08/05/2019

Juan Ingaramo: "Menos mal que no soy rockero"

Pop militante para no convertirse en Morrissey.

Juan Ingaramo

Juan Ingaramo abrazó el pop global de una manera tan orgánica que no nos dimos cuenta. Sólo basta con comparar el título de su primer disco solista con el del tema que abre Best Seller, su álbum más reciente. Pop Nacional se llamaba aquel, "Lengua universal" se llama este, que, encima, se mueve sobre una base de reggaetón lento.

"Me encanta el reggaetón y considero que puedo hacer buenos reggaetones, entonces... ¿por qué no hacerlos?", explica con sonrisa eterna Juan Ingaramo antes de su show en el Teatro Vorterix este viernes 10 de mayo. "Ese que hice es medio popero, un poco conceptual, y en la letra lo fundamento, pero también puedo no explicarlo".

Abanderado en la música pop en su acepción más expansiva, Ingaramo demostró en Best Seller y en los singles siguientes (la bachata "Romeo y Violeta" y "El campeón", con aires folklóricos) que puede hacer propio cualquier sonido que le sirva de vehículo para sus canciones. "Es una especie de manifiesto de mi relación actual con nuestra música y nuestra región", cuenta. "La identidad se la da mi voz".

Mis canciones no fueron construidas para durar para siempre, fueron parte de un camino que hacen que hoy pueda decodificar en música más sinceramente la realidad.

¿Encontrar una identidad sonora es algo que te preocupa antes de entrar al estudio?
Es que la identidad está en el hecho de que a todas las canciones las canto yo. Eso lo aprendí después de estar enroscado mucho tiempo con mis ganas de probar otras cosas. Y hubo gente que me dijo "Siempre va a sonar a vos porque vas a cantarlo vos". La voz es la fundamental ahí. Al disco lo pensé de acuerdo al paradigma de consumo de hoy, esa cosa de las stories: es cortito y tiene todo. Hoy tu teléfono es tu mundo, y esta colección de canciones pueden entrar en ese ratito y muestran como veo esta movida. El disco en sí era una opción, no era necesario ese formato. Ahora pienso y no no lo necesito, puedo sacar las canciones sueltas.

Y si sacás un tema nuevo cada dos meses, das la sensación de estar activo constantemente. No tenés que esperar hasta tener diez temas nuevos para el próximo disco.
Es liberador eso, antes tardabas dos o tres años. Ahora estás con la caldera prendida todo el tiempo y me parece genial, porque es para lo que estamos. Aparte, ahora que estamos en la era de la fugacidad hay que estar más abiertos que nunca a las nuevas formas. Mis canciones no fueron construidas para durar para siempre, fueron parte de un camino que hacen que hoy pueda decodificar en música más sinceramente la realidad. No tengo la necesidad de que mi obra trascienda temporalmente, ni yo como artista. Me lo he cuestionado mucho. Una vez estuve con Andrés Calamaro y me leía unos poemas para futbolistas que estaba haciendo, eran de un nivel extremo, de una calidad... Y ahí decís "Tengo que abrir un quiosco", pero es porque Andrés ha sido un icono que viene de otra época. Cuando te comparan a Duki con Charly... no tiene sentido. El mundo ha cambiado tanto que no alcanzamos a darnos cuenta.

Bueno, vos ya usabas autotune en Pop Nacional y es de 2014.
Me encanta el autotune, siempre me pareció genial. No es un pedal de efectos, es un plan más allá. El trap me apasiona, no puedo creer cómo apareció una forma nueva en este mundo que generalmente replica todo. Son pibes que dicen otras cosas, de otra forma, y que encontraron otros modos de difundir. Todo es nuevo, es diferente. Como sociedad, claramente hemos fracasado, hay que tirar todo. Y no hace falta que un tema dure para siempre, puede durar dos meses y está perfecto.

¿Te resulta difícil no caer en la lógica voraz de las redes sociales?
Esa es la trampa de hoy en día. Instagram, el like... se te acaba la batería o te quedás sin internet, y no hay nada. Es mortal eso. A mi me sirve mucho mi viejo, que es músico o mi novia, que es actriz [N. del R.: está en pareja y espera un hije con Violeta Urtizberea] y es muy conocida, y para ella nunca significó nada más de lo que realmente es. Tengo gente muy cercana que de golpe van a verlos a un show y ya se consideran especiales, tocados por la varita mágica. Y para mí no hay nada de eso. O cuando hablan del mérito... Yo tuve la suerte de que mis viejos me permitieron una educación piola y rodeada de afectos, y pude aprender lo que me gustaba, pero al pibe que limpia los vidrios no le hables de méritos porque él no pudo elegir nada. Los artistas estamos en un falso pedestal de creernos inalcanzables y eso es contraproducente.

Y parece que la tienen cada vez más difícil para no compartir todo el tiempo todo lo que hacen.
Trato de aferrarme lo más que puedo a la idea de guardarme cosas para mí, de tener lugares que sean míos, pero es complicado. Los artistas del pasado hicieron su carrera en una era distinta, podían resguardar una cuota de misterio. Imaginate a Lennon con Instagram (risas). Ahora estamos todos mostrando qué morfamos... Estoy ahí, sé que es necesario pero también lo voy negociando en el día a día, sintiéndolo. Es difícil el juego, y no es que tengo planeado qué comparto y qué no. Trato de que sea sincero y verdadero, eso es fundamental: no hay una masturbación alrededor mío. Muchos lo hacen y esta perfecto si les funciona estar todo el día así, mientras estén en equilibrio y no sufran...

Sin embargo, tu relación con Violeta te trajo un mínimo de exposición mediática.  ¿Cómo te llevás con eso?
Siempre tuve claro lo que quería. Porque es seductor todo eso... cuando no lo conocés. Pero a mí la mano Ángel De Brito nunca me atrajo mucho porque tampoco lo necesité en mi universo. Y no me parece mal si sabés aprovecharte de eso, ¿eh? A mí siempre me dio miedo, incluso. Por suerte, Viole lo tiene súper manejado y yo estoy en el lugar re cómodo de ser "el novio de...", así que no tengo drama.

Pero también tus shows se vuelven cada vez más convocantes. ¿Te preguntás qué pasaría si te convertís en una estrella masiva?
Sí, re, pero porque son las primeras veces, también. Cuando presenté el disco en Córdoba, la gente cantaba todos los temas al palo, de principio a fin. Estuve toda la primera parte del show tratando de entender qué pasaba. Eso, sumado a que no deja de ser un acto medio absurdo ponerme en un escenario frente a gente... Estamos en una época en la que hay muchos paradigmas derrumbándose… y no se derrumba el arte ni la performance, pero sí por qué uno lo hace y por qué está detrás de todo eso. Me lo pregunto y en ese ejercicio se van descubriendo cosas. Hay algo afectivo e intuitivo que me pasa con la música: lo que más me interesa es hacer canciones. Cantarlas en vivo es un flash, pero es intenso. Es bravo pero a la vez es un oficio sagrado; estoy conectado con algo muy profundo mío y la gente me lo devuelve con amor. Es un flash, pero bueno, estoy ahí viendo cómo es.

Juan Ingaramo

¿Te incomoda en algún punto esa devolución del público?
Es una bendición, no me jode; me encanta que me tiren buena onda, pero hay que saber manejarlo. En marzo del año pasado, fuimos a tocar al Vive Latino y en la cena no se podía comer carne; el catering y los puestos de comida eran sólo de comida vegetariana porque Morrissey estaba tocando. Después lo fui a ver uno o dos temas y pensaba "¿Qué le pasa a este tipo? Es ridículo". Y yo me dedico a lo mismo, quiero ese lugar, en un punto... No en el sentido de que estoy buscando eso, sino de que me dedico a esto y que el objetivo es llegar la gente. ¿Quiero eso? ¿Quiero tener ese poder absurdo? Estás en contacto con una zona delicada de tu ego. Es para estar ahí, con cuidado y conectado lo más posible a cosas sanas, rodeado de gente piola... porque si no te convertís en Morrissey (risas).

Igual, si hay algo de lo que nunca renegaste es de ser un músico pop, casi de forma militante.
Sí, pero no haciéndome el capo sino por haberlo elegido. En el pop siento que tengo libertad plena. Y un poco digo "menos mal que no soy rockero", porque ahora estaría hasta los huevos. No saben qué hacer.

¿Te referís a la caída de la pose del rockero como macho alfa?
El machito está en todos lados, pero el rock lo vendía también musicalmente. No sé, si hubiese elegido ser rockero, ahora tendría que andar con botas de cuero y chupines, la puta madre. Siento que al pop lo elegí por eso. Me acuerdo de pendejito ir a Cosquín Rock y ver la interacción entre artistas y público en el rock, y siempre me interesó mas lo que pasaba con otros tipos de música. Ver al público rockero de una banda que creo era Rata Blanca putear a Dante (Spinetta) durante todo el show... y después salieron los Miranda!, dos androides sin género. Estuvo re bueno porque rompía con esos orcos. Dárgelos mismo supo coquetear con el rock pero con esa cosa de no saber qué es. El pop es un lugar de libertad y puedo hacer lo que quera, en el rock hay un deber ser muy claro que hay que respetar y seguir hasta el final. Me voy a otro lado, es corta.

Pero incluso dentro del pop uno puede ser ortodoxo.
Sí, pero en mi caso tiene que ver con los prejuicios de los cuales uno se va emancipando y liberando: ese ha sido mi camino en la música. Vengo de un seno de músicos jazzeros, más para pocos que para muchos, que no es culpa de mi casa, ¿eh? Estudié música en la facultad... y lo que sigo haciendo es liberarme de eso. Cuanto más me libero es cuando mejor me siento.

¿Cuánto de esa exploración la planificás antes de entrar al estudio?
Creo que es algo más romántico que cerebral, va más por lo que siento. Te aparece una melodía, una idea, y no te aparece por estudiar, se te prende. Se me ocurren las ideas y se las digo a Nico Cotton, que es el number one, y él las ejecuta y las potencia al mil. La otra vez, un amigo boludeando me cuestionaba que mi música era comercial. Y yo pensaba que vendo canciones como un sastre vende trajes, y quiere que sus trajes sean los mejores y los más vendidos. A mí me apasiona construir canciones para que las gente las consuma. Después, en esas variables con las que te topás, vas definiendo, decidiendo y mejorando. Tengo una cuentita ahí, que es "Tiempo + Trabajo = Algo". Sí o sí, algo. Si después la obra está buena o no tanto, bueno, depende de otras cosas, pero en todas las disciplinas el trabajo te lleva algún lado.