19/11/2016

Científicos del Palo: “Queremos lograr un sonido más cercano a Beck”

"Pepo" San Martín construye su propio Plan Quinquenal.

“Pepo” San Martín ya tiene en sus manos el pasaje al futuro para Científicos del Palo. El cantante de la banda históricamente apadrinada por Divididos trabaja en la mezcla de la primera parte de Justicialista, la tríada que reemplazará a El maravilloso mundo animal (EMMA), publicado en 2015.

La fuerza buscada en los mensajes (“Querías un amo rubio que hablara como un bacán, / Ya te estabas cansando; no había té de Ceilán”, declaman en “Ceilán”, un simple lanzado este año pero como bonus track de Gorilophrenia, de 2010) se transfiere también a las presentaciones en vivo de la banda camino al lanzamiento del álbum.

“Preparamos un show violento, dentro de lo que es nuestro grado de violencia”, explica San Martín a Silencio. “Cuando hacemos este tipo de fechas preparamos un bloque acústico, y acá no va a existir. Queremos hacer algo sin visuales, más basado en la puesta de luces, en la relación entre la música y el iluminador”, define.

Puede que de alguna manera lesione nuestro avance lo explícito de lo que pensamos. Creo que genera cierta cosa y está bien, hay que hacerse cargo, y que nos toque lo que nos tenga que tocar.

“Ceilán” es muy rockero, a diferencia de EMMA, que cruzaba distintos géneros. ¿El concepto del disco nuevo es ir hacia algo más crudo?
No; de hecho “Marplatense”, un tema que escribimos sobre nuestra ciudad, es funk, aunque no el funk que hacemos nosotros generalmente. Este disco, Justicialista, tiene por suerte un montón de elementos. Sí es absolutamente diferente a EMMA en el sentido de que es más optimista. No hay tanta oscuridad, tantos climas depresivos. Son 12 temas en los que rítmicamente hay movimiento. Es la primera vez que no grabo un tema solo, son los 12 con banda, y es la primera vez que tuve la posibilidad de intervenir en mi casa: me compré una compu y unos monitores, así que agregué algunas capas de fantasía digital. Hay elementos que aportan al trío crudo, algunos bajos que están doblados con sintetizadores, colchones. No es Miranda! tampoco, están en un plano subyacente, pero van a estar.

En las letras pasa al revés; el disco anterior era más optimista, mientras que “Ceilán” denota todo lo contrario…
“Ceilán” quedó en ese limbo. Fue la reacción inmediata al momento, y listo. A nivel letras, el disco es bastante más parecido a los primeros. Justicialista va a estar partido en tres; en el primero que ya grabamos, las únicas menciones pseudoideológicas están vinculadas a lo antiperonista de Mar del Plata, pero más como chiste. Hay un tema llamado “La Mula”, por el lugar en el que crecimos [N. de la R.: refiere a La Mula Plateada, un bar mítico de la zona de Playa Grande], hay otro llamado “Lennon”, no sé por qué, hay de todo. Si bien todos son temas cantables y agitables, hay bastante variedad. Hay una canción que es como las baladas de Led Zeppelin que me re caben, con baterías gigantes y acústicas. Muchos elementos que teníamos ganas de visitar, y lo bueno es que lo grabamos nosotros.

¿Cómo fue ese proceso?
Fuimos a Del Torito, nos encerramos una semana, Catriel de Divididos nos prestó unas baterías mágicas que hicieron una diferencia, todos Ludvig de los 60… usamos como ocho baterías para 12 temas. Estábamos emocionados: Mollo también nos prestó cosas, un Fendercito mágico, siempre nos presta, es un maestro. “Popete” [Andere, bajista de la banda] se consiguió unos bajos de altísima gama. Yo lo abro en mi casa sin ningún plugin, nada, y suena bien…

¿Y cómo imaginan el proceso de mezcla?
Nosotros veníamos trabajando con Lucas Gómez, que nos salvó la vida, porque en los primeros tres discos los audios son muy opinables y él nos llevó a ver otras cosas. Pero Lucas también tiene su sonido, como las reverbs psicodélicas, y es lógico. Acá queríamos algo más cercano a Beck, un sonido más cagado a palos sin tanta fantasía digital; queríamos exponer más la realidad. Va a ser un álbum de rock. No hard rock, de ninguna manera, pero entre los audios más crudos, más los sintetizadores cagados a palos, va a quedar lindo.

No es el caso de ustedes, pero hay muchas bandas argentinas que sufren a la hora de llevar la energía del vivo al disco.
Es que hay un camino de aprendizaje muy duro y lento, sobre todo en nuestro caso. Si en Gorilophrenia me decías que había que producir un disco, te grababa un coro de mí mismo dos veces. No entendía el tema de los planos, era como un show pasado a disco. Después, con La histeria argentina, que ya tenía algunos elementos de Lucas, empezamos a decir “ahhh, ¡se pueden panear las cosas!”. Hay bandas que lo aprenden de una. A mí me gusta mucho Usted Señálemelo, que ves que es gente que arranca con una especie de sabiduría que otros no tienen. A nosotros nos tomó más tiempo. Ahora que aprendimos hay que aprovechar, y a escuchar discos de forma diferente; cuando escuchaba Led Zeppelin a los 15 me volaba la cabeza pero no me ponía a analizar, y ahora lo escucho y pienso en cómo carajo hacían eso en esa época. Hoy nosotros queremos hacer eso y los chabones no saben cómo hacerlo 40 años después. Eso tiene que ver con lo bien que tocaban los tipos y con el ingeniero virtuoso. Lo fundamental es tocar bien y después crear una fantasía con eso, contarlo bien y que esté bien producido.

¿Ves que la escena vaya hoy para ese lado?
Para mí hay una especie de reacción a un período que fue muy triste, el del rock chabón o el rock barrial, en el que si bien hay canciones que me gustan, no estaba el concepto ni de tocar bien ni de sonar profesionalmente. Creo que después hubo todo lo contrario: aparecieron las bandas más centradas en la imagen, en tocar bien y en comprimir todo, que -si bien es un avance en algún plano- creo que las canciones no están tan buenas como cuando yo era chiquito. No es sólo vestir las cosas bien, sino que la canción tiene que estar buena, tiene que estar bien tocada, y después inventar la fantasía que gustes. Me parece que hubo una tendencia desde hace unos años a grabar hi-fi, pero después hacés dos cuadras y la canción te la olvidás. A mí me gustan más las bandas que hacen canciones y suenan mal que las que no hacen canciones y suenan bien. Lo ideal es tener las dos cosas, claro.

¿La discusión sobre si el rock argentino no es tan bueno como era tiene que ver con eso, sobre si se consigue o no ese ideal?
Yo tengo miedo de que sea una cuestión de nostalgia, porque yo crecí con eso. A mí Los Piojos no me generaban nada, eran una banda que no iba a ver ni que tocaran en la carnicería de enfrente, pero yo decía “mirá estas canciones, están todas buenísimas”. Escuchás 90 canciones de Los Piojos y las vas a conocer a todas. Eso me parece que con las bandas nuevas… puede haber un factor que la frecuencia no te las hace recordar, o sencillamente porque el eje no está puesto en hacer melodías o estribillos cantables, están buscando otras cosas. A mí me gustan las bandas que podés cantar y tararear. Es como ver cine de Hollywood, explotan nueve edificios y decís “wow”, al edificio 10 que estalla decís “hijo de puta, ponele un guión atrás”. Es un promedio.

¿Y dónde está ese promedio?
Hay miles de bandas que me re gustan, me gustan mucho más las bandas pop porque hacen canciones. Rayos Láser me re gusta, Francisca y los Exploradores me re gusta porque hacen canciones y encima están re bien producidos. Los de Francisca usan unos audios como los de la Plastic Ono Band que son terribles, y las canciones son más modernas. Cuando escuchás una canción así, no importa si no es rock, prefiero mucho más eso que que todo sea perfecto. Son épocas, creo que es una reacción. También me gusta que a Los Espíritus les vaya jamón porque son el otro extremo, está buenísimo y creo que la gente es lúcida. Es emocionante que no haya una fórmula.

Volviendo al nuevo disco, ¿ya está planteada toda la trilogía o van por partes?
Hay 12 temas que ya están, que son la primera parte. Después, mientras presentamos este álbum, vamos a ir grabando un disco en vivo con canciones viejas. Si este disco nuevo es el presente, con el segundo nos vamos a ir para atrás, haciendo temas viejos pero totalmente intervenidos. Vamos a recuperar muchas canciones que a la gente les simpatizan, trayendo de nuevo los primeros tres discos, que creo que no les hicimos mucha justicia. También tengo ganas de ir a un bar con la acústica y grabar eso, que pasen esas cosas. Que sea como un híbrido, una mezcla. Con el tercero, que sería la parte más futurista, tengo ideas pero también tiempo y quiero hacer ya algo diferente, a molestar con otros elementos que por ahí no los tenemos. Esperar y ver qué sucede.

La banda tiene una identificación política clara, al punto que el público cantó “vamos a volver” en el cierre de su show en el Cosquín Rock. ¿Los afectó el cambio de gestión a la hora de cerrar fechas en el último año?
No, pero lo que sí hicimos fue no agarrar más shows del Estado, porque sino seríamos unos pelotudos. Obviamente eso se cortó pero me parece bien, no sé si el caso contrario sería ético, así que me parece perfecto. Después, puede que de alguna manera lesione nuestro avance lo explícito de lo que pensamos; si bien tampoco es un porcentaje tan alto en la obra, porque no es que todas las canciones hablan de Perón y de la justicia social, uno queda marcado y de ninguna manera quiero desprenderme de eso. Creo que genera cierta cosa y está bien, hay que hacerse cargo, y que nos toque lo que nos tenga que tocar. Me parece que cada banda busca romper desde algún lugar, y el nuestro es ese. No hacemos música de avanzada ni académica, pero hay un intento de molestar desde ahí.