29/12/2017

Kinky: “Es inevitable que sonemos mexicanos”

El quinteto de Monterrey se propone retomar su conexión con el público argentino.

Kinky

La tapa de Nada vale más que tú, el quinto álbum de estudio de Kinky, en la que una moneda de un peso mexicano “abduce” a una mujer, parece una crítica directa al capitalismo. Pero la letra de “Un peso”, el tema que abre el disco , explicita las intenciones: “Y si queremos volar / Sobre las alas de lo material / El precio de la verdadera libertad / Es no ser dueños de nada”. “Más que nada, hablamos de la atención que ponemos nosotros o el peso que le damos a las cosas”, dice Gil Cerezo, líder del quinteto de Monterrey. “Si bien la frase ‘Nadie vale más que tú’ suena romántica, no va por ahí, sino por darle importancia al ser humano antes que todas estas cosas que están pasando hoy en día. Es como un mensaje, a lo mejor utópico, de darle importancia a la persona antes que al valor de la moneda, o político, o todas estas cosas que están cegando muchas veces el valor que nos damos nosotros mismos”.

El cantante, guitarrista y compositor de Kinky pasó por Buenos Aires con la idea de retomar el contacto con el público local, que la banda concretará con una visita en mayo de 2018. “A pesar de que hicimos un show pequeño hace un par de años, creo que interrumpimos mucho la conexión”, reconoce. “Hubo un momento en que la Argentina era muy difícil costear para las bandas chicas o medianas. También tiene que ver con la excesiva cantidad de trabajo que teníamos en México. Como que la parte que crecía allá hacía que disminuyera un poco en otros lugares. Y pues sí, volvimos ahora como cuatro o cinco años después y… ay, cabrón, ya pasó todo este tiempo”.

Dentro de un país tan inestable y tan loco como México, tan difícil, tan lleno de desigualdades y situaciones extrañas, la paz sí era una de las cosas que más añorábamos.

El contacto con los músicos argentinos no lo perdieron: en “Pastillas”, del último disco, participa Adrián Dárgelos.
Sí, nos conocimos en tocadas y después hicimos una gira muy grande en México, que fue lo que nos hermanó y nos hizo cómplices de varias cosas. Siempre que iban a México nos hablaban, pero ésta es la primera ocasión en que vengo a Buenos Aires y ellos están acá, porque siempre estábamos de gira, o ellos o nosotros. A Adrián le propusimos grabar en un momento en que ellos estaban en México y justo nosotros teníamos una sesión en un estudio por el DF. Lo invité y no pudo llegar, y me dijo “mandamelo, me interesa mucho”. Y entonces hicimos esta especie de cadáver exquisito: ya teníamos la música hecha, cada uno compuso su parte por separado y las juntamos.

Ellos armaron una suerte de proyecto paralelo llamado BBS, que es de tecno tocado. En ese aspecto, tiene mucha ligazón con Kinky.
Creo que ellos tienen como una personalidad muy electrónica, con una parte de innovación y de búsqueda por ese lado, aunque a veces está medio oculta entre todos los layers musicales.

¿Y a ustedes les pasa con el costado rockero?
También. Nuestra escuela fue así. Crecimos en los 90, tocando en bandas under y todo el circuito. Estábamos “presos” en Monterrey, sin haber salido a ninguna parte de México, siquiera. Entonces, sí, hay un alma muy rockera en los cinco miembros de Kinky, aunque luego nos expandimos y buscamos esa parte de electrónica.

¿La buscaron o fue algo que les surgió naturalmente?
Un poco de las dos. La búsqueda de la electrónica apenas empezaba en nosotros, llevábamos un par de años, digamos. Teníamos al guitarrista de una banda de trip hop… Bah, trip hop según nosotros (risas). Pero siempre live, siempre estaban la batería y el bajista. Entonces era una búsqueda de un sonido no tan apegado al rock, que venía de esa escuela. Y ya cuando empezamos con Kinky, meramente fue porque nos sedujo esta parte de poder programar en la computadora, tener esa base electrónica más allá de la batería real. Empezamos sin batería, de hecho. Lo que más nos encandilaba en ese momento era la posibilidad de crear electrónica.

Hoy es bastante difícil de definir qué es electrónica, están más difusos los límites. Todos los artistas de hip hop están usando elementos de electrónica para su música, por ejemplo.
Sí, es muy dispersa y muy amplia. Pero creo que la electrónica como definición tiene un apego al baile. Aunque existe el ambient, todos tienen sus subgéneros muy definidos, pero la electrónica siempre mantiene ese movimiento de cabeza. Incluso aunque sea totalmente tocado, ¿no?, como Daft Punk y eso. Ahora hay mucha búsqueda de las frecuencias, de que los sonidos suenen muy puros, de a ver quién hace que el bajo tenga más nalgas. Como que toda esa parte técnica, que también iba muy de la mano con la electrónica, se está utilizando ya en todos los géneros… hasta en el rock.

Y en Nada vale más que tú, ¿fue decisión volver al sonido de los comienzos de Kinky?
Tiene mucho el espíritu del primer disco, también en las letras, esa variedad de temas y volver al sentido del humor en algunas cosas. Mucha búsqueda de diferentes géneros, también. Con el disco Unplugged, más la gira, la producción y todas esa instrumentación, quedamos un poco hartos. Entonces fue otra vez buscar el punch dentro del minimalismo electrónico que nos daba mucha libertad en los primeros discos. Nos sedujo regresar a que los sonidos fueran la base para la inspiración, más que la melodía o la armonía que buscábamos.

¿Y qué de eso quedó en esta etapa? Porque sí, volvieron al beat fuerte, pero el disco tiene más melodía y armonía que su debut.
Claro. Sí, la búsqueda de las armonías y la melodía dentro del Unplugged fue como vital, pues ya se quedó en el ADN de la composición.

Lo que sí no perdieron nunca fue la temática cargada de sexo.
Eso es porque cogemos mucho (carcajadas)… Creo que también el sexo siempre fue una inspiración de todos, desde los poetas, los pintores, los rockeros, todos.

Kinky

Ustedes se desarrollaron como banda establecidos en Los Ángeles. ¿Eso les cambió su mirada sobre México?
Sí, creo que nos da una visión de afuera, un poco más global. Si bien Los Ángeles es una ciudad ya muy mexicanizada, se puede ver el país desde un punto de vista externo. También influye vivir como mexicano en LA, que es una realidad diferente a la del resto de los estadounidenses. Entonces, estar en Estados Unidos tiene una influencia muy grande económica, política y hasta espiritualmente en este disco. Lo grabamos allá. Recién me mudé a México hace como seis meses, pero sigo teniendo cierto apego a la ciudad de Los Ángeles y seguimos viéndola como un territorio pseudo mexicano.

Es la ciudad con más mexicanos después de CDMX.
Ajá. Lo último que hicimos en LA justamente fue un concierto en el cementerio, festejando el Día de Muertos. Como te digo, cada vez es más mexicana Los Ángeles. Hoy, el latino forma la minoría más grande dentro de Estados Unidos, pero pronto será la mayoría, superando a los blancos.

¿Por qué decidiste volverte a México?
Algunas razones personales y también empecé a desarrollarme en otras áreas, más fílmicas, y ahí empiezo a ver muchos frutos dentro de esta parte, que me interesa también. Estoy dirigiendo videos y hago mucho contenido, como diseño de escenarios. También incluye el contenido de las pantallas y todo eso.

Más allá de dónde se desarrollaron y del sonido electrónico, Kinky es una banda claramente mexicana. En “Charro negro”, incluso, tienen a una estrella mariachi soltando su típico grito.
Es inevitable que sonemos mexicanos. Desde el primer disco, se tumbaron las barreras y empezamos a aceptar todo lo que viniera. Y todos teníamos un catálogo extenso de música y gustos muy mexicanos. Fue muy honesto desde el principio. Y nos gusta mucho celebrarlo, siempre que podemos ondeamos la bandera cuando estamos en el extranjero. Todos los mexicanos somos muy mexicanos, es difícil ocultar nuestra escuela. En un momento en el que estás empezando, y buscas el sonido en los Chemical Brothers o en lo que está sucediendo en Gran Bretaña, en realidad lo que muestras es lo que eres. Y creo que eso es también lo que nos abre las puertas, el no ser una copia fidedigna de lo de afuera. Es asumir “Bueno, sí, esto es lo que somos”.

¿Cambió algo con Trump presidente para ustedes?
La visión global, sí, aunque no nos ha atacado directamente. Siempre fue difícil la parte migratoria, los papeles y todo el proceso. Pero creo que cambió el ambiente, hay un poco de miedo, sobre todo de la gente que está indocumentada. Los Ángeles todavía sigue siendo un “santuario”, pero parece que sí ya hay casos en donde empiezan a tocar la puerta, ir a restaurantes… Sobre todo en la parte de Miami. LA está todavía en esa batalla, pero ya se siente un poco la nube negra sobre el país.

¿Y con qué situación te encontraste en México?
En México también tuvo una repercusión económica bastante dura con el cambio de Trump. Está todo como en la cuerda floja. El año que viene tenemos elecciones, con un candidato de mega izquierda a la cabeza de las encuestas, entonces es un período raro. Quién sabe qué va a suceder en los próximos años.

¿Y esas sensaciones se filtran en las canciones de Kinky?
Sí, explícitamente en la primera canción, que es la que por ahí tiene un toque más serio. Pero el vibe… Uf, me acuerdo de que el día de las votaciones en Estados Unidos estábamos en el estudio con un iPad viendo los resultados y no lo podíamos creer. Era increíble la sensación de frustración que se vivía. Y estábamos ahí, prácticamente llorando, viendo los resultados y haciendo los temas…

¿Te ves en una situación similar el año que viene, pero en México?
Sí, por un lado el cambio se busca. Pero la estabilidad que se logró de cierta manera, bajo la fachada del PRI, dentro de este último sexenio, sobre todo en la batalla del narco y la violencia, para mí era como lo más vital. Veníamos de un período en el que prácticamente estábamos en zona de guerra. Algunas ciudades, incluyendo Monterrey, estaban vetadas. No había eventos, bares, noche… Todo el noreste del país estaba en esa misma situación. Viajar en carretera era imposible. Entonces, en cierta manera, se agradece la parte en donde se pudo mediar un poco. Quién sabe cómo fue… Dentro de un país tan inestable y tan loco como México, tan difícil y tan lleno de desigualdades y situaciones extrañas, la paz sí era una de las cosas que más añorábamos.