16/12/2019

El Estrellero: "Las bandas de rock estamos pasando por un momento de extinción"

La banda platense enfrenta miedos y se reformula.

Luciana Demichelis / Gentileza
El Estrellero

“No es un disco de despedida, sino de continuidad”, se anticipa Juan Irio sentado en la barra de un bar secreto en Tolosa, uno de los barrios más tradicionales de La Plata. “El Estrellero como tal no desapareció, está vivo”, suma además Lautaro Barceló. La agenda cargada de la banda, las giras, los problemas logísticos para hacer coincidir calendarios junto con Fus Delei -banda con la que comparte más de la mitad de sus integrantes y que tuvo uno de los ascensos meteóricos el último año en la ciudad-, y los proyectos individuales tanto musicales como personales, tensaron la cuerda y los obligó a repensarse. Fue así que luego de un juicio casi salomónico y antes de grabar su último disco, entre los fundadores de la banda buscaron una nueva forma de existencia antes de destruir el grupo. 

Para Alto Miedo, su último álbum, El Estrellero edificó su mejor y definitiva versión. Once temas de pop rock auténtico y cancionero, emotivo y a la vez incómodo, a las que, entre guitarras y sintetizadores, ponen voces cuatro de sus cinco integrantes. Sin embargo, antes de entrar al estudio, sincronizaron relojes y se propusieron una pausa de un año para que cada uno pueda recorrer sus propios caminos. Juan se enfocó en su familia y sus hijos y -de forma natural- grabó un disco solista llamado Baladí para paliar la inactividad; Lautaro, por su parte, exploró su costado de anfitrión gastronómico y se sumergió en las artes orientales, mientras que Desaria, Juan y Gregorio explotaron con Fus Delei (los últimos dos, además, pasaron a formar parte estable de Peces Raros). Un año intenso y una cantidad y diversidad de proyectos que, en caso de convivir, no hubiesen hecho más que relegar de forma incómoda al Estrellero. 

La resultante de ese proceso es uno de los discos nacionales más destacados del año con un cúmulo de canciones nostálgicas que anticipan una despedida, un cambio o un movimiento. Alto Miedo reúne, como su título anticipa, los interrogantes y temores de ese grupo que en algún momento soñó con ser Big Star o Wilco y que en su mejor etapa decidió poner un freno para cambiar de estado y quedar latentes, agazapados, esperando que en el futuro alguien encuentre sus canciones como refugio.  

La guita es un asunto del que no suele hablarse mucho y es algo fundamental para mantener con vida una banda.

En el disco hay cuatro voces diferentes pero sin embargo se percibe un mismo aire de cambio, un dejo melancólico. ¿La pausa pautada los llevó hacia allí?
Juan Irio: Las letras hablan de la extinción. Casi todas apuntan a algo que se va perdiendo, que está mutando. La primera, “Terror Blanco”, dice: "Debemos ser los últimos seres sobre la tierra y presiento que eso no va a importar”. Sí, nos extinguimos, pero a nadie le importa. Y un poco es eso: si El Estrellero no está tocando hace un año, a nadie le importa. Nos mandan mensajes, claro. La gente asumió que nos separamos por unos indicios que dimos, pero nunca dijimos la palabra “separación”. Solo que no sentíamos la necesidad de ensayar dos veces por semana, todas las semanas.
Lautaro Barceló: La idea era no pensar en que pasar dos meses sin vernos era el fin de todo. Como lo dijo hoy Pablo Lescano, “Me voy a dormir la siesta y me dan por muerto”, no ser tan trágicos. Estábamos a full con un montón de cosas y era muy difícil hacerle frente a que en lo cotidiano la banda ocupara tanto espacio.

Entonces, cuando anunciaron en sus redes que Alto Miedo era su disco “definitivo”, ¿no era así por ser el último sino más bien por ser la máxima expresión de ustedes como grupo?
Juan: Ese era el sentido de la palabra "definitivo".
Lautaro: Para mí es muy difícil que los cinco volvamos a estar tan pendientes de una obra juntos.
Juan: Yo creo que es difícil volver a generar la conexión que generamos entre los cinco con todos los proyectos en el medio. ¿Un nuevo disco de diez canciones? No lo veo. Sí quizás sacar un EP de uno o dos temas el año que viene, pero un disco no. La guita también es un asunto del que no suele hablarse mucho y es algo fundamental para mantener con vida una banda. ¿Cómo haces para grabar un álbum bien pensado hoy en día con dos mangos? Y encima se hace cada vez más caro. ¿Para recibir qué? ¿Cuatro lucas en un show con toda la garra? La banda es una PyME muy placentera pero que también asumía mucha deuda. Los números empezaron a subir -y bajar en nuestros bolsillos- y eso nos complicó las cosas.

¿Eso colaboró en la idea de pausar el grupo?
Juan: Sí, fue un proceso lento, en el que fuimos asumiendo eso y tuvimos que repensar la existencia de El Estrellero en nuestras vidas. Pasar de ser una banda activa con proyección a una banda no tan activa, pero todavía con vida, virtual o latente. En general los grupos terminan cuando se pudre o cuando les va mal. A nosotros nos estaba yendo cada vez mejor. Además nunca hubo peleas o un portazo.

El Estrellero

Algo que han conservado a lo largo de esos tres discos y que se nota totalmente en este último es la forma en la que ponen a la canción por sobre todas las cosas. Incluso despojada de todos esos artilugios sonoros siguen estando vivas.
Juan: Esa la piedra fundacional, porque El Estrellero nace con Lautaro y conmigo a dos guitarras. Después fue que llamamos a Gregorio para que toque la batería y ahí empezó a armarse la banda como tal. La banda es la suma de todas sus partes, no una que acompaña el momento de ciertos artistas. Siempre lo dijimos, pero nuestro objetivo era sonar como Big Star. Nos duró dos ensayos, pero después volvimos ahí.

¿Cómo sería eso?
Juan: Vos escuchas los discos de Big Star y te sorprende eso justamente, la canción. Son discos de canciones, sin ánimos de compararnos, pero una canción superior, llevada a un nivel pop rock auténtico y emotivo.
Lautaro: Y fino al mismo tiempo.
Juan: Le sacas los adornos y la canción sigue estando ahí. Wilco era otra que mirábamos y miramos. 

A lo largo de todos los temas hay ciertas pistas de su presente o cómo se imaginan en el futuro, ¿puede que además haya una visión hacia atrás con ciertos tintes del rock nacional? En “Terror blanco”, ¿“Hay mañanas en las que no quiero pensar y otras en las que no puedo”, es un guiño a Charly García?
Juan: Charly trabaja con eso de las figuras retóricas. Cuando Baro trajo la canción "Sé por tu amor", al cantar “Cuando me desampare en mi futuro nadie va a esperar..." yo escuchaba a Calamaro de Hotel Calamaro. Eso lo fui trasladando a otras canciones del disco. La de Desaria, “Desconectado”: “Nunca pensé en cortarme el pelo, nunca pensé en contarte mi dolor", me sonaba medio Charly García. “Lumbrera” es Calamaro. En “Terror blanco” yo pensaba en el Indio Solari y las guitarras de Skay. “Pitillo”, por su parte, es Federico Moura. Bueno, ahí fuimos encontrando la naturaleza del disco. 

Esos tipos que nombraste también tienen ese ADN de la canción que dijeron que tiene El Estrellero.
Lautaro: La banda a lo largo de toda la discografía mantuvo una identidad que, ojalá, el día de mañana alguien diga "toquémosla como El Estrellero". Esa identidad está hecha en base a que uno es un frasco del que no puede salir. 

¿Pudieron plasmar ese aire de despedida o relatar cómo se anticipaban a esa pausa indefinida en el disco?
Juan: Nuestro objetivo era hacer un disco que incomodara. Fuimos una banda que siempre tuvo algo más amable, y ahora quisimos tener un disco que buscara el choque, no desde lo político, sino desde lo personal. Para mí es un disco que va a hablar más de El Estrellero en un tiempo largo. No es este el momento en que más atención le van a prestar. “Debemos ser los últimos seres con vida…” lo escribí puntualmente por el momento que atraviesa una banda como El Estrellero. Las bandas de rock como nosotros pasan un momento de incertidumbre, de extinción. 

¿A qué le tiene miedo El Estrellero?
Lautaro: En Alto Miedo, en cierto punto, todos hicimos hincapié en los miedos que tenemos. Si la banda tiene un temor, es uno ficticio, salido de la literatura. Le puede tener miedo a lo sobrenatural, porque ahí está puesto el foco, a la humanidad. Creo que es de lo que habla el disco en muchos momentos. A lo largo de las canciones hay gente hablando de los miedos que tenés adentro y no sabes qué son, miedo por la extinción de la humanidad, miedo a lo que le pueda pasar a un amigo, lo que le pueda pasar a gente que está en una situación delicada y que son invisibles. Hay un montón de esas cosas. No hay tantas canciones de amor como canciones de relaciones entre seres humanos y está muy bien para una banda que se pasó escribiendo canciones de amor.