fue la despedida de mi hermano. Ahí nos encontramos todos, a algunos no los veía hacía varios años. Fue abrazarme con gente con la que viví de todo y que la vida me fue distanciando o abriendo caminos. Es como la familia, es reencontrarse con gente que ves poco pero sabés que está y que querés profundamente. A partir de eso, cuando volví a tocar, lo hice solo en un ciclo (N.del R.: en el bar Los Chisperos, en marzo de 2017) en el que los fui invitando a todos en distintos días. Después de esos reencuentros, que estuvieron buenísimos y disfruté muchísimo, estaba produciendo otra fecha en Niceto y la gente de ahí me preguntaba “Che, ¿y qué pasa con Mil Hijos? ¿No vuelven?”. Me re cebaron. Ese día le mandé mensaje a todos y todos dijeron que sí. Nadie puso un “pero”.

Al juntarse y volver a las canciones que crearon con Santiago, ¿cómo enfrentan esa ausencia?
Respetamos la ausencia. La idea no es reemplazarlo, sino que la banda se aggiorne a lo que hay. Sí va a haber un momento de las criollas donde vamos a tener a Julio Sleiman de invitado, que tocaba en La Quimera del Tango y que tocó mucho con Santi, por lo que es uno de los pocos que puede tocar esas guitarras. Pero el cavaquinho no se va a reemplazar, se van a usar otros instrumentos. El foco del show va a estar más en la parte orquestal. Obviamente, se siente la ausencia. Convivimos con esa ausencia, con dolor y por momentos con emoción. Y en ese sentido la idea no es taparla, sino respetarla. Toco los temas y escucho sus arreglos... lo escucho a él.

¿Hay algo de sanación de la herida en el volver a las canciones de Me Darás Mil Hijos?
A mi nunca me gustó verme en vivo, nunca veía los videos en vivo de la banda. Pero pasados unos meses, sentí la necesidad de verlo a él. Y empecé a ver los videos. Eso también tuvo que ver con esto. Más allá de verlo a él y ver lo bestia que era... Se qué clase de músicos tengo alrededor, pero a veces tenés que distanciarte para ver la magnitud. Al meterme en ese universo, me reencontré con la banda, pude ver individualmente y desde afuera lo grossa que era. No miraba los vivos porque era muy autoexigente, pero de repente fue verlo a la distancia y decir “Che, pero estaba buenísimo esto”. Ahí hay un nexo que evidentemente también tiene que ver con lo musical, donde buscándolo a él y buscando en la música, me volvió y me surgió la necesidad. De todas maneras, vivo un duelo día a día. Pasó recién un año, sigo sin creerlo. Por momentos la música me generó mucho dolor y después empezó a sanar. Yo también necesité volver a tocar y a componer, y este año me dediqué más que nada a eso.

¿Tenés pensado continuar?
La verdad es que no sé. Justamente por lo que decía de que estoy viviendo día a día, no quiero pensarlo. Lo que hablamos fue “disfrutemos esto, hagamos el show, demos todo ahí y después vemos”. No hay un plan o estrategia. Lo que me encantaría hacer es un vinilo con la recopilación de los cuatro discos. Capaz que con esto se puede arrancar. Pero después, si seguimos o no seguimos, no tengo ni idea. Esto va a tener una parte de homenaje, porque se cumple un año de que se fue Santi, y por otro lado, vamos a celebrar el reencuentro de una banda que estaba buenísima y que en los ensayos estamos reconfirmando que estaba buenísima (risas).

¿Cómo evolucionaron las canciones de MDMH durante estos años?
Lo que veo es que evolucionamos nosotros. Estamos más grandes, tocamos mejor, escuchamos más y estamos más tranquilos. Lo que veo en los ensayos es que hay otra calidad. Los temas van a ser distintos por esa ausencia, que es una ausencia que pesa porque el sonido de Santiago era muy particular. Vamos a aggiornar el sonido de la banda para lo que somos y los que estamos hoy. Carlos Alvarado, por ejemplo, era el trombonista pero vendió su trombón, por lo que va a tocar el fliscorno. Siempre fue así Mil Hijos: se aggiornaba al que se quisiera subir y lo que quisiera aportar, por lo que un tema tenía varias versiones. Si no estaba la trompeta, ese solo lo reemplazaba el violín, y si el violín no estaba, lo tomaba la viola. Los temas se reversionan y evolucionan según la circunstancia, el contexto o el objetivo.

¿En qué lugar situás a MDMH dentro del mapa del rock argentino?
Eso me lo tienen que decir otros (risas). Cuando firmamos con BMG para sacar nuestro segundo disco (Un camino, algún lugar, de 2004), hubo toda una reunión para ver en qué batea nos ponían. Yo llegué a la conclusión de que es canción popular. Está ligado al rock, pero es mucho menos rockero que algunas cosas que ves en el festival de folklore de Cosquín y es mucho más rockero que algunas cosas que ves en Lollapalooza. La banda siempre fue permeable a estar en un festival de rock, un festival de tango o un festival de folklore. Y de hecho estuvo en las tres situaciones.

¿Te acordás cómo habían resuelto lo de la batea?
Nos quisieron poner en world music y yo no quise saber nada más (risas). Creo que terminamos parando en el rock nacional. Era una discusión porque en ese momento no habían tantas bandas acústicas, hoy es más común. A toda una camada nos habían inventado una denominación en los Gardel que era “Melódico / Pop / Alternativo”. Y ahí entrábamos Juana Molina y nosotros. Creo que a lo único que llegaron fue a eso (risas).

¿A qué atribuís la llegada de nuevos grupos acústicos después de ustedes?
Creo que los músicos de estas últimas dos generaciones están más formados que los anteriores. Los que están haciendo música popular, sobre todo el tango, son músicos que volvieron al conservatorio. La vuelta a los instrumentos acústicos tiene que ver con la calidad de ejecución. Para tocar un cello o un acordeón hay que saber tocar, son instrumentos complejos.

Una cosa curiosa es que, en paralelo con el surgimiento de Me Darás Mil Hijos, en otras partes del mundo también salieron propuestas que combinaban el folk con el rock
Sí, hay algo que se dio. La que más me impactó fue La llorona de Lhasa de Sela, que salió al mismo tiempo que el primer disco de Mil Hijos. Lo escuché después de que salió el álbum y pensé “Hay gente en Canadá que está haciendo lo mismo que nosotros”. Hubo músicas que se esparcieron en el mundo, como Buena Vista Social Club, o lo balcánico con Kusturica y Goran Bregovic. Eso fue por el cine, pero también por el acceso a internet y el poder escuchar folk de todo el mundo. Hubo en el mundo toda una camada de grupos que mezclaban cierta cosa nueva, pero respetando los géneros folklóricos de algunas zonas.

Cuando hicieron el show despedida, ¿sentías que en algún momento esto podía volver?
La verdad es que no me lo pregunté. En ese momento fue un fin de ciclo, un cierre que tenía sentido que fuera así. Fue mucha tristeza y emoción, pero a la vez cierto alivio porque necesitaba hacer otras cosas. En lo personal, estuve atado a Me Darás Mil Hijos (atado en el buen sentido, porque no tenía otro proyecto) y desde ese lugar también necesité alejarme… Después empecé a extrañar, obviamente.

Como cuando cortás con una novia...
Claro, la querés y es el amor de tu vida. Para mí, Me Darás Mil Hijos es así, sin duda. Y por eso lo de ahora lo vivo con alegría inmensa.