29/04/2016

Joselo Rangel: "Siempre me sentí escritor"

El guitarrista de Café Tacvba presenta su libro de cuentos "One Hit Wonder".

En sus primeros tiempos como guitarrista de Café Tacvba, Joselo Rangel acostumbraba aclarar en las entrevistas que no se sentía músico. El tiempo pasó, la carrera junto a la banda siguió, e incluso el no-músico publicó dos discos solistas, Oso (2002) y Lejos (2006). Y luego editó en Crócknicas de un tacvbo las columnas que escribía en el diario mexicano Excélsior, aunque, claro, enseguida dijo que no era periodista. Pero ahora que llega para presentar en la Feria del Libro su segundo libro, One Hit Wonder (Almadía), dice que sí se siente escritor. "Es que se me ocurren historias... Muchas de mis canciones tienen que ver con pequeñas narraciones más que con otro tipo de acercamiento a la composición: lo mío no es la canción confesional".

"Es cierto que cuando empecé en Café Tacvba me daba cuenta de que no era músico, en el sentido de que no me comporto como los demás músicos, o que mi acercamiento a la música no es como el de otra gente que conozco, que estudió o que tiene una cierta disciplina", continúa el autor de canciones como "María", "Esa noche", "El baile y el salón" y "Cero y uno", entre otros temas de la banda. "En todo caso, soy otro tipo de músico. Siempre me consideré más un compositor de canciones: lo que más me gusta de la música es eso. Y lo que rescato de mi proceso es que siempre he estado ligado a contar historias, o a combinar la letra con la música. Siempre me gustó mucho leer. Desde chico soñaba con ser escritor de ciencia ficción o hacer guiones de historietas. Y si pensaba en rock, pensaba en el que escribía las canciones".

Con Café Tacvba nos damos cuenta de lo que generamos juntos, que es algo que no cambio por nada. Hay una química entre nosotros y afuera hay un público esperando.

Los cuentos que compila One Hit Wonder fueron publicados originalmente en tu blog. ¿En qué momento pensaste que tenías material maduro como para tomar forma de libro?
Fue porque se me acercó mi amigo Bernardo Fernández, a quien originalmente le había contado la idea de hacer el blog y publicar un texto cada semana. De hecho, en ese momento le había dicho: "Oye, ¿puedo mandarte los textos y si ves algo que pueda mejorar me avisas?" Era como un taller, pero con un amigo en el que confío. Él me ayudó durante dos o tres meses, después lo hizo mi hermano (Quique Rangel, bajista de Tacvba) y más tarde Juan Vázquez Gama, por eso les agradezco en el libro. Pero Bernardo, que es escritor y guionista de novela negra y ciencia ficción, cuando estaba acabando 2014 me dijo: "Ya tienes una buena cantidad de cuentos, ¿qué vas a hacer con ellos? ¿Quieres buscar una editorial?" Pero yo no estaba buscando eso como meta, lo que quería era escribir, me interesaba más el contenido que la forma de difundirlo. Él me presentó la gente de Almadía, que se interesó en hacer el libro. Se empezó a trabajar a principios de 2015, salió en septiembre y le ha ido bien de ventas y de crítica. Hubo como una nueva visión de mi trabajo, viniendo de Café Tacvba pero yendo hacia otro lado. He estado yendo a ferias del libro...

¿Cómo es esa experiencia?
¡Me encanta! Es una experiencia muy distinta que ir de gira a tocar y hasta las mismas entrevistas son sobre otros temas... Ahora, por ejemplo, vine a Buenos Aires por una semana, cosa que jamás sucede cuando vengo a tocar. Entonces tengo tiempo de sentarme a ver la ciudad, de buscar libros... Además, he conocido a muchos escritores mexicanos, a quienes de otra manera no hubiera conocido. Empecé a leer a escritores mexicanos que tienen unos 35 años y la forma en la que me conecto con ellos es en las ferias de libros. Esa generación de escritores mexicanos tiene su público, está teniendo mucha repercusión. A veces presentan mi libro y son todos más jóvenes que yo...

¿Y no te cholulean?
Un poco, sí (se ríe).

Claro, no dejás de ser el guitarrista de Tacvba... ¿Y no tuviste la duda sobre si tus cuentos eran buenos o sólo te prestaban atención por ser parte de la banda?
Por eso hice el blog y no fui directamente a una editorial. Muchos me decían que sólo con mi nombre podía conseguir un contrato, pero eso era exactamente lo que no quería. El blog lo hice yo: le pedí a un amigo que me enseñara, mi hermano me hizo el diseño, y yo subía un cuento cada semana. Usaba las redes de Tacvba para comunicar, pero de repente empezó a llegar gente que era externa. Y el mejor "halago" que me hicieron fue "tu música no me gusta pero tus cuentos sí" (risas).

¿Cómo creés que fue tu evolución con la escritura?
Con las crónicas en el Excélsior me di cuenta de iba ganando oficio de poder contar lo que quería, entonces entendí que lo que tenía que hacer era escribir. No cuestionarme nada, no buscar mi voz ni mi estilo: escribir. Tenía muchas ideas para hacer cuentos. Al principio era difícil, pero poco a poco fui encontrándome. Lo que a mí me gusta leer son novelas, desde chico con los cuentos siempre sentí que me faltaba algo. Pero cuando empecé a escribir, sentí que los cuentos eran como canciones de tres minutos, que van directo al grano. Entonces, si escribo canciones, podía escribir cuentos cortos.

¿Pero ahora vas a ir por la novela, que sería como un disco conceptual?
(Risas) Sí, estoy trabajando en eso. Hay que ir creciendo... Tengo varios cuentos que escribí en el mismo universo que pueden construirse como una novela, pero ya estoy pensando en la que sigue, que sería una novela planteada como tal desde el principio. Y tengo que hacerlo para darme cuenta de con qué herramientas cuento... Me di cuenta de que para aprenderlo, tengo que hacerlo. No hay ningún libro ni ningún taller que pueda contarte cómo es escribir; tienes que sentarte a hacerlo.

Sin embargo, confiaste en tus amigos y en tu hermano para hacer esa especie de taller. ¿Qué devoluciones te hacían?
Hubo un cuento que le mandé a mi amigo y me dijo "no, no está pasando"; pensé que podía ser que no le gustara a él, entonces se lo mandé a mi hermano, y él me contestó "no, no funciona". Me di cuenta de que tenían razón, porque el personaje era siempre el mismo, terminaba igual que como empezaba.

¿No había conflicto?
Exacto. Y eso es algo que sólo puedes aprender haciéndolo. Después de trabajarlo, resultó uno de los cuentos de los que más me gusta y encajó bien en One Hit Wonder.

Si no te hubieran marcado que el cuento no funcionaba, no habrías aprendido.
A veces me decían "creo que debería acabar aquí" o "empieza aquí", y después me daba cuenta solo de que había partes que no eran necesarias. Es lo mismo que me pasa con las canciones. Cuando llevo canciones al grupo, mis compañeros también llegan con otras buenísimas, entonces tengo que competir con eso y esforzarme a hacer algo de calidad. He llegado con canciones de las que Meme (Del Real, tecladista) me dijo "yo le cortaría toda esta estrofa". Hay gente que me dice "cómo puedes", pero confío en mis compañeros y veo que crece la canción. ¿Cómo voy a ir en contra de eso? Creo en los productores musicales y en los editores, entonces de esa manera sí puedo trabajar. Y me dicen "oye, pero eso no es normal", porque todos están así como "no toques mi obra". Pero si es para mejorar...

Bueno, más allá de cuentos y novelas, existe algo llamado Café Tacvba, ¿te suena?
(Risas) Exacto, hay que trabajar. A veces pasan los años y no nos damos cuenta de que pasó mucho desde el último disco. No es que dejamos de trabajar, lo que no hacemos son discos: seguimos de gira, nos juntamos a hacer algo nuevo, pero no grabamos. Pero la semana próxima aterrizo y voy derechito a hacer el arreglo de canciones: cada quien lleva las suyas y hacemos el arreglo. En junio veremos dónde estamos, le mandaremos las canciones a (el productor Gustavo) Santaolalla, y juntos decidiremos si ya está el disco o no.

El último lo grabaron tocando en vivo. ¿Van a intentar algún camino diferente esta vez?
No sabemos todavía. Lo que sí, terminó nuestro contrato con Universal, así que estamos libres y queremos experimentar algo en relación a eso: ver qué pasa fuera de esta industria en la que estuvimos tanto tiempo.

¿Cuántas canciones vas a llevar a ese encuentro la semana próxima?
(Se ríe) No voy bien provisto, tengo sólo dos. En el último disco no hubo canciones de Rubén y para éste trajo 15. Se va rotando la cantidad, entonces no hay problema.

Rubén armó una banda paralela llamada Hoppo con la que hace música latinoamericana y habla mucho sobre ecología, mientras el resto de ustedes parece estar en otros asuntos. ¿Cómo siguen encontrando un punto en común?
Quién sabe... Creo que la clave está en las canciones. Aunque no parezca que soy tan distinto a Meme o a Quique, sí lo soy. No es que el más distinto sea Rubén, aunque sí, se nota más. Pero coincidimos en las canciones. Eso no ha cambiado desde nuestros inicios. Rubén tiene Hoppo porque puede explorar cosas diferentes que en Tacvba, que es lo mismo que me pasa a mí con la escritura. Y cuando vuelvo al grupo, se convierte en otra energía. Nos damos cuenta de lo que generamos juntos, que es algo que no cambio por nada. Hay una química entre nosotros y afuera hay un público esperando.