20/02/2019

Fantastic Negrito: “El modo de rendirle honores al pasado es ser diferente”

Desde Oakland, blues del siglo XXI.

DeAndre Forks / Gentileza
Fantastic Negrito

El día que Hollywood caiga en la cuenta de la historia de Xavier Dphrepaulezz, seguramente habrá una biopic en marcha. Es que este músico, que en los últimos años adoptó el seudónimo de Fantastic Negrito, tiene una de esas historias de redención que a la meca del cine le encantan. Nacido en una familia de 14 hermanos, se escapó de la casa a los 12, vivió en la calle, vendió drogas, más de una vez le apuntaron con un arma, la música pareció su ticket de salida pero la suerte lo esquivó, un accidente casi lo mata y dejó de tocar durante años.

El final feliz del film tendrá que ver con que, un día que su bebé lloraba, volvió a agarrar una guitarra. La reacción del niño a la música lo convenció de volver a intentarlo: a los 40 y pico grabó dos discos –The Last Days of Oakland y Please Don’t Be Dead– siguiendo sólo sus propios deseos, con una mezcla única de música negra. Si hacía falta alguna validación, más allá de la de un público que empezó a prestarle atención, fue que ambos trabajos ganaron el Grammy en la categoría de Blues Contemporáneo. Ahora, Fantastic Negrito está a punto de llegar por primera vez a la Argentina, para tocar en Buenos Aires (21 de marzo en La Trastienda, como parte del ciclo The Cool & The Groove) y Córdoba (23 en Club Paraguay).

“Cuando yo era más joven, siempre quería algo: quería fama, autos caros, mujeres, bebidas…”, arranca Fantastic Negrito a explicar su evolución hasta este presente. “Amaba todo eso, pensaba que era lo bueno. Ahora, en cambio, quiero aportar algo. Es una diferencia muy grande: en lugar de sacar algo, quiero aportar como artista. Creo que ahora soy un artista más maduro. Evolucioné hasta ser este artista que quiere aportar algo y que agarra la guitarra y va a tocar en la estación de trenes. Me siento mejor, porque la voluntad de aportar es más saludable”.

Soy muy optimista y amo la idea de la expresión humana, no creo que sea político tener una posición y expresar que querés algo.

De hecho, ahora vivís una vida más saludable.
Sí, no quiero nada más, sencillamente porque no necesito más. Quiero hacer cosas interesantes, por eso no me preocupa hacer un disco pop exitosísimo: prefiero hacer algo en lo que creo, algo que me parezca útil y productivo.

Vos viviste en las calles y comías de los tachos de basura cuando eras chico. ¿Qué aprendiste en esa época que todavía te sirve en el presente?
Lo que aprendí es que no podés hacer las cosas solo en este mundo. Por más que nos creamos muy fuertes, todos nos necesitamos unos a otros. Lo aprendí en la calle y todavía sigue siendo válido. Tenemos que apreciar cada comida, cada movimiento, cada momento.

En la canción “Letter to Fear” le respondés a ese miedo con la frase “yo tengo amigos y ellos también tienen amigos”. Uno se siente más seguro si hay gente que se preocupa por uno.
Exacto. Cuando estaba escribiendo esa canción, me inspiré en una masacre que había sucedido en Texas, otra masacre más en Estados Unidos con un tipo que entró a una iglesia y empezó a matar gente. Cosas así te inspiran a querer contribuir desde lo artístico; quise mantener una expresión primal, cruda, por eso la canción sólo tiene un Hammond, piano, guitarra, bajo, batería y percusión. Yo no toco la guitarra a la perfección y creo que eso es lo que hace que la música sea interesante. Gran parte de Please, Don’t Be Dead fue compuesta desde el bajo.

Qué raro…
Sí, compuse con un bajo barato, de 80 dólares, que me recordaba a los personajes dudosos, villanos y dealers que conocí en mi vida (risas): construía las líneas de bajo recordando su ritmo al caminar. “Bad Guy Necessity”, por ejemplo, tiene la línea de bajo basada en uno que se llamaba Frank Le Bank. Y en términos de producción, me gusta el sentido de urgencia… Muchas de las lecciones las aprendí escuchando hip hop mientras crecía y las aplico en esta música ahora. Me gusta hacer loops y crear solos de guitarra en lugar de… El blues clásico no me resulta interesante, quiero hacer algo que contribuya. Me gusta cuando alguien dice: “Nunca escuché algo así antes”. Por ejemplo, me pasó con “A Boy Named Andrew” y fue muy positivo, porque trabajo para eso.

Bueno, pero ya ganaste dos Grammy en la categoría de blues contemporáneo. ¿Creés que está bien que te pongan ahí?
Medio que sí. Definitivamente, tengo influencias del blues, pero me parece que lo hago con un enfoque nuevo y fresco, y la gente reconoce el modo en el que lo interpreto. Amo a Robert Johnson, Skip James, Muddy Waters y Howlin’ Wolf, pero no quiero sonar como ellos en absoluto. No tendría sentido. Quiero empujar los límites en lo musical y en el sonido, ser diferente. El modo de rendirle honores al pasado es ser diferente.

Fantastic Negrito

Dijiste que el título de Please Don’t Be Dead está conectado con el ascenso de la derecha en Estados Unidos y con el hecho de que la única oposición son los artistas. ¿Creés que es una obligación para ustedes dar un paso al frente en tiempos como estos?
Esa es mi visión, cada uno tiene la suya. A lo que yo le estoy diciendo “por favor no estés muerta” es a la democracia y a la libertad. Creo que la libertad de pensamiento y de expresión están bajo amenaza en este momento. Me sentí impulsado a decir y hacer algo, y creo que la música y la expresión artística son medios muy copados para eso.

Varias críticas del nuevo disco dicen que es más político que The Last Days of Oakland. ¿Creés que tu música es política?
Para nada. Es música. Soy una persona que vive en este planeta y tengo preocupaciones sobre las que hablo. No me importa en absoluto estar relacionado con las causas de los partidos políticos. Soy muy optimista y amo la idea de la expresión humana, no creo que sea político tener una posición y expresar que querés algo. No por eso estás representando nada. Sólo quiero representar al optimismo y a la esperanza, eso es lo que me gusta. No me atraen para nada las ideas políticas, sencillamente no creo en los políticos.

Pero, en días de Donald Trump, ¿no es político trabajar por el optimismo y la esperanza?
No creo. Me parece que la extrema derecha es igual de mala que la extrema izquierda, porque ambas son extremas. No quiero que nada de eso esté involucrado con mi música, pero no puedo controlar lo que la gente ve en ella. Tampoco me entristece que eso pase ni nada, mientras sirva para algo. Pueden llamarla política o huevos con jamón, me da lo mismo (se ríe).

Antes mencionaste la canción “Bad Guy Necessity”, en la que decís que las personas necesitan de un “tipo malo” para sentir que ellas son buenas. ¿Caíste en esa categoría cuando vendías marihuana o manejabas un boliche clandestino?
Creo que yo era el tipo bueno (carcajadas). En realidad, tenés razón, era eso incluso antes de que hiciera música, cuando era un chico que andaba por las calles y armaba bardo. Todos necesitan de un “tipo malo”. Para alguna gente, Trump es un héroe, y para otra es un mal tipo. Pasa lo mismo con Obama o con Martin Luther King: para alguna gente son tipos malos. Por eso me interesó explorar líricamente esa dimensión humana en la que necesitamos de un tipo malo para sentirnos mejor.

¿Y alguna vez te sentís del otro lado de la canción, como el que tiene la necesidad del tipo malo para sentirse mejor?
Espero que no. Creo que, aunque hay gente mala, a menudo es porque ha sido llevada a extremos y es la forma en la que reacciona contra el mundo. Quizá, si hubiese sido amada, nutrida y tomada en cuenta no haría cosas horribles… Pero quizá tengas razón y yo también necesite al tipo malo para poder componer (se ríe).

Pero a vos te llevaron al extremo desde muy chico, porque vivías en la calle a los 12, y aquí estás. ¿Tuviste suerte o mucha determinación?
Creo que es la combinación de muchas cosas. Crecí en la zona de la bahía (en Oakland, California), donde hay mucha gente amorosa que me ayudó a convertirme en Fantastic Negrito. Negros, blancos, hispanos, asiáticos, musulmanes, cristianos, judíos, ateos, hippies, cafishios, dealers: mucha gente fue importante en mi vida, me nutrió y me dio la luz, el espacio y el alimento, físico y espiritual. Debo acreditárselo a mi familia humana, supongo.

Antes mencionaste tu optimismo que te ayudó a atravesar todo esto. Canciones como “Never Give Up” y “Bullshit Anthem” son prueba de ese espíritu, pero lo cierto es que sí abandonaste la música durante cinco años.
Sí, la abandoné. Y creo que a veces está bien abandonar algunas cosas… Dejé de tocar principalmente porque no tenía nada que decir. Y como artista, si no tenés nada que decir, mejor no digas nada. Envidio a la gente que agarra el instrumento y toca y ensaya, pero a mí no me funciona así: yo toco cuando necesito hacerlo y cuando tengo algo que decir. Veo a los instrumentos como alguna clase de herramienta. Ojo, respeto a las herramientas, un granjero las necesita, sin ellas estaría en problemas.

¿Por qué creés que te quedaste sin nada qué decir? Porque estaban pasando muchas cosas en el mundo, por ejemplo.
No quería sonar falso. Sentía que había perdido la voz, no sabía bien en qué estaba pensando, porque todavía estaba intentando ganar algo. Cuando dejé de querer obtener algo de la música fue cuando ella volvió a mí. Quería encarar la música del modo que me interesaba, producir mis discos desde un minimalismo y sin las reglas impuestas por otros, que nadie me dijera que necesitábamos una canción pop o que tenía que sonar como éste o aquel. Todo eso me parecía muy vacío. Me interesaba producir desde una perspectiva más personal: algo crudo y raro. Quería volver a sentirme como la primera vez que compuse, a los 17 años.

¿Y lo lograste?
Sí. No soy rapero ni una chica blanca linda que canta canciones pop, era un tipo de 47 años que hacía música. Muchos me miraban como diciéndome “Mejor buscate un trabajo serio” (risas), pero yo estaba cantando lo más fuerte que podía en la estación de trenes. Y después iba al estudio, grababa palmas o golpeaba sobre una puerta, ponía instrumentación mínima, y me decían: “¿Eso es todo? ¿Ya está terminado?”. Por ahí me decían que un tema era muy largo o que no podía decir esas cosas, como con “Runt Rushmore” o “Transgender Biscuits”. Pero me encanta hablar sobre estas cosas y disfruto con la producción, con intentar mis propias líneas de bajo o destruir solos de guitarras. Me gusta imaginar cosas, estirar las posibilidades del poder creativo.

¿Por qué creés que ahora tus canciones conectan con la gente de un modo en que antes no sucedía?
Creo que tiene ver con lo que te dije sobre no buscar más sacar algo sino aportar. Hay mucho poder en el hecho de dar. En mi música se nota que soy un tipo grande, y tiene cierta honestidad y urgencia.

Desde que regresaste a la música, en poco tiempo estableciste una identidad artística. ¿Qué tenés en mente para el futuro?
Quiero hacer colaboraciones. Estoy trabajando en un mixtape en el que quiero colaborar con alguna gente y me gustaría que el próximo proyecto tenga algo de esa onda.

Después de todos estos años, ¿qué significa la música para vos?
La música es la forma más pura y universal de comunicación entre los seres vivos. Cuando me salió el riff de “Plastic Hamburgers”, quedé impactado, me pareció que tenía que ver con la tradición de Chuck Berry, de otros tiempos. No hay nada más unificador que un gran riff. Y más allá de en qué crea una persona o su ideología, podemos llegar a ella a través de este riff. Por eso quería que Please Don’t Be Dead fuera un disco basado en el riff. Hay muchas canciones basadas en las líneas de bajo: “Plastic Hamburgers”, “Bad Guy Neccesity”, “A Boy Named Andrew”… El riff es tan viejo como la Luna: el primer ser humano, incluso antes hablar, se puso a tararear un riff (tararea). Uh, me salió riff muy bueno, ¡debería grabarlo!