02/11/2018

Dead Can Dance: “Entregarse a un estado mental caótico permite otras formas de percepción”

Brendan Perry y Lisa Gerrard regresan con una oda al espíritu dionisíaco.

Gentileza
Dead Can Dance

A principios de los 80, la aparición de Dead Can Dance resultó desconcertante: ¿de dónde salían esa música extraña y esa voz única? La dupla formada por el británico Brendan Perry y la australiana Lisa Gerrard fue catalogada dentro del rock gótico, pero enseguida quedó demostrado que la etiqueta quedaba muy corta. “Hemos abarcado tantos géneros musicales, desde rock a música clásica, contemporánea, folk, celta, post punk, gótico… Me divierte ver cómo alguna gente lucha para tratar de meternos en una cajita”, dice el arquitecto del sonido del grupo.

Perry enseguida se desmarca: “Ciertamente, no voy a ponerme yo en una cajita al describir lo que hacemos porque… es como la vida, una evolución de un niño a un adulto. Constantemente estamos desarrollándonos, cambiando, experimentando la vida. Eso es lo que hago con la música. Cada disco de Dead Can Dance refleja lo que sea que estoy escuchando o los intereses que tengo en ese momento. Y eso cambia todo el tiempo. ‘Ch ch changes’, como decía Bowie (se ríe)”.

El cambio de dirección más reciente del grupo se llama Dionysus y es un trabajo muy particular: inspirado en el mito griego de Dioniso -el dios del vino y el descontrol extático-, Brendan Perry armó una obra con un lenguaje inventado e influencias musicales variopintas. “He estado al tanto de Dioniso a través de la mitología griega, y también porque el concepto dionisíaco ha reptado hasta varios aspectos de la filosofía y la psicología occidentales. Pero supongo que el catalizador real fue leer el libro El nacimiento de la tragedia, de Nietzsche, donde él explora la dinámica entre lo dionisíaco y lo apolíneo, además de la moral cristiana”, arranca el músico a explicar las razones para el álbum.

El nombre Dead Can Dance es como un juego de palabras para decir que no existe la muerte absoluta, que son sólo flujos en los que la energía simplemente cambia de un estado de ser a otro.

¿Y cómo fue que eso se convirtió en un disco de Dead Can Dance?
Hubo una conexión real con el espíritu dionisíaco en funcionamiento al ver varios festivales primaverales y veraniegos en Europa, festivales paganos anteriores al cristianismo que siguen haciéndose en áreas rurales cercanas al Mediterráneo. Allí el espíritu dionisíaco sigue vivo y se lo celebra. Además, podés ver eso aplicado en todo el mundo, en otras culturas. Así que comencé con un modelo mediterráneo del culto de Dioniso, leí muchos libros sobre el tema, y después decidí qué clase de instrumentación quería usar, que fue tomada de la música folklórica de los Balcanes, Grecia, Turquía y el norte de África. Después lo expandí con instrumentos de las culturas maya y azteca, y también del Amazonas. Esas fueron mis herramientas sonoras, mis pinceles y mis pinturas sónicas.

¿Creés que hay un vínculo entre el mito griego de Dioniso y las creencias de otras culturas del mundo?
Sí, se puede ver el mismo espíritu. Dioniso está conectado al caos controlado. Desde el principio, los humanos han hecho intentos de controlar el mundo en el que viven; el límite de eso es lo que no pueden controlar en la naturaleza, lo caótico. Por otra parte, cuando los seres humanos deciden entregarse a la naturaleza, ya sea a través de las drogas alucinógenas, el alcohol o lo que sea, es como entregarse a un estado mental caótico para permitir la llegada de otras formas de percepción. Esas son cosas que se pueden encontrar universalmente en la humanidad.

La tapa del disco es una máscara hecha por los indígenas huicholes mexicanos. ¿Hay una conexión con Dioniso o son temas separados?
Tiene que ver con la conciencia y expandir la mente. Uno de los títulos de Dioniso era “liberador de las mentes”, y eso es algo que a menudo se consigue tomando alucinógenos u otras drogas. Todo eso es parte del culto dionisíaco. Cuando ves estas grandes vasijas griegas con imágenes de las ménades, las seguidoras de Dioniso, sus cabezas están hacia atrás, lo que implica que están en trance, están drogadas. Eso también permite que el espíritu de Dioniso entre en ellas, como en sesiones de trance. Eso es algo universal, se puede encontrar por todo el mundo. No quería limitarme a la percepción griega sino que se viera como un concepto más universal, y por eso elegí esa máscara, que le compré en un mercado mexicano hace 15 o 20 años a un huichol llamado Jesús. Si mirás la máscara, la estrella en el centro de la cabeza es como el tercer ojo, el que expande la conciencia. Ellos usan el peyote en ceremonias y rituales secretos, y como un rito de iniciación. Las pequeñas flores que rodean a las más grandes son las del cactus del peyote.

¿Participaste de alguna ceremonia con peyote y te expandió la mente como esperabas?
Ehhh, no del modo que esperaba (se ríe). Siempre hay que esperar lo inesperado cuando se usan drogas psicotrópicas. Depende de las condiciones… Pero sí, me dejó atónito el modo en el que expandió mi percepción de las cosas. Todo se incrementó, se maximizó: el tacto, la sensibilidad, el olfato, la vista… Y también podía ver vibrar y moverse a cosas que pensaba que eran inanimadas. Podía apreciar la estructura atómica de la creación en la que todo está vivo, en realidad, como en una danza de átomos. Todo está en movimiento, en un flujo constante. Usar psicotrópicos fue la experiencia que me abrió los ojos, la que expandió mi mente. En ese momento te das cuenta de que estamos limitados por nuestra sensibilidad, pero que hay mucho más ahí afuera… Y también internamente, porque te permiten verte a vos mismo a través de otros procesos diferentes a los de los pensamientos diarios.

El hecho de que la tapa del álbum sea una máscara remite al primer disco de Dead Can Dance, que era de otra máscara hecha por otra cultura. ¿Eso significa que el disco es un nuevo comienzo o algo por el estilo?
(Se ríe) No, en realidad no. Tengo una gran colección de máscaras, siempre me han producido fascinación. Eso también se liga con Dioniso, que es el patrono del teatro griego, en el que se usaban máscaras. Antes de que empezaran los festivales de teatro, en los lugares se ponía una máscara de Dioniso para invitar a su espíritu a que ingresara. Así que la máscara es importante. La que está en la tapa de Dionysus tiene una historia diferente que la del primer disco; ésa fue elegida para definir el significado del nombre Dead Can Dance, que tiene que ver con que para mí no existe la muerte. Porque lo inanimado de esa pieza de madera ha resucitado o ha pasado a otro estado de evolución. Lo inanimado ha sido reanimado a través de la habilidad del artista. Por eso llamé al grupo Dead Can Dance, porque es precisamente eso lo que hacemos como artistas: reanimamos, volvemos a la vida cosas que normalmente se consideran muertas. Es como un juego de palabras para decir que no existe la muerte absoluta, que son sólo flujos en los que la energía simplemente cambia de un estado de ser a otro.

¿Por qué decidiste separar Dionysus en dos actos, a su vez divididos en siete movimientos?
Inicialmente quería hacer una sola pieza larga, pero tuve que ser práctico al respecto en términos de los diferentes formatos, especialmente el vinilo. Soy un gran defensor de ese formato; me parece fantástico que esté regresando porque definitivamente es el mejor medio sónico que tenemos disponible. Así que lo dividí en dos actos y luego en movimientos, que en realidad no están separados sino que continúan. Me gustaba la forma del oratorio de la música clásica. En ese aspecto, piezas como La consagración de la primavera, de Stravinsky, fueron un modelo. Fue más influido por la idea del oratorio, los actos y movimientos que la simple idea de dividirlo en lado A y lado B, que no es imaginativa ni poética.

¿Cómo piensan presentar Dionysus en vivo?
Esa pregunta es fácil de responder, porque no vamos a tocar el disco en vivo. Sería demasiado difícil y caro, necesitaríamos mucha gente para hacerle justicia. Nuestra próxima gira va a ser tocando especialmente material de nuestros discos de los 80 y los 90, incluyendo cosas que nunca grabamos y de las que hicimos nuevos arreglos. Va a ser una suerte de celebración de nuestro catálogo. Queríamos hacer algo diferente, porque por lo general en nuestras giras aparecen en las listas “los sospechosos de siempre”, los temas que le gustan al público.

Dead Can Dance se separó en 1998 y regresó en 2005. ¿Cambió algo la dinámica de tu relación musical con Lisa?
En realidad, no. Una de las razones por las que dejamos de trabajar juntos durante ese tiempo fue por la distancia entre nosotros. Y eso ha cambiado ahora, porque Lisa viene a Europa mucho más seguido. Hace giras con Le Mystère des Voix Bulgares y con la música de Gladiador que hizo con Hans Zimmer, así que la veo más seguido. Eso sí ha cambiado la dinámica, pero de un modo positivo, sobre todo pensando en trabajar más a la par en el futuro.