16/08/2016

Massacre: "Odiamos lo obvio, lo predecible y lo fácil"

La "Biblia Ovni" de Walas y los suyos tendrá su capítulo porteño en Museum.

Cecilia Salas

"Estamos como tigres desenjaulados", suelta Walas acerca de Massacre, la banda que es su vida y su elemento. Sucede que el quinteto lleva desde enero sin presentarse en Buenos Aires, donde desde hacía muchos años el show mensual era una costumbre. Pero la gira para mostrar Biblia Ovni, su álbum más reciente, llevó al cantante y sus compañeros por varios puntos del país, y recién el sábado 20 de agosto será la oportunidad para reencontrarse con el público porteño. "Vamos a formar parte de la reinauguración de Museum, ese lugar que albergó en su momento a los Primal Scream y a los Chemical Brothers. Ya tocaron ahí Las Pelotas, y fuimos a verlos para estudiar cómo era el lugar de noche y con público. La verdad es que está buenísimo, entonces vamos a armar algo que va a ser como tocar adentro de una nave espacial, como si estuviéramos adentro del Nostromo de Alien", se entusiasma.

Por si no quedó claro el carácter especial que tendrá el concierto para la banda, Walas sigue: "Será la presentación del disco, como cuando hicimos Obras con El mamut o el Gran Rex con Ringo. Va a venir la gente que grabó en el álbum, como el coro góspel de diez personas, y sumaremos todo lo que podamos: acústicas, teclados… Va a haber un momento de doble batería, como tocaba Adam & The Ants; y después un réquiem al gran maestro Bowie, un bloque entero dedicado a él que ya hicimos en el interior pero que no se vio en Buenos Aires. Estamos a full ensayando y metiéndonos en una dimensión nueva, que es que ya empezamos a meter más placa de sonido y más compu, más pulso subliminal electrónico, con pistas, porque necesitamos empatar en vivo lo que grabamos en el estudio".

Yo no me saco una foto con Macri, él se saca una foto conmigo porque necesita el voto joven, rockero…

Durante muchos años, Massacre fue una banda de culto, hasta que con El mamut se hizo popular. ¿Cuál es el estatus actual del grupo dentro del rock argentino?
Es un lugar intermedio entre la popularidad y el under, como el que tuvieron bandas como Pixies o Sonic Youth. Son esas bandas que no son ni la "experiencia Aerosmith" ni tampoco una que tenés que ir a buscar al último fanzine en blanco y negro. Es un lugar que nos gusta, es cómodo porque no tiene demasiada responsabilidad... Nunca estuvimos en la posición que contaba Gustavo Cerati que estuvo cuando empezó con la fama de Soda Stereo, de decir “¿Ahora cómo hago para apuntalar esto?”. Jamás tuve ganas de andar apuntalando nada. Los Massacre hacemos las cosas con mucho placer, pero tampoco queremos responsabilidades ni cruces encima. Hubo algún momento en el que estuvimos más exaltados, como cuando tocamos en los festivales y llegamos a una categoría como la de R.E.M., que son tipos que querían estar en un lugar sobrio pero las circunstancias los pusieron en un lugar muy mainstream.

¿Qué te hizo dar cuenta de que ocupan ese lugar y no otro?
Es cuestión de mirar al público, que es espejo del artista... y viceversa. Somos conscientes de a quienes representamos: no es algo demasiado popular, ni demasiado obvio ni demasiado fácil. Tenemos algunas "vueltitas", alguna sofisticación en nuestra forma de ser y de vivir, entonces representamos a un porcentaje de la gente que va a recitales de rock que no es el más grande. La gente viene en busca de algún semitono medio raro con alguna metáfora medio rara, no está todo servido en bandeja. Odiamos las cosas servidas en bandeja porque odiamos lo obvio, lo predecible y lo fácil. Ocupamos ese lugar, entonces no queremos ser los número uno.

En la canción “Feliz noviembre” hablás de los viejos tiempos y decís que ya ven los frutos de lo que sembraron. ¿Cómo se siente haber influido en bandas más jóvenes?
Qué sé yo, son cosas que no te das cuenta cuando lo vivís... Vas tomando la perspectiva de los años y las décadas, y sobre todo lo que te hace tomar conciencia son los pibes jóvenes que hacen un documental o libros. Entonces nos damos cuenta de que lo que hacíamos de chicos con total espontaneidad y naturalidad tenía alguna importancia en lo cultural.

¿Extrañás algo de aquella época de sótanos y under?
Sí, sí, extraño desconocer la fórmula. Conozco tanto la cocina de esto que ya sé cómo se hace todo en el underground y en el mainstream. Me he hetido a chusmear un camarín de Marilyn Manson y también conozco de memoria todos los códigos del underground. Lo que extraño es ignorar: llegar y no saber. Llegar a la puerta del Parakultural y no saber si va a haber teatro con Batato o rock con Todos Tus Muertos, si va a venir la cana y te va llevar preso. Extraño esa incertidumbre de ignorar, ese vértigo. Hoy sé que si te dicen a las 21 es porque van a salir 21:30, va a estar todo perfecto, no van a faltar las medidas de seguridad… En cambio, en esa época era todo riesgo y era una cosa maravillosa. Aparte, siendo más jóvenes, coqueteábamos con esos riesgos.

Con respecto a las canciones, ¿es un riesgo conocer la fórmula para que le guste a tu público?
Sí, la verdad que nosotros tenemos… cuando yo te hablaba hace un ratito de no tener que apuntalar responsabilidades, nosotros tenemos reponsabilidades: hacer una buena canción sin caer en fórmulas ni nada. Ayer el Tordo dijo una cosa que es muy sabia acerca de las canciones. Hacer una canción simple es muy fácil, algo simplón que tendría éxito, y hacer una canción jodida también es facilísimo, una cosa jodida atrás de la otra. Lo difícil es hacer una canción simple y buena, esas canciones que te hacen decir: “Dios mío, ¿cómo no se me ocurrió a mí 'Seven Nation Army', que es una pavada con un riff’?” Eso es lo genial: lograr algo simple y que esté bueno.

¿Cómo te cae cuando viene un pibe y te dice que ya no son lo mismo porque te producen Guyot y Toth, o que te vendiste porque cediste un tema para una publicidad?
Me influye. Yo me hago el impermeable, pero realmente me influye, y también trato siempre de ponerme en el lugar del otro. La verdad es que entiendo también esa postura. Hay una especie de cosa tácita en lo que hacemos nosotros, que es que el éxito está mal. No solo viene de la cultura rock, sino también de la cultura judeo cristiana del sacrificio, que las cosas hay que hacerlas con sacrificio, y el ocio o pasarla bien está mal porque tenemos que estar crucificados y sufrir. Eso es de algún vivo que nos hizo sufrir a todos los demás para que laburemos para él, obvio. El rock tiene eso con los esclavos, el blues y qué sé yo, pero a la vez es contradictorio: admiramos a ese rockstar que llegó a la mansión de Beverly Hills, pero también tenemos a Tanguito tocando la guitarra en el subte sin un peso.

Igual, seguramente en algún momento estuviste del lado de decir "éste se vendió".
En realidad, todos los artistas que me gustan siempre se manejaron con el equilibrio, el mismo que tengo yo: ni estridencia ni quedarse 20 años en un fanzine blanco y negro. Pero últimamente sí me está pasando que digo “a este que tanto admiraba le pasaron dos cosas trágicas: o se vendió o se murió”. Es lo que pasó con Bowie, con Lemmy, con Prince… O, de repente, mirar en una tienda recontra careta una pantalla de LED y decir “¿ese que está ahí es Iggy Pop?” Encima está vendiéndome un jean o un perfume, una cosa re careta, no una guitarra o un whisky. ¿Y esa es Debbie Harry? A esta altura me pasan dos cosas: o se murieron o se me vendieron...

¿Pero no los entendés también?
Sí, obviamente que los entiendo. En el juego occidental está ese idioma -más universal todavía que la música- que es la plata: juntás a diez chabones y por ahí a uno le gusta el rock y a otro el reggaetón, en cambio el billete que tienen en el bolsillo es el mismo. A sus enemigos, que en algún momento fuimos los rockeros, el sistema nos mata o nos compra. O manda a un Mark Chapman y nos cuetea, o manda a un intermediario que te dice “Mire, Iguana de Detroit, no se ponga más en bolas. Al contrario, difunda un perfume”.

¿Estuviste ante esa disyuntiva en algún momento?
Sí,he rechazado cosas. Una vez les dije a los chicos “Me pidieron poner la caripela en una cuestión que me siento un poco prostituido”. Y eso que era para difundir una cosa que es del palo, es del gremio y demás... Finalmente lo hice y puse esa guita en construir la nueva sala de Massacre, que es un avión. Están esas concesiones, esas negociaciones con el sistema... Lo puse en la balanza y lo hablé con todos los Massacre, con mi terapeuta, y llegué a la conclusión de que estaba bueno hacerlo.

¿Y con la política? ¿No te hizo ruido salir en una foto al lado de un político?
Sí, cuando pasan esas cosas a los artistas nos llena de culpa. El otro día le ponía los puntos a una amiga mía, que es una de las Kumbia Queers. Le dije “escuchame una cosa: yo no me saqué una foto con (Mauricio) Macri, él se sacó una foto conmigo”. Y es algo absolutamente muy distinto. La famosa foto en la que yo estoy hecho un croto en short con auriculares porque estaba pasando música y Macri casi abrazándome es muy distinta a la posición que tienen tantos industriales y empresarios que se matan por aparecer en una foto a cinco metros de Scioli, cosa que he visto. Esos poronga de equis municipio y equis provincia, que se desviven por sacarse la foto no al lado de él sino a cinco metros en un equipo en donde hay 25 personas. En general, los rockeros le escapamos a eso. Y lo hablé con los políticos, incluso con el propio Macri. Le dije: “Estaría feo que Dylan se saque la foto con Nixon, son comos dos polos opuestos de un imán, aunque Nixon le banque a Dylan el show en el Central Park”. Uno es de la magia del arte y el otro la administración pública, son dos cosas que no van. Entonces lo que hacen es robarte la foto. Vienen, te saludan y en ese momento ya sabés que hay un fotógrafo sacando la foto. Tratamos de hacer artilugios para escaparnos de la clase dirigente: nos hemos metido en baños, nos hemos reído de los que caían en la trampa... “No, anoche zafamos de la foto, pero Fulanito cayó”. Después hay un par que sí, que no los voy a mencionar, que los ves en los eventos posando realmente con el poronga de turno, sonrientes… Pero repito: yo no me saco una foto con Macri, él se saca una foto conmigo porque necesita el voto joven, rockero…

Igual es medio loco que un tipo que ahora es Presidente de la Nación haya ido a buscarte para sacarse la foto medio de zopetón. No deja de hablar de la importancia de tu carrera, en algún punto.
La verdad que sí. Y no solo me agarró ahí sino que en el mismo evento volvió, supongo que porque algún asesor se lo dijo, y me vino a hablar de skate. “Che, Walas, tenemos que hacer pistas, tenemos que juntarnos para ver cómo fabricamos, tenés que asesorarnos.” Que un asesor le haya dicho “Che, andá a hablar con este gordo que ni sabés quién es pero es un tipo que mueve la guitarra eléctrica y el skate” es porque algún lugar ocupo dentro del concierto de las naciones (se ríe). Esto me encanta, me da mucho orgullo. Me retrotraigo cuando tenía 15 o 16 años, y agarré un skate y una guitarra eléctrica... Me enorgullece que, ya de grande, el tipo que termina siendo el presidente busque algo de mí por esas dos cuestiones. Porque son cosas de outsider: agarré la patineta en un país donde es todo fútbol y agarré la guitarra eléctrica donde se hace cumbia. Habiendo remado contra la corriente, estés de acuerdo o no… Me pasó con Macri y también con Cristina (Fernández de Kirchener), que me invitó al Salón de la Mujer cuando dio un discurso. Ella invitó a gente del folklore, del teatro y estaba yo ahí...

¿Y qué onda eso?
Una cosa fascinante... Ahí te das cuenta de lo que es la mina: una estadista con mayúsculas. Y una seducción… Cristina hablaba ahí, y yo tenía a Estela (de Carlotto) de un lado y al otro el equipo de ARSAT, todos con sus chombitas como si fueran de la NASA, pero de acá. Fue en el tiempo en que empezamos a ser dueños de la Argentina, cosa que no pudimos sostener... Evidentemente, si la lleváramos al plano de una familia, somos una que tuvo la oportunidad de ser propietaria pero prefirió seguir siendo inquilina.