01/02/2018

Ibeyi: “Nunca hubo muros para la creación en nuestras cabezas”

Las mellizas franco-cubanas desembarcan por primera vez en Buenos Aires.

Amber Mahoney / Gentileza
Ibeyi

La tapa de Ash, el segundo disco de Ibeyi, propone un retrato armado de fragmentos de otros dos, los de las integrantes del grupo. Pero no es tanto el reflejo de una tercera persona, dice la cantante Lisa-Kaindé Diaz, sino la conjunción de su personalidad junto a la de su hermana melliza, la percusionista Naomi Diaz. Ambas son hijas del fallecido músico cubano Miguel Angá Diaz (Buena Vista Social Club) y la cantante franco-venezolana Maya Dagnino, lo que les garantizó una infancia llena de música proveniente de diferentes puntos del planeta. Y eso se nota en la atractiva conjunción de R&B, electrónica, hip hop y música yoruba que llevó al dúo a ser mimado de la crítica y a presentarse en todo el mundo. El sello de la Argentina todavía falta en el pasaporte de las hermanas, pero no por mucho tiempo: tocarán el sábado 3 y el domingo 4 en Niceto Club.

“Lo que estamos intentando con Ibeyi es mezclarnos hasta que de verdad seamos una”, afirma la locuaz Lisa-Kaindé. “Todavía no estamos en ese nivel, eso será en unos años. Se necesita trabajo, es lo más difícil de lograr. Hay muy pocos humanos que pueden lograrlo, tanto en lo musical como en lo demás: en el amor, en el arte… La unión total con Naomi todavía no llegó, pero sí hay unión y eso es lo más lindo. Ibeyi no podría existir sin ella o sin mí, porque es la mezcla de nuestros dos universos”. Una definición aproximada a la música del dúo sería “Bjork en La Habana trabajando con James Blake”, pero mejor escuchar las canciones, claro.

Los shows de Ibeyi son con las dos mellizas solas sobre el escenario, con el piano de Lisa-Kaindé enfrentado al arsenal electrónico y el cajón de Naomi. Y el impacto visual se multiplica en lo sonoro cuando las voces de ambas se mezclan. “Para nosotras es mucho más práctico tocar así, porque sería muy difícil encontrar a una persona que conecte tan bien como Naomi conmigo. Además, Naomi y yo somos muy diferentes, no vivimos juntas, entonces sobre el escenario es nuestro momento privilegiado”, dice la vocalista.

Fue increíble participar de ese momento casi histórico que es
Lemonade. Ese disco de Beyoncé fue muy importante para muchas mujeres negras. 

Dos hermanas, de gira buena parte del tiempo… ¿No surgen problemas entre ustedes?
Sí, como con todo el mundo, hay momentos en que uno quiere estar solo. Pero, la verdad, veo a mis amigos que salen de gira sin su familia y creo que es mucho más difícil eso.

¿Creés que podrían trabajar por separado?
La verdad es que podríamos, pero de momento no nos interesa. Lo lindo es estar juntas.

¿Cómo es la dinámica cuando trabajan?
Es muy orgánica y muy simple. Hago las canciones en mi cuarto y después se las muestro a Naomi. Si a ella le gustan, las trabaja con ritmos y sus ideas; si no le gustan, las trabajo más o las dejo en un lugar, hasta que le gusten un día (risas). En el estudio trabajamos juntas con Richard Russell, que es nuestro extraordinario productor, y ahí es como magia que se produce. Es como cocinar…

¿La mezcla de influencias que muestra su música se cocina ahí o en las instancias previas?
Mitad y mitad: llegamos al estudio con canciones, ideas y ganas, pero después de verdad hay algo mágico. A veces, el momento te lleva a lugares a los que nunca hubieras podido llegar con la canción. Por ejemplo, suena tu teléfono mientras estás grabando y es tan apropiado que después metés un sample, o un ruido raro hace que vayas para otro lugar con el sonido y ese es el detalle que hace a la canción. Son momentos muy increíbles.

Hablando de momentos increíbles, ¿cómo fue participar del video de Lemonade, de Beyoncé?
¡Fue muy lindo! No puedo decir mucho más… Fue increíble participar de ese momento casi histórico que es Lemonade. Ese disco fue muy importante para muchas mujeres negras, en Estados Unidos y afuera. Y también fue muy lindo ver trabajar a Beyoncé, ver cómo ella mantiene todo. No sólo es el mejor disco de Beyoncé, creo que va a ser un disco histórico.

En Ash abordan la situación racial, con la detención que sufriste en Francia (“Deathless”), y la de la mujer. ¿Era algo que necesitaban hacer o se impuso el signo de los tiempos?
Creo que las dos cosas. El signo de los tiempos se impuso, pero también fue muy natural. Tenía que salir ahora. Y lo loco es que esas canciones salieron antes de #MeToo, de Harvey Wainstein y todo lo que está pasando en el mundo ahora con las mujeres hablando más. Ya teníamos esas conversaciones con amigos y con la familia, eran temas que tenían que salir porque los teníamos en nuestros vientres desde hace años, pero igual nos sorprendió cuando salieron. Nunca jamás pensé que iba a hacer una canción sobre ese incidente que tuve en Francia, pero la hice. Y va más allá de hablar de algo personal, o de racismo o de las mujeres: es para darnos y darle esperanza y poder a la gente que viene a escucharnos. Darnos cuenta del poder que tenemos para cambiar las cosas… sabemos que es algo chiquitico, que una canción no va a cambiar al mundo, pero es algo. Y cuando uno hace algo, después tiene fe.

Su mezcla de influencias y estilos, ¿no es también un signo de estos tiempos en que se diluyeron las fronteras entre la electrónica, el hip hop, y el R&B?
Para nosotras, mezclar siempre fue muy natural porque nuestro padre mezclaba muchos estilos y en nuestra casa no había jerarquías para la música. Nuestros padres nunca hubieran dicho que Coltrane era mejor que Eminem o Lady Gaga, siempre escucharon de todo y se inspiraron con todo. Y así crecimos Naomi y yo, por eso nunca hubo muros para la creación en nuestras cabezas. Creo que el mundo está dándose cuenta de eso, de la riqueza que surge cuando uno ya no tiene muros, cuando puede descubrir música de todas partes e inspirarse con ella. Todavía mucha gente no está preparada para eso, las radios y la tele tampoco, pero eso va a cambiar.

Elegiste la palabra “muro”, tan usada gracias a Donald Trump. ¿Los artistas ayudan a que no existan fronteras?
Claro. Los artistas son el último link que tenemos como seres humanos. Por eso creo que es importante ir a tocar a todas partes, descubrir culturas diferentes, otros sonidos. Y también es importante descubrir quién es uno, expresar sus diferencias sin temores y aceptar las formas de pensar y de vivir distintas a las propias. En la canción “Ash” decimos “We can see thru the walls, thru the ceilings and floors” (“Vemos a través de las paredes / a través de los techos y los pisos”). El arte es algo fantástico que nos permite ver más allá de esa caja en la que quieren ponernos. Escuchas a Kendrick Lamar poniendo jazz en sus discos y te sorprendes, porque quizá pensabas que siendo pobre el jazz no era para ti, solo el hip hop. Pero si Kendrick Lamar utiliza jazz, el jazz también es para mí, quizá también me va a gustar. Y así es como uno cruza fronteras.

Y del otro lado, Kamasi Washington, que viene del jazz y trabajó con ustedes (en “Deathless”) y con Kendrick Lamar, también tiene la apertura como para incorporar el hip hop.
¡Claro! Y por eso funciona, por eso nos enamoramos. Entre Ibeyi y Kamasi salió todo tan bien porque él es lo mismo, no tiene fronteras.

¿Y cómo fue la conexión con La Mala Rodríguez?
Fue increíble porque se dio de un modo muy natural. Estábamos produciendo “Me voy” y de repente fue como un flash: “Tenemos que tener a La Mala Rodríguez”. Fue como obvio, pero no la conocíamos. Entonces, Residente nos dio el contacto de ella y le mandamos un mensaje: “Bueno, si te gusta la canción…” ¡y al día siguiente ya nos mandó el rap! Fue muy lindo… La conocimos haciendo el videoclip y nos dimos cuenta de que ella vivía en Cuba, de que conoce a mucha gente que conocemos… Fue mágico y, de verdad, era algo que tenía que pasar.

¿Ustedes vivieron muchos años en Cuba?
Vivimos nuestros primeros tres años en Cuba y después nos mudamos pa’ Francia, pero vamos a Cuba como tres veces al año. Tenemos casa, familia y amigos… nada más nos falta perro, pues (risas). Hay muchos artistas estadounidenses y demás que fueron a Cuba y les encantó, quedaron fritos. Mira, nada más con el hecho de que Beyoncé y Jay-Z fueron a Cuba, después en Lemonade aparecen muchas influencias de Oshun (diosa del agua y la fertilidad en la religión yoruba). En un videoclip está vestida de amarillo y hay como un río que cae de la escalera, esas son imágenes de Oshun. Es muy increíble cuando los negros americanos van a Cuba, porque es como lo más cerca de África, y se emocionan mucho, es muy lindo verlo.