17/10/2017

Kapanga: "La cumbia es tan honrosa como el heavy metal"

El Mono y compañía revisan su trayectoria en formato para teatros.

"Tranquilamente nos podemos quedar tocando 'El mono relojero' y vivir de eso", asegura Martín "El Mono" Fabio, cantante de Kapanga, y al instante aclara: "Pero no queremos que sea un trabajo todavía. Queremos tener esto: inquietudes, desafíos, objetivos". El más reciente de ellos se llama Spectaculum, que presentará el sábado 21 de octubre en el Gran Rivadavia. Es un nuevo formato de show que encuentra a la banda que siempre quiere estar de la cabeza con una propuesta diferente: acompañamientos de cuerdas y brases; butacas en vez de pogo. Los clásicos están, y El Mono y compañía saben que a la hora de armar un setlist "El universal" o "Ramón" no pueden quedar afuera. Pero el tiempo pasa y, 22 años después, el grupo que es sinónimo de fiesta apuesta por redescubrir sus propias canciones.

"Trabajamos todo el año, no tenemos mucho tiempo libre", asegura el líder de Kapanga. "Pero está bueno estar activo, me pondría nervioso si pasarían más de 15 días que estoy en mi casa. Mientras estemos en movimiento, se sobrelleva. Obviamente, tal vez hace diez años me costaba menos al otro día levantarme. Pero el lunes a la mañana… ¿Viste cuando sentís que te pasa un camión por encima? A veces tengo ganas de tomarme unas vacaciones, pero hay un montón a los que les gustaría estar en este lugar. Como a nosotros nos ven de afuera, siempre sonrientes, felices... A mí me gustaría vernos de afuera también un poco", suelta y se ríe.

El rock es más egoísta, incluso entre nosotros mismos. Un colega pega un hitazo y decimos “¡qué canción de mierda!”.

¿O sea que ya no es tanta tu energía?
¿La nuestra? No, hay más energía que nunca. Hay siempre. A veces te cansás, es lógico. Si no, nos pondrían una ficha y seríamos un jueguito electrónico. Te resfriás, te enfermás, dormís mal, comés mal. El público sólo ve a los cinco que se suben al escenario y los iluminan las luces. Entonces no podés trasladar tus miserias al escenario y mostrárselas al público. Por ahí, como somos humanos, a veces mostramos un lado más sensible, emotivo. Pero trasladar nuestros problemas... ¡Ni en pedo! Trato de llevarle soluciones con canciones.

¿Y es por ese cambio de energía que surge el nuevo show?
Primero, me motivó que ya soy público de teatro, shows para ver sentado. Por otra parte mi hijo, que tiene 15, se puso a escuchar la discografía de Kapanga, y empecé a redescubrir canciones que tenía olvidadas, las menos festivas. O sea, los reggaes, las que son a medio tiempo, las que canta Maikel, las más tranquilas. Mi hijo me dijo: “Qué bueno que estaría ver a Kapanga tocarlas”. Y me colgué en eso. Agarré los discos, empecé a mirar y armé una lista de unos 25 temas que para mí entraban dentro de este formato más acústico, más fogonero. Pensé en por ahí recrear algunas de las canciones con las cuerdas y todo eso, pero no pensaba en lo que se transformó.

¿Cambió mucho el proyecto?
Spectaculum tomó otro vuelo. Esas 25 canciones las llevé a mis compañeros y Maikel, que se encarga de la parte artística, les dio una vuelta de rosca. Armamos un team de 15 músicos para Spectaculum. Los cinco Kapanga, dos fijos, y ocho que son los invitados: un cuarteto de cuerdas, unos brasses. Paso de una idea cavernaria, de tocar las canciones más tranquilas para gente sentada, a incluir canciones de toda nuestra discografía, incluyendo las que nunca tuvieron su chance en vivo. Es algo que nunca antes hicimos en 22 años y ahora podemos tomarnos esa licencia. Son nuestras canciones: nunca las versionamos, nunca hicimos cosas raras.

Bueno, hicieron una película, ahora esto, también están preparando un libro… ¿Son formas de canalizar más allá de un disco?
Lo del libro es un proyecto que empezó hace ya hace un tiempo. Íbamos a sacarlo a los 15 años y ya vamos a cumplir 22. Es que está muy jugoso: hay mucho autobiográfico real, pero también fantasía. No es sólo una autobiografía de “la banda se formó en tal año”; hay condimentos y muchos testimonios de colegas que hablan acerca de la banda. Y le fuimos agregando y agregando. Pero hay muchas cosas que ni siquiera yo conozco: de muchos no sé lo que dijeron.

Los Decadentes sacaron libro hace poco.
Se adelantaron. Sabían de nuestro libro, pero también sabían que somos más colgados que ellos (risas). Y cumplieron 30 años antes que nosotros. Son la banda más generosa que conocemos, hasta el día de hoy. Desde cuando cumplieron 12 años y nos invitaron al Velódromo, hasta ahora que hemos creado un gran vínculo. Nos dimos el lujo en Motormúsica de unir a las dos bandas en “Mis amigos”, que habla de eso, del culto a la amistad. Nos comparan bastante hasta un punto, más allá de que no sea muy parecida la música, en cuanto a la identidad: la cuestión popular, lo festivo, la alegría.

Como los Decadentes, ustedes influyen en muchas bandas. ¿Lo notás?
Por ahí mostramos un camino, que esto no es tanto secreto. Obviamente que también necesitamos de esos artistas misteriosos. Me encanta Babasónicos y son mortales, pero su imagen en el escenario es la del misterio: vas a ver una banda con una presencia, con un vestuario, con una puesta. Hay bandas que muestran una cosa artística tan fuerte que vos no te los imaginás cómo son en sus vidas privadas: a Adrián no me lo imagino yendo al chino con las calzas. Pero yo voy a cantar como me estás viendo ahora. Es la propuesta de cada uno: introvertido/extrovertido, divertido/menos divertido...

Otro punto que los une con los Decadentes es que lograron cierta validación para lo popular y festivo.
Cuando empezamos, nos mataban, igual que hace 30 les pasó a los Decadentes. Después nos salimos con la nuestra: mostramos que no éramos una banda de verano, ni una joda o un desastre. Supimos evolucionar; no nos quedamos en “El mono relojero” ni “Vení Raquel”. Hoy de todas esas cosas nos reímos y miramos con sorna a los que nos criticaban. Sigo haciendo lo que más me gusta... Fuimos consecuentes: esa es la palabra que define lo que es Kapanga. Y después hay otros factores, como buenas canciones, ritmo, onda, respeto... Cuando empezamos no era tan común la mezcla de estilos. Los únicos que mezclaban era Mano Negra. De nosotros en adelante puedo mencionar a un montón. De “La bolsa” me cansé de decir “Che, no es mía, es de La Bersuit”. Y de Los Piojos, “Como Alí”: hasta nos robó una parte del estribillo, con cariño. Nosotros le metimos un pedazo de Iron Maiden a “Ramón” y casi vienen los Maiden a sacarnos las pertenencias. ¿Y nadie le dice nada a Ciro que nos robó “emborrachá mi corazón” de “El mono relojero”?.

Ahora también hay aceptación para la cumbia, un género que fue muy bastardeado.
Pablito Lescano va a tocar en el Lollapalooza. ¿Sabés cómo está él respecto a todos los que lo critican? Meándolos desde arriba de un techo y cagándoseles de la risa en la cara. ¿Por qué? Porque se salió con la de él. Y está muy bien: es tan honrosa la cumbia como el heavy metal. No le estás robando la plata a nadie. Estás haciendo lo que te identifica. En el caso de Pablito Lescano, creador de un estilo, llamá lo que quieras a sus canciones y lírica, pero pasaron 20 años y toca en Lollapalooza. No hay más palabras. Se acabó la discusión de si la cumbia, si el rock… El Pepo tranquilamente puede ser cantante de bailanta o cantar en una banda de punk rock. Hay un montón de músicos respetables en la cumbia.

Se ganaron su lugar.
¿Viste? Contra todos. Es un género que desde hace 20 años tratan de matar, por todos los medios posibles, pero no pudieron porque hay un público que decide escuchar ese estilo, y hay que respetar sus decisiones. Vos en tu radio no lo pasés, pero dejá que tenga su lugar de expresión. Se armaron uno propio, fueron mucho más inteligentes. El rock somos 200.000 bandas y no tenemos un programa que dure dos horas de música en vivo. Ellos tienen uno que dura ocho: Pasión de sábado. A lo largo de los últimos 20 años fueron más consecuente que todos los que tenemos una banda de rock.

¿Y eso cómo se explica?
Es que el rock es más egoísta, incluso entre nosotros mismos. Un colega pega un hitazo y decimos “¡qué canción de mierda!”. Yo lo digo, en muchas ocasiones. “Despacito”... Para mí es un temazo. Me da vergüenza, pero es un hit y contra un hit no se puede. Matalo, criticalo, hacele todo lo que quieras. Pero contra el gusto de las personas, no se puede.

¿Cuál creés que fue el momento en que Kapanga se ganó su lugar?
Hicimos un quiebre en Botánika: empezaron a aparecer otras canciones, otras melodías. Entre 1998 y 2004 fueron seis años de defender las canciones y tocarlas en vivo; teníamos que demostrar que nadie nos había regalado nada. Como la cumbia, nos ganamos nuestro pequeño espacio en la música. Ahora el reto es que Spectaculum sea lo que pensamos que va a ser. Artísticamente está buenísimo. El puntapié inicial, en la Usina del Arte, lo demostró.

Su paso a la independencia, a partir del disco anterior, ¿fue lo que les permitió afrontar estos desafíos?
También está eso. No había un proyecto para hacer un disco este año, pero si hubiésemos estado con una compañía lo lógico habría sido grabar. Pasaron dos años de la salida de Motormúsica y al no haber canciones nuevas fue que se nos ocurrió esto. Por el simple hecho de pensar de que un año más íbamos a estar recorriendo el país con las canciones de siempre. Era un poco sentir: “¿el año que viene lo mismo?”. Hagamos algo distinto: butacas, teatro, lindas salas. Cuando propusimos este show todos nos preguntaban: “¿Cómo van a hacer para mantener al público sentado?”. Y fuimos a la Usina del Arte y hubo 900 personas a las que si en el último tema no las arengaba un poco para que se paren, no se levantaba nadie.