06/04/2018

Eels: “Todo lo que trato de hacer es llegar a la verdad”

A pesar de toda pena, Mark Oliver Everett siente que la vida es buena.

Gus Black / Gentileza
Eels

Caso curioso el de Mark Oliver Everett. A pesar de que eligió prescindir de su identidad al reducir su nombre artístico a una vocal (E) desde sus primeros trabajos como solista, convirtió su obra en el espacio para exorcizar una serie de demonios de amplio espectro, a los que menciona sin ningún tipo de metáfora enrevesada. A lo largo y ancho de la extensa discografía de Eels, el grupo que lo tiene como único miembro estable (y a veces como único integrante), aparece un sendero en el que los hechos de su propia vida se perfilan como mojones narrativos de canciones agridulces.

Sin ningún tipo de reparos, hizo alusiones y menciones directas en su obra a la relación turbulenta con su padre, el suicidio de su hermana, la agonía de su madre (víctima de un cáncer pulmonar), o la muerte de su prima (pasajera del avión que se estrelló contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001). Pero donde cualquier otro vería (solo) oscuridad, Everett encontró cómo esbozarle una media sonrisa agridulce a la fatalidad. Para muestra: “Mamá no me pudo amar, pero eso no me detuvo de quererla / Era mi mami, y yo no era ningún hijo de puta / Papi era un borracho, un hombre muy desagradable / Dormido en el piso, al lado de la puerta / Con una sonrisa bajo su nariz roja”, canta en “Son of a Bitch”, de 2005.

Con 11 álbumes de estudio repartidos en dos décadas de carrera, en los que cambió de formato con la misma facilidad que de apariencia física, E volvió al ruedo hoy con su decimosegundo trabajo, The Deconstruction. En su recorrido, el disco traza una parábola desde la desolación hacia la esperanza. Al momento de anunciar el disco, Everett lanzó un comunicado que comenzaba con la frase “El mundo es un quilombo, esto es sólo música. Música hecha por alguien que tiende a creer que el cambio empieza en tu propio jardín”. Desde su casa, desarrolla el concepto para Silencio: “Siento que la gente necesita un pequeño recordatorio de que no todo está perdido, que todavía hay cosas bellas ahí afuera”.

La idea de la deconstrucción tiene que ver con que nos pasamos la vida construyendo muros a nuestro alrededor, y llega un momento en el que tenés que derribarlos.

Has llegado a publicar dos discos en un mismo año, pero esta es la primera vez que te tomás tanto tiempo desde tu último trabajo (The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett, de 2014). ¿Qué pasó?
Llegué a un punto en el que necesitaba parar un poco. Fueron muchos años de trabajar muy duro y con mucha frecuencia, así que necesitaba un poco de paz. Cuando dedicás mucho tiempo de tu vida a hacer una sola cosa, eventualmente te terminás saturando.

El disco tiene un recorrido extraño. Comienza en un clima oscuro con “The Deconstruction”, pero termina con un optimismo inesperado en la última canción, “In Our Cathedral”.
Sí, la idea de la deconstrucción tiene que ver con que nos pasamos la vida construyendo muros a nuestro alrededor, y llega un momento en el que tenés que derribarlos ¿De qué nos estamos protegiendo? ¿A quién queremos escaparle? Lo que estoy diciendo al final del disco es que tenemos la habilidad de tomar una decisión. La decisión de aceptar nuestra realidad, cualquiera que sea, y tenemos que ser felices con ella. Es un lugar al que podemos ir todos juntos si quisiéramos, porque el “nuestro” (our) del título se refiere a todos en general.

También incluiste temas como “Sweet Scorched Earth” y “There I Said It”, que son canciones de amor bastante atípicas para tu obra. ¿Necesitabas abrirte de esa manera?
No sé, supongo que si vas a los álbumes previos podés encontrar canciones que hablen de lo mismo, aunque quizás de otra manera. No sé, ¿suena a que esta vez me abrí un poco más? Sí, eso puede ser verdad. Lo cierto es que las canciones son tan autobiográficas como no lo son, hay una mezcla de las dos cosas.

Más allá de eso, hay un grado importante de vulnerabilidad e intimismo en tus canciones. ¿Pensás a tus álbumes como una válvula de escape?
Todo lo que trato de hacer es llegar a la verdad. Cuando compongo canciones o escribo, en cualquier situación que sea en la que esté pensando, lo que intento es alcanzar eso. Tenés que agarrar algo como punto de partida, seguir pelando y ver cuán lejos podés llegar. Puede que sólo necesites un par de líneas para ponerlo en palabras, a veces no se requiere mucho más que eso para una canción.

Tenés doce álbumes de estudio en el que ninguno es la continuación directa del otro. ¿A qué responde esa reinvención?
No sé, siempre quise ser ese tipo de artista, desde que era chico. Supongo que es la influencia de todos esos músicos que escuché cuando era joven. Cuando tenía 16, mi hermana me llevó a un concierto de Neil Young, y era la gira de Rust Never Sleeps. Yo estaba muy sorprendido, porque nada de lo que estaba tocando había sido publicado en ese momento. En esa época, cuando ibas a un recital esperabas encontrarlo a él solo con su guitarra o a lo sumo con Crazy Horse tocando canciones conocidas, y esto era una súper producción loquísima. También tenés a los Beatles, que evolucionaron de un disco al otro en siete años, supongo que viene de ahí.

Hace un par de años en tus shows bajabas del escenario para abrazarte con el público. ¿A qué se debió eso?
(Se ríe) Sí, en la última gira tuve esta idea loca de ponerme a abrazar espectadores al azar, caminaba entre ellos. Lo hice prácticamente cada noche del tour, y la mayoría de las veces estuvo bien y fue una experiencia gratificante. Pero no se lo recomendaría a cualquier otro músico, porque es un poco peligroso (se vuelve a reír). Siempre hay alguna que otra manzana podrida que quiere sacar ventaja de vos y de la situación. Te agarran de la ropa y del pelo y terminé en alguna que otra pelea a las trompadas, lo que no deja de ser irónico. Bajaba para abrazarme con gente y terminaba a las piñas. Pero la mayor parte de las veces estuvo bien, era mi manera de decirle al público “Acá estoy, confiemos el uno en el otro”.

En 2008 publicaste tu autobiografía, Cosas que los nietos deberían saber. ¿Qué te llevó a escribirla?
No fue mi idea sino la de mi amigo Anthony. Crecimos juntos y sigue siendo uno de mis mejores amigos después de tantos años. Vio todo lo que viví y me dijo “tendrías que hacer un libro acerca de tu vida”. Yo ni pensé que fuera una buena idea, porque estaba demasiado enfrascado en mi vida como para saber si tenía sentido convertir eso en un libro. Me convenció de probarlo, y me pasé un año trabajando en él, y mientras escribía pensé “Wow, quizás tenía razón y acá había algo para contar”.

Se llegó a decir que querían hacer una película basada en el libro. ¿Te imaginás siendo objeto de una biopic?
Eso fue falso, aunque no deja de ser una posibilidad. En las manos correctas podría llegar a ser algo interesante, pero habría que ver.

¿Y quién sería la persona adecuada para representarte en pantalla?
Creo que es bastante obvio: Brad Pitt.