16/03/2017

Los Brujos: “Somos un grupo distinto, como siempre”

Mientras despide "Pong", la banda prepara otra bomba musical.

Cecilia Salas

La celebración de los 25 años de Fin de semana salvaje, en diciembre pasado, significó para Los Brujos el reencuentro con Morticia Flowers, la cantante de la primera etapa del grupo, que no llegó a grabar en el disco. Y el resultado fue tan bueno que este sábado 18 ella volverá a estar como invitada en el show que la banda dará en La Trastienda. “Ella organizaba fiestas a go go en las que se pasaba música surf y ahí se generó la idea de hacer Los Brujos”, recuerda el guitarrista Gabriel Guerrisi. “Así que, cada vez que ella está, celebramos esa situación, la de la fiesta a go go. Y armar cada tanto una fiesta está bueno…”

“Fiesta” es una buena palabra para definir a los shows con los que Los Brujos fueron punta de lanza del Nuevo Rock Argentino que renovó la escena local a principios de los 90. La energía en vivo, los vestuarios alocados, las canciones siempre con los bpm al mango: ser parte de un concierto de la banda implicaba dejarse arrastrar a un caos jubiloso y transpirado, diferente de cualquier experiencia anterior. Después de editar tres álbumes –Fin de semana salvaje, San Cipriano y Guerra de nervios-, el grupo implotó y sus integrantes armaron otros proyectos, hasta que en 2014 regresaron con un concierto en Ciudad Emergente y al año siguiente con el disco Pong.

En junio pasado, la banda perdió a Ricky Rúa, uno de sus dos cantantes, lo que implicó una reformulación de su imagen y su sonido. “Con su partida se desacomodó todo y estamos rearmándonos, en todo sentido”, confiesa Guerrisi. “Terminamos el año leyendo la situación, el escenario, encontrándonos en el vivo, pero arrancamos éste sabiendo qué es lo que podemos hacer. Fue un proceso que no fue muy largo pero hubo que pasarlo, sobre todo con la ausencia”. Los próximos pasos de Los Brujos serán cerrar la etapa de Pong y encarar su quinto disco, para el cual ya tienen para elegir de entre unos 30 temas de diferentes épocas.  “Estamos grabando demos y viendo la forma de entregar los nuevos temas, si es un LP a la vieja usanza o por partes, no sabemos todavía”, dice el guitarrista.

Antes teníamos las hormonas un poco más explotadas. Ya no peleamos, todo se hace en un terreno de mutua admiración. Que antes estaba, pero una discusión por cualquier pavada nos podía llevar a una locura. Esta vez está todo mucho más alineado.

La indecisión sobre el formato, ¿tiene que ver con una cuestión de mercado o de gusto propio?
Es para probar una situación distinta a la de siempre. Hacer un disco de 12 canciones a nosotros nos cuesta mucha energía. Parece fácil hacer canciones para Los Brujos, pero no lo es, porque no hay una plantilla desde la que se pueda empezar, como si tocás boleros o rock clásico. Esto es un estilo en el que hay que bucear un poco hasta que la canción nos dice “sí, va”.

¿Y cómo surgen esas canciones? Porque, como decís, no es rock clásico en el que tirás un riff en una zapada y se parte desde ahí.
Hay mucho material grabado, yo grabo mucho todo el tiempo. Lo probamos en la sala, entre todos, y después eso circula por whatsapp. Todo eso vuelve retocado: con una melodía, con la letra, con alguna sección nueva… Antes era vía mail. Una parte de Pong se hizo en el 98, con Gabo (Manelli, integrante original de Los Brujos y luego de Babasónicos) en el bajo, y la otra parte vía mail, aunque escuchás todo el disco y no se nota. Fue un trabajo de producción arduo, medio arqueológico. Ahora también tenemos nuestra parte medio arqueológica porque perdimos a Ricky pero tenemos cosas grabadas por él que queremos sacar y estamos viendo de qué forma. Como Ricky era un enamorado de los vinilos, saldrá sólo en vinilo, a modo de objeto homenaje. Con respecto a los temas nuevos, tenemos mala experiencia con los discos: siempre nos costó un montón el proceso. Por ahí estamos un año mezclando… Entonces, queremos achicar los tiempos y por ahí la forma es sacar de a cuatro temas.

Muchas bandas dicen eso y después terminan publicando un disco full.
Nosotros también somos old school. Además tenemos una carpeta de 30 canciones para terminar y creo que no vamos a sacar cuatro hasta que no tengamos 15 listas. Entonces, si ya tenés 15 terminadas, está casi el disco. Creo que ése va a ser el momento en el que vamos a decidir. Lo que pasa es que el grupo mutó: ahora tenemos un solo cantante (Alejandro Alaci), es él al frente de la melodía. Antes el grupo era más coreado, ahora es una voz solista, entonces cambia el timbre. Y también yo estoy empujando el barco un poco para el costado, para abrir nuevas puertas a otra forma de componer y de traducir la energía que tenemos.

¿Cómo serían esas nuevas maneras?
Por empezar, bajamos mucho la velocidad de las canciones. Somos un grupo energético y veloz, entonces estamos forzando un poco eso, que nos abre a otros tiempos, a sintonizar con otros arreglos. Antes era todo mucho más instantáneo y efectivo; todo pasaba en dos minutos. En Pong hay temas que duran cuatro minutos, pero el truco era que habíamos desarrollado mucho las intros y las outros. “Beat Hit” tiene una intro de un minuto, que fue la que usamos para reaparecer en 2014. Esta vez queremos bajar el tempo de todo y caminar a un paso más pausado.

¿Tendrá que ver con la edad?
Puede ser, puede ser. Es adrede, eso seguro. Pero también tiene que ver con que de lo otro tenemos mucho. Y cuando se juntan muchas canciones de ese estilo, por momentos el show se hace muy lineal. Tan enérgico y tan lineal termina sin provocar el efecto que queremos, que es golpear distinto cada vez. En la etapa de Guerra de nervios, por ejemplo, los shows empezaban a todo lo que daba y terminaban igual. Por ahí veías algo muy loco arriba del escenario, pero capaz era un embole.

Bueno, no, no era un embole…
Sí, pero a nosotros se nos hacía una especie de gimnasia. Le llamábamos así cuando sucedía eso, “hacer gimnasia”, y enseguida queríamos zafar, porque sentíamos que no tenía ningún relieve. Por ahí era de tanto tocar las canciones… Y también, cuando discutís mucho, llegás a un punto medio que está bien para todos, pero es único y después nadie se mueve de ahí. Eso nos pasaba en la última época: nadie permitía que ese acuerdo se moviera, entonces era siempre eso. Y creo que por eso dijimos: “El grupo no puede ser siempre lo mismo, así que abandonemos hasta nuevo aviso”.

¿Ahora les resulta más fácil ponerse de acuerdo?
Sí, porque antes teníamos las hormonas un poco más explotadas. Ya no peleamos, todo se hace en un terreno de mutua admiración. Que antes estaba, pero una discusión por cualquier pavada nos podía llevar a una locura. Esta vez está todo mucho más alineado. Antes se hacía todo dentro de un caos, pero con el tiempo supimos convivir con el caos, entonces hoy no nos afecta. Tratamos de dejar un espacio para lo incierto, sabemos que tiene que estar y agradecemos que haya caos, porque después eso te provoca otros caminos. Pero ya no peleamos. Y en estos tres años todo estuvo iluminado de algo especial, por eso acompañamos a Ricky y con su partida el grupo quedó andando. Así volvimos: sabíamos que eso iba a pasar y lo transitamos de la forma más digna posible.

Y fue bueno que él pudiera disfrutar del regreso.
Totalmente. Para nosotros fue genial haber vivido eso porque somos amigos y vimos que a él esta situación lo llenaba de energía. No era lo mismo enfrentar lo que tenía él con o sin Los Brujos. Cada show era una batalla ganada: “hicimos uno más”. Era un momento para compartir y lo disfrutábamos. Además, él lo enfrentó con una entereza importante: no faltó a ningún show, estuvo siempre de buen humor, la medicación jamás lo afectó en nada. Él tenía una energía especial, que hacía que todos nos preocupáramos por lo que había que preocuparse, que era estar juntos y disfrutarlo. Una de las premisas cuando nos juntamos fue “esta vez tenemos que disfrutarlo”.

Por ustedes y por la gente que quería volver a verlos, ¿no?
Sí, pero de eso nos dimos cuenta después. Antes de tocar en Ciudad Emergente, nos preguntábamos si iba a ir gente, y de repente colapsó, tuvieron que cerrarlo, nunca hubo tanta gente en la terraza del Recoleta. Fue un flash, ahí nos dimos cuenta de cuánta gente nos esperaba. Y las demostraciones de cariño… Algunas no tanto, igual (se ríe).

¿Por qué lo decís?
Obviamente, están los detractores, los que opinan que no deberíamos habernos juntado. Pero bueno… A mí me mataba tener en un cajón semejante material, con Gabo en el bajo, con gente que quiero mucho, que son hermanos… Lo escuchaba solo y me parecía genial; un día cuadró que lo escuchamos todos y dijimos “la obra de Los Brujos está inconclusa, porque hay un disco a medias en un cajón”. Entonces nos propusimos terminarlo y, de última, darle un cierre al grupo, por nosotros mismos. Pero en el camino de eso nos encontramos con que se había encendido el motor y queríamos seguir. Después pasó lo de Ricky y fue una sola conversación: “¿Qué hacemos? Vamos para adelante”. Listo, se acabó.

¿En algún momento se plantearon poner otro cantante para mantener la identidad del grupo?
No, no se reemplaza. Somos un grupo distinto, como siempre. Los cuatro discos que hicimos son diferentes y el que sigue también va a serlo. Yo estoy cantando un poco más a la par de Ale porque para el vivo a veces se necesita para el coro ése que armaban entre los dos. Queda algo de eso para las nuevas canciones, porque es como una marca cantar dos al unísono, entonces hay fragmentos en los que yo hago como la voz de Ricky. Pero hay muchas canciones que canta Ale solo y desarrolla un estilo que no es tan coreado, es más de cantante solista. Y estamos muy contentos con eso.

Sony está reeditando su catálogo en vinilo. ¿Van a salir los discos de Los Brujos?
No estamos en contacto con Sony, no sabemos nada. Ellos tienen los masters… Bah, supongo que tendrán las cintas con los canales… Varias veces me preguntaron si no me interesaba hacer remixes o remezclas de los discos, cosa que no me interesa, así que nunca me preocupó por dónde están las cintas. Me saturó un poco el trabajo arqueológico con Pong, con la situación Gabo, y ahora también con la situación Ricky. En un momento sentí que estaba tirando para adelante pero que arrastraba un cajón de cosas pasadas. Tenía que revisar cintas, limpiar audios… Ese trabajo estuvo bien para Pong, pero fue quemante, porque no teníamos todo súper grabado. Y para el disco nuevo todavía tenemos a Gabo grabado, entonces ¡la situación arqueológica nunca termina! Siempre hay algo que tocamos en otro año y que son cosas geniales que hacen a la canción, no es lo mismo tocada por otra persona. Algunas canciones las estamos desarrollando con Gabo tocando el bajo, no sé en qué terminarán. Y también hay canciones nuevas y demos de Pong que quedaron afuera. Capaz por eso no me llama la situación de remixar. Además, los discos fueron lo que fueron… Hoy “Kanishka” es medio clásica… A veces me peleo con “Kanishka” y después me amigo (se ríe).

¿Por qué te peleás?
Porque es un tema que sigue siendo un emblema de Los Brujos y a veces nos cansamos de tocarlo, no tenemos la misma energía para ponerle, que fue lo que me pasó. Aparte, lo tocamos mucho, hicimos muchos playbacks, y llega un punto en el que por ahí te empalaga. Habíamos vuelto a tocarlo y después lo sacamos de la lista, como para mirar hacia adelante y no tanto hacia atrás. Pero después me puse a pensar… Soy muy fan de The B52’s y pensé que “Kanishka” es un poco nuestro “Rock Lobster”. Y si voy a ver a The B52’s, por más que ahora tengan discos geniales, yo quiero escuchar “Rock Lobster”. Entonces me amigué un poco, pensé “si está ocupando ese lugar, tengo que entenderlo”. Pero lo cierto es que me llevo mejor con temas más actuales.