12/09/2018

Juanse: “Creo no haberme traicionado nunca como artista”

Después de los Ratones, el cantante está de vuelta como solista con "Stéreoma".

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Juanse

En un momento de la entrevista, Juanse dirá que está cansado de que le pregunten sobre su conversión al catolicismo porque ya no es asunto nuevo. Pero cuesta salir del tema si el disco solista con el que volvió después de la reunión de los Ratones Paranoicos tiene un título que descubrió estudiando Teología. Stéreoma, que así se llama el álbum, “es una palabra que se usaba muy poco al inicio del Génesis, como mucho dos veces”, explica el cantante. “Stéreoma significa firmamento y de ahí salió el concepto del águila para la tapa. Le dije a mi hija Bárbara que proyectara un diseño que tuviera que ver con el águila, que en los Evangelios es la imagen de San Juan. Y yo soy Juan…”

Stéreoma es un álbum que sorprende, a veces al punto del desconcierto. En primer lugar, por su eclecticismo: quien espere más de lo mismo, saldrá defraudado… o aplaudiendo la decisión de no estancarse. “Fui relacionando ese vuelo a través de la exploración de un estilo que parece que está atrapado en una estructura muy reducida, de cuatro tonos, pero que en realidad aparece como lo que es: algo simple que puede llegar a ser muy complejo”, explica el músico. En el mismo álbum, Juanse canta con Pity Álvarez y con el Padre César, intenta registros vocales diferentes, se apoya en guitarras acústicas y, sí, cada tanto se despacha con un rock and roll, su marca registrada. La presentación del disco será el sábado 15, en Museum, en un show anunciado como de “Grandes éxitos”.

Pity es un artista enorme, un compositor, un poeta. En el pasado está lleno de artistas que han enfrentado estas circunstancias, que han tenido que defenderse o han tenido una exacerbación de su situación sin contar con contención.

¿Por qué buscaste otro registro vocal para algunas canciones del álbum?
En la primera época de Ratones no tenía en claro qué color de voz iba a usar y experimenté varias cosas. Sobre todo, me interesaba mucho la frecuencia de Iggy Pop, de Javier Martínez, de Lou Reed, de David Bowie… Y bueno, quedó como un recuerdo latente, porque después encontré esa dirección que era el color de voz mío sin buscar un registro forzado, que es algo a lo que siempre me resistí. No me gusta tener que buscarle la voz a algo que no es en forma natural. Es también un mensaje artístico hacia una actitud más relajada con respecto al compromiso de tener que tener éxito o rendir examen. El disco no responde a nada de eso, es un disco ecléctico que está hecho con un proceso bastante largo de preproducción y con una banda ya consolidada.

Entonces, ¿la idea fue retomar esas voces con las que habías experimentado?
No, es algo que salió. Para mí daban esas voces… A partir de poder desestructurarme con respecto a Ratones, puedo ejercer una nueva visión de lo vocal. Tal vez, en la banda hubiese sido complicado hacerlo reconocible, lo cual hubiese jugado en contra de Ratones. En cambio, acá estoy más libre, tengo la posibilidad de usar registros que me gustan… simplemente porque me gustan.

En “Ana y el sol”, por ejemplo, usás una voz grave que remite a Iggy Pop en Blah Blah Blah o Peter Murphy…
Hay cosas que son inevitables. No creas que no probé posibilidades… Con Max Scenna, que es el coproductor del disco, tenemos una interacción muy importante: trabajamos juntos en Abbey Road, hemos hecho La Biblia, trabajamos en la previa del disco… Pero ahí es donde te das cuenta de que… suena. Y, tarde o temprano, es lo que va a terminar emergiendo, a pesar de que hay parámetros que marcan un impacto inicial, porque uno también espera… Es como ir a ver un show de Rod Stewart y que no toque “Hot Legs”: creo que lo matan de un piedrazo (risas). Pero, por otro lado, él también va a un lugar de canciones populares clásicas, pero inevitablemente el show lo termina con ese set.

Y a vos debe pasarte con los temas de los Ratones.
Y, es lógico. Pero eso es lo que hizo que ahora esté hablando con vos.

Bueno, pero son tus canciones.
Sí, pero es algo que muchas veces critican. Es algo que entendí cuando tuve mi primer encuentro con Keith Richards, que vino como solista en el 92. La lista era de los discos Talk Is Cheap y Main Offender, que era el que estaba presentando en ese momento, pero el trasfondo de la cosa era que terminaba con “Connection” y “Satisfaction”. Y ni hablar de los Stones: la lista de un show del 89 es casi la misma que la de un show de hoy. Agregan uno de los nuevos, ponele, pero la gente no va a ver qué temas de blues grabaron ahora los Stones sino a ver cómo Jagger canta “Satisfaction”.

Y del lado del artista, ¿no es frustrante no poder mostrar el material nuevo?
No, porque ya lo hiciste, el tiempo ya pasó. Inclusive, este disco para mí ya es parte del pasado, porque ya lo hice. Lo que sí, este es uno de esos discos que arrancan una etapa. Es de esos que, cuando nadie espera que algo suceda, sucede. Puede que parezca un disco más, pero no lo es: está hecho con una preparación de producción muy importante. Nuestra costumbre de trabajar en estudios importantes como Marathon, Abbey Road, Ardent, Magic Shop o ION te dan cierta dinámica que te hace ver las cosas desde otro ángulo. Dale los mismos elementos a un artista plástico contemporáneo y dáselos a Picasso, y Picasso te descarta el 60 por ciento, pero con el otro 40 por ciento te hace algo que nadie va a lograr. Pero eso no forma parte del talento y todo eso, nada que ver: forma parte de la experiencia. Bueno, en esos cuatro tonos en los que venimos manejándonos hace más de 30 años tenemos la posibilidad de generar nuevas opciones, para poder irnos después hacia otros lugares que producen como un estado de relajación… Creo que el que escucha advierte que al artista no le está importando tanto vender, convencer, gustar o agradar, sino que está haciendo lo que le gusta. Eso es lo que debería darle dinámica de retroalimentación.

También hay artistas a los que se les nota lo contrario, esa desesperación por “pegarla”.
Y sí, es como el botox: te lo hacés y te ves bien, entonces vas de nuevo, pero después de un par de veces quedás todo deforme (risas).

¿El paralelismo musical sería el exceso de autotune? Vos lo usás sólo en una canción, “Perdoname”.
Claro, lo uso como un efecto. Todos lo usan, ¿eh? Yo nunca lo había usado porque siempre canté sobre las bases que hago, entonces nunca hizo falta. El 70 por ciento de lo que grabé lo hice en el extranjero y el autotune es una cosa que está ahí, en el costado. Incluso, a veces se usa más para algunas guitarras, para algunos emparejamientos de planos. Es que el sonido ofrece posibilidades que a veces no te da la pintura, por ejemplo.

Juanse

Ya que lo mencionás, ¿con qué artista plástico te compararías?
Y, Dalí. Dalí es todo, desde el punto de vista artístico. Fra Angélico y Dalí, para mí no hay nada más alto. Fra Angélico porque es el artista que mejor representó el proceso de la pasión, la resurrección, la anunciación, el nacimiento, la transfiguración… Fra Angélico es “el” artista plástico. O Rafael, que es como una catarata interminable… de agua. No hay otra forma de definirlo: es como un fluir de transparencia, de arte alto. Ahora que estuve en el Vaticano me quedé impactado.

¿Te sentís en una misión parecida a la de ellos?
No, porque creo que ellos querían trascender. Lo mío no tiene nada que ver con eso; lo mío es trabajar.

¿Trabajar?
Sí, hacer lo que me gusta: poner la viola en un escenario y tocar. No me interesa permanecer en la memoria ni que me hagan una estatua; esas estupideces nunca las pensé.

Pero compusiste “Enlace”, ya estás en la memoria de un montón de gente…
(Se ríe) Me causa gracia porque en la época que lanzamos el disco, en 1988, ya teníamos un grupo de gente muy drogona que nos seguía y que nos gritaba “‘El láser’, tocá ‘El láser’”. Un día en un baño uno escribió “Padre Rainbow”, ésa fue el colmo… Pero andá a saber, eso que a nosotros nos causa gracia quizá sería lo que ahora le causaría gracia a Rafael al ver cómo nosotros apreciamos determinadas obras que hizo. Es muy impresionante ver cómo Dios dotó con talento a artistas como él o Miguel Ángel… Espero que hayan sabido aprovecharlo, porque si no, ya sabemos que hay una rotisería esperándonos…

Bueno, pero vos durante años encarnaste lo contrario a lo que decís hoy.
Justamente, ese es el proceso que uno puede dar como testimonio: permanecer en la obra, no renunciar a aquello a lo que fuiste dotado. Si te dieron una misión específica, una artesanía, una gracia, un don, peor sería renunciar a todo eso y ahora que uno está bien no mostrarlo. Justamente, a lo que va la conversión es a que, ahora no formás parte de la galería, expresa algo con lo que vos nunca tuviste que ver. Yo no soy el agente secreto de “Enlace” ni el que tiene la banda de rock and roll en la otra calle. Tal vez sea el del “Rock del pedazo”, porque lo hice a los 14 años. Pero no soy yo el protagonista de la historia.

¿Y ahora?
Tampoco. Se le puede decir misdrash a lo que hago ¿Misdrash qué es? Darle a una narrativa un contenido cargado de fantasía, de una especie de encanto. Bueno, un encanto que en algunos genera un horror tremendo. No sé cómo explicarlo… Cogorno o Maccio no estaban pensando en cuánto iba a valer su obra mientras la hacían. Yo estoy haciendo esto porque lo necesito; necesito verme realizando esto. Entonces, está claro el contexto de lo que se busca.

¿Por qué grabaste con el Padre César, más allá de tus creencias religiosas?
No, el Padre es un gran amigo…

Pero musicalmente por ahí no están tan cercanos.
No creas, grabé un tema de él que es alucinante (“Pastillas”). Aparte, me calzó bárbaro a la voz, la canto como si la hubiera cantado toda la vida. Esa es una canción que se parece mucho más a mí que todo el resto de lo que hice.

Antes grabaste tu propia versión de La Biblia según Vox Dei ¿Es tan importante como testimonio de la búsqueda espiritual desde el rock que no se puede sino volver a ese disco?
No, lo que pasa es que en La Biblia encontré muchas imperfecciones desde el punto de vista interior mío y quería escucharlo como a mí me gustaba. Tampoco me interesó que guste o no. A mí me encanta, me parece que quedó renovada, con efectos que había que hacer, con las colaboraciones que hubo…

¿Cómo te llevás hoy con la ideología del rock?
No, nunca hablé de eso en las canciones, si querés revisame. Yo hago rock and roll y el rock and roll no tiene ideología: el rock and roll es la ideología en sí. Todo lo que está políticamente insertado en el rock and roll, no es rock and roll.

Pero hoy tenés una creencia religiosa…
Bueno, pero eso es superior. No vas a comparar a Dios con el Che Guevara… Es Dios, el creador de todo; el otro era un tipo que andaba de acá para allá con un toscano, matando gente.

Bueno, pero eso es una cuestión de fe.
Yo a eso le agregaría fe-o (risas). Son distintos análisis que podés llegar a elaborar. Identificarte tan claramente con una figura forma parte de un esquema de idolatría para el que a cierta edad ya tiene que pasar de largo totalmente. Es como el que colecciona peluches de Bugs Bunny… Hay súper millonarios con todas las ediciones de los peluches de Bugs Bunny que se fabricaron, con las etiquetas y todo… Psicológicamente, te estás refugiando en eso porque necesitás que tenga un contenido y, lamentablemente, a tu alma entró… Bugs Bunny (carcajadas).

Pero, ¿no se puede decir lo mismo sobre las religiones?
No, no, porque hay un sacrificio de por medio. Hay compromiso, hay… un fracaso. En el caso de Cristo, la cristología pasa por el fracaso, no por el éxito: ves a Cristo crucificado. Lo que pasa es que ese fracaso es el signo de que él, al resucitar, venció a la muerte. Él engañó a la muerte haciéndole creer que había vencido, pero después resucitó y ahora nos está escuchando. Esa es la victoria, que es mucho más grande que el éxito. El éxito es una piña bien pegada, un nocaut. Ganar plata, gastarla… Fijate cómo quedaron los grandes millonarios de todas las épocas. Esa compulsión a tener un bienestar exacerbado genera otro conflicto muy grande, que es el vacío del alma.

Foto: Cecilia Salas

Con tus amigos del rock de antes, ¿seguís teniendo relación?
Sí, con los que están vivos me llevo muy bien. Ya pasó la época de querer invadir el mundo…

Bueno, pero debe haberles costado entender tu cambio.
No, ya pasaron ocho o nueve años… Si sigue la temática es porque me preguntan en las notas. Todos lo tomaron bien porque son artistas. El artista comprende. Todos tuvieron su conversión, algunos hacia un lado y otros hacia otro.

¿Y Pity, al que invitaste a cantar “Mismo camino”?
Pity es un artista enorme, un compositor, un poeta. En el pasado está lleno de artistas que han enfrentado estas circunstancias, que han tenido que defenderse o han tenido una exacerbación de su situación sin contar con contención. Cuando algo te sale bien, decís “soy Gardel”. Sí, sí, pero, ¿antes o después de que se quemó el avión? Porque si sos Gardel, cuidado… Todo es relativo. El valor más grande que nosotros poseemos es el de la salud, que es algo que se le agradece a Dios. Nosotros tenemos el albedrío para que esa salud no se transforme en algo trágico. En la medida de que podemos dar testimonio de que todo puede hacerse desde un ángulo sano… Dentro de nuestras posibilidades, porque tampoco somos santos ni perfectos. No hay perfección en nosotros, pero si podemos tener la intención de la santidad. O sea, ¿santificar nuestro trabajo qué es? No mentirnos a nosotros mismos. Lo peor que podés hacer es traicionarte; como artista, en mi caso. Y creo no haberme traicionado nunca como artista, por eso me acuesto y me levanto tranquilo. No me importa lo que digan o lo que piensen. Siempre me causa gracia que, cuando hacés rock and roll, te acusan de estar reiterándote, pero en realidad los que se reiteran son ellos, haciendo siempre la misma crítica desde hace 30 años.

La pregunta sobre la relación con tus amigos músicos también apuntaba a que fuiste el único rockero que salió a apoyar la postura de “las dos vidas” en el debate sobre el aborto ¿Lo charlaste con ellos?
No, es que a mí no me interesa… Son cosas que yo llevo adentro, es lo que yo siento. Yo respeto mucho la opinión de los demás. Aparte, supongo que tendrán sus formas de observar la situación, pero yo, por mi conformación y mi formación, pienso de esa manera. Todos hemos atravesado etapas traumáticas, en todos los aspectos, en la adolescencia, pero una cosa es tener la previsión y otra es darle libertad a algo que realmente no tiene sentido. Porque, la verdad, decir que no importa tampoco es válido. Es como que yo te diga que este disco no me importa…

¿Hablás de la libertad de abortar?
Es que no hay libertad, hay que tomar conciencia en el acto previo. Es como que te diga “No tengo la libertad de saltar por el balcón”. Sí, bueno, saltá, ¿qué querés que te diga?

No es lo mismo.
El final de la vida es el mismo. O sea, ¿cuándo empieza a funcionar la vida? Cuando empieza a latir, cuando empieza a funcionar el sistema: ahí hay vida. Está bien, pisar a una hormiga, ¿cuántas hormigas hemos pisado? ¿Qué cargo de conciencia podemos tener por eso? Ninguno. Pero, al fin y al cabo, si dejás que todo suceda, eso se va a transformar en algo igual que vos y que yo, así que ahí no hay discusión.

Pero precisamente el tema está en no dejar que eso suceda.
Y bueno, eso ya es un problema serio. Fijate que ahora hacen cola para renunciar (a la iglesia católica a través de la apostasía), algo que es irrenunciable: si te bautizaron, ya estás bautizado. Ahora, que vos nunca hayas creído… Andá y hacé lo que quieras. Cada uno… aparentemente es dueño de lo que hace. Aparentemente. Vos sos un capo, pero a los 60 ya medio que empezás a dudar, a los 70 más… Jagger corre a los 74, pero cuando vas al sanatorio se te llena el respaldo de la cama de estampitas (risas). Nunca falla.

Pero a vos no te pasó eso.
No, pero lo veo y lo vi. Andá a decirle a una persona que gasta toda su fortuna y lucha para poder tener un hijo que le digan que no a la vida. Fijate la contradicción de la situación. Es tremendo eso.

Pero hay un problema de salud pública, mujeres que mueren o quedan estériles por abortos clandestinos.
¿Y vos creés que van a morir menos? No, está comprobado. Estados Unidos ahora lo va a anular.

Todos los países desarrollados tienen aborto legal.
Ah, bueno, ¿pero los países desarrollados no son contra los que luchamos para que no nos sigan invadiendo? ¿Ahora son buenos? Los países desarrollados son los que exterminaron a la mayor cantidad de gente en la historia de la humanidad.