16/11/2017

Javiera Mena: "Mi activismo es el de la autenticidad"

La cantante chilena encara un viaje al interior de sí misma.

Cecilia Salas

Con poco más de diez años de carrera, Javiera Mena logró ser una referente para su país, algo que pocos músicos pueden. Desde sus comienzos con el suave e intimista Esquemas juveniles (2006) a los affairs electro-pop para pista de baile de Otra era (2014), la artista chilena vio su obra mutar tanto en estilo como en resonancia. Las etiquetas con las que carga hoy son distintas: de joven promesa pasó a ser una referencia ineludible en el pop de su país, y de ser considerada una simple cantautora a ser abanderada (aunque sin buscarlo, remarca) del feminismo y la comunidad LGBT.

Mientras prepara su nuevo trabajo, a estrenarse en marzo de 2018, Mena aprovecha el cierre de año para convertirlo también en un cierre de ciclo. La despedida definitiva a Otra era y la bienvenida a lo que llega, representado por "Dentro de ti", el primer corte difusión del próximo álbum. Para la celebración, los shows vienen por partida doble. Se presenta hoy en el Teatro Sala Ópera de La Plata, y mañana en Studio Crobar, en Buenos Aires.

Abandoné la guitarra como instrumento y creo que se pueden lograr cosas igual de íntimas con los sintes que una guitarra acústica.

Tus recientes éxitos te llevaron a girar por Asia. ¿Qué conclusiones sacás de esa experiencia?
Fue la primera vez que estuve en Japón, China y Corea del Sur. Me encantó, pero sé que es un mercado muy difícil, porque ellos consumen mucha música de allí y a lo sumo abren los ojos hacia el inglés. El español es para ellos una cosa rara, sería como que nosotros escucháramos música en chino. Son lugares en los que me sentí casi bendecida de poder tocar porque mostrar tu música allá es muy difícil para un latinoamericano, pero la recepción fue súper buena. Creo que se sorprendieron de ver música así en español, porque nos relacionan solamente con la salsa o cosas por el estilo, algo que pasa también en el resto del mundo respecto a Latinoamérica.

¿Y cómo es ahora volver a dar shows acá, donde ya te presentaste antes?
Estoy entusiasmada porque hace tiempo que no vengo. A La Plata nunca he ido y daré un show por primera vez ahí. Es como decir “este es mi lugar”. Después de estar por afuera, que será muy lindo y todo, siento que cosas como el viaje a Asia no dejan de ser una cosa aislada. Aquí tengo todavía mucho por hacer, seguir tocando, ir a distintas provincias y regiones. Este tramo de la gira es más que nada venir a la Argentina y Chile a cerrar lo que fue Otra era, y presentar “Dentro de tí”, es un paso a lo que se viene. La idea después de este cierre es presentar el álbum en marzo y hacer un show completamente diferente.

La temática del viaje está presente en tu nuevo single, pero en la forma del que uno hace al interior de uno mismo. ¿Lo pensaste mientras estabas allá?
Sí, tiene que ver con los viajes que hago, pero lo pensaba también en los que hacen los demás. El darte cuenta de que el viaje más difícil de hacer es el viaje al interior de uno, a pesar de que lo único que necesitas es a ti mismo. Es más fácil incluso comprarse un boleto de avión e irse a otro país que sentarte y decir “bueno, voy a ver realmente qué me pasa”. Entonces a eso apunta la canción, como diciéndole a alguien: "Mira, tú que has viajado a tantos lados y ganado todo esto, ¿has hecho algo tan difícil como ir dentro de tí?". Es algo que se construye, una búsqueda constante que no tiene fin.

Este es el primer adelanto del nuevo disco, del cual aún no diste a conocer el título. ¿Ya tiene fecha?
A finales de marzo del año que viene. Tengo que llegar a la fecha y es un reto para mí que sea inamovible, porque vengo de un trabajo más independiente. Ese es el cambio más grande que he visto, porque en cuanto al disco y su composición, es lo mismo. Todavía no le puse título porque se los doy cuando tengo las canciones listas y elijo el orden. Mi idea ahora es trabajar con personas diferentes, que de hecho lo estoy haciendo al colaborar con distintos productores. El disco está enfocado al pop electrónico como los anteriores, aunque lo orgánico puede aparecer quizás en cosas como algunos pianos. También es un poco más tranqui. “Dentro de tí”, por ejemplo, es beat, pero más tranquilo.

¿Qué motivó que sea más "tranqui"? ¿Una decisión consciente o simplemente se dio?
Son momentos. No sé exactamente qué, pero tiene que ver con cerrar los ojos cuando estás haciendo el beat y decir “A ver, ¿qué quiero hacer?”. Y me han salido beats más lentos, pero que tampoco son del todo lentos, aunque sí lo son al lado de una canción de 130 bpm como las que hay en Otra era. Tengo mis propios ritmos y este es un disco que creo que se va a destacar por los mid-tempos, que pueden ser bailables pero también puedes escucharlos en tu casa. Me gusta esa mezcla, esa cosa de la balada, que es muy intensa y melódica, pero ponerle un beat. Como los Pet Shop Boys, para poner un referente.

¿En algún momento pensaste en dejar el beat de lado? Como en Primeras composiciones 2000-2003, que eran canciones más acústicas.
Todavía no lo pienso. Abandoné la guitarra como instrumento y creo que se pueden lograr cosas igual de íntimas con los sintes que una guitarra acústica. Y por ahí va lo mío: llegar a un sonido que te pueda envolver con pocos elementos. Me gustan tanto los sintes que casi que no queda espacio para otra cosa.

Aunque no sea desde la guitarra, ¿ves a tus primeras canciones aparecer hoy en tu música?
Lo que pasa con mis primeras composiciones es que no son canciones románticas. Son canciones que hablan de otras cosas, por ejemplo el ir en el auto con tu papá escuchando música y que suene algo que te da como un orgasmo. Ese tipo de cosas creo que puede que se rescaten en este nuevo disco. Pasa en “Dentro de ti”, que no es de romance. Aprendí del pasado a no hacer canciones que sean simplemente románticas. No “simplemente” en forma despectiva, porque también es muy poderoso hacer una canción romántica, pero irme hacia otros lados, incluso hasta metafísicos.

Esos orgasmos musicales los mencionás en la canción “Supapilapuso”. ¿Hoy por dónde pasan?
Creo que mis orgasmos musicales están marcados por la música antigua, como el funk de los 70 y la música disco, aunque también me gusten cosas nuevas. Me quedé ahí, en un loop. La música disco es la base de todo: ahí se empezó a experimentar con los sintes, con las cajas de ritmos. Tengo suerte de que se haya vuelto a poner de moda (risas). Como el último disco de Calvin Harris, que es súper disco, porque es el ADN de la música dance.

Antes mencionaste la idea de algo "metafísico", que no es la primera vez que aparece en tus entrevistas ¿De dónde surgió y cómo influye en tu música?
Me lo dijo mi hermano y me gustó mucho. Hablar cosas en las canciones que quizá no se tratan en el pop, que suele estar más ligado a la canción romántica. Y yo siento que, por ejemplo, las canciones de Virus o Gustavo Cerati son 100% metafísicas; hablan de cosas que no son físicas, más difíciles de describir, una lírica más abstracta incluso. Quiero ir más para ese lado, pero sin abandonar la idea simple del pop.

Otra cosa de la que te alejaste además del romance es la protesta: dijiste que tus canciones eran políticas, pero no de protesta.
Creo que cada artista quiere dar una obra y en mi caso me gusta que toque otro tipo de energía que no es la de la protesta, que es como de fuego. Mi música apela más a la prevención que a protestar. Por ese lado va lo mío; esa cosa curativa que te pueda dar la música, el puro sonido, que ni siquiera hay que decir una palabra para mostrarlo. Me ha pasado que hay gente que me da las gracias por mis canciones porque les han hecho bien y eso para mí es lo mejor de esta profesión.

¿Sentís como una responsabilidad esto de que a la gente le signifique tanto tu música? A lo largo de tu carrera se te vio como icono de distintas causas.
Lo veo como algo importante en mi carrera, pero nunca me sentí con la camiseta de muchas etiquetas que se me han puesto, que vienen de la prensa. Hace tiempo que tener una buena canción no es una súper noticia; interesan más cosas que tienen que ver con tu personalidad. Cuando dije que era lesbiana fue un boom en Chile y por eso se me embanderó. Sabía un poco lo que iba a pasar, pero no era a lo que yo apuntaba: buscaba no mentir y no ser una persona adentro del clóset. Pero si sirvió para que otras personas puedan ser también honestas y asumir lo que son, me parece bien y me siento orgullosa de eso, aunque no es mi fin ser una abanderada gay ni mucho menos. Hay gente que es activista y está mucho más metida en eso. Yo soy músico y hay cosas que me acompañan, y en ese sentido mi activismo es el de la autenticidad.

Hay algunos temas que casi inevitablemente aparecen en tus entrevistas, como el feminismo. ¿Te gusta seguir hablando al respecto?
Sí, creo que hay que hablarlo porque es un tema que hasta hace poquito tiempo no se trataba. Cuando yo era pequeña no sabía que existía el feminismo y en mi generación tampoco lo sabían. Pero siempre lo fui, en un sentido de construir; admiro mucho a mis colegas hombres que me han enseñado. Va mutando mi definición de cómo soy como feminista, aunque siempre lo he sido desde muy pequeña, sólo que antes no lo sabía. Pero también encuentro que a veces se convierte en un fanatismo y puede caer en un exceso, que obviamente va a pasar, porque hay mucho dolor detrás que es milenario. Entonces tiene que haber un momento de ruptura y choque, porque sino no pasarían cosas. Pero a la vez es peligroso, porque se está generando también mucho odio en torno a esto.

Incluso habías mencionado una cierta tendencia a “tirar piedras” a través de las redes sociales ante los casos de abuso.
Ahí me estaba refiriendo a casos como en Chile, por ejemplo, que han habido abusos y se han condenado a los que son de la banda y ellos no tienen que ver con la persona del abuso. Obviamente con lo que pasó con El Otro Yo, María Fernanda Aldana no tenía nada que ver con lo que hacía su hermano. Se condena a todos los de la banda y el abusador es un abusador, y los demás no tienen por qué saber qué pasa en las habitaciones de los chicos.

En estos más de diez años de carrera, ¿viste cambiar la visión que se tenía sobre el abuso?
Antes no se hablaba y yo sentía conductas de exclusión; de ir a un estudio y decir “llevo mi proyecto y produzco”, y que se asumiera que una mujer no lo hacía. Lo normalizaba, por lo que tenía que ir una y otra vez y pedir “¿le podrías subir más a la voz?” sin que se me tomara en cuenta. Pero aprendí que tenía que tener una actitud más guerrera. Eso es algo que las mujeres tienen que hacer: tener una actitud amazónica, porque nos tocó lamentablemente estar en un recambio. Creo que va a ser un cambio muy lento; de aquí a 500 años. No sé qué va pasar. Quizá retrocedemos. Son pocos los países donde veo que las mujeres están más avanzadas, pero no deja de ser en las capitales: te vas a pueblos y no es así. Estamos encerrados en un círculo de artistas en el que sí avanzan cosas, pero te vas a las provincias y son distintas.