25/10/2019

Editors: "Hay que seguir el instinto propio y dejarse ir"

Los primeros 15 años de carrera comprimidos en oro negro.

Nadav Kander / Gentileza
Editors

Editors ostenta un tìtulo un tanto particular: en una dècada y media, el grupo liderado por Tom Smith supo ser una de las puntas de lanza del revival del post punk con su álbum debut, The Back Room, de 2005, una fórmula a la que decidió inyectarle anabólicos en el álbum siguiente, An End Has a Start. Como para evitar la caricaturización de su propia propuesta, la banda pegó un volantazo radical reemplazar la tracción a sangre por electrónica en In This Light and In This Evening, y el cambio les valió la deserción de su guitarrista Chris Urbanowicz. La partida obligó al grupo a conseguir dos multiinstrumentistas para reemplazarlo y, luego de dos discos de transición creativa (The Weight of Your Love e In Dream, de 2012 y 2015, respectivamente), Smith y compañía encontraron el balance correcto de fuerzas en Violence, publicado el año pasado. 

Ese recorrido zigzagueante es la piedra angular de Black Gold, el "best of" con el que Editors busca comprimir los picos artísticos de sus primeros 15 años de vida. A una selección lo más representativa posible de sus seis discos de estudio se suman tres nuevas canciones (“Frankenstein”, “Upside Down” y la que da título al álbum), a modo de plus, pero también como ventana a un futuro posible de ahora en más. “Quizás es un viaje con algunos baches y saltos", se ríe Smith. "Creo que somos una banda que pegó giros estilísticos y que tomó decisiones musicales un poco extremas, pero que aún así están en línea entre sí”, explica Smith. 

Los gustos y los hábitos del público cambiaron en todo este tiempo. La música con guitarras ya no es lo que era y eso está perfecto.

¿Esperabas que Editors durara 15 años?
Creo que en los comienzos sí. Si me hubieras dicho “en seis discos vas a estar sacando un compilado”, me lo hubiera creído. Pero después de nuestro tercer disco, cuando las cosas se pusieron difíciles, ahí no lo hubiera tomado; dudé de la longevidad de nuestra banda en ese momento. Pero siempre creímos en nosotros y en la música que hacemos, y teníamos ese sentimiento mientras escribíamos las canciones de nuestro álbum debut igual que lo tenemos ahora. Siempre tratamos de hacer discos que suenen distinto, pero la personalidad y la atmósfera de Editors están en cada uno de ellos.

El orden del disco no es cronológico. ¿Cómo creés que esas canciones se unen en un viaje no lineal?
Si mirás el recorrido, algunos de los pasos que dimos no están en línea con lo que se suponía que debíamos hacer, pero amo eso. Es muy difícil reducir la obra de tu banda a un disco o dos. Nosotros decidimos hacerlo en uno, así que hay algunos singles que no están ahí. Obviamente queríamos que todos los discos estuvieran representados y que fuera algo interesante de escuchar, pero al hacer eso por ahí dejás afuera algunas canciones que la gente quiere escuchar. El concepto de best of es un poco anticuado para la manera en la que la gente consume música hoy en día, así que tratamos de no pensarlo demasiado y usarlo más como una ocasión para celebrar lo que alcanzamos hasta este punto. 

Para una banda que nunca exprimió la nostalgia, ¿cómo se siente sacar un compilado?
Pasé por un período en el que tuve que pensarlo mucho, porque la idea de no estar mirando hacia adelante nos es ajena, en cierto punto. No sé, buscamos que tuviera su propia personalidad: le pusimos un título, le sumamos canciones nuevas y que fuera una presentación… El hecho de que hubiera tres discos con una formación y tres con otra habilitaban una simetría importante. De a poco, pasó a ser un tema de conversación más agradable y estuvimos más en paz con eso, es algo de lo que estar orgulloso el poder sacar un grandes éxitos.

La música electrónica apareció en momentos muy particulares de la historia de Editors. ¿Cómo explicarías ese vínculo?
Es algo que se fue desarrollando. Cuando empezamos, éramos una banda tradicional: tocábamos guitarras eléctricas, escribíamos en una sala de ensayo y sonábamos fuerte. Eso es lo que hicimos en los dos primeros álbumes. Cuando conocimos a (el productor) Flood en nuestro tercer disco, ya estábamos en un lugar completamente distinto. Es una de las cosas más extremas que hicimos jamás: usar todas esas texturas sintéticas y mecánicas sin dejar de ser una banda de rock. En ese punto, nos volvimos más una banda de estudio; empezamos a pasar más tiempo con computadoras y sintetizadores y aprendiendo a programar, y eso influyó en la manera en la que escribimos las canciones. In Dream lo produjimos nosotros y también tiene mucho de ese espíritu. Hoy, cuando pienso en nuestra banda y en cómo trabajamos y abordamos nuestra obra, creo que tenemos muchas más cosas en común con Massive Attack o alguien de ese mundo antes que con cualquier banda indie tradicional.

Editors

Otro elemento presente en la obra de Editors es el drama. ¿Es posible tenerlo siempre a mano sin convertirse en una parodia?
Me gusta la idea de ser una caricatura de uno mismo, no es algo a lo que le tenga miedo. Alguna gente dirá que somos la parodia de nosotros mismos, pero supongo que si creás un mundo, podés hacerlo tuyo. Esas texturas y esos colores son el resultado de tu aprendizaje y tus experiencias artísticas. Sos el mundo que creás. Lo que no vas a querer es repetirte, así que buscás texturas, letras, colores y melodías que tengan que ver con ese mundo. De igual manera, no creo que quieras empezar a cantar sobre chicas en la pista de baile (se ríe). Si lo hacemos, lo hacemos como en “Frankenstein”, que juguetea con ese sentimiento pero desde el lugar del outsider, no ser como todos los demás.

¿Se trata de hacer que se filtre luz en esa oscuridad?
Siempre lo vi así. Cuando estamos de gira, por ahí hay fans esperándonos a la salida de cada show, y si alguno me muestra un tatuaje con una frase nuestra, siempre es de las que tienen que ver con la esperanza. Eso me da a entender que nuestros seguidores son como nuestra banda, no es que sean oscuros porque sí. Tenés que caminar, seguir tus instintos y dejarte ir. Y también ser consciente de que así como hay gente que cree que lo que hacés es una parodia, hay un mundo de gente a la que le gusta. Cuando sacamos nuestro segundo disco y muchos tiraban mierda contra la banda, empecé a preocuparme porque me sacaba que la gente pudiera desacreditar mi integridad y me hirió bastante.

¿Cómo creés que cambió el escenario en estos 15 años para una banda de rock?
Es todo diferente ahora; o al menos hacerlo como lo hicimos nosotros. Antes, la NME estaba llena de avisos de bandas que tocaban por todo el país, en cualquier localidad, para cualquier tipo de público y en todos los lugares posibles. Eso lo podía hacer cualquier grupo con un par de singles o un álbum debut. Ahora, si mirás esa sección vas a ver sólo a las bandas consagradas, y quizás a una o dos un poco hypeadas. También la mayoría de los lugares cerraron, y supongo que es un reflejo de cómo los gustos y los hábitos del público cambiaron en todo este tiempo. La música con guitarras ya no es lo que era y eso está perfecto. No quiero sonar como un tipo que se lamenta de por cómo las cosas eran mejores antes, no soy esa persona para nada. Algunas de las cosas nuevas de la música me fascinan y lo cierto es que la escena ya no es la misma. Si fuésemos a empezar ahora como banda, me gustaría pensar que temas como “Munich” o “Bulllets” todavía sonarían por algún lado y nos darían un poco de guita, pero no sé si sería así.

¿Y hubo algún momento puntual en el que decidieron no pensar tanto las cosas y simplemente hacerlas?
Creo eso pasó con nuestro tercer disco. Tomamos un riesgo al elegir hacer esas cosas en ese punto. Después de ahí, cuando la creatividad empezó a evaporarse y nuestra relación con Chris empezó a irse barranca abajo; ese fue un período de transición, con muchos cambios difíciles con los que lidiar. Una vez que terminamos ese proceso y se nos sumaron dos integrantes nuevos, hicimos The Weight of Your Love, que es un disco bastante tradicional. Estoy muy orgulloso de ese disco y tiene canciones muy importantes de Editors, pero estábamos atravesando una etapa extraña. Nos preguntábamos si esa nueva versión de Editors podía llegar a ser una banda, así que seguimos nuestros instintos. Era lo que teníamos que hacer, pero al momento costaba darse cuenta. Después de eso hicimos In Dream por nuestra cuenta y trabajamos con Blanck Mass en Violence; me parece que llegamos a un punto en el que nos sentimos libres y ya no nos preguntamos cosas relacionadas a cómo ser exitosos o triunfar en lo comercial, porque todo cambia. A nuestras canciones y videos no las pasan en la tele ni en la radio. A lo sumo puede ser que pasen un tema cada tanto, pero somos tipos de 40 y pico, nos vendría bien que pasasen más que una canción.