27/03/2019

Escalandrum: “No hay que olvidarse que el jazz es música popular”

Pipi Piazzolla le hace frente a los puristas, igual que un tal Ástor.

Gentileza
Escalandrum

Después de la inclusión de Damas Gratis en la edición pasada de Lollapalooza Argentina, la inclusión de La Mona Jiménez en la de este año no fue la sorpresa mayor de la grilla. Ese puesto lo ocupa sin duda alguna Escalandrum. El sexteto de jazz será el primer exponente del género que tocará en el festival que ya va por su sexta edición. “A mí me sorprendieron otros nombres, no conozco a casi nadie”, se ríe Daniel “Pipi” Piazzolla, baterista y fundador del grupo. [Alerta spoiler: en esta entrevista no se le preguntará por su abuelo Ástor].

Pero si la apertura al jazz presupone una incógnita, los nombres propios elegidos para representarlo son garantía de confianza. “Va a tocar Kamasi Washington, como para que la impronta jazzera sea más grande y no seamos los únicos locos”, dice Pipi. Escalandrum, por su parte, tenía todos los números para convertirse en la pata local. Con 20 años de carrera, se han movido con total naturalidad (desde composiciones propias a versionar a Mozart) y han logrado un alto poder de convocatoria sin otorgar concesión alguna. Melodías de un preciosismo absoluto, patrones rítmicos intrincados y raptos cercanos al free jazz conviven en una tensión que da como resultado un sonido distintivo, de neto color local.

“Escalandrum es un grupo que suena de Argentina y eso me hace feliz”, se entusiasma Pipi. “Hacemos música instrumental, con mucha improvisación, y que así y todo podamos sonar argentinos me parece magnifico”. Ese sentido de pertenencia es el que ha llamado la atención de los festivales de todo el mundo, y desde hace años que el grupo no para de girar por el globo: Australia, Sudáfrica, Estados Unidos y Francia son sólo algunos de los países por donde han girado en el último tiempo.

Todo el tiempo pasan cosas nuevas, no nos entretiene tocar lo que ya sabemos.

¿El hecho de haber tocado en tantos festivales distintos ayuda a la hora de enfrentar un público tan ajeno como el que puede ser el de Lollapalooza?
Va a ser algo completamente natural, ninguno de nosotros se va a dormir pensando que en unos días vamos a tocar en Lollapalooza. Es subirnos a un escenario y tocar, que es lo que debería pasar siempre. Escalandrum ha pasado por momentos de presión extrema: tocar en el Festival de Jazz de Montreal a sala llena no es joda, en el Gran Rex con Paquito de Rivera, en el Bridland de Nueva York… Van a encontrar un grupo maduro que va a tocar música, no vamos a tener nervios, y eso es muy bueno, porque nos van a ver entregados a pleno.

¿Lo ves como una oportunidad de acercar el jazz a otro público?
Nos va a venir a chequear mucha gente joven que probablemente escucha otra música, y eso para mí está buenísimo. Me gusta que los festivales tengan carpas alternativas para mostrar otras cosas, ya tocamos en un Personal Fest que estaba Duran Duran y estuvo genial. En los festivales de jazz en de todo el mundo siempre cierra una estrella de rock o pop. Es un ida y vuelta muy sano. Los músicos de rock buscan influencia en el jazz porque el jazz te da la libertad de hacer lo que se te de la gana en cuanto a explorar formas y maneras de tocar nuevos sonidos, y al jazzero le gusta rockear… yo crecí escuchando rock.

Escalandrum

¿Y porque creés que a veces el jazz queda tan aislado del pop?
No hay que olvidarse que el jazz es música popular. La gente se olvida de eso. Está eso de “la elite del jazz”… hay mucha gente que siente que tiene que pertenecer a un grupo, que si sos de uno no podés ser del otro y sos mi enemigo si no pertenecés al mismo bando. La música es la clave para unir y para sacarse esas cosas de encima. Yo lo veo así y es lo más sano. La música es para todos, no tenés que pedir permiso para escuchar.

Y más ahora con tanta música al alcance de la mano.
Claro. ¿Vos cuando ponés la radio te gusta escuchar lo mismo las 24 horas del día? No, la música es cambio, es escuchar funk primero, música clásica después para relajar… Todo tiene sus momentos y la música siempre es una compañía espectacular.

Sin embargo, por momentos el jazz parece dominado por los puristas.
No sé, ni idea. Serán las ganas de explorar a fondo la esencia primaria del estilo, y me parece muy bien. Me gusta que haya gente que toca tango tradicional y que lo mantengan vivo, lo que me parece mal es decir que lo otro es una porquería o que no existe. Cuando me enseñaron a tocar, me dijeron que era para divertirse con amigos. En inglés tocar música y jugar es la misma palabra: “play”.

Grabaron Studio 2, su último disco, en Abbey Road ¿Cuánto hay de cierto en eso de que esos estudios tienen una mística especial?
Fue magia pura, en todos los aspectos. Una de las mejores experiencias de mi vida, sobre todo porque el grupo estaba muy preparado. Es así: la mística del lugar está, pero te tiene que encontrar preparado, porque se disuelve todo en un segundo. Nunca había estado en Londres, me encantó, es re futbolera, y sumó mucho eso de grabar y no tener que volver a la rutina. Fueron tomas en vivo en dos días. Nuestro saxofonista, Damián Fogiel, grabó con un micrófono que había usado Sinatra, el olor de la sala como a eso para lustrar los pisos de madera mezclado con los años… el trato de la gente ahí es increíble. En un momento me quebré, era demasiada felicidad. Mi viejo, que es fanático de Los Beatles, me llamaba todo el tiempo para preguntarme cosas (Risas).

No suele suceder que una formación jazzera se mantenga estable durante tantos años. ¿Qué aspecto musical es el que logra que se mantengan motivados para seguir juntos?
Todos los integrantes de Escalandrum tocamos con otra gente, y eso ayuda para que las nuevas influencias, los nuevos sonidos o ideas que vas rescatando las podamos probar en el grupo. Todo el tiempo pasan cosas nuevas, no nos entretiene tocar lo que ya sabemos. Y cada vez las cosas nos salen más rápido y con mas originalidad, hay un chip puesto. No inventamos nada, pero sonamos nuevos para nosotros mismos.