24/07/2017

Daniel Melingo: “Tengo que asumir que mi signo es el cambio”

El ex Abuelos y Los Twist va en busca del tango rebético.

Cony La Greca / Gentileza
Daniel Melingo

Fue parte de Los Twist, Los Abuelos de la Nada y la banda de Charly García, pero un día decidió irse a España en busca de nuevas aventuras musicales. Allá estuvo una década y formó Lions In Love, pero un día las raíces pudieron más: Daniel Melingo volvió a su Buenos Aires querido con el tango en mente y corazón. “No estoy arrepentido de haberme ido, pero sí me quedó un hueco de diez años, que es el día de hoy que quiero seguir uniendo -explica el músico y cantante-. Mi signo es el cambio, tengo que asumir eso. Me estoy dando cuenta de que todo lo hago en función a que en un momento me pica el bichito y tengo que cambiar. Yo dispongo todo para ese cambio, muchas veces más allá de la familia, de los contratos… Muchas veces es más fuerte que yo: tengo que seguir el latido de eso”.

El último paso de ese derrotero zigzagueante, marcado por la brújula del deseo, es Anda, un álbum en el que Melingo continúa la saga del Linyera de su trabajo anterior, y que tendrá su cierre en el próximo disco, que el músico ya tiene bien pensado. Habrá, como en los anteriores, una docuficción que acompañe a las canciones, y más adelante una ópera del linyera. Pero hoy, Melingo anda. Y anda por Europa, el centro de su actividad, aunque este viernes volverá a un escenario porteño: tocará junto a su banda en Niceto. Será su modo de festejar los dos premios Gardel para su último trabajo. “Nunca pensé que iban a premiarme como cantor de tango”, se ríe el hombre.

Es que, justamente, Daniel Melingo creció como artista (y como artista de tango) cuando se desmarcó del personaje tanguero que había sostenido durante varios discos. Y fue Linyera ese punto de partida, la creación de una nueva piel. “Lo que en un momento es libertad, en otro pasa a ser dependencia”, explica él. “Se van modificando un poco las necesidades de búsqueda. Yo sigo intuitivamente la búsqueda: no sé adónde voy y no creo que tenga que ir a un lado porque vengo de tal otro. Voy buscando con el olfato hacia dónde ir y tengo que ir asombrándome en el camino. Ése es un poco mi método. Me gusta no saber adónde voy. Si veo que me estoy repitiendo, no me asombro”.

Más que cancionista soy músico. Le doy más sentido a la abstracción en la música que a la canción. Después recurro a la palabra como módulo, pero no es que hago letras y después las musicalizo. El eje es la música pura, instrumental.

Bueno, el personaje del linyera calza justo en esa descripción.
Sí, porque fui dándome cuenta de la magnitud del personaje. En este Anda hago un desarrollo de ese linyera y hoy estoy escribiendo para terminar la trilogía del linyera, para darle un cierre a la historia.

¿Por qué una trilogía?
El tres es un número bastante mágico, ¿no? Pero además, porque en este tercer volumen se va a resolver un poco la historia del linyera. Estoy yendo en una búsqueda de mi línea de sangre y termino conociendo el porqué de toda la influencia en mi música. Pasa de ser el linyera al que encuentra en una remota isla a un ancestro mío. Lo estoy haciendo ahora, va a salir entre octubre de 2018 y marzo de 2019, con la película incluida. Ahora va a salir El teorema de Mosner, la docuficción que va con un soporte de la música de Anda. Y después comenzamos con esta tercera parte; estoy terminando de escribir el argumento con un guionista y este año comenzamos con las escenas.

Hay músicos que separan los períodos de composición, de grabación y de presentación de esas creaciones, pero vos hacés todo al mismo tiempo. ¿Cómo lográs balancearlo?
Uno nunca sabe qué resonancia va a tener el trabajo. En este caso, tuvo muy buena aceptación, por eso vi que podía desarrollar esta tercera parte mientras hago giras por Europa. Anda sigue dando de sí, pero si no hubiese tenido esa resonancia habríamos pasado más rápido de página. Tengo la suerte de que las programaciones en Europa se hacen con seis meses o más de anticipación, entonces eso me permite trabajar un poco en la distancia. Si trabajara con tiempos más locales, estaría más a contrarreloj. El poder trabajar con tiempo te da mucha más visión para proyectar una obra a mediano plazo.

El personaje del linyera es de otra época, ya no existe más.
Es romántico, libertario. Es un personaje que encontré con la música rebética (N. de R.: género griego del siglo pasado al que se vincula con el tango y el blues), porque en griego “rebet” quiere decir vagabundo, buscavidas. Entonces, esta música también linkea con este personaje. Esta parte que estoy escribiendo ahora es la del tango rebético, una fusión que voy a intentar hacer. Me planteo una gran estructura y meto el oficio a rellenar, a construir, a hacer el guión y la música, porque el aceite de esto es la música. Es de donde yo vengo, está todo armado desde una estructura musical. Si la música no funciona, a mí se me cae todo este andamiaje (se ríe). Sin la música, las películas y todo esto no sirven para nada.

En una entrevista dijiste que más que cantor eras músico, “y músico de banda de sonido”. ¿Podés desarrollar esa idea?
Tengo grandes ídolos que son compositores de música de cine: (Angelo) Badalamenti, (Enio) Morricone, Nino Rota, John Barry… La gente siempre me dice “Uh, esto parece música de película”. Entonces, estaba a un paso de eso, porque además mis amigos que hacen cine me escriben personajes… Por eso di ese paso, que es parte de la búsqueda de un formato. Porque, ¿qué formato nos queda a los músicos? El cassette ya no está más, el CD está muerto, ¿qué nos queda? Sí, el videoclip, pero si metés un hit. Pero si tenés el desarrollo de una obra, lo que queda es una docuficción, un largometraje.

O sea que primero hacés la banda sonora y después la película.
En el caso de Anda, sí, porque me senté con mi amiga Vivi Tellas a desarrollar la idea del linyera y surgió este disco, toda esta historia, toda esta búsqueda psicológica. La historia que cuenta es que tiene como un desvanecimiento y en una especie de sueño le pasa todo en cinco minutos. Fui trazando el documental a raíz de que todo lo conceptual de este disco estaba muy bien cerrado, entonces fue fácil armar el guión de la docuficción. Me corrí yo del protagonismo, que lo tiene Ricardo Mosner, un pintor amigo mío que vive en París. A él le hacen un encargo de diez ilustraciones, que terminan siendo las diez canciones de Anda, y el tipo ante la falta de inspiración, se desespera. Y se obsesiona tanto que un día empieza a ver en blanco y negro. Yo aparezco en sus garabatos, pero salgo de los dibujos y empiezo a ser como una sombra que solamente él ve. Es una interacción entre dos artistas, hay un interés cultural que no es sólo que quiero promocionar un disco.

Si sos músico de banda de sonidos, ¿siempre pensaste tus canciones con imágenes?
Sí, porque más que cancionista soy músico. Le doy más sentido a la abstracción en la música que a la canción. Después recurro a la palabra como módulo, pero no es que hago letras y después las musicalizo. El eje es la música pura, instrumental. Y con la abstracción de la música tenés una libertad increíble, porque te dispara enseguida imágenes. En esto que estoy escribiendo ahora hay gran cantidad de música instrumental, está más soundtrack que nunca. Y esta fusión de tango rebético que hago es un disparador para ir a otros lugares, musicalmente hablando. Porque también tengo que lidiar con la pregunta de si el disco va a ser de tango… Antes me preguntaban por qué me había pasado del rock al tango, pero ahora es si va a ser de tango. 

Daniel Melingo

Foto: Mariana Rocco / Gentileza

Siempre decís que te gusta manejarte con contrastes, que si una canción tiene una letra trágica la cantás de un modo más humorístico.
Sí, me di cuenta de eso en el cine y en el videoclip, lo vi trabajar a Luis Ortega en el video de “En un bosque de la China”, que es una canción que tenemos más en el imaginario de la ronda infantil y él la lleva a un extremo con una balacera y explosiones adentro de una cárcel. Me interesa crear esos contrastes, una tercera posición.

¿Por eso lo de tango rebético? Porque, además, ya has planteado esa clase de contrastes en tu música. Por ejemplo, en “Soneto para Daniel Reguera“, de Linyera, en un momento están la guitarra de Skay y el charango de Jaime Torres. Y en Anda, que ganó premios como disco de tango, hay temas de Erik Satie y Serge Gainsbourg.
Es que el tango, que para mí es la gran música nacional, tiene esa posibilidad de enriquecerse con un montón de cosas. El tango no es una sola cosa. Sigo encontrando influencias que no fueron tan desarrolladas, pero que están. Por ejemplo una orquesta de tango con instrumentos árabes, dirigida por un árabe, en la década del 20… A mí me dicen “Eh, qué bien que queda el serrucho en tu banda”, pero ya había una orquesta de tango que lo usaba. A nosotros nos llegan los estereotipos de nuestro lenguaje, pero si buceás un poco encontrás unas rarezas… Aparte, trabajar con Luis Alposta es también manejarte en algo alternativo dentro del tango, porque él viene de la escuela de (Enrique) Cadícamo, que iba siempre por la colectora. Cadícamo no era el oficialismo del tango, digamos. Entonces, yo me inclino más hacia esa línea dentro del tango.

¿Qué aprendiste en cada etapa de tu carrera que te llevó a ser el artista que sos hoy?
Eso lo veo todo el tiempo… Sin ir más lejos, de mis últimos dos discos, “Linyera” y “En un bosque de la China” tranquilamente podrían ser canciones de Los Twist, por ejemplo. De los Abuelos, la gran enseñanza fue laburar al lado de Miguel, un poeta, un artista, y de Andrés, con quien sigo estando en contacto. Haber tocado siete años con Charly… todo eso me marcó y lo veo en la plasticidad con la que voy laburando y dando indicaciones. Viéndome un poco de afuera, reconozco que ellos son mis maestros, que aprendí de ahí, y se nota con sus partes buenas y malas. Porque esa vieja escuela también es brava, ¿eh? Los que venimos de esa vieja escuela tuvimos que adaptarnos a lo de ahora…

¿En qué?
Y, socialmente… No es sólo en lo musical, sino en cómo se manejaba el músico hace 30 o 35 años. Hoy es impensado, porque cambió todo. El negocio de la música cambió. Antes pensábamos que el negocio de la música era grabar un disco y ahora eso ya no existe más. ¿Cómo se lo explicás a uno que no lo vivió? Es otro mundo.

Claro, explicale a un músico nuevo que con los Abuelos fueron a grabar a Ibiza.
Y era una locura hacer eso. Todo eso va haciendo mella y nos va dando el estilo, va creando el inconsciente, que cuando tomo un poco de distancia veo más claramente de dónde es cada influencia. Una de las cosas que aprendí es que necesito tener mi equipo, porque aprendí a hacer música en grupo. Tal vez más que en otras disciplinas, en la música tenés que estar con el oído en el otro, en el ensamble. Uno no puede escucharse a sí mismo, tiene que aprender a tocar ensamblado. Desde el vamos, aprendí la importancia del trabajo grupal, por eso me ayuda mucho tener mi equipo. Voy evolucionando en conjunto y volcando mis conocimientos, porque ellos todo el tiempo quieren saber cómo trabajaba con Charly. De alguna manera, les hago el traspaso de eso, porque tienen interés en saber de dónde aprendí.