22/08/2016

John Grant: "La música siempre fue un respiro del dolor de la realidad"

Antes de su llegada a la Argentina, un GPS para los múltiples viajes de un cantautor diferente.

Prensa

"Estoy en medio del campo, no te imaginás lo hermoso que es. No podrías creer los pájaros que hay. Estamos en verano y hay pájaros hermosos por todos lados", dice John Grant cuando se le pregunta por Islandia, la tierra que adoptó como propia, y desde la que desarrolló una carrera ascendente en cuanto a público y a calidad artística. La historia del cantante estadounidense, nacido en Michigan y criado en Colorado, es la de un hombre que se repuso de muchas adversidades hasta encontrar su voz como artista, aunque incluso entonces debió lidiar con problemas de salud y adicciones. Los últimos tiempos han sido mejores para Grant, que con su último disco Grey Tickles, Black Pressure terminó de redondear su mezcla de canciones profundas con synth pop. Y la presentación del álbum lo traerá a la Argentina como parte del Festival BUE.

"Hace años que estoy fascinado con la Argentina, he visto muchas fotos de Buenos Aires y películas argentinas como Nueve reinas o La mujer sin cabeza...", confiesa el ex The Czars a través del teléfono. "Me parece un lugar muy romántico debido a Astor Piazzolla y al tango que he escuchado. Además, parece tener una onda muy europea antigua, lo cual es muy diferente al resto de los países de América latina. Así que me resulta un lugar muy especial... Y, por supuesto, uno escucha sobre las tormentas políticas y económicas que hay cada tanto. Definitivamente, me resulta atractivo por lo que he visto y por mi amor por el español".

Grant, que tiene 48 años, es un entusiasta de los idiomas (habla ocho) y la lengua de Cervantes le resultaba útil en sus trabajos de juventud: "Cuando volví de Europa, adonde había ido a estudiar alemán y ruso, trabajaba mucho de mesero y aprendí español para hablar con mis amigos mexicanos. Compré libros tipo 101 verbos, aprendí las conjugaciones, el subjuntivo... No es fácil y menos para hacerlo por las tuyas, pero ya había aprendido gramática alemana y rusa, entonces era fácil empezar con el español".

Quería descubrir un modo de vivir en este mundo porque me sentía una especie de subhumano, ya que estaba luchando mucho con mi homosexualidad. Fue un momento muy difícil y me costó mucho descubrir qué quería hacer en la sociedad.

¿Cuándo descubriste que podías escribir canciones?
Empecé a escribir cuando era bastante joven, pero creo que sin darme cuenta de lo que estaba haciendo: sólo tocaba mis pequeñas melodías en el piano. No fue hasta la década del 90 que me di cuenta de que quizá también tenía una voz, tanto en el sentido figurado como en el de una voz que podía cantar. Sabía que quería descubrir un modo de vivir en este mundo porque me sentía una especie de subhumano, ya que estaba luchando mucho con mi homosexualidad. Fue un momento muy difícil y me costó mucho descubrir qué quería hacer en la sociedad.

Cuando trasladás esos problemas a las canciones, lo hacés con un sentido del humor muy cáustico. ¿Siempre te lo tomaste así?
Creo que sí. Cuando era muy chico era sencillamente feliz, dichosamente inconsciente del mundo. Cuando empecé a darme cuenta de que no era muy bienvenido en la escuela, la iglesia o lugares así porque era considerado un extraño, desarrollé mi sentido del humor como un modo de supervivencia. Siempre me sentí muy comprendido en la música y las películas, especialmente los primeros films de Woody Allen: me siento muy identificado con ese humor. Para mí era una suerte de refugio.

Dijiste que el rock’n’roll había salvado tu vida.
Diría que la música está salvándome la vida desde el principio, proveyéndome de otras opciones y otras maneras de ver las cosas, dándome un respiro del dolor de la realidad, de sentir que no encajás o tratar de encontrar dónde pertenecés. Mi medio de supervivencia es la música, sin dudas. Y los idiomas.

Esa búsqueda de encontrar adónde pertenecés, ¿también fue geográfica? Porque sos de Colorado y vivís en Islandia...
Creo que es algo que sucede más en mi interior, porque hay muchos lugares hermosos en los que imagino que podría vivir y sentirme cómodo. Y hay montones de pelotudos y de buena gente en todas partes (risas). Es algo que tenía que pasar dentro de mí: debía aceptarme más del modo que soy como para poder ser parte de una comunidad.

Siempre hablás de la influencia que tuvo en vos el synth pop de los 80, pero en canciones como "Black Lizard" hay un claro vínculo con Kraftwerk.
Creo que esa canción tuvo más influencia de John Carpenter, pero Kraftwerk siempre tiene influencia en lo que hago porque su música es una de mis cosas favoritas en todo el mundo, por supuesto. Ellos me influyen todo el tiempo, me dé cuenta de ello o no, porque hace décadas que escucho esa música. Lo mismo me pasa con Cabaret Voltaire, Yello, Depeche Mode, Pet Shop Boys, Visage, New Order, Gary Numan, y también con el tecno industrial de Skinny Puppy, Front Line Assembly y Ministry. Esto seguro de que también hay algo de eso en "Black Lizard".

¿Sos de los compositores que esperan a las musas o de los que las invitan a venir?
Hago las dos cosas. El mejor método para empezar es invitarlas: sentarte a escribir, ponerte a tocar el piano... Siempre tengo frases escritas y pensamientos en la cabeza, entonces diría que las invito. Pero también a veces las espero, porque si algo no sucede, lo mejor es esperar al resto. Sólo podés hacer hasta cierto límite. Así que es una combinación.

¿Tenés esas epifanías en las que te aparece de la nada una melodía o un estribillo?
Sí, a veces. Te llega algo en un momento: a veces es toda una canción, otras un pedacito de algo... y otras veces tenés que sentarte y no sólo invitar a las musas sino arrastrarlas hacia vos (risas).

Empezaste como cantante con The Czars, pero cuando esa banda se separó, pensaste en dejar la música. ¿Cómo se te pudo ocurrir semejante cosa?
Es que me sentía un fracaso, que estaba demasiado roto como para poder comunicarme con la gente desde un escenario. Eso me resultaba muy frustrante y atemorizador, porque sabía que podía hacerlo, pero no me salía. No fue hasta que empecé a hacer mi música como solista que empecé a lograrlo. Y todavía es un viaje en el que estoy inmerso: no me resulta fácil, pero ahora lo disfruto más. Hace poco di uno de mis shows más grandes fue en el Royal Albert Hall de Londres, con capacidad agotada, y al final subió a cantar Kylie Minogue, estuvo Richard Hawley, lo abrió la banda de Wrangel Steven Mallender de Cabaret Voltaire: fue una increíble noche de música. Pero uno está parado en ese escenario frente a varios miles de personas y... es aterrador. También es divertido, claro, pero hay muchas cuestiones técnicas involucradas que hacen que a veces te cueste estar concentrado completamente en la música. De todos modos, diría que lo pasé bien. Y también que estoy convirtiéndome en el performer que siempre supe que podía ser. Lento pero seguro (risas). Volviendo a la pregunta, creo que no habría podido dejar la música, pero sabía que algo tenía que cambiar. Además, estaba por primera vez sobrio en mucho tiempo, porque había dejado la bebida y las drogas para poder acomodar mi vida, entonces me sentía muy al desnudo porque no tenía ninguno de mis modos de esconderme de la gente. Siempre había usado a las drogas y al alcohol como juguetes para escapar. Así que sentía que no podía hacer música.

Con toda tu historia previa, cuando sacaste tu primer disco solista, Queen of Denmark, y tuvo éxito de público y críticas, ¿te sentiste más reconfortado o sorprendido?
(Duda) Diría que fue una combinación de ambos, porque me sorprendí, pero también fue como decir "sí, sabía que podía hacer esto, que estaba dentro de mí". Lógicamente, la sorpresa fue porque no esperaba que sucediera a esta altura de mi vida.

Después de eso, revelaste durante un show que tenías HIV y explicaste que lo habías dicho porque era tiempo de componer una canción sobre eso. ¿Fue difícil convertir ese tema en "Ernest Borgnine"? Porque, aunque siempre escribiste sobre situaciones negativas que habías atravesado, eso era en tiempo presente.
Sí, fue un poco difícil, pero lo que quería hacer con respecto al HIV era entender que era algo completamente evitable. No tendría que haber pasado. Me sentí muy avergonzado y culpable, porque incluso después de haber dejado las drogas y el alcohol seguía teniendo comportamientos autodestructivos. Cuando me diagnosticaron el HIV, me hizo darme cuenta de que todavía me trataba como la mierda a mí mismo, sólo que ahora lo hacía con el sexo. Y el resultado fue esta terrible enfermedad. Entonces, la canción fue como el deseo de poder tener una conversación conmigo mismo, aunque suene re pelotudo. Pero me hubiera gustado poder hablarle a ese niño interno y decirle "¿Qué carajo estás haciendo? No tenés por qué hacer eso. Hay millones de niños en África que nacen con HIV y que no tuvieron el lujo de ir a una discoteca y tomar decisiones estúpidas. ¿Por qué estás jodiéndote la vida de este modo?" Así que hacer la canción fue difícil, porque significó que tuve que asumir varias cosas complejas sobre el modo en que estaba viviendo. Pero creo que fue bueno poder hacerlo.