27/11/2019

Fernández 4: "La tradición del jazz es romper"

Deconstruir y reconstruir la canción en la era del hip hop.

Fernandez 4

"Esta vez nos pusimos un productor", dice Cirilo Fernández con la misma cadencia que las personas cuentan que decidieron sentar cabeza. Es que hasta la edición de Retrovértigo (cualquier similitud con la canción de Mr Bungle no es mera coincidencia), su reciente disco de estudio que presentarán este jueves 28 en La Trastienda, Fernández 4 parecía un grupo condenado a la aleatoriedad, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. En un presente donde muchos buscan seguridad y reafirmar el gusto, a ellos siempre les salió disparar al cielo y ver qué pasa. Sus discos anteriores discurrían en pasajes instrumentales deformes y sus shows en vivo eran acontecimientos excepcionales.

Sin perder la frescura de la actualización constante, Fernández 4 encontró un cauce en Retrovértigo. Están los sonidos R&B, el pulso del hip hop y la libertad jazzera, pero también y más que nunca, hay estructuras contenedoras. "Hubo una búsqueda de maximizar recursos, de engrosar los bajos y que suene a canción, sin perder el groove", explica Cirilo, el cerebro creativo del grupo que tiene a Nicolás Sorín en voz y sintetizadores, a Mariano Sívori en bajo, a Sebastián Lans en guitarra y a Pipi Piazzolla en batería.

Sí, ahora son cinco. Y en su germen fueron un trío. Pero si el número 4 ha de ser importante en la historia de Cirilo Fernández, la cuestión puede remontarse a la cantidad de años que estuvo trabajando en un club de jazz en Berna. Después de haber estudiado en Berklee y haber pasado una temporada en Los Ángeles, en 2002 se mudó a la capital Suiza, donde vivía su padre, y pasó cuatro años viendo pasar músicos que iban a tocar, hasta que no aguantó más las ganas de estar de ese lado: "Me hinché las pelotas y me dije 'Vamos a intentarlo'".

Así fue que decidió volverse a Buenos Aires y empezar de cero, casi sin contactos. Lo primero que hizo fue ir a un club de jazz de acá, a Thelonius, donde Nicolás Sorín tocaba con su octeto. Después del show, terminó tomando una cerveza en la barra con Mariano Sívori, y le contó que era músico y que tenía cosas escritas. Esa misma semana se juntaron a tocar y a la noche Mariano llamó Pipi Piazzolla. Ambos tenían una fecha en trío programada pero Nicolás Gueschberg, pianista, no podía. Ahí calzó perfecto Cirilo. "Vendieron el show del trío pero tocamos mis temas", recuerda. "Ellos ya eran dos músicos recontra establecidos en la escena, a partir de ahí fue todo más fácil".

En paralelo, Cirilo y Sorín formaron Elbou, un trío de punk deforme que completaba Juan Rosenbaum en batería. "Nos juntábamos los miércoles a boludear", cuenta. Visto a la distancia, Fernández 4 es la conjunción sonora de ambos proyectos: entre la libertad del jazz y la urgencia del punk. "De alguna manera, fue la semilla de todo lo que esta pasando ahora. Veníamos de la academia, todos serios, y esa era nuestra forma de escaparnos de eso, pero resulta que al final no era solo un escape, era por ahí. Esos universos los unimos a nuestra manera", explica.

Siempre hay un deforme dando vueltas, hay músicos y público para eso.

¿Retrovértigo es el disco con el que Fernández 4 finalmente se empieza a pensar más como una banda que como un proyecto intermitente?
En cierto punto, siempre vamos a funcionar como una banda de jazz, pero es cierto que nos corrimos del nicho. Tal vez Pipi no puede y cambiamos de batero por cinco fechas, y ningún productor nos va a decir "Che, queríamos a la banda completa". En ese sentido, seguimos siendo líberos que van y vienen.

Pero musicalmente se los nota más concretos, desde el audio y desde la composición.
Creo que ya en el disco anterior estábamos yendo hacia ahí y en este aún más. La música que me está saliendo ahora va por ese lado; cada vez menos solos y cada vez más distorsión. Lo siento como una evolución del mismo concepto.

¿Sentís que ya tienen una identidad, un concepto?
Fernández 4 empezó a tener su identidad, su lenguaje y su sonido. Está bueno lograr eso y seguir buscando opciones dentro de ese universo. Yo lo llamo jazz tradicional (risas). No, en serio, hablo en el sentido de que el jazz, si mirás los discos de Hancok en los 70 o Miles en los 80, son los jazzeros que evolucionaron hacia el hip hop y la música urbana. Y el jazz es una música urbana en su origen, por eso digo que lo que hacemos es tradicional.

Fernández 4

Pensar el jazz como un lugar donde confluyen los sonidos del momento y se mantiene un lenguaje propio.
Claro, la apertura y la inclusión estilística es por donde venga, el punto de partida es la improvisación en todas las instancias, no solo en la idea del saxofonista haciendo un solo con swing atrás, ya desde la escritura lo pienso así. Siempre estás dejando que pase lo que pase. Me tan parece atractivo eso... Esa es un poco la búsqueda y es ahí es donde insisto en que soy honesto con la tradición del jazz, que es romper. Y no lo hago porque quiero ser raro y llamar la atención, es algo que me pide el cuerpo; me pide que cuando voy ahí pruebe otra cosa, la que no es, la que no está. Soy un fanático de eso, de la deconstrucción y la reconstrucción.

En su momento, con los proyectos de Nicolás Sorín, Marco Sanguinetti y Esteban Sehinkman formaron el No-Jazz Collective. ¿Sabías que eso iba a generar ruido, no? 
Era joven y estaba peleado con el sistema (risas). Lo hicimos con mucho respeto, porque si te ponés a pensar, la palabra "jazz" está incluida en el nombre. Obvio que se puede interpretar de la otra manera fácilmente porque la música lo indica, pero al contrario... Porque, ¿qué hacen Kamasi Washington, Robert Glasper, todos esos pibes? Branford Marsalis los criticó porque dice que tienen suficiente lenguaje jazzero. Qué sé yo, es la policía del jazz. En todo el mundo están los viejos jazzeros que dicen "El jazz es hasta acá y todo lo que vino después es sanata". Bueno, nosotros estamos en esa sanata.

¿Y cómo funciona saberte en ese lugar durante el proceso creativo?
El proceso creativo es inconsciente. Son cosas que uno ya tiene incorporadas y se manifiestan en la música. No se da de una manera arbitraria, no estoy pensando en que sea hip hop pero jazzificalo en tal lugar y ponele tal cosa en otro. En mi caso, lo voy construyendo, surge una célula y al toque surge la segunda, y ahí ya tengo algo que despues se empieza a escribir medio solo, depende de lo que necesita la canción. En este disco en particular siento que se dio de manera más fina la alquimia, que todo fue más orgánico.

En el disco participan Ca7riel y Emmanuel Horvilleur. ¿Cómo fue sumarlos manteniendo esa idea de organicidad?
Cato es un artista re pesado, es un pibe de verdad. Nos interesaba que haya algo más que fuegos artificiales. El tema ya existía sin él, pero me parecía que se prestaba para esta cosa extraña que tiene la canción. Le mandé un mensaje por Instagram y se prendió fuego, me contó que nos venía a ver más de pendejo. Cayó al estudio, no sé cuánto había preparado, se comió su sanguchito de bondiola, se sentó al costadito, nos pidió un loop de su parte y lo escribió en el momento. Eso es re jazzero, ¿ves? De vuelta: te caen, te tocan y ya está. Con Emma fue distinto, fue más cuidado. Nos juntamos y lo pensamos como una colaboración creativa. Es casi un tema de Emma que lo acompaña Fernández 4, me gustó eso. Y lo primero que nos dijeron fue "¿Vieron que funciona en español?". Abrió un mundo de preguntas. No tenemos más la excusa del inglés.

Les van a decir que se vendieron...
Ya arrancó eso de que nos vendimos. A Nico lo vuelven loco con eso, tiene muchos detractores. No sé, es un desafío y si sale, sale. No voy a forzar de españolificar algo. No le quiero dar tanta entidad a eso... todavía.

De todos modos, hay un público que sigue toda esta movida y no le importa mucho el idioma.
Es que acá tenemos una historia muy grande de búsqueda artística. Con todo el respeto del mundo, desde Ástor Pazzolla que fue un chabón súper disruptivo, hasta Spinetta. Los dos tenían su propia cosa y hay una tradición de disrupción. Siempre hay un deforme dando vueltas, hay músicos y público para eso.

¿Y a vos cómo te llegó esa deformidad?
Desde chiquito, las primera banda que me quemó la cabeza fue Mr. Bungle. Todo lo que hacían Patton y Zorn, tipos que estaban fuera del mainstream... Con la música clásica lo mismo: en vez de escuchar Beethoven o Mozart, al toque arranqué con Bartok y Stravinsky. Me atrae la evolución de la tradición, siempre busqué eso. Cuando estaba en Berklee y tenía que hacer arreglos para big bands, les encontraba un costado rockero. Una canción simple siempre me hacía ruido, le buscaba la vuelta salirme de la norma.