11/09/2018

James Rhodes: “Me encantaría tocar con Charly García”

Se busca Piano Bar para ese encuentro.

Dave Brown / Gentileza

“La industria de la música clásica está llena de la gente más horrorosa del mundo. Son snobs, egocéntricos y extremadamente pretenciosos”, explica James Rhodes, mientras sus palabras entran en una suerte de crescendo, una leve pero contundente variación en su tono amable. Y su queja tiene sentido: para el pianista y escritor, que fue abusado sexualmente en reiteradas ocasiones por un profesor del colegio desde los cinco años, la música clásica fue una terapia, una salvación. Y a diferencia de los snobs que menciona, él la quiere compartir con la mayor cantidad de gente posible.

Desde esa perspectiva radica su éxito mundial: en Instrumental, su libro autobiográfico en donde habla de cómo la música lo ayudó a convivir con sus traumas, y Toca el piano, en donde se propone enseñar a cualquiera a tocar el “Preludio Nº1 en Do Mayor” de Bach en seis semanas, acerca al género a nuevos públicos. Y como consecuencia, Rhodes es uno de los concertistas más aclamados -y cuestionados- de la actualidad: “Un montón de gente dijo que no soy un gran pianista, y creo que tienen razón”, desliza ante la mención de una esas críticas, previo a presentarse en el ND/Teatro, el próximo 17 de octubre.

En tiempos donde tenemos A Trump en la Casa Blanca, donde todo se cae a pedazos, donde te morís por hacerte un aborto en la Argentina, podés escuchar música y ver de lo que somos capaces de crear.

¿Y entonces qué tiene que tener una persona para ser un gran pianista?
Para mí, grandes pianistas son (Daniel) Barenboim o (Martha) Argerich, por ejemplo. Y todos comparten lo mismo. A los 20 segundos de escucharlos podés darte cuenta que son algo singular. Podés escuchar cien grabaciones distintas de las “Variaciones Goldberg” y todas suenan igual, pero en el momento que escuchás la de Glenn Gould suena totalmente diferente. Un gran pianista es alguien que encuentra algo nuevo para decir acerca de una pieza que se tocó miles de veces.

¿Y vos encontraste algo nuevo en las piezas que tocás?
Sí. Si no lo hubiese hecho, no las tocaría. Sólo toco y grabo aquellas composiciones en las que siento que tengo algo nuevo para contar. Y trabajo mucho para encontrarlas, siempre respetando al compositor, pero buscando que suenen un poco más frescas.

Se podría decir que tu logro más importante es haber acercado a un nuevo público a la música clásica.
Creo que tenés razón. Desde que empecé a tocar en público, siempre hablé unos minutos con los espectadores acerca de la pieza que iba a realizar. Si le das un contexto, el público responde de una manera diferente. Siempre se mira a la música clásica como algo que le pertenece a otros, que hay que estar muy educado para entenderla. Y nada de eso es verdad.

Es un género que parece alejar a la gente ya desde las reglas de etiqueta.
¿Por qué la gente usa esa ropa ridícula en el escenario? ¿Y por qué sentís siempre que estás yendo a la iglesia, con todas esas reglas como no poder hacer ruido? Podés vestirte como quieras y aplaudir cuando se te antoje. Podés simplemente cerrar los ojos y disfrutar de la música. Y esa parte es la más increíble del género, te cambia la vida.

Además de acercar la música al oyente, también lo hacés a quien quiera aprender a tocarla con tu libro Toca el piano ¿Por qué es tan importante esta búsqueda para vos?
¡Claro, cualquiera puede tocar Bach! Es gracioso: en un diario español dijeron que ese libro era peligroso. Me parece algo comiquísimo. Y en otro dijeron que era algo frívolo, y esa forma de pensar es el problema de la música clásica. Siempre tiene que ir hacia la gente snob, sólo les pertenece a ellos. No podés tocar el piano a menos que hayas estudiado por 15 años ¡Es una idiotez! Podés tocar a Bach en seis semanas. Obviamente que con un libro no vas a poder tocar un concierto de piano de Rachmaninoff en el Carnegie Hall. Pero vas a poder tocar un preludio pequeño y, si te gusta, buscar un profesor. Y creo que tenemos la responsabilidad de decir “esto no es cómo lo pensás”. Los músicos no somos diferentes a nadie, ni genios torturados y frágiles con un don maravilloso que nadie puede entender. Lo que hacemos es igual a cualquier otro trabajo, practicamos y preparamos las cosas.

Siempre decís que la música clásica te salvó la vida ¿Por qué no otro género?
Sí hay otros. Por ejemplo, Queen. Freddie Mercury también me salvó la vida, o David Bowie. Es algo universal. No puedo pensar en un sólo adolescente en cualquier lado del mundo que no vea a la música como una de las cosas más importantes de su vida. Es más universal que la iglesia, incluso que el fútbol. En mi caso, el 95 por ciento es música clásica, y estoy feliz de que sea así. Creo que desbloquea algo adentro mío porque en una sinfonía de 15 minutos hay otras emociones que en una canción pop, donde hay una sola en tres minutos. Es como un viaje épico, una droga mágica.

En una entrevista dijiste que “la violación es como una mancha que está siempre presente”. Hoy en día, movimientos internacionales como el Me Too están ayudando a que las víctimas hablen del tema y se lo trate de una forma diferente ¿Te ayuda a mirar tu historia desde otra perspectiva?
Sí y no. Sigo pensando lo que dije, la mancha nunca se va. Si le preguntás a cualquiera que haya sufrido una experiencia de violencia sexual o un trauma va a decirte lo mismo. Me Too es increíble porque al fin la gente está escuchando. Pero mirá lo que pasa con el Papa, el líder de una institución que por décadas encubrió a pedófilos. Sigue sin hacer nada. Dice “estamos apenados”, pero eso no es suficiente. Aún falta mucho. Tenemos que hablarlo más, y tener las esperanzas de que un día el sistema legal cambie, los medios de comunicación, las iglesias y las escuelas cambien, y abracemos una cultura en donde las víctimas de abuso sean honradas y respetadas, y los perpetradores no sean protegidos.

Hace algunas semanas, el congreso argentino declinó la posibilidad de sancionar una ley de aborto legal, seguro y gratuito en el país, algo que profundiza esta falta de protección desde el estado.
Sí, estaba al tanto. Qué desgracia de mierda. Creo que su vicepresidenta dijo algo así como “si te violan, tenés a tu hijo y lo das en adopción sin problemas”. No podés inventar algo tan enfermo como eso ¿Cuál es el problema de esta gente? Es una situación terrible. Honestamente, no entiendo cómo en 2018, un país como la Argentina, que en tantas áreas es profundamente avanzado, empático y creativo, todavía esté trabado en el siglo XV. Es shockeante. Siempre voy a estar a favor de las decisiones que una mujer tome con su cuerpo. Y a la mierda cualquier político que piense diferente.

En un contexto como el tuyo, ¿qué te brindó el éxito que lograste?
Creo que tenemos que tener mucho cuidado con algunas palabras como “éxito” y con cómo las definimos. Pensar que el éxito es manejar tal auto o verte de determinada manera… Para mí, el éxito es superar un día sin lastimarme, lastimar a otro o lograr dormir bien. Y sigo bastante lejos de eso, pero me estoy acercando día a día. No podés medir el éxito en cuántos conciertos das o cuántos discos o libros vendés. Tiene que medirse en la cantidad de amabilidad que inspirás. Entonces no diría que soy muy exitoso, pero estoy trabajando en eso.

Mirándolo de esa manera, podría decirse que la gente que lee Instrumental y vivió experiencias como la tuya, puede sentirse menos sola. Y eso sí puede entrar en tu forma de ver al éxito.
Es verdad. Tengo cientos de mensajes de personas que pasaron por experiencias iguales, leyeron el libro y por primera vez sintieron que alguien los entiende. Y se sienten mejor. Instrumental fue enviado a cárceles en España para ayudar a rehabilitar a violadores, se enseña en facultades de psicología, psiquiatría y criminología, y eso es increíble. Nunca esperé algo así al escribirlo.

Hace ocho años firmaste un contrato con la discográfica Warner Music, una de las más importantes dentro del pop y el rock ¿Por qué creés que la música clásica tiene menos seguidores que estos géneros?
No sé la respuesta. Pero sí sé que subestimamos a los adolescentes creyendo que tienen una capacidad de atención limitada. Toqué en el Festival Sónar y vi que los adolescentes son más abiertos que los adultos. El problema es la mala reputación del género. La industria de la música clásica está llena de la gente más horrorosa del mundo. Quieren quedársela para ellos mismos. Y obviamente nadie va a querer escuchar algo así. Pero en mi experiencia, nueve de cada diez veces los chicos piensan que es algo tan bueno como The Killers, Luis Fonsi o lo que mierda estén escuchando.

¿Entonces no es un problema de la edad del género, sino de la gente involucrada?
Exactamente. Sé que si Mozart o Beethoven fueran al Teatro Colón a ver un concierto clásico, estarían horrorizados. Dirían “¿qué carajo están haciendo?”. Es ridículo.

El año pasado, Jarvis Cocker y Chilly Gonzalez lanzaron Room 29, un disco con grandes matices clásicos bajo un sello emblemático del género como Deutsche Grammophon. ¿Te gustaría hacer algo así?
Conozco a Chilly y a Jarvis, y soy un gran fan de lo que hicieron con ese álbum. Consideraría cualquier cosa. Tal vez en un tiempo se dé algo así ¿Sabés que me encantaría hacer? Tocar con Charly García. ¿Te podés imaginar eso? Mierda, me moriría de lo cool.

Hay una cita famosa de Bach que dice “Yo toco las notas como están escritas, pero es Dios quien hace la música”. ¿Creés que hay un fuerte sentido espiritual en la música clásica?
Es pura mierda. Dale, no es Dios el que escribe la fucking música como no es Dios el que cura el SIDA. Odio que Bach haga eso, siempre lo hizo. Vos sos el maldito hombre componiendo y dejando un legado por más de 300 años, no Dios. Él merece el crédito, no un hijo de puta raro, místico y prejuicioso. Si la religión te inspira, genial. Pero, para mí, los dioses son él, Beethoven o Brahms. De eso es capaz la humanidad. En tiempos donde tenemos a Trump en la Casa Blanca, en donde todo se cae a pedazos, en donde te morís por hacerte un aborto en la Argentina, podés escuchar música y ver de lo que somos capaces de crear. Es como Borges. O Messi, que lo ves jugar y decís “es un genio”. Y eso, para mí, le da esperanzas al mundo.