02/10/2020

Chillan Las Bestias: "Es sano que el rock no esté en el foco de la atención"

Llegar a buen puerto.

Gentileza
Chillan Las Bestias

Las canciones de Chillan Las Bestias tienen aroma a puerto, lo cual no debería ser ninguna rareza: sus integrantes se reparten a ambos márgenes del Río de la Plata y el barco es para ellos un vehículo apenas un poco menos habitual que el colectivo. Pero el aura portuaria de las creaciones del sexteto no tiene tanto que ver con tomarse el expreso ahí donde nace la avenida Córdoba y llegar a Montevideo en una hora sino con amarraderos, agua mezclada con aceite de máquinas y marineros alcoholizados que remiten a otra época. Una que quizá nunca haya existido más que en las mentes de los músicos, según ellos mismos lo admiten.

El de Chillan Las Bestias, entonces, es un puerto mental en el que atracan la sombra ominosa de Nick Cave, el tango arrabalero cruzado con los "darks" de los 80, Tom Waits con la voz más rasposa que nunca después de un show, la bohemia de cafetines apenas iluminados y humeantes... Pedro Dalton (voz) y su hermano Marcelo Fernández (guitarra acústica) son los montevideanos -y también integrantes de Buenos Muchachos-; Franco Varise (piano y órganos), Pablo Ferrajuolo (bajo), Luis Fillipelli (guitarra), José Navarro (batería) y Marcos Camisani (violín), los que están de esta orilla.

Después de dos discos epónimos, ambos con dibujos de animales "humanizados" en la tapa (obras de Dalton), Chillan Las Bestias prolonga la estética en su flamante álbum, esta vez con un título: Casi farsante. "Sabemos que va a ser un año difícil para poder juntarnos a tocar, por no decir imposible, y estaba bueno que la banda hiciera algo", explica el cantante. "La gente se copa igual escuchando música y teníamos el disco terminado, era un pecado esperar hasta el año próximo para sacarlo. Sobre todo porque el año próximo va a seguir habiendo problemas, por cómo viene la mano".

"Lo teníamos medio liquidado desde fines del año pasado", apoya Varise, que fue parte de Ángela Tullida junto a Camisani y Ferrajuolo. "Y también está el hecho de que uno quiere largar las canciones para ponerse a pensar en otras cosas y de otra manera, porque si no quedás enganchado en lo mismo. Se presentará cuando se pueda... Pero este nos parecía un buen momento, incluso, porque hoy la gente tiene más tiempo para escuchar un disco como el nuestro, que tenés que escucharlo entero. Bah, pensamos nosotros, no son ni estrategias ni nada por el estilo. Pensamos que quizá la gente podía escucharlo más tranquila en la casa y hacerse la película que tuviera que hacerse, como nosotros".

En Chillan Las Bestias hay algo de descubrir cierta cosa de las dos ciudades, con una identidad rioplatense. Porque Montevideo también tiene ese costado tanguero, esas callecitas, y la misma gente que Buenos Aires, nada más que dicen "bo".

Pero ya habían adelantado varias de las canciones en vivo, por eso pudieron hacer el video de "C.a.B.a.", por ejemplo.
Pedro: A excepción de "Hangar", habíamos tocado todas las canciones en shows. El disco está manyado, está digerido por nosotros, y publicarlo es una forma de inmortalizar esas canciones en ese lugar y pasar a otro lado. Y por lo que tengo entendido, esta cuarentena ha sido bastante prolífica para varios de la banda que se lo pasaron componiendo. O sea que después vamos a poder despegar para otro lado.
Franco: Aparte, era un disco que habíamos planteado como de transición, porque en el camino entre el anterior y este murió un miembro de la banda, Marcelo "Chacha" Chiachiare, que había tenido mucha participación en estas canciones. También estaba esa urgencia de soltar eso, que la parte de Chacha quedara cristalizada de una vez por todas y seguir para adelante. Incluso queríamos sacarlo antes, pero teníamos que reconfirgurar muchas cosas, incluso la banda en sí misma. Este disco tiene mucho de Chacha...
Pedro: Por eso le pusimos título, también. Siempre encontramos divertido el tema del animal en la tapa y queríamos hacer una trilogía, que es esta. Pero cuando se nos fue el Chacha, se nos cortó esa trilogía. Y como acá hay canciones suyas, que salieron de su guitarra, hay una parte de él en el disco, por más que lo haya grabado todo Luis Filipelli. Ya se había acordado que la tapa iba a ser un cuervo, quisimos mantener la estética en homenaje a Chacha, pero decidimos ponerle nombre para cerrar la historia. Y el nombre para mí es re porteño. "Casi farsante" es la canción que para mí representa la actualidad de la banda en todo sentido: hacia adonde estamos yendo, pero también porque la letra encierra todo un mundo arrabalero pero tocado de una manera pop.

Tiene la épica del redoblante sonando como una marcha militar. ¿Van para un lado de más enjundia?
Franco: A esa canción la dimos vuelta. Teníamos los acordes hacía mil años y no le encontrábamos la vuelta. Hay gente que nos dice que hacemos siempre lo mismo, pero no es así: nos rompemos la cabeza para que no sea así, aunque tenga una voz artística, que es la nuestra. A esa canción no le encontrabamos el cambio rítmico y... en realidad fue más Nick Cave, pero quedó más de marcha. Casi todas nuestras canciones tienen algo épico porque componemos y tocamos desde un lado muy emocional. Como no usamos grandes distorsiones ni efectos, tenemos que manejar las tensiones compositivas. Y a veces son muy sutiles: están, pero querés agarrarlas y no las tenés. A veces las canciones se nos vuelven más épicas porque lo sentimos así emocionalmente, no es que está buscado ni nada.

Lo del manejo de las tensiones es particular, porque también le da una cualidad muy cinematográfica a su música. ¿Tiene que ver con que al comienzo de la banda le pidieron a Pedro que recitara poesía arriba de una "música incidental"?
Franco: Sí, tiene que ver. Y es algo que en un momento nos autocriticamos, porque nos gustaría que Pedro participara con más aire dentro de la música. A veces, al componer sin su voz, él tiene que adaptarse a lo que nosotros le proponemos. Quizás eso debería cambiar. Y lo cinematográfico tiene que ver con que nos gusta mucho generar esos climas dentro de la música. Nos emociona mucho cuando hay algo medio cinematográfico porque nuestra música está planteada como algo para película, con esa fantasía de tiempos que quizá no existieron, con el personaje que a veces Pedro se monta en las canciones para interpretarlas, con el modo en el que nos plantamos en vivo... Hay algo cinematográfico puesto en la música y en nosotros mismos, porque no es que lo hacemos artificialmente. Nos gusta ese viaje y nos metemos en él.
Pedro: Lo que me pasa a mí -y que no me pasa en Buenos Muchachos- es que puedo ver las cosas de afuera un poco. Franco hace esa autocrítica, pero para mí en Chillan Las Bestias hay un equilibrio perfecto que no me da ningún temor: la gracia de la banda consiste en que ellos naturalmente llegan a hacer estribillos. Cuando ellos me propusieron ir a recitar poesía a una sala de ensayo un sábado a las 10 de la mañana mientras ellos tocaban, les dije que sí porque me parecía algo entretenido, y cuando les dije de hacer otra cosa me decían "no, vos tenés Buenos Muchachos, todo bien". Y yo transé en hacer eso hasta que llegó la canción "Cielo". Ahí les dije: "No, pará, esto es una canción, acá no puedo ponerme a recitar. Es una pena que yo hable arriba de esta tremenda melodía". Lo que tiene Chillan Las Bestias es que no está pensado, sale naturalmente. Tiene momentos pensados, pero se piensa después de que se hace (se ríe). Para mí es algo mágico de la música. Y eso no pensado es algo que yo necesito de esta banda: la impronta, lo que suceda. Por más que la banda quiera pensar algo, tiene tan poco cerebro en el momento de juntarse (risas)...
Franco: Quiero agregar algo: cuando hacemos lo que hacemos, tener a Pedro es muy diferente. A Pedro le tiro una baldosa y la cabecea...
Pedro: (Se agarra la cabeza) ¡Así estoy! (carcajadas)
Franco: ¡Basta de baldosas, mandame una redonda! Pedro te fabrica sobre cualquier cosa algo con sentido. Lo que importa es lo que dice, cómo lo dice... Nunca lo dice de la misma forma, es muy raro la forma en la que se mete en las canciones. Yo puedo imaginarme una melodía o cómo sería una voz ahí, pero viene Pedro y es otra cosa. Y cobra un sentido, una voz propia de banda. Eso es alucinante. Nosotros estamos muy tranquilos con eso, no estamos pensando en qué va a poner, si afina o no... No le damos ni pelota a eso: lo nuestro es Pedro con lo que él dice y hace.

Lo del aislamiento no debe haberles sido demasiado problema para trabajar, porque ya están acostumbrados a hacerlo en dos países distintos...
Franco: Estamos súper acostumbrados, aunque obviamente que estar todos juntos es mejor. Lo que pasa, también, es que nosotros somos grandes y cada uno labura mucho en su casa porque todos tenemos cosas. No es ya la banda de los 20 años, cuando estás todo el día al pedo y podés ensayar cinco días por semana dos horas. Eso tampoco ocurriría si Pedro estuviera acá. Nos adaptamos y funciona bárbaro, porque todo lo vamos chequeando con él.
Pedro: Hay una dinámica natural que se da... Recién ahora podemos hablar de dos orillas: ahora sí que estamos separados. Pero en lo habitual, yo una vez por mes estoy en Buenos Aires, me quedo unos días en lo de Franco o lo de Pablo... Estábamos tocando todos los meses, a veces acá y allá. Y está buena también la dinámica de que ellos compongan allá y que me manden lo que grabaron: apenas escucho, automáticamente sé para dónde ir.
Franco: Todo se toma de modo profesional, dentro de lo que se puede. Tenemos la particularidad de que nos acostumbramos a ensayar sin Pedro, pero tocamos los temas como si él estuviera, escuchando la voz de Pedro en nuestra cabeza.

Como los Redondos...
Franco: No sabía eso, pero sí. Eso nos dio mucha ejercitación de tener los temas armados, no es que cuando nos juntamos a ensayar terminamos zapando. Y cuando viene Pedro, ya está, es lo mismo. Como nos conocemos hace muchos años y somos una gran familia, no hay muchas discusiones de estilo ni nada de eso. En lo musical, se trata de estructurar las canciones, pero lo demás ya fluye, no hay mucho que decirle a uno "estaría bueno que suene más indie" o lo que sea.

Pedro, en una nota dijiste que para Chillan Las Bestias sentís y cantás en argentino. ¿Cómo es eso?
Pedro: En un momento, en una búsqueda totalmente experimental sin la preocupación de llegar a ningún destino, como pensar en argentino... Viví en Buenos Aires un par de años enteros y además voy desde el 98. El carácter argentino sale solo... El tema es que al principio, por el miedo de contaminación con Buenos Muchachos, para Chillan Las Bestias escribía en Buenos Aires. Pero se terminó dando que hoy escribo de la misma manera que en Buenos Muchachos, simplemente son grupos de personas diferentes, otras motivaciones. El estar con ellos me lleva a pensamientos de otro lugar. Y como escribo arribo de la música, me ponen en otro lugar. Además, por ejemplo, vienen Pablo y me dice "Quiero que este tema se llame 'La vía'". Entonces le pregunto "¿la vía de qué?" y me dice "No sé, lo que se te ocurra". Y bueno, ya está, no me preocupo mucho más que eso. "Hábito al piano" es una canción que empezamos a tararear con Franco en el apartamento de él y terminó describiendo la situación de Franco en ese momento, porque la escribí mirando por la ventana por donde él mira cuando toma el café, haciendo las mismas cosas... Él vive en San Telmo... es Argentina. Naturalmente tengo mi lado argentino y, sí, me aflora en Chillan Las Bestias al tener dos instrumentos no convencionales en el rock como son el violín y el piano.

La canción "C.a.B.a." tiene una descripción de la ciudad pero es desde la mirada de un extranjero con mucho recorrido por Buenos Aires, como pasó con Luca Prodan y "Mañana en el Abasto".
Pedro: Ahí es cuando descubrís que soy uruguayo (se ríe). Es mi visión. En el caso particular de esa canción, los dos puntos referenciales de la ciudad, que son la Rosada y Callao, me los dijo Chacha. Él escuchó eso cuando yo estaba terminando la letra. "Acá decís Callao, ¿no?" Y no lo decía, pero quedaba buenísimo. Es como mi descripción de San Telmo en otra canción ("Ruedan por San Telmo")... "C.a.B.a." es una manifestación en Buenos Aires, algo en lo que también estuve. Fui a la Rosada en un momento de algidez en la época de Cristina, me acuerdo: fui a Plaza de Mayo, la vibré, y es muy diferente que una manifestación en Uruguay. Es mucho más agitado, más potente: están con el bombo, le dan de bomba. Está bueno, la ciudad hierve, por eso la canción dice "tiembla el riel" (se ríe). Me encanta ese lugar que tengo... porque sigo siendo uruguayo.

Lo de "tiembla el riel" también engancha con el "subte línea B"... ¿Qué particularidad tiene la ciudad que te llama la atención para componer?
Pedro: Yo me bajaba del Buquebus y caminaba hasta Corrientes para tomarme la línea B porque vivía en Almagro. Tomaba ese subte todos los días, me encanta moverme en subte porque voy más rápido. Si no, directamente iba caminando, porque subirme a un bondi en Buenos Aires me da ganas de matarme (risas). Lo paso mal... Vivía en Almagro y laburaba en San Telmo, una vuelta hubo un paro de subte y me quería matar. Me tomaba la línea B, hacía conexión con la C, me bajaba en Independiencia y tenía que caminar. Me decían "tomate el 24, que te deja en la puerta", pero no. Ni loco.

La música de Chillan Las Bestias tiene mucho de portuario, lo cual es lógico en una banda conectada por el puerto. En Buquebus deberían darte tarjeta de viajero frecuente...
Pedro: Sí, pero no te dan nada esos, porque son un puto monopolio. Me ven todos los días y me saludan con la mano como diciendo "ahí va de nuevo el gil... clink caja" (risas).
Franco: Además de que Pedro es uruguayo, Pablo y yo vivimos muchos años en Bariloche, entonces también tenemos algo de estar afincados acá pero seguir mirando cosas que por ahí el porteño no le presta atención. Por eso, yo no podría haber imaginado la letra de "C.a.B.a." porque, como vos decís, parece más de alguien que no es de la ciudad pero hace como una crónica de ella. Y el puerto siempre nos fascinó. Toda esa historia de zona portuaria, el ambiente que se genera ahí, por eso terminamos viviendo en la zona sur cerca del río. Por ese ambiente, esa niebla del Riachuelo, esa cosa como de ensueño... Y también es interesante el hecho de que imaginamos una ciudad, un contexto, que no sé si existió o existe. Uno se hace una especie de fantasía de esa imagen de puertos... En Montevideo nos pasa lo mismo. Por eso, a veces nuestra música es como atemporal: podría ser música del 40, del 50... Pero no sé si lo que nosotros imaginamos ocurrió u ocurre. Pero sí, el puerto y el río, sobre todo, generan un magnetismo terrible. Está todo el tiempo presente.

¿Es una cuestión de fantasía o del recuerdo de haber salido en los 80? La ciudad tenía un halo que hoy ya no está.
Pedro: Puede ser. No te olvides de que la particularidad que tienen los puertos que unen a los dos países tienen que ver con que el argentino viene a Uruguay a veranear, a pasear, a disfrutar, y el uruguayo lo mismo. Entonces, hay algo que siempre tenés presente: el deseo es el viaje.
Franco: En Chillan Las Bestias hay algo de descubrir cierta cosa de las dos ciudades, con una identidad rioplatense. Porque Montevideo también tiene ese costado tanguero, esas callecitas, y la misma gente que Buenos Aires, nada más que dicen "bo" (risas).

En "Mecha corta", del disco anterior, decían que "si el rock and roll tiene poco tango, miente".
Franco: Una provocación (risas).
Pedro: Pero son los estilos musicales que describen claramente lo que es la noche. Son dos estilos totalmente diferentes: uno requiere de mucho oficio para tocar y el otro no tanto, pero van a lo mismo: la noche, lo oculto, a lo que se hace por atrás, a las cortinas cerradas... En ese sentido, no hay modo de que no suceda esa comparación: hay una manera de decir las cosas que tiene la misma impronta. Los tangueros usaban corbata, pero tomaban más frula que cualquier rockero de hoy en día, no jodamos.
Franco: Tiene que ver con la bohemia, que tanto el rock como el tango perdieron mucho. Yo digo que no hacemos tango por respeto a los tangueros, porque me encanta, me parece alucinante.
Pedro: Lo de esa canción tenía que ver con que estaban todo el tiempo "cómo menea", pero hay un montón de realidades de las que hablan tanto el tango como el rock.

¿No pasa con el rock lo mismo que con el tango cuando apareció el rock?
Franco: Problablemente, sí. Quizás esté bueno que el rock no esté en el foco de la atención, porque están el trap y el hip hop. Mucho mejor para el rock, porque mucha gente va a hacerlo sin el corset de tener que pegarla o de seguir un modelo preestablecido. Como ya no pasa nada, vas a hacer lo que se te cante.
Pedro: Ahí va...
Franco: Igual, no sé si noto ahora mismo que se esté dando ese quiebre más creativo, al menos en la Argentina.
Pedro: Pero yo escucho el último disco de Daniel Melingo y es la definición perfecta: tango, rock... es música, punto. Hace un disco experimental, sin miramientos de nada: esa es la verdadera música. Me sorprendió tanto y me pegó tan bien ver a alguien que tiene un poco de respaldo, de contención económica para poder producir lo que quiere y que vaya para ese lado. Yo qué sé, ¡vamo arriba! Es genial, genial. Toda la carrera de Melingo es genial: también pasó por el pop y lo hizo majestuosamente. Es un tipo de esos que son grandes músicos.