13/04/2017

Los Amigos Invisibles: “Siempre nos asociamos con el baile, la fiesta y la alegría”

La banda venezolana abre su propio paraíso en Niceto.

Gentileza

La primera vez que Los Amigos Invisibles pisaron suelo argentino fue para tocar en la final de un reality televisivo, en una fiesta pletórica de alcohol y baile en la que, en mitad de la noche, Jon Secada terminó pidiéndoles prestado un teclado para cantar un tema. Pero luego, a la banda venezolana se le hizo costumbre tocar una vez por año en Niceto Club, el mismo lugar donde mañana viernes presentará El Paradise, su nuevo disco. “Ya es como estar en casa”, reconoce desde Miami, la sede del grupo, el baterista Juan Manuel Roura. “La idea es tratar de ir a más ciudades y de a poco vamos trabajando en eso”.

Aunque varios de los discos de LAI se editaron en la Argentina, al grupo le costó entrar en las radios y en el circuito de shows. La llegada de los servicios de streaming, que cambiaron el juego de la distribución de la música, los puso en una situación más ventajosa (“ahora todo el mundo tiene la facilidad de buscarte en la web”, dice Roura), pero a la vez conspira contra una tradición de la banda: que las canciones de cada disco estén hiladas por un concepto. “Siempre hemos querido que nuestros discos sean como una historia, un gran viaje. En este caso, El Paradise es como un gran bar donde disfrutas de los placeres, la buena vibra, el baile, las chicas, etcétera, y quisimos ambientarlo como esos bares de los años 70, art decó, con neón…”

Si vienes a un concierto de Los Amigos Invisibles es para darle buena vibra a nuestra fiesta, recibir buena música y disfrutar de un momento fuera de toda la rutina diaria.

¿Por qué eligieron una discoteca de ese estilo como núcleo?
Durante el proceso de creación del disco se van tirando ideas y en un punto todos coincidimos en que hay alguna más interesante para que sea la historia del disco. Este concepto de la discoteca El Paradise tenía que ver con que fuera un lugar en el que cualquier persona pudiera tener su paraíso, con mujeres, placeres y un montón de cosas. Lo planteamos durante la composición del disco y valió la pena llevarlo por ese camino, nos pareció divertido.

Mujeres, placeres y discoteca no son temáticas que hayan faltado en la carrera de Los Amigos Invisibles…
(Risas) Sí, siempre hemos querido asociar a la banda con el baile, la fiesta, la alegría. Y El Paradise apunta más directamente a esto. En discos anteriores había conceptos referidos a situaciones en particular. En Arepa 3000, por ejemplo, quisimos hacer una suerte de sátira de la entrada en el año 2000, el Y2K y el supuesto colapso a nivel tecnológico. Entonces, la banda iba a hacer un viaje en el espacio en una aeronave que era una arepa, que es uno de los platos típicos más importantes en Venezuela. Pero la arepa tiraba desechos al espacio… De algún modo, tenía un toque de humor. Y en el caso de El Paradise, está mucho más enfocada en la fiesta y los amigos, a través de una discoteca.

Ustedes nunca tuvieron muchos invitados en los discos, pero en este pasan de Los Auténticos Decadentes al salsero Oscar D’León…
Cuando le presentamos nuestras nuevas canciones al manager, él nos dijo que “Aquí nadie está sano” era perfecta para que la hiciéramos con Los Auténticos Decadentes. A nosotros no se nos había ocurrido, pero enseguida nos dimos cuenta de que tenía sentido. A los Decadentes los conocíamos porque habíamos coincidido en algún lado, no sólo en Venezuela sino en México, y nos encanta lo que hacen. Y aún cuando los estilos musicales no son afines, ambas bandas tienen un approach hacia la fiesta. Juntos logramos este tema loco, que está entre el house, el swing y el charleston. Y la inclusión de LAD le da un toque de marcha, de quedarte toda la noche brincando, que nos pareció increíble. Ellos fueron súper buena gente con nosotros, nos llamaron cuando estuvieron en Miami para poder hacer el video, y toda la colaboración estuvo llena de súper buena energía, de principio a fin.

¿Y con D’León?
Siempre habíamos querido hacer algo con él, no sólo porque somos fans de su música, que escuchamos desde que somos niños, sino que lo admiramos como salsero. Nos gusta mucho la salsa tradicional, de los años 70, y él es uno de los pocos exponentes que quedan activos de toda esa generación. Haber grabado con él es una especie de sueño. Encima, nosotros le entregamos una salsa que habíamos compuesto, y él nos dijo “¿Saben qué? No quiero hacer salsa, con ustedes valdría la pena hacer algo distinto.” Entonces le mostramos todos los demos y él escogió “Sabrina”, una canción que tiene una influencia brasileña muy marcada. Y la verdad es que quedó increíble.

También invitaron a los mexicanos Kinky. ¿Cómo se dio esa conexión?
Con ellos también hemos coincidido en muchos festivales y su cantante, Gil Cerezo, ya había participado en un par de discos solistas de Julio (Briceño, vocalista). Después de tanto tiempo queriendo hacer algo juntos, nos pareció que esta era la situación perfecta. De hecho, la canción estaba compuesta pero no tenía letra en las estrofas, que finalmente compuso Gil Cerezo. Y terminaron colaborando todos los demás; tocaron el guitarrista, el tecladista…

Mencionaste justo los dos puestos que quedaron vacantes en Los Amigos Invisibles después de la salida de José Luis Pardo y Armando Figueredo. ¿Cómo fue componer sin sus históricos compañeros?
Nos pareció interesante abrir todas las puertas a gente que quisiera participar, como para darle un toque distinto a la composición, a la parte creativa de la banda. Y no solamente está ahí Kinky sino también Jorge Spiteri, que es un gran compositor venezolano; la letra de “Espérame” fue compuesta por Sofy Encanto, de Elastic Bond; y hay participaciones de otros músicos enriqueciendo el sonido. Incluso el guitarrista (Daniel Saa) y el tecladista (Agustín Espina) participaron de la composición de algunos temas. Digamos que el espectro de composición estuvo más amplio.

¿Les resultó difícil reconstruirse como banda?
Bueno, a la hora de incluir nuevos músicos, los procesos tienen un elemento que va más allá de lo técnico. Hay algo espiritual, que tiene que ver con una relación de trabajo de muchos años que de un momento a otro ya no existe… Uno tiene que acostumbrarse a eso. Pero siempre hubo buena onda, porque no hubo realmente un “problema”. Nadie botó a nadie, fue una decisión de ellos salir, y nosotros decidimos que queríamos continuar haciendo música. Básicamente, elegimos seguir y empezamos a hacer audiciones para tecladista. El guitarrista había entrado antes porque habíamos tenido que cumplir un compromiso y habíamos recurrido a él. Afortunadamente, Daniel es muy amigo del Catire, nuestro bajista, se conocen desde que estaban en la escuela. Él estaba en Boston, estaba disponible y se vino a ensayar con nosotros. Curiosamente, él y Agustín son venezolanos, o sea que se sigue manteniendo ese elemento autóctono…

Que es importante porque se comparten ciertos códigos, ¿no?
Definitivamente. En nuestra música hay un elemento de idiosincrasia que no perdimos porque todos estamos conectados, todos somos venezolanos. Por otro lado, corrimos con la suerte de que ambos músicos eran fans de la banda, y ya entendían el estilo musical y nuestra personalidad como grupo. No hubo tanto laburo, no tuvimos que moldear a los músicos, ellos ya sabían lo que tenían que hacer. Quizá lo más difícil para ellos haya sido acomodarse a nivel personalidad, porque tuvieron que adaptarse a un modo de trabajo; artísticamente no tuvimos mucho problema.

Como venezolanos y como residentes en Estados Unidos, ¿cómo hacen para que las situaciones políticas no se les cuelen en las letras?
Los Amigos crecimos como banda bajo los gobiernos de Chávez y Maduro, porque en el 97 fue cuando empezamos a tocar profesionalmente en todo el territorio venezolano, y la verdad que no sentimos que tengamos la misión de agitar en lo político. Más bien, es todo lo contrario. Siempre quisimos que la banda ofreciera algo que te hiciera olvidar de lo que lees todos los días en los periódicos o lo que ves en las noticias. Durante muchos años, no sólo en Venezuela sino en muchos países del mundo, sentimos que hay una inestabilidad a todo nivel… Ustedes también tuvieron un período bien revuelto a nivel político… pero nuestro mensaje siempre fue que si vienes a un concierto de Los Amigos Invisibles es para olvidarte de eso, darle buena vibra a nuestra fiesta, recibir buena música y disfrutar de un momento fuera de toda la rutina diaria.

¿Cambió algo en su situación en Estados Unidos después de la asunción de Donald Trump?
Nosotros llevamos casi 19 años tocando en Estados Unidos… y pese a que en la calle se siente cierta polémica, porque Trump es un tipo que hace mucho ruido en la política, la mayoría de los estadounidenses que conocemos no son personas que hacen de la política su día a día. Es gente metida en el arte, en su trabajo… No hemos sentido ningún tipo de mala vibra hacia nosotros, siempre nos hemos sentido muy cómodos trabajando con estadounidenses.

Después de tantos años de carrera, ¿cómo imaginás el futuro de la banda?
La verdad, ninguno de nosotros da las cosas por sentadas. Esto seguirá rodando en la medida de que los que estamos queramos seguir haciendo música y darle vida a este proyecto. No pensamos mucho en qué va a pasar en el futuro, nos mantenemos trabajando, haciendo música, disfrutando de lo que hacemos. El tiempo dirá si seguiremos en el ruedo, arreando el animal, como decimos en Venezuela.

Lo que sí van a tener que hacer en algún momento es parar entre un tema y otro en los conciertos… ¿Cómo no se cansan?
(Se ríe) Es un concepto que venimos trabajando desde hace más de 30 años. Recuerdo que en el 95 vimos en Nueva York a Groove Collective, que eran un colectivo de DJs y músicos medio rotativos, que grababan discos de house y jazz. Sus fiestas eran famosas porque había música en vivo toda la noche. Y a nosotros nos gustó la idea de llevar eso a una banda. Desde entonces, hemos trabajado en función de que la propuesta de Los Amigos Invisibles sea como un DJ set pero tocado en vivo. Por eso nunca paramos. Sí, es agotador en lo físico, pero la propuesta nos sigue pareciendo interesante. Al mismo tiempo, cuando empezamos a tocar en México, ganarse a ese público era muy difícil. Si parábamos, la gente gritaba o tiraba cosas, así que lo mejor era no parar para no darle tiempo a reaccionar (risas). Y esa puesta en escena se convirtió en una firma de la banda.