24/11/2015

Hilda Lizarazu: "Si quisiera hacer música convocante, ya tendría que haberme retirado"

El rock argentino visto con anteojos pop.

Las vueltas de la vida se llama el nuevo trabajo de Hilda Lizarazu y bien podría ser el título de la autobiografía de esta cantante que nació en Curuzú Cuatiá (Misiones), vivió parte de su adolescencia en Nueva York, se insertó en el under porteño de los 80, se exilió de Buenos Aires antes de que terminara el milenio y volvió a enamorarse de ella en pleno siglo XXI. Ahora, sentada en un bar de Palermo, parece que finalmente está decidida a vivir aquí unos cuantos años. “Ya no tengo la necesidad de irme, aunque no significa que no me pueda volver a pasar”, afirma relajada y con las energías puestas en este disco que editó desde su propio sello.

De la mano de canciones pop con un sonido orgánico, estilo que ella define como “popclórico”, su cuarto disco solista de una discografía que lleva más de 15 y comenzó en Los Twist con La máquina del tiempo (1985) cuenta con la participación de Lito Vitale, Fabiana Cantilo, Emme y Palo Pandolfo, entre otros. Vestida con pianos, bronces, cuerdas y guitarras acústicas, la voz de Hilda Lizarazu se anima a reversionar a Atahualpa Yupanqui y a Los Gatos, y hasta a liberar al legendario oso de Moris, en un entramado de melodías relajadas que la muestran madura pero con la frescura que la caracteriza.

Este chico Chano debería ser un agradecido. Porque con la voz que tiene... Yo lo escuché en vivo, no canta bien.


Decidiste rendir tributo a los inicios del rock argentino con “La balsa” y también con “Lucía, la equilibrista” una especie de spin off de “El oso”, de Moris. ¿Qué te llevó a revisitar esos temas?
Fue la idea de homenajear a nuestros antecesores musicales. Ellos empezaron con sus canciones en la década del 60 y son la piedra fundacional del rock argentino, del que me siento parte. Y “La balsa” es sin dudas esa canción a la que llaman la primera. En esta versión nueva quise darle un giro musical más soul, con voces armonizadas… Se la mandé a Litto [Nebbia] y por suerte le encantó. Y con “La equilibrista…”, cuando la estaba armando apareció la idea de que era la que liberaba al oso de Moris y me dio gracia. Me encanta acudir a una canción de hace 45 años. Estoy feliz de que Lucía haya liberado al oso.

Vos empezaste a formar parte de la escena cuando volviste de Nueva York en los 80, una época turbulenta de la historia argentina. ¿Cuáles son tus recuerdos de aquellos años y qué sentís que le aportaste a la movida?
Era chica, tenía 17 años. Traje un portafolio lleno de fotos, que fue el que me disparó para tener reuniones en editoriales que me permitieron empezar a laburar. Iba a estar dos o tres meses, venía a visitar a mis padres, pero las vueltas de la vida me hicieron quedarme. Traje las ganas de trabajar profesionalmente. El país estaba en ebullición. Pasé Malvinas, una guerra que hiere y provoca una profunda herida que aún sigue, porque los ex-combatientes todavía están presentando sus reclamos. Era el fin de la dictadura y traje una mirada bastante neutral de una joven adolescente que tenía intereses por el arte y no había vivido momentos complicados. Vine con una mirada fresca, si se quiere.

¿Y con qué panorama musical te encontraste?
Con un montón de gente formando grupos. No existían Los Abuelos todavía, vi la formación de Los Twist, Los Cadillacs… Todos salieron en el mismo momento. Me encantaba, había una movida constante en diferentes lugares, bandas tocando en teatritos; también aparecían Los Redondos en esa época. Fue un caldo de cultivo que ahora se conoce como la movida de los 80.

Museos

¿Sentís que por el hecho de ser mujer se te hizo más difícil? Sos parte de una camada que instaló a la mujer dentro del rock argentino.

Para mí fue natural, uno no está como intelectualizando todo lo que hace. Ahora digo “¡Qué bueno!”. Había otras damas, que siguen estando, como Celeste Carballo y Patricia Sosa. Había una banda que se llamaba Púrpura, con Leonor Marchesi, otra chica que cantaba en Los Intocables, que era un grupo que hacía ska. También estaba Diana Nylon, que fue la primera amiga a la que vi muerta en mi vida. Después empezás a entender que es algo que ocurre, pero te cambia la percepción de lo que es la muerte. En ese momento no era consciente que estaba haciéndome un lugar, hacía lo que quería hacer, que es lo mismo que hago ahora y me encanta.

Y desde ese momento no paraste.
No es mecánico, es alegría. La sigo remando, la gente me dice “vos tendrías que ser reconocida, masiva, popular, convocante”. Me gustaría poder hacer un teatro para tres mil personas, pero no me pasa y no es un motivo de frustración. Si mi objetivo fuese hacer música para convocar, tendría que haberme retirado hace rato. En mi caso pasa por otro lado, no es sólo en tránsito comercial. Vivo de esto, pero el éxito es estar hablando con vos, decirte que es mi cuarto disco, que grabé más de 15 discos en mi vida y que estoy contenta. Me tiene sin cuidado la masividad; me encantaría que ocurriera pero no me hace infeliz que no pase. Va por ahí. No me pregunto si estoy vigente. Es un momento de celebración sacar un disco; el formato ya es raro, estamos viviendo la transformación de lo físico a lo digital, pero la gente sigue escuchando música.

Tu nuevo disco está en Spotify. ¿Cómo te llevás con los servicios de streaming y las regalías que generan?
En otro momento donde las compañías eran más grandes también te liquidaban un pequeño porcentaje, o sea que…

O sea que los ingresos vienen de tocar en vivo o de Sadaic.
Para entender la legislación de Sadaic tenés que hacer un master en algo que no existe. Tenés unos explicativos, unos nombre, que terminás diciendo “¿qué es esto?”. Pero es una sociedad que está ahí; no debe ser fácil sostenerse, por lo menos está. Yo tengo mi obra social, la de mi hija, la atención médica viene de ahí.

Este año formaste parte del jurado de Rock del País, el programa de televisión que salió por TN y que mostraba bandas emergentes. ¿Con qué panorama te encontraste?
Me gustó ser jurado. Fue algo utilitario, comercial, porque es un programa de TV, pero siempre dando mi opinión genuina y mis devoluciones estéticas. Lo piola de este concurso es que son temas de ellos y no hay una farsa de “vas a grabar un disco o tocar en tal lado”; lo que te ofrecemos es mostrarte y si nos gusta, estás en el próximo programa. Hay muchas cosas que no me conmovieron, están bien hechas pero son muy estándar. Es muy difícil que aparezca algo que te vuele la cabeza. Una siempre opina con respeto, pero como hay tantas cosas es difícil es ser original. Siempre hay mucho entusiasmo, chicos de 16, 17, que están en la secundaria y es divino escucharlos, Después le vas diciendo “es largo, achica acá, esto ya lo escuchamos muchas veces, no te copies tanto de aquel", pero me gustó y me sirvió. No sé donde están las movidas masivas.

Bueno, La Beriso, Las Pastillas del Abuelo y  Salta la Banca son bandas de rock que convocan mucho.
¿Y en el pop? ¿Quien sería una estrella pop para vos?

Tan Biónica, sin dudas.
Tan Biónica, sí. ¿Qué bárbaro, no? Qué fenómeno. Es para un público que por ahí es más de radio. Este chico Chano debería ser un agradecido. Porque con la voz que tiene… Yo lo escuché en vivo, no canta bien. Pero hay fenómenos que no tienen que ver con la musicalidad. Hace poco me preguntaron “si tenés que ser jurado de alguien y desafina mucho pero es muy expresivo, ¿qué hacés?”. Mirá, es medio raro, porque es un equilibrio, si canta como el culo, por más poeta que seas... si es una canción rock, un poco tenés que afinar. Lo mismo al revés, si canta perfecto pero es una heladera…