11/12/2018

Jaime Sin Tierra vuelve a entrar en pausa tras su show en Vorterix

"Siempre que se cierra una cosa, se abre otra".

Agustín Dusserre - Matías Castro / Gentileza
Jaime Sin Tierra

A Jaime Sin Tierra le tocó ocupar un lugar raro. En pleno fin de siglo, entre el rock combativo que anticipaba una catástrofe inminente y quienes optaban por oficiar de disuasivos de la colisión social en ciernes, el grupo liderado por Nicolás Kramer optó por una tercera posición: la de canalizar las angustias generadas de los dientes para adentro. En una escena independiente que todavía estaba lejos de tener artistas con peso suficiente para hacer un estadio por su propia cuenta, la banda ofició de bisagra entre la línea fundadora y la camada actual de la autogestión, con cuatro discos y un EP publicados entre 1998 y 2003, antes de desaparecer en un fade out sutil, orquestado con el mismo sigilo con el que se hizo su lugar durante su período de actividad.

La diáspora fragmentó a Jaime Sin Tierra en un universo de proyectos individuales: el cantante y guitarrista Nicolás Kramer fundó El Robot Bajo el Agua; su hermano Sebastián publicó un álbum como solista; el baterista Javier Diz ahondó en las aguas del post rock con Jackson Souvenirs; y el bajista y tecladista Juan Stewart repartió su tiempo entre su carrera en solitario y su trabajo como productor e ingeniero de sonido. Desde entonces, lo más cercano a una posibilidad de reunión fue un díptico de shows en El Cubo en 2005, una suerte de despedida improvisada para un grupo que, en rigor, nunca había dicho adiós pero que quería ponerle un cierre mínimamente formal a su propio stand by.

Y así se mantuvieron las cosas durante más de una década, hasta que, en 2017, Jaime Sin Tierra anunció un regreso con la misma discreción con la que se diluyó. Lo que en principio iba a ser una única función en La Trastienda debió reforzar la oferta después de que los tickets se agotasen en poco más de una hora. Sin plan preestablecido, el operativo regreso continuó este año por Córdoba, Mendoza, Santiago de Chile, Montevideo y La Plata para desembocar en un show en Vorterix que se presagia como el cierre de una nueva etapa. “Lo que siempre tuvimos en claro era que no estábamos queriendo retomar el proyecto donde había quedado, porque a los cuatro nos pasaron muchas cosas en todas las áreas de nuestra vida”, explica Nicolás Kramer en la antesala de lo que puede ser el último show de la banda en mucho tiempo.    

Creo que ninguno de nosotros cuatro tiene necesidad de proyectarse más lejos que esto. No es una negación de la posibilidad, sino un ejercicio de afirmación en el presente.

En todo este tiempo parecía medio improbable una reunión de Jaime Sin Tierra. ¿Cómo se articuló para que fuese posible?
Para nosotros también era bastante improbable, creo que no formaba parte ni de las inquietudes ni de las posibilidades de ninguno. De hecho, fue un bache o una pausa muy grande muy significativa: dos de nosotros estábamos viviendo afuera y concretamente teníamos la energía puesta en otras inquietudes y proyectos, ya fueran laborales, personales o familiares. Estábamos con la sensación de que la energía disponible para Jaime había llegado hasta ahí de muchas formas, y de hecho nunca anunciamos una separación porque no sé si hubo una.

Un apagón.
Sí, una sensación que compartimos los cuatro de enfocar la energía en otros proyectos e inquietudes. De alguna forma, de la misma manera también se dieron los recitales del año pasado, que fueron el resultado de una confluencia entre los cuatro en el tiempo y espacio, y con energía disponible. De repente, la idea dejó de parecernos disparatada y lejana, y, sobre todo, tuvimos sensaciones más que ideas. La sensación fue de entusiasmo, de algo lúdico y de ganas de probar. Los shows de La Trastienda fueron el resultado de encontrarnos mucho tiempo antes en la sala, prácticamente un año antes. Ensayar regularmente, reencontrarnos con las canciones, reencontrarnos también entre nosotros, independientemente de que no hubiéramos tomado demasiada distancia, pero sí hubo algo de encontrarnos con regularidad en la sala.

Los proyectos que mantuvieron cada uno por su lado tras ese hiato indefinido, tomaron mucha distancia de lo que era Jaime Sin Tierra...
A mí me parece que lo que hizo cada uno en sus otros proyectos tiene mucho de lo que cada uno le aportaba a Jaime. Probablemente yo, aportando las canciones desde un formato lo más sencillo posible, que responde no solo a mi capacidad sino a una búsqueda, y por el lado de Juan y de Javi, sus aportes atmosféricos, los climas y lo ambiental que siempre tuvo Jaime fue el resultado de lo que ellos también desplegaron en sus carreras solistas... Al reencontrarnos pasaron distintas cosas. No forzamos nada: no nos planteamos las cosas intelectualmente y sí sensorialmente, por llamarlo de alguna forma.

¿Cómo fue volver a ese punto de origen?
No fue un gesto de viaje al pasado, sino una conexión desde el presente con la música de Jaime Sin Tierra, atravesando las cuatro personas que somos ahora. Hay algo de revisitar, algo de homenaje a la música de Jaime y algo que no perdemos de vista, que es el disfrute, la complicidad y las ganas de hacerlo. No hubo plan en el sentido de estrategia o de cálculo. Hubo más bien un sentir acompañado.

¿Creés que influyó en este regreso como creció y se desarrolló la escena independiente en todo este tiempo? Cuando ustedes estaban en actividad era un nicho bastante reducido comparado a lo que es hoy.
Nuestra expectativa, tanto cuando la banda estaba en actividad como al volver, nunca estuvo puesta en el afuera, en el sentido de que nunca estuvimos pendientes de qué estaba pasando en la escena para ver qué hacíamos ni de qué modo nos movíamos. Sí nos damos cuenta de que la escena, las plataformas y el modo de difundir cambió radicalmente. Entonces, de algún modo, la música de Jaime se fue resignificando y fue sumando público en los años en los que la banda no estuvo tocando. De hecho, nuestros proyectos solistas no fueron puestos en marcha para tocar en vivo; tocamos muy poco y estábamos más enfocados en la necesidad o las ganas de grabar cuando cada uno sumaba material. Nos fuimos invitando cada uno a los discos de los demás, y hay algo que se siguió entramando que va mucho más allá de la escena y que fue sucediendo internamente entre nosotros. Eso fue creciendo y parte de los que nos movilizó y emocionó tanto en los shows de La Trastienda fue que no sólo no nos esperábamos la respuesta que hubo por parte del público, sino que no nos esperábamos la respuesta emocional que hubo.

Jaime Sin Tierra

¿Pensás que ese stand by indefinido les permitió tomar noción de un legado de Jaime Sin Tierra?
Sí, lo miro como parte de la sorpresa y la gratitud que mencionaba antes. No es que estuve pendiente de cuántos clicks teníamos; somos muy malos gestores de todas esas cosas. Sí me fui dando cuenta de que hay cosas a las que sólo las podés resignificar y comprender en retrospectiva, y parte de lo que trae eso es, en mi caso, darme cuenta de que Jaime significó mucho no sólo para nosotros sino también para muchas personas, y que hubo algo que sembramos y que tardamos un montón de tiempo en cosechar. En parte, entendí que también para la escena significó algo, ni hablar de lo que significó para nosotros, y sigue siéndolo. Pero también me fui enterando en vivo y en directo mucho a lo largo de este año, del recorrido que hizo la música de Jaime.

Pero habían tenido una prueba de eso cuando las entradas para el primer show de La Trastienda se agotaron en una hora…
A nosotros nos desconcertó muy positivamente, porque veníamos pensando en hacer un único show y especulando con si se iba a llenar o no, medio calculando con cuántos invitados iba a llevar cada uno y demás, y en muy poco se agotó, y pasó lo mismo con la segunda fecha. Eso empezó a ayudarnos a tomar conciencia de todo lo que estoy nombrando, de todo lo que significa y significó la banda, no sólo para nosotros sino también para el público. Ahí empezamos a asumir que se estaba moviendo algo mucho más intenso de lo que nos imaginábamos. A esta altura nos estamos apropiando de algo que probablemente sembramos hace 20 años, a lo que en ese momento sí le estábamos dedicando toda nuestra energía creativa, vital y emocional. Ahora, toda esta serie de recitales que dimos este año nos encuentra parados completamente en otra encrucijada de nuestras vidas, y estamos pudiendo ubicarnos y saber que lo que estamos tomando es parte de lo que habíamos sembrado antes y que creció durante este tiempo.

¿Y por qué la intención de hacer un regreso con fecha de caducidad?
Fue concebido así por el momento vital en el que estamos. Reunirnos partió de un primer encuentro para tomar un café y charlar sobre qué le pasaba a cada uno antes siquiera de ensayar. Desde un primer momento sentimos que entre los cuatro había una resonancia intuitiva de “esto puede estar bueno” o “tenemos ganas de hacerlo”. El paso siguiente a eso fue un año de ensayo, que tuvo como resultado los shows en La Trastienda, que también funcionaban en sí mismos. Lo que vino después de eso fue la propuesta de aprovechar un circuito para visitar lugares significativos para la banda. Fuimos dando un paso atrás de otro y no proyectándonos muy lejos en el tiempo por una cuestión de seguirle la energía al proyecto. Por eso también ahora estamos diciendo que sentimos que Vorterix es un cierre. Lo que nos fuimos planteando llega hasta acá, después podremos ver si hay una segunda etapa o no. Creo que ninguno de nosotros cuatro tiene necesidad de proyectarse más lejos que esto. No es una negación de la posibilidad sino un ejercicio de afirmación en el presente.

¿No sentían la curiosidad de ver qué más les podía dar este regreso?
Estamos cómodos así, porque la sensación continúa: hay gente que recién en Vorterix va a poder vernos, se fue dando un reencuentro con las canciones y el lugar que tocan en las personas es algo que se fue renovando. En paralelo a esto, estuve y estoy cerrando el disco nuevo de El Robot Bajo el Agua. A la par de Jaime, mi energía creativa estuvo muy involucrada en un disco en el cual estuve muy metido, entonces la composición iba por el lado de El Robot y la resignificación iba para el lado de Jaime, aunque todos los Jaime tocaron en el disco de El Robot y demás paradojas... Pero en ningún momento hubo un planteo de ponerse a componer o proyectar un disco de Jaime, el proyecto no lo pidió en ningún momento y lo más sincero que puedo decir es que no sé si va a suceder o no. En este momento no está en mi horizonte y creo que en el de los chicos tampoco. No le cierro la puerta a ninguna posibilidad y en este momento de mi vida, que tiene un montón de particularidades, tampoco estoy para hacer fuerza excesiva para que las cosas sucedan. Le creo mucho más a lo que vayan trayendo los proyectos que a la fuerza que yo pueda hacer para empujarlos.

No deja de ser un poco la dinámica de Jaime Sin Tierra, donde no había pasos premeditados ni de manual. No parecía haber un “plan”.
Totalmente de acuerdo. Nos fuimos moviendo intuitivamente, apoyados tanto en nuestras limitaciones como en nuestras potencialidades, que seguimos descubriendo en el andar, y eso también se aplica ahora. Tuvimos un recorrido bastante particular, como sacar un álbum de rarezas como segundo disco, y una obra extraña, y al mismo tiempo muy significativa. Nosotros seguimos enterándonos de eso y seguimos tomándolo como una especie de regalo, un entusiasmo que se renovó mucho a lo largo de todo este año.

O sea que este nuevo parate es “hasta nuevo aviso”.
No sé si llamarlo así porque eso ya tiene la promesa de algo próximo (se ríe). Prefiero pensar que es por tiempo indeterminado y, citando frases absolutamente trilladas, diría que siempre que se cierra una cosa se abre otra. Lo que se está cerrando ahora, veremos qué abre, bajo qué nombre y con qué integrantes. Creo que aprendimos los cuatro a confiar en la intuición que nos fue mostrando cuál era el siguiente paso. En este caso no deja de ser así y todos lo tomamos de la misma forma.